El síndrome Mozart

Foto: Arunas Klupsas 
En una entrevista realizada por Gabriel Bandariz (gerente editorial de literatura infantil y juvenil en grupo SM) a Gonzalo Moure (Valencia, 1951) nos señala la investigación previa que el autor llevó a cabo para escribir “El síndrome de Mozart”. Una novela que gira sobre la amistad, la comunicación y el amor, con la que Gonzalo Moure obtuvo el premio Gran Angular 2003.
El protagonista de esta novela, Tomi, padece una alteración genética conocida como el síndrome Williams. Su relación con Irene, hija de un neurólogo, es determinante en el devenir de esta historia. La sensible violinista es la responsable de la felicidad o infelicidad de su futuro.
En el pueblo de Cansares vive Tomi, adolescente con un desconocido don natural para la música. Los padres de Irene han alquilado una casa en ese entorno rural asturiense para pasar las vacaciones. Siguiendo el deseo de sus progenitores, Irene inicia una amistad con Tomi con el propósito de confirmar que posee una innata capacidad musical o por el contrario corroborar su posible retraso. 
La madre de Tomi le cuenta a Irene que su hijo tuvo que dejar el colegio a los 12 años debido a las burlas de los compañeros. Desde entonces se ocupa del cuidado de la finca y de las cuadras. Asimismo le asegura que Tomi ha heredado de su abuelo paterno la afición por el violín.
Gonzalo Moure 
En otro contexto, Irene comprueba que Tomi es capaz de tocar otros instrumentos a la perfección (sin que nadie le haya enseñado) como la armónica, el acordeón y el piano. Irene graba una magistral interpretación al piano de Tomi, prueba que ansiaba su padre y que la sitúa en un dilema, sacar tal descubrimiento a la luz y demostrar que Tomi es un genio, o bien ocultarlo y dejar al inocente muchacho vivir en su habitual tranquilidad. 
Irene recurrirá frecuentemente como apoyo emocional a un amigo, Yárchik, en todas las dudas que se le plantean en esta situación.

Gonzalo Moure nos habla también de que en España hay al menos 200 niños con el síndrome Williams y que muchos de los grandes genios de la humanidad hubieran sido considerados discapacitados de no haber hecho oír sus teorías, o leer sus poesías, o escuchar su música. 
De Mozart se dice que, como los niños diagnosticados, era muy afectivo e infantil, con necesidad de acercarse a los demás a través del tacto. El escritor incluso cita a los biógrafos de Mozart en la siguiente aseveración:
Si su padre en vez de un profesor de violín hubiera sido un zapatero, el músico no habría servido ni para remendar zapatos. Nunca se le habría dado la oportunidad de mostrar a Mozart su talento.
Mi enhorabuena a Gonzalo Moure por su reciente Premio Cervantes Chico 2017 (Galardón otorgado el 12 de julio). El jurado ha destacado "su extraordinaria calidad literaria del conjunto de su obra y por su amplia y brillante trayectoria profesional", así como por "su variada capacidad creadora en la temática de sus escritos y su importante labor de fomento de la lectura, lo que posibilita una fuerte conexión y cercanía con los lectores más jóvenes. Además, su empeño por llevar la cultura, los libros y la lectura allá donde no hay posibilidad, acredita su compromiso social con los más desfavorecidos".

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"Viviendo rodeados de señales, nosotros mismos somos un sistema de señales"
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"Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande,
sólo es posible av
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"Concedeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las que sí puedo y la sabiduría para establecer esta diferencia"

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