Levantado del suelo - Levantado do Châo



Novela escrita por José Saramago en 1980.  Premio “Ciudad de Lisboa” (el mismo año de su publicación) y Premio Internacional “Ennio Flaiano” en 1992 (Italia).

Está dedicado a la memoria de Germano Vidigal y José Adelino dos Santos, ambos asesinados.

Una cita del escritor portugués Almeida Garret (1799-1854) da inicio a esta obra en la que una vez más Saramago es la voz del pueblo que clama ante la injusticia. Y dice así:

Y yo pregunto  a los economistas políticos, a los moralistas, si han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infancia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico”.

Reflexiones de José Saramago un 23 de mayo de 1984: 
"Levantado del suelo" lo terminé, o lo escribí, deprisa, en 1976. Pero no volví a arrancar hasta tres años después, porque sabía que, si seguía los modelos tradicionales, la narrativa no me iba a gustar. Sólo podía escribir Levantado del suelo si lo narraba de viva voz, tal como lo hacemos nosotros, que, al hablar, no distinguimos entre el discurso directo y el indirecto. En el caso de Levantado del suelo, casi adopta la forma de crónica, en una transposición del discurso verbal al escrito. Tanto yo como otros autores hemos empleado esta fórmula de manera innovadora.
A continuación explico el eje fundamental de la historia centrada en un gran latifundio “que se prolonga lomas arriba y llano abajo hasta donde los ojos llegan”. Una vasta extensión que necesita de resignados brazos pertenecientes a “esa otra gente, suelta y menuda, que ha venido con la tierra, aunque no registrada en la escritura, almas muertas o todavía vivas”.

El zapatero, Domingo Maltiempo, desea quedarse a vivir en San Cristóbal. Allí, junto a su mujer, Sara de la Concepción, el hijo primogénito y el que pronto va a nacer inician su nueva vida llegados de Monte Lavre. Es realmente un hijo del viento, un trotamundos y gran bebedor en tabernas. Se mudarán después a Torre da Gadanha y a Landeira, lugar en el que uno de sus hijos, Juan, de bellos ojos azules, encontrará buen padrino, el cura Agamedes.

Son tiempos de república. El jornal sigue sin llegar a las necesidades de los trabajadores que, inocentes, piden al administrador, Lamberto Horques, mejores condiciones. Otros temporeros manifiestan también al patrón su deseo de trabajar. Se suceden disensiones entre los del norte y los del sur. La guardia avanza y calma a los “desgraciados”.

Sara de la Concepción da a luz a una niña, María, y a otro niño, Domingo. Su existencia es cada vez más dura. Su marido acabará abandonándolos y, tras un arrepentimiento en el que conviven de nuevo, se suicidará. Su hijo Juan, con apenas 10 años, ayudará a su madre en todos los oficios en los que por caridad le dejan. Se produce la guerra en Europa y también en África. Irán finalmente a vivir con su tío Joaquim Carranca y así sumarán jornales hasta el fallecimiento de éste.

Pasan los años y Juan se enamora de Faustina, llevándosela del hogar, a pesar del arrebato de la familia de la joven. Tienen 3 hijos. Etapas en las que se habla de huelguistas aunque no lo sean como el caso de los muchachos Manuel Espada, Augusto Patracao, Felisberto Lampas y José Palminha que abandonaron el puesto de trabajo. Chiquilladas pero que les costará no encontrar sustento.

El padre Agamedes aconseja no se escuche a los que hablan en lugares escondidos, llevando papeles y decisiones. Sin embargo se organizan las consignas, “no aceptar el jornal de 25 escudos, no trabajar por menos de 33 escudos por día, de sol a sol”. Los latifundistas, Norberto, Alberto y Dagoberto, ordenan a capataces y administradores que se mantengan firmes. Mientras prosigue el regateo las familias abnegadas apenas sobreviven. Será Sigismundo Canastro quien vele por la unión para no seguir siendo explotados. Al final ganarán las hormigas pasando a valer 8 escudos más el día de trabajo. Detienen a los que consideran cabecillas: Sigismundo Canatro, Juan Maltiempo y Manuel Espada. Se les insta a vomitar toda la información sobre la organización de la huelga y sus contactos. Salen en libertad. Manuel Espada se compromete con Gracinda Maltiempo.

Otro interrogatorio en el que la guardia se ensaña es el de Germano Santos Vidigal. Será Gargajo quien lo azote con un látigo hasta la extenuación. La luz se le irá apagando dentro de su cerebro. Las hormigas contemplan este hecho y cómo aparecen otros presos para testimoniar el suicidio del infeliz ahorcado de un alambre. Incluso el doctor Romano así lo atestiguará. Un caso más sobre el que pasarán los años y pasará el silencio hasta que las hormigas tomen el don de la palabra y digan la verdad, toda la verdad y sólo la verdad.

Y así se desarrolla el siguiente encuentro en el que cada uno dirá las razones de su descontento como la de trabajar noche y día pero no aliviar su castigo de vida hambrienta, no tener justicia y estar todos en paro. Tras la boda de Gracinda y Manuel Espada, Juan Maltiempo es detenido por el guardián José Camedo de nuevo. Tiene 44 años. Pasará 30 días de aislamiento. Lo acusan de comunista y de encubrimiento. Insiste en que no tiene nada que contar ya que desde 1945 no ha tenido actividades políticas. Será apaleado. Escuchará que Alburquerque le ha descubierto. Es finalmente liberado.

La miseria se sucede y las enfermedades en los barracones que se asemejan a campos de concentración. Al acabar la siega los trabajadores parecen fantasmas pero a eso ya están acostumbrados los dueños del latifundio. Gracinda da a luz a María Adelaida que ha heredado los ojos azules del abuelo.

Comienzan los encuentros propiciatorios de manifestaciones ante el ayuntamiento de Montemor.  Sigismundo Canastro visita a Juan Maltiempo, su hijo Antonio y Manuel Espada, su yerno, para reclamar el trabajo que no se les da. Acuden el día señalado, un 23 de junio, y se llena la plaza. Comienzan los gritos pidiendo trabajo  y la guardia montada desenvaina los sables, se suceden ráfagas y caen los muertos como José Adelino dos Santos.

Se van acabando los tiempos de resignación. Será un desafío en el que además de reclamar 8 horas de trabajo pedirán 40 escudos. Patrullas armadas recorren las calles al olor de la subversión. Los hombres acuden al latifundio a las 8 de la mañana pero el amo, Norberto, les recuerda que en sus tierras el horario es de sol a sol. Los tenderos fían en Monte Lavre. Y las aves despiertan de madrugada y no ven a nadie trabajando.


Monte Alentejano
Muy cambiado veo el mundo, dice la calandria, pero el milano, que vuela alto y lentamente, grita que el mundo está mucho más cambiado de lo que cree la calandria” (pág. 423).

Juan Maltiempo muere. Llegan noticias desde Lisboa de la revolución y de ser celebrado el primero de mayo a pesar de los temerosos. En el latifundio se reúnen dos veces y van dejando caer consignas, Mantas, Pedra Grande, Vale da Canseira, Monte da Areia, Fonte Pouca, Serralha ...

"Van todos, los vivos y los muertos. Y delante, dando los saltos y las carreras de su condición, va el perro Constante, cómo iba a faltar en este día levantado y principal"

Destaco algunos de los aspectos contenidos en la obra de José Saramago abordados con imaginación e ironía y que, sin duda, son reflejo con todo detalle del día a día de los que nunca tuvieron quien los contara. El amor, que no necesita palabras, envuelve esta novela tan actual:
Violencia de género

- El zapatero Domingo Maltiempo es remendón, pone suelas, tacones, remata la obra  cuando le falta el gusto al trabajo, deja las hormas, las chiflas, las leznas para ir a la taberna, discute con los parroquianos impacientes, y por todo esto le pega a la mujer. (pág.31)
 - Vivía sufrida y callada (pág.35)

Desigualdad
- Se proclamó entonces la república. Ganaban los hombres doce o trece reales, y las mujeres menos de la mitad, como de costumbre. (pág.39)
- “El arma grande y decisiva es la ignorancia. Es conveniente, decía Sigisberto en su cena de cumpleaños, que nada sepan, ni leer, ni escribir, ni contar, ni pensar … (pág.90)

No hay infancia 
- Ay santa madre, que un hombre tenga que reventar de hambre, y los hijos, qué les doy a mis hijos, Ponlos a trabajar (pág. 39). 
- Es una figura grotesca, con el azadón al hombro, más grande que él, cuando de madrugada se levanta del catre a la luz oleosa y fría del candil (pág.63).
- Voy a cavar madre. No vayas, hijo mío, sólo tienes 10 años, no es trabajo para un niño. (pág.63)
Miseria
- Llegaron los tristes abandonados de marido y padre a Monte Lavre, otra vez volvieron en montón los pobres trastos domésticos, solo ruinas …. (pág.48-9)
- La desesperación se alimenta de la fatiga del cuerpo, se hace fuerte y su fuerza regresa violenta al cuerpo … (pág.125)
- Qué puede hacer un hombre si tiene mujer e hijos, unos renacuajos que se empinan sobre los pies, apoyan la barbilla en la mesa escasa y, con el dedo mojado en saliva, van atrapando las migajas como si cazaran hormigas  (pág.170)

Inhumanidad
- Cuando salen los campesinos de sus casas, de los pajares, de las cuadras, reciben en el pecho el empuje de las bardas y los correazos en las costillas. (pág. 41)
- La guardia los acorrala como si fueran bestias (pág. 45)
- Es una estatua despedazada, sostenida sólo por los alambres interiores (pág.311)

Compasión
- Hijo mío, por compasión me dieron trabajo para ti, para que ganes algo, pues la vida está muy cara y no tenemos quien nos valga. (pág.65)    
- La mejor limosna es la del pobre, al menos así se queda todo entre iguales. (pág.65)

Lealtad

- "Nadie sabrá de su boca información que a otros comprometa, mejor será que se partan en todo el mundo los espejos y cierre los ojos quien a mí venga, para que no vea mi propia cara si hablo" (pág.294)

Explotación

- “Estos hombres y estas mujeres nacieron para trabajar, son ganado entero o ganado rajado, salen o los sacan de las barrigas de sus madres, los ponen a crecer de cualquier manera, es igual, lo necesario es que acaben teniendo fuerza y destreza de manos (pág.405)
El germen de los derechos
- “Se van acabando los tiempos de la resignación. Anda una voz por los caminos del latifundio, entra en villas y aldeas, conversa en los montes y en los encinares …" (pág.406)
- “Hay que conseguir las ocho horas, basta ya de trabajar de sol a sol” (`pág.412)
- “Lo que siempre han querido ellos es rebajar nuestra dignidad” (pág. 414)

La fuerza de las mujeres

- “Entonces descansa en ella como en el latifundio descansan las mujeres, trabajando en otra cosa” (pág.433)


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"Viviendo rodeados de señales, nosotros mismos somos un sistema de señales"
José Saramago
"Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande,
sólo es posible av
anzar cuando se mira lejos"
Ortega y Gasset
"Concedeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las que sí puedo y la sabiduría para establecer esta diferencia"

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