Los alemanes, de Sergio del Molino
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| Ed. Alfaguara |
El autor menciona tres citas al inicio de su obra, de Denis Diderot, Franz Schubert y Hannah Arendt. Transcribo la última, tomada del libro Eichmann en Jerusalén, escrito por la filósofa y periodista:
Únicamente en sentido metafórico uno puede decir que se siente culpable no por lo que uno ha hecho, sino por lo que ha hecho el padre o el pueblo de uno. (Moralmente hablando, casi tan malo es sentirse culpable sin haber hecho nada concreto como sentirse libre de toda culpa cuando se es realmente culpable de algo).
Sergio del Molino explica, en la página 319, que el germen de esta historia nació hace unos cuantos años, cuando adquirió unos documentos antiguos en una librería anticuaria. Entre ellos se encontraban algunos panfletos con discursos de Goebbels y de otros jefes nazis, publicados en España a comienzos de los años cuarenta con el sello del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, que los editaba, aunque estaban datados en Zaragoza. Un amigo historiador le comentó que se trataba probablemente de propaganda destinada a los alemanes del Camerún, lo que acabó convirtiéndose en una fuente de inspiración literaria y de reflexión, ya que conecta con uno de los temas recurrentes de su obra: el desarraigo y la identidad.
El historiador amigo que le puso tras la pista se llama Severiano Delgado, bibliotecario de la Universidad de Salamanca. Por otra parte, el autor menciona a Pablo Bieger, un abogado madrileño que le cedió su interesante archivo, que incluía colecciones de fotos y objetos de su abuelo, traídos en su regreso de Camerún. Aunque al nieto le hubiera gustado escribir la historia de su abuelo y su familia de origen alemán, finalmente ha sido Sergio del Molino quien ha creado esta ficción basada en los hechos siguientes. En la página 11, leemos:
El 2 de mayo de 1916, los vapores Cataluña e Isla de Panay atracaron en el puerto de Cádiz. Transportaban a seiscientos veintisiete alemanes procedentes de la colonia de Camerún, conquistada por los aliados en febrero de ese mismo año, en uno de los episodios menos conocidos y menos comentados de la Gran Guerra. En lugar de rendirse a sus enemigos, los alemanes se entregaron a las autoridades españolas en Guinea. España, como potencia neutral, los acogió como internados. Ya no abandonaron el país y se instalaron, sobre todo y en otras ciudades, en Alcalá de Henares, Pamplona y Zaragoza. Pronto se harían famosos y serían conocidos como los alemanes del Camerún.
Sergio del Molino sitúa la narración en Zaragoza y nos presenta a una familia constituida por 3 hermanos: Eva, Fede y Gabi, músico renombrado que acaba de fallecer, motivo por el cual se reúnen con ocasión de su entierro. El autor nos descubre los verdaderos sentimientos de cada uno de ellos mediante el uso de la primera persona. De este modo, en el primer capítulo sabemos, a través de los recuerdos de infancia de Fede, que la familia solía ir al cementerio los sábados para limpiar las lápidas. Allí aparece Berta Klein, la mejor amiga de Gabi en el colegio, profesora de Física y residente en Hannover, con quien también coincidían al cumplir la tradición semanal.
Eva es abogada, con un futuro prometedor, y se encuentra en un momento de despegue político; Fede es profesor de filosofía en la Universidad de Ratisbona. El bienestar económico de la familia procede de su bisabuelo, Hans Schuster, quien se dedicó en Hamburgo al gremio de la charcutería, oficio que heredó su hijo, Juan Schuster, padre de Eva, Fede y Gabi.
El autor de Los alemanes desvela, a través de los diálogos interiores de los protagonistas, confesiones como el escaso apego de los hijos hacia el padre, la sensación de una madre ausente, el amor que Berta sintió por Gabi y el orgullo por su abuelo Oskar, emprendedor y generoso con su comunidad, marcado por los avatares bélicos y superviviente tras regresar a Barcelona en abril de 1954 con los últimos voluntarios de la División Azul.
En pleno duelo ocurre un hecho que sume en el desconcierto a Eva y Fede: una organización israelí los amenaza con sacar a la luz el pasado familiar, de corazón y carnet nazis. Tanto el ascenso laboral de Eva como la cátedra de Fede se tambalean. A ambos se les enseña una foto del bisabuelo, Hans Schuster, en un equipo de fútbol en Camerún. Eva consulta entonces un libro que tiene en casa sobre la historia de la colonia alemana en Camerún, desde la ocupación de Victoria por Von Bismarck en 1884 hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Justo 30 años. Sin embargo, no se mencionaba la salida de su familia en 1916 ni se narraba el desmoronamiento del sueño africano de aquellos alemanes, que constituía el libro del Génesis de su familia.
Los datos que manejaban los chantajistas incluían la generosa ayuda de los Schuster a compatriotas arios, financiando la huida de criminales o invitándolos a quedarse con la intención de mantener el Tercer Reich.
Eva tira del hilo del carrete y asocia la ruina de la fábrica familiar de salchichas con las silenciosas gestiones de su padre en Alemania. Afortunadamente, decidió liquidar la empresa antes de que los inspectores de Hacienda se lanzaran sobre ellos. Ahora intuye el destino del cuantioso desvío de fondos: sus amigos nazis.
Por otra parte, los recuerdos siguen revelando las carencias afectivas y las frecuentes discusiones políticas entre Gabi y su padre. Cuando Juan Schuster se marchaba a Hamburgo, donde afirmaba tener algún negocio, se respiraba paz en el hogar. La madre, a la que Gabi llamaba "joven decadente", cultivaba entonces su afición: interpretar y escuchar la música de Edvard Grieg, en especial las suites de Peer Gynt. Nadie echaba de menos al padre.
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| El triunfo de la muerte (Anónimo, 1440-46, Palermo). Fresco |
Asimismo, le habla de su enfermedad oncológica y cómo su abuelo consideraba al suyo, Juan Schuster, un hombre ingenuo que fue manipulado por los nazis, algo que también Gabi sospechaba.
Finalmente, la noticia sale en la prensa, hecho que supone mencionar a otros miembros de la familia, como a Gabi y su declive musical, a causa del alcohol. Los secretos de los Schuster afloran y Eva toma una decisión. Al fin y al cabo son sus muertos.
Fede también se convierte en punto de mira con palabras de desprecio en Internet. La Universidad lo relega en el último semestre a impartir sólo dos cursos quitándole los de mayor importancia, como los del doctorado. Es consciente de que es una víctima y que le han castigado por nacer en una familia y, sobre todo, por tener una hermana a la que no se ha podido corromper. Ella ha perdido mucho más que él, su futuro. Él, en cambio, el pasado, y un presente que no le gustaba. Una verdadera heroína.
La novela finaliza en el cementerio alemán, lugar que vuelve a reunir a familiares y allegados. En esta ocasión, de Berta. Han pasado dos meses de la ausencia de Gabi y todos recuerdan que a ambos los unía la música como el gusto por Schubert, el compositor de las cosas inacabadas, como inacabada quedó la vida de los dos amigos. Transcribo la siguiente cita de Schubert en su diario:
Nadie comprende el dolor del otro, y nadie comprende la alegría del otro. Siempre pensamos ir hacia el otro, pero lo único que hacemos es pasar unos al lado de otros. Qué padecimiento para quien se da cuenta de esto (página 316)
Sobre el autor
Nihil obstat: Nada se opone.... (y cada vez menos a manifestar lo que siento y me sucede)
Lo raro es vivir, de Carmen Martín Gaite
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| Anagrama |
hay veces en que lo normal pasa a extraordinario así por las buenas y lo notamos sin saber cómo
Águeda está unida a un arquitecto, Tomás, con un carácter equilibrado que le proporciona la calma que necesita, sobre todo, en este momento en el que la visita al abuelo había dejado a la intemperie una serie de cables de distintas procedencias que estaban a punto de provocar cortocircuito. Las llamadas de Tomás, desde Jaén, donde estaba trabajando, le proporcionaban sosiego.
Un día que Águeda coge el metro, hecho que metafóricamente lo cita como bajar al bosque, coincide con un amigo, Félix, al que hace tiempo no veía. Toman un café y rememoran la época en la que frecuentaban locales de música rock. Félix se sorprende mucho que haya estudiado una oposición y sea archivera. Una de las ventajas de serlo es que Águeda conoce a gente muy interesante, tal es el caso de un profesor de La Sorbona, Ambroise Dupont, que se ocupaba del estado del clero español a finales del siglo XVIII. Fue él quien le habló de Vidal y Villalba, motivo que propició su mayor dedicación a la historia.
Por otra parte, a Águeda le quedan asuntos pendientes. Uno de ellos es hablar con su padre, Ismael, sobre la causa de la muerte de su madre. Finalmente se ven y su padre le confirma que el desencadenante fue un aneurisma. Otro asunto que siempre ha pospuesto era llamar a Rosario Tena. Entonces se acuerda de cómo entró a formar parte de su vida. En esa época, ella era estudiante y Rosario fue nombrada sustituta del catedrático titular de Historia del Arte en el Instituto. Le entusiasmaba la pintura del trecento italiano y transmitió al alumnado su pasión por esta asignatura. Les mostró obras de artistas como Giotto con temática de La divina comedia: ascensión y caída, levitación y abismo, miedo y coraje, y siempre la amenaza de la muerte rondando como un cortejo invisible a la vida. Al término de la clase, Águeda escribió Lo raro es vivir, posible título para una canción.
Asimismo, en la narración es evidente que Águeda y su madre tenían sus diferencias. Se menciona la separación de sus padres y la compra de un dúplex por la zona del Bernabeu donde apenas vivió 5 meses con su madre, ya que se mudó a un ático en Antón Martín en el que disfrutó de su libertad con Roque. El encuentro casual con Rosario en una sala del museo Reina Sofía supuso un cambio radical. La profesora pasaba por una mala racha. No tenía trabajo y se había quedado sin alojamiento. Águeda le pide a su madre que la dejara residir temporalmente en su parte del dúplex. Lo que no podía suponer es que el sueño de Rosario de ser artista, aunque era mediocre, se iba a hacer realidad gracias a su propia madre, Águeda Luengo, una pintora reconocida, y que ambas vivirían juntas hasta el fatal desenlace.
Pura telepatía, piensa Águeda, cuando decide llamar a la residencia para visitar a su abuelo y Ramiro Núñez se le adelanta al otro lado del hilo telefónico. Previamente fijan la cita en el jardín. El médico le informa que su abuelo leyó la carta que le envió. Tras un período de mutismo y negación, incluso con una embolia pasajera y afasia, había manifestado su deseo de verla. De modo que Águeda se dirige, disfrazada de su madre, a la habitación de su abuelo. Entra. Le parece que estaba hablando solo. Siente nervios y como siempre en esa situación no supo qué hacer con sus manos, lo cual dijo en voz alta, convirtiéndose de pronto en esa niña que ha descorrido una cortina roja, se ha asomado al despacho de su abuelo, y quiere que él lo sepa y la haga caso, interrumpirle en sus meditaciones.
-No le des vueltas a las cosas, padrito-dijo Águeda. El secreto de la felicidad está en no insistir. Entonces, el abuelo asiente. -Eso decías al volver del viaje de novios. Y luego mira, pasó lo que pasó. Obviamente, el abuelo se refería a su padre, Ismael, de quien afirma nunca la entendió. Claro, no se le podían pedir peras al olmo. La conversación la dirige el abuelo hacia la relación despegada con su hija, hecho que hace que la nieta manifieste que es lo que más quiere en este mundo. Pues díselo- interrumpió él. Sin embargo, el recuerdo de un incidente en un tren confirma a Águeda que el abuelo sabía que estaba hablando con su nieta. En el fondo se trataba de laberintos familiares. Entonces don Basilio sufre un ataque y el equipo médico se lo lleva de la habitación.
Águeda se marcha a casa. Durante el trayecto de regreso al hogar, su abuelo muere. Tomás había vuelto, de modo que le dan a él la noticia primero. Afortunadamente, Tomás era su consuelo. Águeda pone fin a la herencia de historias ajenas. Esa noche será el germen de una hija, Cecilia, y de un futuro en el que se centrará en su propia vida. Águeda retoma el estudio sobre Vidal y Villalba.
NOTA:
Me he sentido muy afín a Águeda Soler en expresiones que subrayan la imposibilidad de concentrarse en una solo tema. En la página 145, dice Carmen Martín Gaite:
- otros investigadores se concentran en su tema, van al grano y punto, son capaces de separarlo de lo demás. Pero yo no puedo. Para mí todo es grano-.
Cuando lo leí me vi totalmente reflejada, ya que suele ocurrirme lo mismo. Para mí todo es grano.....
Carmen Martín Gaite es una escritora que nos acerca a la complejidad del ser humano de una forma transparente y certera. ¡GRACIAS!
Sobre la autora (Salamanca, 1925-Madrid, 2000)
Autora de una amplia obra narrativa, de extraordinaria calidad, iniciada en 1954 con El balneario (premio Café Gijón de relatos) y continuada con las novelas Entre visillos, Ritmo lento, Retahílas, Fragmentos de interior y El cuarto de atrás.
En la editorial Anagrama publica Nubosidad variable, La Reina de las Nieves y Lo raro es vivir, así como Cuentos completos y un monólogo y los libros de ensayo e investigación histórica Usos amorosos se la postguerra española (Premio Anagrama de Ensayo), Usos amorosos del dieciocho en España, El proceso de Macanaz, El cuento de nunca acabar y Agua pasada.
Ha obtenido, entre otros premios, el Nadal, el Nacional de Literatura, el Anagrama de Ensayo, el Príncipe de Asturias de las Letras y el Castilla y León de las Letras.
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