"El maestro del Prado" - Javier Sierra




La última novela de Javier Sierra (Teruel, 1971) “El maestro del Prado” ha sido realmente un descubrimiento pictórico. En el característico estilo del autor, en el que prima la seria investigación, rodeado de enigmas y misterios, se añade una sutil manera de acercarnos al Arte  vivido en primera persona.

Sí porque el protagonista es un joven Javier Sierra, estudiante de periodismo, al inicio de la década de los 90, que acude al Museo del Prado en busca de las magistrales interpretaciones del que parece ser un experto guía. Sierra alude a la típica época de crisis que se suele atravesar con 19 años aunque en su caso con una clara vocación por la comunicación. Precisamente en la serenidad de las salas del Museo encontró un manantial de historia y de cultura, un entorno en el que, recién llegado de provincias, pasaba desapercibido y le recordaba la calidez de la mano de su madre cuando por 1ª vez fue a visitarlo con ella.


Y todo empezó una tarde de otoño, absorto frente  al cuadro de la Sagrada Familia “La Perla” de Rafael Sanzio (1518). Se le unió en el contemplativo silencio un enigmático hombre con elegante porte que finalmente pronunció: ¿Conoces esa frase que dice que el buen maestro llega sólo cuando el discípulo está preparado? Así nació la relación invitándole a conocer los arcanos ocultos de las galerías. Una figura que se convertiría en su padrino y que pese a ser evanescente es ahora, tras 22 años, cuando decide compartirlo con sus lectores, entre los que está seguro también habrá algún iluminado, anhelando un posible reencuentro.

Sierra incide en su fascinación por lo que ignora dejándose arrastrar como Poe, Dickens y Bécquer que escribieron sobre el más allá con la vaga esperanza de explicar el más acá.   Su mensajero es el doctor Luis Fovel quien le enseñará a mirar en profundidad las obras utilizadas por los europeos como referentes culturales como escenas religiosas con usos devocionales que sin embargo encierran grandes secretos en su aspectos inocuos. En un tiempo en el que los mensajes del Arte parecen no interesarles a nadie Luis Fovel incide en la razón exacta de la obra creada, centrándose en el lado espiritual de la pintura, a la que se llega con la mirada humilde. Poco a poco Sierra irá comprendiendo los códigos existentes en los lienzos que acercan a la reflexión de lo sobrenatural; es un lenguaje simbólico en el que se usan los ojos del alma: “San Agustín entre Cristo y la Virgen” (Murillo).

Los pintores, aclara Luis Fovel, estaban atentos a las profecías y los augurios del siglo XVI que vaticinaban una gran conjunción planetaria y el fin de los tiempos, en 1524, de la misma manera que la iglesia y la nobleza: “La Escuela de Atenas” (Rafael). La existencia del libro “Apocalypsis Nova” (no publicado) fue fundamental en la interpretación de Rafael y su pintura; anunciaba la aparición de un Pastor Angélico, un papa tocado por el Espíritu Santo que se uniría al Emperador para imponer la paz entre los cristianos y detener el avance del islam. Se aseguraba había sido escrito por el beato Amadeo (monje franciscano) al dictado del arcángel Gabriel explicando cómo había creado Dios los ángeles, el mundo y el hombre.



El siguiente lienzo que analizarán será “La Virgen de las Rocas” de Leonardo da Vinci (Louvre) por medio de libros de arte. Existían dos y la más antigua fechada en 1483 (altar mayor de la iglesia de San Francesco el Grande) con claras similitudes a La Perla de Rafael. Se nutre asimismo de las crónicas de Giorgio Vasari, pintor y biógrafo de pintores, y conoce con detalle “La escuela de Atenas” (1509, Roma) en la que el propio Rafael se autorretratará como astrólogo y Leonardo da Vinci da vida a Platón.

El joven curioso y entusiasta decide acercarse a la biblioteca de El Escorial donde el doctor Fovel ha dicho existe una copia del libro que había inspirado algunas de las obras maestras de Rafael y Leonardo. Irá con Marina, compañera de la Facultad, a la que relata sus planes y motivo del viaje. Allí conocerán al monje agustino, encargado de la biblioteca, y al padre Juan Luis quien además les hablará de la otra faceta humanista del rey Felipe II mientras les facilita el viejo volumen requerido escrito en latín. Será el padre el lector de su contenido relacionado con el místico Amadeo y su obsesión por el Juicio Final.

Javier regresa a la Pinacoteca y elige “La Sagrada Familia del Roble”, una tabla melancólica y serena. Aparece de nuevo el doctor Fovel e incide en los dos niños con un símbolo que indica que proceden de la misma cuna, dos niños Jesús, dos mesías según el filósofo Steiner. Hablan también de la visita a El Escorial, de la Edad Media y el Renacimiento, época en la que se aceptaba que los artistas y los intelectuales eran los únicos preparados para unir el mundo terrestre con las potencias celestiales. 

Y el vínculo entre ambos es "La Transfiguración" (Rafael, 1520), una especie de tratado sobre la comunicación con el más allá, y última obra del artista, fallecido a la temprana edad de 37 años. Javier le comenta a Marina su encuentro con el doctor Luis Fovel. Ella opina que quizá sea un fantasma de alguien que haya muerto en el Museo del Prado e inicia una investigación en hemerotecas encontrando crónicas referidas a dos casos de jóvenes. Uno falleció intentando robar y el otro era un poeta que se había suicidado. Sin embargo el doctor Fovel es sexagenario. El maestro del Prado se convierte en una de las personas más interesantes que Javier había conocido en la capital, una especie de mago capaz de separar lo visible y lo invisible en el Arte. 

El 8 de enero de 1991 es el tercer encuentro y en él le pregunta Javier si es un fantasma pero como respuesta se dirige a la sala donde están los paneles de Botticelli, encargados por la familia Pucci, que representan un paisaje inspirado en uno de los cientos cuentos del Decamerón que Bocaccio escribió alrededor de 1351. Así Florencia pasó a ser la ciudad de las profecías motivado por la influencia del dominico Savonarola como quedaría plasmado en el lienzo de “La Natividad mística” (1501-Londres).

Marina intenta convencer a Javier de que deje de ver al doctor Fovel ya que un hombre la había visitado y aconsejado que se alejaran de él. Se estaban acercando a filosofías falsas. Debían reflexionar sobre la llave para entrar en la gloria y así evitarían el mal. Le entregó unos folios para su lectura. Se referían al sarcófago de Carlos V en el Panteón de Reyes de El Escorial y estaba dirigido a don Mariano Fortuny, director de la pinacoteca. Javier contactará con Santi, estudiante de posgrado de Geografía e Historia, para saber más sobre el emperador que dedicó los dos últimos años de su vida a preparar su alma para morir sufriendo un profundo cambio de personalidad. Ordenó crear un cuadro sobrenatural “La Gloria” (1551-4/Tiziano) que representa el paraíso celestial abriéndose al completo para recibir el alma del difunto Carlos V. 
Javier se dirige de nuevo al Museo del Prado para ver in situ “La Gloria” que resulta ser uno de los cuadros favoritos del doctor Fovel, el primer arcanon (connotaciones ocultas). Pasan a contemplar “Carlos V en la batalla de Mühlberg” (1548, Tiziano) fijándose con atención en dos talismanes de poder: el símbolo de la Orden del Toisón (vellocino de oro) y la lanza de Longinos. Le habla asimismo del mago inglés John Dee. 
La siguiente obra que ven es “La última cena” (1562- Juan de Juanes) con una reliquia de gran valor, el Santo Grial, guardada desde la Edad Media en la catedral de Valencia. De este pintor resalta su belleza divina casi inspiradas por el cielo como la “Inmaculada Concepción” (1568) con los nombres místicos de la Virgen: Civitas Dei, Stella Marias, Speculum sina macula y Porta Coeli. Sin duda, el arte sería para un propósito trascendente. 
El joven estudiante de periodismo vuelve a perder la noción del tiempo en el Museo del Prado. Es consciente de ser sabedor de un gran secreto “los pintores eran mentes ultrasensibles con un propósito en sus cuadros: mantener abiertos ciertos umbrales de percepción hacia el otro mundo”. En esta ensoñación le aborda un hombre llamado Julián de Prada que dice ser Inspector de Patrimonio. Le habla del maestro como antiguo trabajador del Palacio Real inventariando y comprando obras de arte para su colección.  Afirma que las ideas se contagian como sucedió en la época de Carlos V y Felipe II,  por tanto deseaba retener otra posible epidemia definiendo además al doctor Fovel como un charlatán. Recuerda “La Visión de Fray Julián de Alcalá” (Murillo, 1645-8). Este encuentro le induce a interesarse por la vida del rey Felipe II dedicándose a su estudio en el Colegio Mayor Chaminade, su residencia de estudiante. Un hombre clave, Fray José de Sigüenza, relata los últimos días del Rey Prudente (13.09.1598) rodeado de sus reliquias, entre ellas 7.422 huesos de santos, y de cuadros. Eligió “El jardín de las delicias” (1500-5), obra cumbre de El Bosco con gran polémica.

El 11 de enero de 1991 va a la sala 56ª e interpreta una señal al ver “La mesa de los pecados capitales” (mobiliario del despacho de Felipe II). Destaca una especie de ojo gigante, hipnótico con la inscripción: Cuidado, cuidado. Dios observa. Parece una sala conectada a la muerte. Mientras Javier observa “El jardín de las delicias” hace de nuevo su aparición el doctor Fovel que considera esta obra es, para los que les guste los arcanos del Prado, una buena elección como examen fin de carrera. Y centra la atención en la escena del reino del Padre, periodo en el que Dios da forma al mundo, refiriéndose al visionario e intelectual Fray Joaquín de Fiore. Le pide a Javier que abra el tríptico y, al hacerlo por el camino de la advertencia, el doctor Fovel lo considera una señal. Le habla de los adamitas cuyas huellas llegaron hasta 1411. Espiritualizaban la erótica. El lienzo es sin duda otro cuadro mediúmnico que fue un encargo de su mecenas, Enrique II de Nassau, para su esposa.


El siguiente cuadro frente al que se detienen es “El triunfo de la muerte” (Pieter Brueghel el Viejo, 1562). Otro artista víctima de su tiempo como Goya, una época de guerras, epidemias de peste… Morirá antes de los 40.  El doctor Fovel le plantea a Javier un enigma “el arte de la memoria”, es decir, leer en imágenes, inventado por los griegos en tiempos de Homero. El grabado de “El alquimista” (1558) representa las penurias de este oficio. Le explica que Hendrik Niclaes, comerciante holandés, fundador de la Familia del Amor, era una especie de profeta, con visiones desde los 9 años. Perseguido por la Inquisición. Le habla de Hans Holbein el Joven quien elaboró 24 letras conocidas como “El Alfabeto de la muerte” (1538) y le enseña cómo Brueghel las utilizó en su composición disimulando el secreto de su fe: AVIT (VITA)

Ya en la sala de los Grecos contemplan “El sueño de Felipe II (1577) conocido como “La Gloria del Greco”, primera obra pintada en Madrid. El artista griego establece relación con el bibliotecario del monarca, Benito Arias Montano, que se convirtió en su mentor. En sus cuadros hay experiencias visionarias pero el místico verdadero guarda para sí sus visiones como el agustino Alonso de Orozco. Un beato del s. XVI quien le encargó varios lienzos al Greco para el Seminario de la Encarnación con figuras de ángeles (1597-1600).

Javier regresa a su residencia de estudiantes y le indican que le han llamado varias veces de El Escorial. Se acuerda del padre Juan Luis, el bibliotecario y contacta con él. Se citan al día siguiente, a las 9h. Y allí le explicará el motivo de su llamada: las fechas de los registros del préstamo del Apocalypsis Nova. En 20 años nadie lo había consultado y recientemente, en una semana, dos peticiones. En 1970 Julián de Prada y otro investigador, Luis Fovel. Otras fechas eran 1952, 1949, 1934, 1918, 1902. Y lo más curioso con firmas idénticas.

Ambos conversan en un banco de la iglesia del monasterio sobre este descubrimiento que significaría que el doctor Fovel tendría alrededor de 120 años. Deducen que se encuentran ante algo que los sobrepasa. Allí Javier le confiesa todo lo que sabía del maestro del Prado. Entonces el agustino se sincera confesándole que tanto Fovel como Prada habían consultado más documentos: tratados de alquimia, libros de magia natural, apuntes de Arias Montano... Pretendían desarrollar visiones metafísicas de Raimundo Lulio, alquimista y médico del s. XIII. Han buscado la fórmula para traspasar el umbral entre este mundo y el otro. El elixir de la vida. Opina que el doctor Fovel lo ha logrado.

Javier se pregunta el porqué de su acercamiento a él. El agustino reflexiona sobre “el factor rosacruz”, una sociedad iniciática del s.XVII que atrajo a intelectuales y libres pensadores. Christian Rosenkreutz logró una longevidad extraordinaria, formó discípulos y probablemente Fovel y de Prada sean dos de ellos. Al parecer emergen cada 100/120 años, siembran su semilla intelectual en algunos elegidos con la esperanza de que ayuden a evolucionar al mundo desvaneciéndose hasta el próximo ciclo histórico. Como buen guía te enseña a mirar, no te lo muestra todo, y cuando se dispone de esa capacidad entonces se esfuma antes de que se averigüe quién es. Javier, sin embargo, cree que se ha equivocado en la elección del pupilo. El agustino le entrega un papel que es un acertijo, una pista escrita de puño y letra por el doctor Fovel. Es un mensaje olvidado en un libro de astrología. Le aconseja le pida explicaciones en su próxima aparición.

Javier regresa al Museo el 13 de noviembre, el 15, el 17 y 18 pero… no ocurrió nada. El padre Juan Luis insistía en la perseverancia. El último jueves de enero llama Javier al Monasterio y una voz le informa de la muerte del padre Castresana esa misma madrugada. Desde ese día el joven estudiante de periodismo lucha por dominar los accesos de ira por aquella inesperada situación en la que tanto el maestro del Prado como la persona con la que había compartido la intrahistoria habían desaparecido. Tampoco volvió a hablar nada con Marina y la incomprensible vivencia cayó en el olvido. Ya han pasado 20 años y Javier sigue ignorando la razón profunda. Aún alberga la esperanza de que el maestro del Prado se haga visible incluso a algún lector. El único recuerdo que testimonia que no fue un sueño son estas líneas: 

No me persigas.

Tengo la llave.

Mi nombre anhelas

ignorando su clave



Guardo los cuadros

desde el inicio.

Entre ellos, aclaro,

está mi principio.

Aunque revientes

Seguiré desgarrando

Con uñas y dientes

El velo nefando.



Bosco, Brueghel, Tiziano,

Goya, Velázquez, Giordano.

Todos han ido en pos

del gran deseo mundano.



Afronta la muerte.

Arranca tus vendas.

Confía en la suerte

y haré que comprendas.





Me quedo con esta frase de Javier Sierra:
"En la vida hay que dejarse llevar por la Providencia"

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