La península de las casas vacías, de David Uclés

Editorial Siruela Nuevos Tiempos

El verdadero interés por leer este libro comenzó con la recomendación de mi tío Juan Manuel, profesor jubilado de Lengua y Literatura.
Aunque había escuchado su título y el eco de su éxito, no tomé la decisión de leerlo hasta que, el 24 de octubre de 2025, le pregunté a mi tío unas dudas en relación a mi abuelo Luis y su desempeño como militar en  la Guerra Civil. Me dijo entonces que, precisamente, acababa de terminar la lectura de este libro, que habla del sufrimiento tan doloroso que fue este episodio histórico y que tanto afectó a mi familia paterna.

Mi tío me confirmó que mi abuelo Luis, un militar de Infantería que había tenido un papel muy destacado en el desembarco de Alhucemas en la harka Pajarero, había estado en la cárcel de Montjuic en Barcelona por no apoyar la rebelión de Franco. Mi tía Isa, su mujer, era la más pequeña de los 4 hermanos (mi padre, el mayor) y siempre había vivido con una herida muy abierta, ya que mi abuelo falleció en el año 1956, teniendo ella solo 9 años.

Acudí a la Biblioteca Insular de Arrecife para pedir en préstamo La península de las casas vacías; estaba muy solicitado. Finalmente, al entregar el libro Castillos de fuego, el 20 de enero, lo vi en su estantería correspondiente y cogí el ejemplar. Me sumergí en sus 700 páginas todos los ratos que pude robar al sueño e incluso en los desplazamientos aéreos a un curso en Palma de Mallorca. 

Cuando se cumplió el plazo, escribí un correo para renovar el periodo de préstamo. Me explicaron que era imposible porque ya estaba de nuevo en lista de espera. Así que, el martes 3 de marzo, tras las clases, me acerqué a la Biblioteca Insular. Era tal mi desconsuelo, pues estaba en la mitad del libro e inmersa al 100%, en esta historia que Sandra, viendo mi rostro afligido, después de decirme un sentido adiós, contactó con otras bibliotecas de la red municipal.

Biblioteca Municipal de Tías
Conduciendo de regreso a casa, tuve la grata sorpresa de recibir una llamada de teléfono. Sandra me informaba de que la Biblioteca de Tías sí lo tenía, y además nuevo. En cuanto Mercedes lo clasificara y registrara, podría ir a recogerlo.

Así fue. Es curioso: el viernes anterior, 28 de febrero, habíamos coincidido Mercedes y yo en un maravilloso concierto de música clásica en el Centro Cívico de Puerto del Carmen. Me lo recordó en la conversación.

Opté por acercarme la mañana del jueves 5 de marzo, fecha coincidente con el aniversario del cumpleaños de mi tía Isa, a la Biblioteca de Tías.

En la fachada de la entrada vi un mural dedicado a José Saramago que me transportó a otra década. Hice una foto y se la mandé por la tarde a mi tío Juan Manuel, dándole las gracias por su sugerencia lectora. Sabía que ese día echaría mucho de menos a su compañera de viaje. Mi tía Isa había fallecido el 1 de julio de 2018.

Saludé a Mercedes con una amplia sonrisa al entrar. Cuando vivía en Tías, solía ir a menudo. Me entregó el libro, publicado por la editorial Siruela, con el tejuelo recién pegado al lomo del libro (N UCL pen). «¡Qué suerte!», pensé. Un verdadero regalo del cielo. De mi tía Isa, no me cabe la menor duda. 

Por la noche, después de las clases, busqué la página en la que me había quedado, la 367, y continué con este doloroso relato, con tintes de realismo mágico, que David Uclés había escrito durante 15 años y dedicado a todos los miembros de su familia que vivieron la Guerra Civil y provienen del mismo pueblo, Quesada, llamado Jándula por el autor en esta novela, que corresponde con la esencia de la cita de la escritora Mercè Rodoreda señalada por Uclés en su inicio:

Una novela tiene que reflejar la realidad. Pero tiene que tener una parte de fantástico, de irreal. Y ha de ser poética.

La península de las casas vacías lo es. Uclés siente la necesidad de contar las historias de sus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos; es decir, de todos aquellos que han tenido la desgracia de padecer un golpe de Estado que dividió a España en dos bandos, el fascista y el republicano, sembrando odio y violencia en un país que vio cercenado el desarrollo normal de sus vidas. Una tragedia que no duró solo hasta el fin de la guerra en 1939, sino casi cuatro décadas más, hasta el término de la dictadura en 1975.

¿Por qué escribe David Uclés esta novela coral? El autor señala en diversas entrevistas que, una vez decidido el tema, entró en una librería para adquirir un tomo relacionado con esta investigación y no lo encontró. La dimensión de un libro, parecido al universo de Macondo-Íbero, no había sido todavía creada. Debía hacerlo él mismo. De modo que empieza a reflexionar sobre una idea panorámica de la Guerra Civil en la ficción y, gracias a una beca Leonardo, podrá hacerlo realidad.  

Esta novela tiene diferentes lecturas: costumbrista, belicosa y, por supuesto, de gran carga psicológica. En sus inicios, su título era Odisto, inspirado en Odiseo, el héroe épico de la mitología griega, protagonista de La Odisea. En la página 17 del prólogo, David Uclés, aclara el título definitivo, La península de las casas vacías:

He aquí pues la historia 
de la descomposición total de una familia,
de la deshumanización de un pueblo,
de la desintegración de un territorio
y de una península de casas vacías.

Sabemos, al igual que en la película Titanic, que el barco se hunde desde el principio, con la desintegración de la familia Ardolento; sin embargo, la fuerza narrativa de su autor nos lleva con intensidad a la vida de cada uno de los ahogados, -en este caso asesinados-. 
David Uclés crea metáforas utilizando imágenes casi pictóricas, como si estuviéramos contemplando un estilo impresionista o cubista más que literario. Percibimos pinceladas de emociones descritas en paletas de colores, el instante de la luz y la atmósfera en sus escenas líricas.

En la primera parte (Simiente, páginas 21-154), el autor de La península de las casas vacías nos presenta una gran cantidad de personajes. Con ellos sentimos la memoria y el dolor de la Guerra Civil de 1936. Odisto, un hombre de campo y su mujer, María; sus hijos: José (el mayor, casi 18 años), Ángeles (15), Pablito (15), Martina (12), Gonzalo (11) y Josito (10, invidente), Mariángeles (5) y el no nacido Ricardo; Ana, la partera; la vecina Juliana la Coneja, las sobrinas Antonia y Manola; el rey Alfonso XIII; Agrado (encargada de pronosticar el tiempo); Eva (hermana de María, con el don de predecir el futuro); Felipe (hermano mayor de Odisto), su mujer, Crisanta, y su hijo Víctor; Pura, la suegra  del patriarca, y su marido Manolo; Jacobo, el pintor cubista Zabaleta y su hija Fuensanta; Ángel (otro hermano de Odisto);  el alemán Leopold y su hija Irma (prostituta); Polonia, Malena, Feliciana y Carmela; Celia y Jorge (padres de Odisto); Venancia Mallo y su sobrina (Maruja); y don Robustiano (el cura).

Asimismo, predomina el carácter surrealista u onírico en muchos de los pasajes descritos por Uclés. Hechos como pintar de color negro las hojas de los perales, los muros, la parra, etc., tras el parto del no nacido Ricardo; que Ángel (hermano de Odisto) duerma en el hueco que forman las raíces de una higuera (pág. 25), o que Manolo (marido de Pura) lo haga en el reducido espacio de su futura tumba, dentro del discreto panteón (pág. 69); el brote de acelgas cuando no es temporada, como presagio de una guerra (pág. 73); la aparición del futbolín de madera de arce de Alejandro Finisterre, venido del futuro (pág. 106); o la imaginada conversación entre el narrador y Franco delante de la pintura del Greco en la iglesia de Santo Tomé (pág. 248).

Destaca también el humor irónico y muy español de Uclés. Transcribo el párrafo de la página 104 en el que efectúa la definición del concepto bar en Iberia:
Es todo un patrimonio. Es tanto una extensión del hogar como refugio del mismo, y a la par, una embajada que sirve de unión entre los diferentes pueblos. Te acoge vengas de donde vengas: del mediodía más rural o del norte más industrial, de un pueblo independentista o de un castizo del centro de Madrid. Es un salón compartido en el que se puede conversar, desayunar, comer, cenar, tomar el café, tapear, celebrar una fecha señalada, emborracharse, estudiar, escuchar la radio, leer la prensa, trabajar, descansar, matar el tiempo, ligar, hacer amigos, jugar a las cartas, asearse, ir al baño, trasnochar e incluso confiar las llaves de tu casa. Hoy día, Iberia es el país con más bares del globo, uno por cada ciento setenta personas.

Por otra parte, hay que mencionar el realismo histórico. En  el capítulo El Cerillita (apodo de Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde), el autor contextualiza con precisión el enfrentamiento que estaba a punto de comenzar, es decir, una cruenta Guerra Civil entre los españoles tras el fracaso de un golpe de Estado orquestado por el bando derechista. En la página 140, Uclés señala:

Mola, Goded, Fanjul, Franco, Sanjurjo y Primo de Rivera fueron los cabecillas, entre otros, ya que aquel monstruo fascista , aunque terminara por tener solo una cabeza, al inicio tenía la forma de una hidra. Todos ellos, militares y políticos, querían desempeñar un papel importante en la insurrección; cuanto más peso tuvieran, mayor sería el cargo que asumirían en el gobierno posterior y mejor podrían imponer sus ideologías. Azaña, el presidente del país, viendo venir el golpe de Estado, los separó. Mandó al arribista de Franco a Canarias, a Goded a las Baleares y al cubano Mola a Pamplona, aprovechando que Primo de Rivera ya estaba en prisión en Alicante, bordando en su propia camisa «mitad monjes, mitad soldados»; Sanjurjo fue exiliado a la costa lusa y Fanjul quedó bastante aislado en Madrid. Pero el hecho de que los futuros golpistas estuvieran dispersados por todo el país, incluyendo los archipiélagos, no impidió la conspiración contra el Gobierno. Al contrario, la facilitó, ya que acabaron cerca de lugares muy estratégicos militarmente, cerca de los requetés y de las tropas norteafricanas.  

Franco, lo sabemos todos, se haría con el poder al final de la guerra. Uclés, en palabras de sus más cercanos, comenta que no era un hombre erudito, pero sí un perfecto estratega, lo cual ya había quedado de manifiesto en sus primeros años como militar en Tetuán, donde fue ascendido rápidamente a capitán. Fue tal el éxito que consiguió que hasta las tropas moras dijeron que Franco poseía baraka, es decir, el don de la invulnerabilidad. De cara a la Guerra Civil, su táctica iba a ser la del desgaste, alargaría la contienda lo máximo posible para que falleciera el mayor número posible de republicanos. (página 143)

La segunda parte (Leño, páginas 159-353) también se sitúa en el año 1936. La empatía del autor sobresale, por ejemplo, en el capítulo Las doce madres, que tiene lugar en la primera medianoche tras el inicio de la guerra en Iberia. Cada una de ellas prepara con cariño pan, comida o remedios para sus hijos intuyendo la necesidad ante la inminente partida a una guerra en la que "la partida de ajedrez" entre sublevados y republicanos comenzará  a recibir apoyo internacional. 

En la página 173, Uclés explica que el bando sedicioso contará con la Legión Cóndor alemana; las armas enviadas por el Tercer Reich, el Corpo Truppe Volontarie italiano, los Viriatos lusos de Salazar, la Brigada Irlandesa y sus setecientos hombres católicos; la Guardia de Hierro rumana y el Pacto de No Intervención de Inglaterra y Francia -que preferirán no ayudar a la República con tal de no entrar en una segunda guerra mundial y evitar que el bolchevismo se hiciera con Iberia-. También menciona los aviones sin ametralladoras que la Francia republicana entregará al bando rojo, el Batallón Jeanne d'Arc, procedente del grupo fascista Croix-de-feu, así como dos millones de toneladas de gasolina procedentes de la estadounidense empresa Texaco.

Más tarde, el bando republicano contará con las Brigadas Internacionales -voluntarios extranjeros de más de cincuenta países-, un Stalin comprometido a medias y un escaso apoyo mexicano. Asimismo, dispondrá de armas, adquiridas en el mercado negro que, paradójicamente, obtendrá de Göring,  comandante en jefe de la Luftwaffe. 

En esta segunda parte, al tratarse de un libro coral, surgen nuevos personajes: el alcalde de Jándula, don Cástulo y su mujer Romualda; el anarquista Venancio; el maestro Gregorio; los señoritos don Agustín y don Diego; Eulalio y Guadalupe; Melchora; Jacinta; Marto (suegro de Ángel, hermano de Odisto y Felipe); Pedro (novio de Ángeles); el señorito don Fulgencio y su esposa, Federica, Trine (hermana de Odisto); Fermín (el boticario); y el amplio abanico de referencias intelectuales que Uclés nos brinda, como Rosa Chacel, María Moliner y autores de libros futuros.

También se narra la decisión definitiva de los hermanos Pablo y José, hijos de Odisto, de luchar en bandos contrarios, así como el trayecto que cada uno realiza para llegar al frente elegido: Pablo, en la columna nacional de Badajoz, participará en la toma de Toledo; y José, en Madrid, junto a Jacobo, lugar que le inspiró esperanza, resistencia y felicidad.

En cuanto a la crueldad, Uclés se atreve a afirmar que las mujeres sufrieron más que los hombres durante la guerra: antes de ser asesinadas eran víctimas de abusos, mientras que a los hombres se les daba el beneplácito de una muerte rápida. Además, las que sobrevivían sufrían los estragos de sacar adelante una familia en un mundo de hombres, cuando habían sido ellas, desde la sombra, las que levantaron el país. (pág. 198). 

Resulta especialmente duro el relato de la masacre de cuatro mil almas ejecutada por las tropas franquistas de Queipo de Llano y el coronel Yagüe, apodado "el carnicero de Badajoz". Uclés sugiere leer este pasaje escuchando Miserere mei, Deus, de Gregorio Allegri, - como estoy haciendo yo ahora en la redacción de este camino de letras-. La respuesta a estos hechos se produjo también en la Cárcel Modelo. Tampoco olvida al general Varela, al mando de la "columna de la muerte", en su misión en Toledo, ante el asedio del Alcázar, limpiando la ciudad de la «sangre de Caín». (pág. 246) 

La venganza política y de clase es otra de las ideas de La península de las casas vacías, encarnada en el anarquista Venancio, quien se tomará la justicia por su mano, matando al señorito don Fulgencio y su esposa, Federica, y provocando además la huida de Odisto. Frente a esta barbarie, leemos en la página 278 la reflexión de David Uclés en torno a don Miguel de Unamuno y la aproximación poética de sus palabras, cuya veracidad histórica resulta incierta:

- Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Acabo de oír el necrófilo e insensato grito: «Viva la muerte!» Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como perito en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero, desgraciadamente, en Iberia hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta pensar que el general Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor. Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaríais algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil que penséis en Iberia. He dicho. (página 279)

Finalmente, Uclés recuerda los bombardeos en Madrid y la importancia de haber salvado el patrimonio cultural trasladando la colección del Museo del Prado a Valencia en una comitiva de viejos camiones del republicano Quinto Regimiento. Su sensibilidad le lleva a mencionar artistas como Rosario Velasco, Delhy Tejero, Remedios Varo y Margarita Manso, cuya obra apenas es conocida hoy en día. El terror se extiende y llega a Granada matando al poeta Federico García Lorca en un barranco entre Víznar y Alfacar. (pág. 345)

La tercera parte (Ascua, páginas 359-505) se inicia en febrero 1937, cuando tiene lugar la batalla del Jarama, una de las más sangrientas, cuyo objetivo era cortar la carretera Madrid-Valencia. Duró 3 semanas. El autor introduce en sus párrafos a admirados poetas como Miguel Hernández y Gabriel Celaya, soldados del bando republicano. Alrededor de veinte mil hombres perdieron la vida en aquel enfrentamiento, en el que Madrid no quedó aislado.

Casa Consistorial de San Clemente
Somos testigos de la dispersión de la familia Ardolento, completamente separada por la guerra, metáfora de la España dividida.

Uclés relata historias paralelas conectadas por la contienda, ya sea en el frente, en cárceles, huyendo hacia Cuenca - como Odisto, que pasa por San Clemente, cuya bella Casa Consistorial de estilo renacentista vemos en la imagen-, o sobreviviendo en Jándula, alicaídos o dominados por el miedo. Es la época de las traiciones, de la pérdida de la fe y de las heridas abiertas entre hermanos que nunca llegarían a cerrarse.

El realismo mágico se intensifica con la aparición de nuevos símbolos y episodios surrealistas. Por ejemplo, el de Eudosia la Cabiona, que echaba arroz y hojas de Biblia a la masa del pan. Con solo un tercio del trigo de la península en terreno republicano, el pan escaseaba y se había convertido en el alimento más demandado. Pocos notaban la diferencia: solo se les quedaba la boca más seca y el estómago acartonado; algunos, durante la digestión, si abrían la boca, soltaban versículos bíblicos. (pág. 376). También destaca el episodio de Zabaleta, que una noche a la semana acudía a los cortijos de los más pudientes, fueran de izquierdas o derechas, y les pintaba la comida que deseaban comer. (pág. 381)

Uclés describe asimismo la terrible sensación del hambre en párrafos como el siguiente: Isclo no tenía qué llevar a la boca de sus hijos y cocinaba las babosas del río junto a la tela alible de los sombreros viejos. Lo mismo sucede con otros personajes como Ramira, Otilia, Felixmina, Diega, Genoveva, Isabelo y Escolástico, Rufián, Sancia y Silvestra, Protasio o Mariángeles (la hija pequeña de Odisto que empezaba a sufrir de escorbuto).

Ascua, la tercera parte, constituye un momento muy emocional de la novela. Su significado remite al material sólido y combustible que, por la acción del fuego, se vuelve incandescente: no hay llamas, pero todo sigue ardiendo por dentro. Casi se escuchan los disparos en la batalla de Guadalajara y el llanto de José, vestido de caqui, que arroja el fusil al reconocer a su hermano Paulo, tendido en el suelo, vestido  de azul y apuntándole con determinación. Somos testigos de la bala de Cristino, el joven maño,  que atraviesa la cabeza de Paulo sin matarlo (pág. 394), y de las voces que atormentan con fuerza a Odisto. 

Se constata el desgarro de las separaciones, como la de José y Jacobo, en batallas distintas, la del norte y el centro peninsular. Las cartas se convierten en vehículo de recuerdo y comunicación, como la que escribe Jacobo desde el frente de Segovia, donde cuenta que haconocido a Robert Jordan, joven dinamitero estadounidense de las Brigadas Internacionales. Ernest Hemingway lo hará protagonista de su famosa novela Por quien doblan las campanas, escrita en 1940 y llevada al cine en 1943.

El episodio del árbol de Guernika resulta especialmente emotivo. Un roble fuerte, símbolo de la unión de sus pueblos, que acogió bajo su sombra por primera vez los fueros de los Reyes Católicos. Le sucedieron el árbol viejo y el actual, «el hijo», que presenció el ataque que sería antesala de otros posteriores en ciudades como Dresde, Coventry y Róterdam: el bombardeo de Guernika, al mando del jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor alemana. El lunes 26 de abril de 1937, veinte toneladas de explosivos cayeron sobre la ciudad. Pablo Picasso lo inmortalizó en su famoso mural, hoy expuesto en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, tras un largo periplo.

Las casas vacías de la península alcanzan ahora alrededor de un millón trescientas mil (página 432), y almas nobles como la fotoperiodista Gerda Taro, arrollada por un tanque, siguen muriendo. Su material visual, señala el autor, junto con el de Robert Capa, se considera entre los mejores de la guerra. Está enterrada en el cementerio de Père-Lachaise, en París. 

Uclés vuelve a demostrar su admiración por los escritores y escritoras que le precedieron imaginando un encuentro en el que dialogan. Entre ellos se encuentran Nicolás Guillén, Mijaíl Koltsov, Jacinto Benavente, Octavio Paz, Pablo Neruda, Rafael Alberti, Vicente Huidrobo, César Vallejo, Tristán Tzara, Alejo Carpentier, Juan Gil-Albert, Arturo Serrano Plaja, León Felipe y Antonio Machado; así como Elena Garro, María Teresa León, María Zambrano y Ana María Matute. 

La cuarta parte (Ceniza, pág. 515 a 680) representa la destrucción de la península, la derrota de la República, el final de la guerra, los fusilamientos, las cárceles, el exilio, la reconstrucción, el silencio y la memoria. 

Uclés enumera el daño sufrido por el patrimonio cultural y natural, señalando las grietas dibujadas por todo el mapa íbero, como si se tratasen de nacientes desde la boca de un volcán. El autor recuerda la batalla de Teruel, que duró los dos primeros meses del año 1938 y fue la más fría de toda la guerra.
 
En el capítulo 103, se aborda la figura de Juan Negrín, entonces presidente del Consejo de Ministros, y su deseo de aliviar la presión ejercida por el ejército sublevado en Valencia con un ataque sorpresa: la batalla del Ebro. Tras la exitosa entrada de los republicanos, las fuerzas de regulares franquistas se reorganizaron para una ofensiva que se prolongó durante casi cuatro meses: cien mil soldados republicanos frente a doscientos mil sublevados al oeste de Gandesa. Allí, uno de ellos, Pablo, del bando nacional, matará a su hermano, José, del bando republicano en una premonición del desenlace del conflicto. En efecto, a su término, los combatientes, políticos, intelectuales y civiles que temían por sus vidas  emprendieron el exilio francés. 

Tras la caída de Madrid, el 28 de marzo de 1939, ante las tropas franquistas, se produjeron rendiciones en Albacete, Cuenca, Guadalajara, Ciudad Real, Almería, Jaén, Valencia, Murcia y Cartagena. Los soldados, las mujeres, padres, hijos, amigos y conocidos republicanos acudieron al puerto de Alicante con la esperanza de ser ayudados por los buques franceses e ingleses. Sin embargo, se trataba de una ratonera. (pág. 648)

El 1 de abril de 1939 se leyó en Burgos el siguiente parte de guerra: «En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado»

Con la instauración del nuevo régimen, durante cuatro décadas, Uclés recuerda la realización de obras colosales que requirieron mano de obra de de prisioneros de guerra, sometidos a condiciones cercanas a la esclavitud, como en el caso del Valle de los Caídos. Otras actuaciones incluyeron reconstrucciones integrales como la del Alcázar de Toledo o la extirpación de las minas que había por todo el territorio (página 667). 
Paralelamente, persistieron espacios de represión sin derechos: cárceles y campos de internamiento, tanto en España como en Francia. El autor alude al medio millón de íberos que se refugiaron en este país y que fueron recluidos en cerca de cuarenta campos de concentración en pésimas condiciones, donde murieron alrededor de quince mil personas. Entre ellos se encontraban Argelès-sur-Mer, Saint Cyprien, Septfonds, Le Barcarès, Vernet d'Ariège, Age, Clermont-Ferrand, Gurs y Bram.

Tampoco podemos olvidar el asesinato más denunciado por una venganza franquista: el fusilamiento de trece jóvenes -siete de ellas menores de edad- en las tapias del cementerio de la Almudena, inmortalizadas con el nombre de Las 13 rosas (pág. 566), ni las temidas represalias de la dictadura.

El autor de La península de las casas vacías finaliza esta historia acompañando a Odisto de regreso a su casa en Jándula. Allí se encuentra con Fuensanta, Ángeles, Pedro y Pablo. Su familia se convierte en símbolo de la España de posguerra: mermada, marcada por las ausencias, por vidas que ya no están, pero a las que David Uclés logra devolver la memoria. Por desgracia, a Odisto también se le da un paseo.

En el epílogo, sabemos que el nacimiento de Luis, el abuelo del narrador, es la rama del árbol que afianza que el nieto escriba la historia de su familia, bajo la advocación de San Francisco de Sales, el patrón de los escritores. 
También que la Guerra Civil no terminó realmente. Sigue viviendo en la memoria, en las familias y en el país. 

Finalizo con la cita del filósofo José Ortega y Gasset, uno de los referentes de mi padre, que también se llamaba Luis, mencionada por David Uclés en la página 39:

Dos Españas, señores, están trabadas en una lucha incesante: una España muerta, hueca y carcomida y una España nueva, afanosa, aspirante, que tiende hacia la vida  
Hoy, 23 de abril 2026, Día Internacional del Libro por la Unesco, dedico la reflexión de "La península de las casas vacías" a:
  • mi padre, Luis, y tía, Isa Jiménez-Pajarero Sánchez, hermanos víctimas de la Guerra Civil.
  • mi abuelo, Luis Jiménez-Pajarero Miranda, oficial humillado por no apoyar el Golpe de Estado.
  • mi segunda madre, M.ª Milagro Cerezo Gómez, cuyo padre fue asesinado en la Guerra Civil, siendo hoy el primer aniversario de su ausencia terrenal. Ahora descansa en el Cementerio de Alicante, muy próxima al poeta Miguel Hernández.
NOTA:  Confieso que la lectura de "La península de las casas vacías" ha sido un antes y un después en mi vida. Por cierto, ahora estoy finalizando la novela ganadora del Premio Nadal, "La ciudad de las luces muertas", cuyo autor es también David Uclés.

Sobre el autor

David Uclés (Úbeda, 1990) 
Licenciado y máster en Traducción e Interpretación, es, además, escritor, músico y dibujante. Ha recibido el Premio Cálamo al mejor libro del año 2024, el Premio Kelvin 505 a la mejor novela 2025, el Premio Espartaco a la mejor novela histórica 2025, el Premio Andalucía de la Crítica 2025, el Premio San Clemente Rosalía a la mejor novela en castellano 2025, el Premio Dulce Chacón de Narrativa Española 2025, y ha sido el candidato español al Premio de Literatura de la Unión Europea (EUPL) por su novela La península de las casas vacías (Siruela, 2024). La obra ha sido traducida a varios idiomas y se prepara una adaptación audiovisual. 

También ha publicado Emilio y Octubre (2020) y El llanto del león (Premio Complutense de Literatura, 2019). Para la creación de La península de las casas vacías recibió las becas Leonardo y Montserrat Roig.

0 comments:

Publicar un comentario

Buscar en este blog

Vistas de página en total

Seguidores de Facebook

Citas

“Para mi la escritura es un camino espiritual” — Rosa Montero “Viviendo rodeados de señales, nosotros mismos somos un sistema de señales” — José Saramago “Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos” — Ortega y Gasset “Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar…” — Epicteto “La ingratitud es el precio al favor inmerecido” — Ignacio Manuel Altamirano “Se viaja para contemplar con los propios ojos la ciudad apetecida…” — Marcel Proust “Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo…” — Marcel Proust

Síguenos

Comentarios

Archivo del blog