El perfil del psicópata

Era inocente. Creía en la honestidad de sus semejantes. Su infancia había terminado de manera rotunda. La separación de sus padres eclipsó un periodo de adolescencia en el que los primeros amores afloran. Se convirtió de la noche a la mañana en una adulta. A los 14 años comenzó a planchar las camisas de su progenitor y a responsabilizarse de su hermana pequeña mientras veía a sus amigas del colegio salir con sus madres de compras y mirarse con sonrisas cómplices.
Ella escuchaba las conversaciones de mayores preguntándose por qué ahora vivían compartiendo un piso con gente desconocida en vez de residir en su habitual vivienda en un céntrico barrio de Barcelona. Poco tiempo después se mudarían a una zona más alejada y ambas hermanas conocerían a la nueva mujer que ocupaba el corazón de su padre.
La primogénita, a sus 17 años, cursaba estudios de secretariado. La opresión y la voz interior la asfixiaban. Aquella noche lo hizo. No pensó en el inmenso dolor que causaría a su alrededor. Su padre la encontró al día siguiente sin conocimiento. La llevó al hospital y el diagnóstico fue rotundo. Intento de suicidio. No sería el único. A los 2 años, viviendo con su madre, tomaría de nuevo esta decisión mientras su hermana menor observaba atónita ese profundo sueño del que era imposible despertar. Tras un lavado de estómago y unos días en el servicio de Urgencias se restableció iniciando una vida de estudios y estabilidad familiar.
Comenzó a trabajar en una agencia de publicidad como secretaria del departamento de medios. Era una época de auge y a pesar del gran número de horas dedicadas al día se contaba con una recompensa anual . Entre los incentivos destacaba algún viaje lo que le permitió salir de su reducido mundo y sentirse libre de la presión maternal. Su madre era muy buena pero tras la separación conyugal solía recordar el pasado con insistencia.
Una mañana coincidió en la consulta del médico con un joven que acababa de sufrir un accidente de coche; tenía el cuello inmovilizado con un collarín. Se pusieron a hablar e intercambiaron los números de teléfono. Él la llamó una tarde y quedaron para verse en una cafetería cercana. No era el tipo de chico con el que hubiera anhelado salir, sin embargo poco a poco se acostumbró a su compañía.

Margaritas
Al principio le extrañó que no la invitara a tomar algo o tuviera un simple detalle de enamorado. Sin darse cuenta se adaptó a su forma tacaña de comportarse y a esa máscara tras la que se escondía siempre que se relacionaban con amigos y familiares. Quizá el deseo de crear un confortable hogar y vivir en pareja con proyectos ilusionantes motivó la celebración de aquella boda por lo civil. Estaba bellísima. Sus ojos castaños y cutis realzados por un delicado maquillaje. La melena, con suaves ondas, la envolvía en un aura de elegancia. Sin embargo sus pupilas parecían húmedas. Me fijé en ellas en el momento del "sí quiero". Mi hermana mayor poseía la misma expresión de inseguridad que al percibír un daño emocional. Y entonces lo observé con atención. Su egocéntrico interior se reflejó en toda su dimensión y vio con claridad su perfil.

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"Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande,
sólo es posible avanzar cuando se mira lejos"
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