A María García Delgado, la última de nuestras queridas madres
27 de marzo
¿Sabes,
María? El viernes por la noche mencioné por teléfono a una desconsolada Alicia
que contigo se iba la última de nuestras queridas madres. Eran las 22.39 h cuando
nos informó de tu despedida. En ese momento de desgarro no había posible
consuelo, pero aun así insistí.
-Alicia,
la habéis cuidado hasta el final con un cariño inmenso. - ¿Verdad que lo
corroboras? Todos hemos sido testigos del gran amor que has recibido desde que
se consideró que lo mejor era que vivieras definitivamente en Lanzarote. Sabia
decisión. Poco a poco el ánimo fue in crescendo y comprobamos la repercusión positiva en tu salud.
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| María pintando (Mayo 2025) |
No
puedes imaginar cómo me he acordado de ti visitando museos de Bellas Artes. Por
ejemplo, este pasado verano, mientras contemplaba La joven de la perla en la
Haya o La primavera de Sorolla en Valencia. De ambos maestros, Veermer y el máximo exponente del Luminismo, elegiste modelos para tus propios lienzos que ahora
embellecen paredes amigas.
Tengo la gran suerte de contar con uno de tus delicados trabajos en el
dormitorio, frente a la cama. Se trata del dibujo de una bailarina de ballet, figura
que me inspira calma. Le comenté a Alicia que tu firma, María García, se estaba desvaneciendo... y que combina a la perfección con las rosas al óleo de mi padre, ubicadas a la derecha.
Con estos recuerdos me acerqué al hospital la tarde del 27 de marzo. Mari Luz me había facilitado tu número de habitación, además de la hora de llegada de Alicia y José Mª, las 17h. Pensé que era prudente entonces ir a las 19h. Vi la puerta cerrada y, tras esperar unos minutos, llamé. Abrieron enseguida. En efecto, ambos estaban alrededor de tu lecho, con el alma rota, noches sin descanso, pero con la tranquilidad de estar contigo. Le di un abrazo muy fuerte a tu hija con la esperanza de recargar algo de su energía consumida. Era todo atención hacia ti.
Tiene los pies fríos -me decía- y le he puesto dos pares
de calcetines. Este indicio era el mismo que había observado Alicia años atrás
con su padre, un 14 de marzo, en el que pronunció el adiós final.
Te
miramos y nos fijamos en la tersura de tu piel. También en la respiración algo
agitada. Parecía que soñabas, quizá disfrutando de la visión animada de la
última reunión familiar con motivo del 70 cumpleaños de José Mª. Ese fin de
semana, el hogar de Puerto Calero se llenó de nuevo de alegría con la estancia
de tus biznietos, nietos y parejas.
Alicia
y yo nos dirigimos a una sala próxima para hablar unos minutos. Allí me enseñó
una foto tuya, previa a su viaje a Lisboa. En ella estabas sentada haciendo la
señal de victoria con los dedos, símbolo de fortaleza. La misma que te ha
mantenido con vida esperando a tus hijos. Me despedí de ti con un beso. Eran
las 20h. Poco después, Jesús relevó a Alicia y José Mª. Alrededor de las
22:20h del 27 de marzo, viernes de Dolores, emprendiste la travesía y todos
nuestros deseos de felicidad eterna soplaron a tu favor.
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| Día de la Madre (Restaurante Liken, 05.05.2024) |
28 de marzo
Esta tarde hemos ido a Mémora. Dimos un primer abrazo a tu hijo
Fran, que ya tenía previsto llegar hoy. Después, al entrar en la sala, hemos
sentido el inmenso amor del entorno.
¿Sabes, María? Alicia me ha contado que a tu abuela
Filomena le gustaba reunir a todos en torno a los fogones. Se nota que ella lo
lleva en los genes. Recordé con los allegados la reciente merienda que
disfrutamos en vuestra cocina, tomando chocolate y conversando, mientras tu
hija no paraba de hacer churros con la manguera y freír más tandas.
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| Celebrando el cumpleaños de Alicia (13.07.2024) |
Está claro que la urdimbre de vuestra generación, María, es muy sólida. Esta idea me lleva a un libro que estoy leyendo ahora, Vivir con nuestros muertos, cuya autora es Delphine Horvilleur, una de las primeras mujeres en ejercer como rabina en Francia, quien relata con delicadeza y sabiduría sus experiencias consolando a quienes han perdido a un ser querido. En la página 66, la autora se refiere a la palabra “generación” (dor, en hebreo) como la acción de tejer cestos. La imagen es sencilla e impactante. Para hacer un cesto hay que pasar un mimbre o un carrizo entre las varas bien ordenadas del linaje previo. Un cesto se fabrica siempre de abajo arriba. Cada vuelta nueva se une a la que le dio origen, se ancla a ella para constituir, a su vez, el apoyo sólido de la vuelta siguiente.
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| Traje Irene (5.05.2025) |
Me fijé en tu pañuelo de seda y en el toque sutil de contraste, regalo de Mari Luz, y en los sentimientos entrañables expresados en forma de flores y palabras que te velaban.
Eran las 20 h. Había pasado solo un día de tantas emociones. Le dimos un abrazo cálido a todos y, en especial, a Alicia, Jesús y Fran.
29 de marzo
Ayer escuché a Alicia mencionar que no ibas a tener responso por coincidir la incineración con el Domingo de Ramos. Parece ser que la procesión tiene prioridad en Semana Santa. Por ello, te dedico, María, estas palabras. Aquí quedarán, en este espacio virtual, para todo aquel que quiera leer esta breve crónica desde el corazón.
Harás otro viaje que te llevará al encuentro de Domiciano, con quien creaste las tres vueltas nuevas del cesto Merino García. A partir de ahora estaréis juntos en el cementerio. Has tenido tiempo para despedirte de la familia. El sobre violeta entregado el 10 de marzo avisó de la posible partida. En la novela Intermitencias de la muerte, del escritor portugués José Saramago, así se plantea: se concede un corto plazo para solucionar asuntos pendientes y preparar el camino.
Concluyo señalando que la vida de cada persona se cuenta, antes que nada, por lo que esta haya hecho nacer. Hoy precisamente se cumplen 18 años de la muerte de mi padre en Arenas de San Pedro (Ávila). La madrugada de aquel 29 de marzo de 2008 escribí una elegía en la cocina de la vivienda de la calle San Pedro, donde antes habían residido Alicia y José Mª, para ser leída en el cementerio de la localidad abulense. Fue la primera publicación en este blog.
En el duelo que vino después siempre estuve acompañada por mis amigas, que supieron intuir cuándo más las necesitaba: una llamada o visita oportuna e incluso un genial retrato de mi hijo con la dedicatoria «Para Eduardo Luis, de su “tita” Alicia, en recuerdo del retrato que el abuelo hubiera querido hacerle» (08.06.2008)
Todo está aquí, en este camino de letras, y también ahora el deseo que reza en el recordatorio de María del Dulce Nombre García Delgado (08.09.1934 – 27.03.2026):
Que seas feliz, feliz, feliz, es mi despedida…❤️
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| Rosaleda Madrid (21.05.2024) |
NOTA: La puerta está abierta para las personas que quieran añadir algo más en este diario de Syra.
Midor ledor (de generación en generación)
Tu rostro mañana, de Javier Marías
| Portada |
Entonces no sabía que se trataba del primer volumen, Fiebre y Lanza, publicado en 2002 por la editorial Alfaguara formando parte de una gran novela compuesta también por Baile y sueño (2004); y Veneno y sombra y adiós (2007).
El narrador en primera persona es Jacobo Deza, profesor que ha vivido y trabajado en Oxford y después en Londres, tras separarse de su esposa, Luisa.
Es un gran observador y portador de un don que le permite intuir y ver más allá de la simple apariencia en las personas. Resalto de la primera página la descripción que hace sobre el término contar:
-Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento, también es un vínculo y otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando y hay que tirar de navaja o filo para cortarlo-.
Asimismo, reflexiona sobre qué significa la vulneración de la confianza: no solo ser indiscreto y ocasionar daño o perdición por ello, sino también sacar ventaja del conocimiento obtenido por debilidad o descuido o generosidad del otro; y la desconfianza.
Su amigo, el profesor Peter Wheeler, hispanista y lusitanista retirado de la Universidad de Oxford, es quien descubre a Jacobo Deza su don, hecho que motivará que trabaje para Bertram Tupra, interpretando vidas y redactando informes al respecto, dejando así su puesto en BBC Radio en Londres.
En Tu rostro mañana se ahonda en la idea de que el pasado nunca desaparece. Así queda de manifiesto en las conversaciones entre Deza y Wheeler, cuyos diálogos nos llevan al recuerdo de la participación de Wheeler en la Guerra de España con tan solo 23 años y al deseo de Jacobo de leer Homenaje a Cataluña de Orwell. También a otros temas de cariz filosófico, que nos acercan a la vejez, la historia, la memoria y la naturaleza humana.
Dice Javier Marías en la página 142:
-Los libros hablan en mitad de la noche como habla el río, con sosiego o desgana; o la desgana la pone uno con su propia fatiga y su propio sonambulismo y sus sueños, aunque esté o se crea muy despierto. Uno colabora poco, o eso cree; tiene la sensación de irse enterando sin apenas esfuerzo y sin hacer mucho caso. Las palabras se van deslizando suave o desmayadamente, sin el obstáculo de la alerta lectora, de la vehemencia; se absorben pasivamente como un regalo, y parecen algo que no computa ni cuesta ni trae provecho. También su rumor es tranquilo o paciente o lánguido; también son un hilo de continuidad entre vivos y muertos, cuando el autor leído es ya un difunto o bien no, pero interpreta o relata hechos pasados que no palpitan y, sin embargo, pueden modificarse o negarse, entenderse como vilezas o hazañas; y esa es su manera de seguir viviendo y de seguir turbando, sin darnos jamás descanso-.
El autor relaciona la película Desde Rusia con amor con el espionaje de James Bond. donde prima la aventura y la existencia de innumerables traidores. Cuestiona la extraña proclividad que el ser humano suele tener hacia la confianza. O quizá, hacia no querer ver ni enterarnos, hacia el optimismo o el consentido engaño (pág. 191). Subyace la idea de que no toda verdad debe ser revelada. Marías plantea que -ignorar o el derecho a no saber- puede ser una forma de protección.
La identidad es fundamental en Tu rostro mañana. Marías resalta que es cambiante; es decir, que las personas actúan de formas distintas según el contexto. Cada individuo es también su futuro potencial, no solo su pasado. En el registro Who's Who se puede consultar biografías de personas destacadas.
El don de Jacobo Deza se describe en la pág. 313 en la que se menciona que:
-Tiene la capacidad de ver en las personas lo que ni siquiera ellas son capaces de ver en sí mismas, o no suelen. O, si lo ven o lo vislumbran, acto seguido rehúsan verlo; se dejan tuertas por el fogonazo y luego se miran ya sólo con el ojo ciego. Ese es un don hoy rarísimo, cada vez más infrecuente: el de ver a la gente a través de ella misma y directamente, sin mediaciones ni escrúpulos, sin buena voluntad ni tampoco mala; sin esforzarse, cómo decir, sin predisposiciones y sin hacer dengues-.
Incluso, se explica que él mismo encontró un informe en el que se hablaba de este talento. considerado un enigma.
Paseando con Wheeler, le recuerda a Jacobo que ese don fue muy útil durante la Guerra. Se comprobó que había pocas personas que lo tuvieran, y aún menos quizá por entonces, ya que la guerra deforma la visión hasta extremos inconcebibles, la mitad de la gente ve fantasmas y brujas por todas partes y en la otra mitad se agudiza la habitual tendencia a no ver nada, y también a procurar no verlo (pág. 387).
El narrador manifiesta su preocupación por el efecto irreversible que pueden ocasionar las charlas despreocupadas, negligentes o descuidadas (careless talk). Asimismo, introduce en la conversación entre Jacobo y Wheeler, los recuerdos del viejo profesor sobre las sucesivas épocas bélicas. Durante ese tiempo, a los ciudadanos no sólo se les puso en guardia contra los posibles espías, sino que se les recomendó el silencio como norma general: se les encomendó que no hablaran, se les ordenó y se les imploró callar.
De pronto a la gente le fue presentada su propia lengua como enemiga invisible, incontrolable, inesperada e imprevisible: como la peor, la más asesina y la más temible, como un arma espantosa que uno mismo, cualquiera, podía activar y poner en funcionamiento sin que fuera posible saber nunca cuándo de ella partía una bala o no ... (pág. 409). Destaco la honda reflexión de Wheeler comparando el silencio impuesto a los ciudadanos con el de los muertos.
Sin duda, al profesor le complace hablar con Jacobo. Por su parte, Jacobo reconoce que la conversación le enseñaba, le instruía y le deslizaba ideas o se las renovaba, por no decir que le cautivaba. Por ejemplo, Wheeler asevera que:
- Nada se entrega tanto ni tan cabalmente como las palabras. Uno las pronuncia y al instante se desprende de ellas y las deja en posesión, o mejor dicho en usufructo, de quien se las ha escuchado. Ese puede suscribirlas, para empezar, lo cual ya no es grato porque en cierto sentido se las adueña; o rebatirlas, que no lo es tampoco; pero sobre todo puede transmitirlas a su vez ilimitadamente, citando la fuente o haciéndolas suyas según le convenga, según su decencia o según quiera perdernos y delatarnos, depende de las circunstancias; y no sólo eso, también puede adornarlas, mejorarlas o empeorarlas, tergiversarlas, sesgarlas, sacarlas de contexto, cambiarlas de tono, desplazarles el énfasis y así darles un sentido distinto y hasta fácilmente contrario del que tuvieron en nuestros labios, o cuando las concebimos. Y por supuesto repetirlas con absoluta exactitud, verbatim. (pág. 439-40).
Asimismo, Wheeler afirma que existe una permanente y universal disputa por hacerse con la palabra: en cualquier lugar concurrido, privado o público, hay decenas si no centenares de voces incontenibles pugnando por prevalecer o por abrirse paso, y el desideratum de cada una de ellas sería elevarse por encima de las demás y acallarlas: ya lo intentan, en la medida de lo tolerable. Volviendo al contexto de la guerra, el profesor recuerda el mérito de aquellos que fueron interrogados brutalmente y sin embargo nada dijeron, no soltaron prenda. Aunque la vida les fuera en ello, y la perdieran. (pág. 457).
El respeto y el cariño de Jacobo a su profesor se aprecia constantemente en las descripciones que realiza sobre sus gestos y forma digresiva de expresarse. Por ejemplo en el siguiente párrafo:
Se destapó el rostro con gesto lento y se lo vi fresco de nuevo, era admirable cómo se recobraba y recomponía tras sus momentos bajos o de cansancio o de obstrucción del habla, solía ser el interés -su maquinadora cabeza, o el afán de decir u oír algo, todavía algo- lo que lo reavivaba. O el humor también, una ironía, un donaire, una gracia- (pág. 459).
La confianza y el sosiego -señala Wheeler- son estados de ánimo que ha echado en falta. Rememorando su etapa de agente de inteligencia con Jacobo, habla del planteamiento que tuvo su grupo, el M16, el Servicio Secreto británico, en averiguar de qué serían capaces los individuos con independencia de sus circunstancias y conocer hoy sus rostros mañana.
Aunque este libro comienza con la frase -No debería uno contar nunca nada", Javier Marías ha demostrado cómo el pensamiento reiterado para entender la esencia desde múltiples perspectivas resulta indispensable. Así me ha pasado a mi, que he debido ampliar el plazo de préstamo de Tu rostro mañana para releer y señalar diversas ideas que exigían profundizar más en ellas a la hora de redactar este análisis literario.
NOTA: Dedico la reflexión de "Tu rostro mañana" a mi padre, Luis Jiménez-Pajarero Sánchez.
El jueves 19 de marzo, fecha en la que se recuerda a todos los padres, compartiré este espacio con los seguidores del blog. Por cierto, mi padre siempre manifestó su admiración por los viejos profesores, no de espíritu, sino de edad, precisamente la que procura la experiencia y el saber. En sus relatos solía identificarse con uno de ellos, tal es el caso del último que escribió, premonitorio a su muerte, El hombre feliz.
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