Comerás flores, de Lucía Solla Sobral
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| Libros del Asteroide |
Una noche de verano familiar en Beiramar (una villa marinera), Marina conoce a un hombre que la seduce con su mirada. Tras coincidir de nuevo al día siguiente y tomar algo en un bar, él le parece aún más atractivo. Días después, accede a acompañarlo a su casa en las inmediaciones del casco antiguo de Pontevedra y, nada más ver su estilo y decoración, siente el deseo de vivir allí.
La diferencia de edad —24 y 45 años— no es un impedimento para que inicien una intensa relación de fin de semana. La joven se siente deslumbrada por Jaime, compositor de atmósferas, quien la recoge en el coche favorito de su difunto padre (un Bentley) y la lleva a los mejores restaurantes. Paralelamente, en su empresa, Marina —que hasta ese momento era considerada «sosa»— pasa a convertirse en el centro de todas las miradas.
No todo es de color de rosa: la celebración del 25.º cumpleaños de Marina es el detonante. Jaime siente unos celos inmensos que lo llevan a darle un ultimátum: o rompen, o se comprometen a tener algo serio. Poco a poco, y para evitar incomodarlo, Marina se va alejando de las salidas con sus amigos y de la convivencia con Diana. Tras la tormenta, sin embargo, suele llegar la reconciliación entre regalos, su porción de tarta favorita y una cara de «te quiero» (pág. 89).
A pesar de todo, la joven empieza a percibir ciertos hechos que la hacen dudar, como la excesiva atención de Jaime hacia una clienta, Mercedes. También le genera sospechas el relato de Jaime sobre la ruptura con su exmujer Marta, con quien tiene una hija llamada Jimena, de su misma edad. Él aduce que el motivo de la separación fue la depresión de Marta y el control exacerbado que ejercía sobre su trabajo, además de sus continuas ausencias por compromisos profesionales o familiares. Por ello, decidió que Jimena, de 12 años, viviera con él en un entorno de mayor libertad. Más tarde, Marina busca información sobre Marta en redes sociales y descubre que no tiene el aspecto de «desequilibrada» ni «gorda» con el que Jaime la había descrito.
Finalmente, se produce el encuentro tan temido por Marina: la presentación a su familia. Jaime despliega hábilmente sus encantos y halagos, especialmente con la madre de la joven, ganándose a todos gracias a sus detalles y don de gentes. Poco después llegaría la presentación oficial con su hija Jimena durante una cena en la que, sorprendentemente, ambas terminan haciéndose cómplices para gastarle bromas a Jaime.
Por otra parte, somos testigos de síntomas preocupantes en la protagonista: Marina llega a comer carne —a pesar de ser vegana— por no disgustar a Jaime, un hábito que termina traduciéndose en vómitos inducidos de forma continuada. Tras tomar la decisión de mudarse definitivamente con él, vemos cómo la joven va perdiendo su autoestima tanto en el trabajo como en su día a día. Jaime promete ayudarla a crear una página web y prestarle dinero para un proyecto, pero sin abandonar jamás su actitud egocéntrica.
La situación se vuelve realmente tensa cuando Marina le informa de que va a aceptar un trabajo y que no podrá seguir acompañándolo a Compostela. El brusco acelerón de Jaima al volante la deja sin aliento, una agresión pasiva a la que le sigue, en el garaje, el violento impacto de su propio móvil contra el suelo. Y, de nuevo, tras la tormenta, «la sorpresa»: el último modelo de iPhone …
La llegada de Jimena al hogar para quedarse supone otro varapalo para Marina, quien observa cómo Jaime colma de caprichos a su hija pija y le cocina pollo a la cerveza los domingos. Todo empeora cuando una quemadura en la mesa de la cocina dispara la ira de Jaime, paralizando a Marina una vez más. Incapaz de plantar cara a su agresividad o de proteger a su amiga Diana, la joven tampoco se atreve a confesarle a Jaime que la ropa que él le regala le queda demasiado grande.
Durante un festival en el que ambos trabajan, Marina conoce a Eduardo, quien le facilita una acreditación de prensa y, sutilmente, una nota con su número de teléfono. ¿Qué pensaría Jaime si supiera que ella quiere tener un nuevo amigo? Entretanto, se produce otro hecho imprevisto en un evento social que lleva a Jaime a acelerar el coche hasta los 240 km/h, haciendo llorar a Marina. Esta vez la respuesta es la puerta cerrada de casa y el silencio... Aunque, al día siguiente, vuelva a haber borrón y cuenta nueva.
La autora de Comerás flores plasma también la ilusión que Marina vuelve a sentir al escribir a Eduardo y saber que hay alguien con quien puede hablar de manera normal. Ambos planean un breve encuentro en el que ríen, se besan y en el que la joven logra recuperar parte de su autoestima perdida.
Llega el 27.º cumpleaños de Marina y Jaime organiza una comida familiar en la que sorprende a todos con una petición de matrimonio, acompañada de dos flamantes anillos: uno con un zafiro azul y otro con diamantes. No obstante, Marina ya no puede engañar a su compañero de trabajo, Martín, quien ha sido testigo de su malestar y de sus lágrimas. Ella misma lo manifiesta: «Me da miedo dejarlo. Me da pánico» (pág.186).
Con la ayuda de Martín, Marina comienza a buscar un piso asequible donde además admitan a su perrita, Frida. Una noche más, un simple despiste —se le cae la llave del coche en el maletero— vuelve a desatar la ira de Jaime, y Marina comprende definitivamente que debe cortar la relación. Cuando considera que ha llegado el momento propicio, le comunica que se va a casa de su madre a pensar. A la noche siguiente, Jaime intenta la reconciliación y le promete hacer todo lo necesario para que ella esté bien a su lado. Es entonces cuando Marina le echa en cara que su vida gira únicamente en torno a él, a su trabajo y a Jimena, sin dejar espacio para ella, y le confiesa cuánto le dolió que le retirara la palabra cada vez que se enfadaba (pág. 210). Ya está. Todo ha terminado.
Esa misma noche, Marina bloquea el número de Jaime, se refugia en la casa de su madre y solicita todas las vacaciones que le quedan. Apoyándose férreamente en su familia, poco a poco van llegando los muebles al nuevo hogar donde inicia una nueva etapa junto a Frida. Tiempo después, una tarde, se encuentra a Jaime clavado en el medio de la plaza, observándola como si intentara descifrar cómo es capaz de vivir sin él. Una semana más tarde, él la aborda de nuevo en la calle, pero, esta vez, sus amigos intervienen a tiempo para salvarla.
La joven, tras diez meses, ve el reflejo en su espejo y le gusta. Vende los anillos de compromiso y compra un dominio para la web de su propia agencia. Le dedica tiempo a su padre, recordándolo al clicar en Google Maps para verlo cruzar eternamente entre su calle y la de su tía Loli. En el bolsillo lleva un puñado de chistes apuntados en servilletas de bar para hacerla reír, y en la mano, las rosquillas recién compradas. Marina consagra aún más tiempo, aunque tiene que sacar a Frida. Necesita observarlo todavía con sus deportivas y con apetito, antes de que le matase un linfoma de no Hodgkin.
Es la noche de San Juan. Rememora una anterior en la que estaba con Diana y sus amigos en la playa, jugando a adivinar títulos de películas. Suena el timbre. Esta vez cenará con Diana y su bebé en casa. Está muy tranquila: ha recuperado su equilibrio.
Reflexión
Destaco el cariño inmenso que desprende la novela hacia la figura del padre de la protagonista. De hecho, la historia comienza con su duelo y recuerdos entrañables, como las palabras de su padre en la página 12:
«El amor es lo más importante que hay en la vida»
Marina recuerda además los fines de semana en que sus manos se apoyaban en la barriga de su padre para que le contase más historias (págs. 94-95) y relatos como el de su primo Constante, con el que pescaba en la ría de Vigo cuando escucharon el canto de una sirena que había perdido su cola.
Al término de Comerás flores vuelven los instantes felices de la niñez de Marina y la certeza de que su padre —con sus cuentos— y sus amigos han sabido hacerla siempre reír, sin importar la veracidad de su esencia.
Sin duda, la familia y la amistad son pilares en esta novela debut de Lucía Solla Sobral, siendo su principal refugio en la relación desigual que plantea. En la página 118, la joven manifestaba:
—Quería romper la tradición silenciosa que había en mi casa, una que decía que era mejor que todos estuviésemos cerca y aburridos que lejos unos de otros—.
Lucía Solla Sobral concluye con un balance positivo de la identidad de la protagonista y de sus fuertes vínculos, que son quienes sostienen su lugar en el mundo.
¡Ojalá que este espacio sirva para visibilizar estas relaciones tóxicas, en las que muchas jóvenes, como la protagonista, caen rendidas ante hombres que ocultan su verdadero yo tras una máscara!
Sobre la autora
| Foto de Marco Mas |
En 2023 fue seleccionada en la Residencia Literaria de la Cidade da Cultura de Santiago de Compostela, dirigida por el escritor Javier Peña. Colabora en la Vanguardia y ha escrito para revistas como Tinta Libre o Luzes.
Su primera novela, Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025), ha sido un fenómeno de ventas en España y ha recibido los premios Ojo Crítico 2025 y Cálamo del Año 2025. Está en vías de traducción a 14 lenguas.
Ha sido finalista del XXI Premio Dulce Chacón 2026 en la categoría de Narrativa Española.
En el apartado de agradecimientos de Comerás flores, Lucía Solla Sobral menciona en especial a Marta Jiménez Serrano por todos sus consejos y por ser la primera persona que dijo que estaba escribiendo una novela, mucho antes de que la propia autora considerase que lo estaba haciendo.
De hecho, Lucía inició la obra en un taller de escritura creativa y Marta logró que convirtiera dos párrafos en las 248 páginas del libro. Sin ella —asevera—no habría existido esta novela.
Nota: Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) es la autora de Oxigeno, libro que narra una experiencia real sobre la vida y la muerte, publicado por la editorial Alfaguara.
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