La noche soñada, de Máximo Huerta

Editorial Planeta

La noche soñada es la tercera novela que leo de Máximo Huerta en este año 2026. Es curioso, pero su narración temporal coincide con el verano de 1981, precisamente los meses de julio y agosto que la tengo entre mis manos. 

En mayo leí Mamá está dormida y, en junio, París despertaba tarde. En esta novela, galardonada con el Premio Primavera 2014 (convocado por Espasa y Ámbito Cultural), el amor y la búsqueda de la felicidad son su esencia.  

La narración muestra las preocupaciones y temores del autor que aparecen en publicaciones posteriores, como el Alzheimer de su madre.

El relato arranca la tarde de San Juan, el 23 de junio de 1980, en Calabella, un pueblo cercano a Tossa de Mar, en la Costa Brava. Se espera un gran acontecimiento: la llegada de la actriz Ava Gardner para inaugurar un cine de verano. En torno a este evento, tiene lugar la historia de la familia protagonista, el matrimonio formado por el irlandés Thomas Brightman y Teodora, y sus hijos Liz y Justo, que conviven con las nueve hermanas de la madre.

Desde el principio queda clara la tensión que se vive en el hogar en presencia del padre, aficionado a la bebida y violento con su mujer. Sin embargo, el pequeño Justo, testigo de las agresiones, urde un plan. Su padre ha sido elegido por el alcalde para ir a recoger a la estrella de Hollywood a la estación de tren, dado que era el único que hablaba en inglés. La historia nos desvela su muerte a causa de un accidente ede coche. Justo piensa que es la forma de buscar la felicidad para su madre (página 149).

Treinta años después comprobamos que Justo ha heredado la pasión de su abuelo materno por ver mundo; ahora es fotógrafo freelance. Siendo niño descubrió en el desván de la casa de verano, a la que se trasladaron a vivir tras la muerte del padre, los escenarios y paisajes evocadores de ciudades que utilizaba su abuelo de fondo para hacer retratos. Roma, lugar clave en esta novela, era uno de ellos. También Casablanca, Lyon, Suiza...

Imagen: Reyes González

Máximo Huerta nos lleva a la inocencia del primer amor, como el de Justo por Sofía, la hija de un pianista italiano, Francesco, que vive en la casa de enfrente. Aparecen entonces en la entrada, como por arte de magia, corazones dibujados con tiza rodeando detalles dulces. El anhelo del joven de 13 años de que los mensajes lleguen a su enamorada desencadenará otra historia de amor, la de Teodora y Francesco, como se verá al final de la novela, cuando Justo acude a Roma con motivo del 75 cumpleaños de su madre y se encuentra con ella en la basílica de Santa María in Trastevere, el lugar donde le dijo que hallaría la clave de su vida. 

Late con gran fuerza la relación materno-filial. Teodora escribe notas a Justo y las deja por las noches sobre la almohada para que las lea al acostarse o despertarse. En ellas le expresa todo su cariño y se despide con un juego de palabras. «Tu madre. Te Adora». Esas notas son fundamentales porque, a lo largo de los años, serán un estímulo para su hijo. El autor, con la sensibilidad habitual que impregna su literatura, describe en la página 126 cómo ha guardado Justo las letras de su madre, atesorando así sus pensamientos — metidas en sobres como si fueran cartas, para leerlas como si le acabaran de llegar y le hablara en ese momento—. Por otra parte, observamos la diferencia de caracteres de los hermanos: Liz se parece a su padre y vive en la realidad; Justo, a su madre, y vive en la fantasía. 

Con el paso de los años, Justo necesita confesar a su madre lo que ocurrió aquella noche de San Juan. Elige la quietud de la basílica, mirando hacia el altar y recordando la frase de Dante: «El que sabe de dolor, todo lo sabe» (una de las citas de esta novela) para mantener una conversación con su madre. Así, afloran recuerdos entrañables de la infancia: haciendo barcos de papel portadores de sueños, o acudiendo a la invitación a cenar de los vecinos italianos, un 7 de agosto de 1981 (fecha en la que yo también tenía 13 años como Justo; hoy es 7 de agosto 2026).

Desde aquella noche, Francesco convierte a Teodora en Fedora, como la protagonista de la ópera, la princesa Fedora Romazov (estrenada el 17 de noviembre de 1898 en Milán, con el joven tenor Enrico Caruso en el papel del conde Loris Ipanov). La música comienza a unir sus destinos con notas de sonrisas y felicidad. El color regresa a sus vidas, como el azul de las macetas y las jambas de las puertas, como si fuera Grecia. Asimismo, el autor señala que a veces no hace falta viajar, basta con la imaginación. El verdadero viaje es amar...

Máximo Huerta nos habla del gran poder de la memoria, como en el momento que entrega a su madre un regalo: la primera edición del libro Paris era una fiesta, de Ernest Hemingway (su novela favorita), con una foto de ellos que la transporta al puerto donde pasaron un buen día. «Con el tiempo descubrí que la belleza dependía la mayoría de las ocasiones de quienes te rodean», asevera el protagonista en la página 219. Por otra parte, señala también la importancia de Justo para su madre como fuente de energía:

-A veces, los faros, aunque vacíos de luz, iluminan más. Saber que están es suficiente. Yo fui el faro de mamá cuando entraba a oscuras en mi habitación a dejar sus notas escritas sobre mi almohada. No necesitaba entonces luz alguna para encontrarme. Hoy ya sé que yo tampoco necesito ninguna..- página 337.

Francesco le cuenta a Justo cómo empezaron los olvidos de su madre y también se refiere a Sofía (sin saber que había sido el primer amor de Justo). Cuando Francesco y Teodora se casaron, decidieron vivir en Roma. Para Liz y Justo fue una aventura; para Sofía, una decepción. Se hizo huraña. Ahora reside en Londres, da recitales en los lugares más insospechados del mundo y tiene un hijo, Peter, de 12 años, fruto de una relación cuyo progenitor no asumió su papel de padre. Asimismo, el fotógrafo de ciudades comprueba cómo el gran amor de Francesco por su madre sigue intacto. Reconoce la voz de su conde Loris, su creador de sueños.

Justo logró desahogarse, después de treinta años, el día del 75 cumpleaños de su madre. Cargaba desde mucho tiempo con la culpa: siempre creyó que los optalidones que había volcado en el whisky de su padre habían sido el desencadenante de su accidente al ir a por la estrella de cine. Sin embargo, el azar le tenía reservada una sorpresa: dos cartas, una del alcalde de Calabella (Manuel Basté), donde le revela la verdadera causa de la muerte de Thomas Brightman, y otra de su madre, en la que le explica los primeros síntomas del olvido que percibe y le recuerda un poema de Kavafis sobre el viaje a Ítaca. Lo importante es llegar, y ella es su destino, su propia Ítaca. Por supuesto, le desea que sea un buen fotógrafo.

Os invito a leer La noche soñada, una novela cuyo eje principal es el vínculo emocional entre madre e hijo, comparable a ese gran corazón visual que se aprecia en el ábside de la iglesia Santa Maria in Trastevere (cubierto de azulejos dorados que reflejan la luz celebrando a Cristo y María). 

Se observa también la admiración que el autor siente por las mujeres. De ellas dice, en la página 72:

«Tienen una especie de electricidad que las conecta con sólo darse la mano; se aprietan y comparten los sentidos y con el disimulo que da la naturalidad de sus genes se entienden con mirarse nada más, no les hacen falta palabras».

Agradezco a Máximo Huerta las múltiples referencias que enriquecen la lectura y me transportan a mi infancia:

a) Literarias: 

  • Julio Verne
  • El patito feo (del danés Andersen: el hallazgo del primer cuento sobre la historia de una vela que no hallaba su lugar en el mundo hasta que una caja de cerillas acudió en su rescate, iluminándola y dotándola de todo su sentido (página 100). Lo encontró 200 años después la familia Prim (1822-26). Metáfora: las ganas de vivir. La luz había sido una constante en las novelas de Andersen.
  • Los Cinco (Enid Blyton) 

b) Cine:

  • películas de Ava Gardner: Mogambo, Las nieves del Kilimanjaro, La condesa descalza, El puente de Cassandra, Pandora y el holandés errante...

c) Musicales: 

  • Gymnopédies (1887-88, Erik Satie)
  • La forza del destino (Verdi)
  • Vivaldi
  • Chopin

d) Roma: Caffè della Pace, plaza Trilussa, puente Sisto, La Fontana di Trevi.... 

NOTA: Dedico esta entrada sobre La noche soñada a mi madre María Arias Collados, hoy 7 de noviembre de 2026, día en el que hubiera cumplido 86 años.




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