Premio José Saramago 2011- Andréa del Fuego.

 Hoy quiero compartir a través de mi blog el discurso que ha pronunciado Pilar del Río, Presidenta de la Fundación José Saramago, en el acto de entrega del Premio José Saramago 2011 a Andréa del Fuego,  (São Paulo- 1975) en la sede del Grupo Círculo Bertrand en Lisboa. El título de la novela ganadora ha sido "Os Malaquias".

Y resalto entre sus interesantes reflexiones una que considero esencial y que me alienta a continuar en mi propia constelación con paso lento pero seguro:

"escribir es una fuga, es arte difícil y complicado, que exige soledad y mucho silencio"

 Discurso de Pilar del Río

Sería José Saramago quien debería hablar ahora pero la muerte es estúpida y cruel.
José Saramago sería quien haría ahora el elogio de Andréa del Fuego, pero lo siento, Andréa, llegaste tarde, te quedas privada del ingenio, el buen humor, la camaradería de José Saramago, tu par. Él también se pierde este acto y haberte conocido. No sabes cómo lo siento.
He de confesar que cada vez que llegaba a casa un libro nuevo, una traducción, por ejemplo, de Miranda, de Gonçalo M. Tavares, o de Peixoto, o de Valter, o de Tordo, y en las cubiertas ponía “Prémio José Saramago”, él se llenaba de gozo. Eran, son, libros independientes, sin nada que ver entre ellos o con su obra, pero José Saramago se sentía inmerso en un espíritu, tal vez padrino, desde luego compañero, siempre amigo, sin duda orgulloso de esta constelación. Sí: constelación: Recuerdo que cuando Adriana Lisboa ganó el Premio él habló aquí de constelación. Que se expande y se expande y de forma ordenada, como las constelaciones del cielo, que solo a los que no sabemos astrofísica nos parecen obra de magia, pero no lo son, son fruto de mucho esfuerzo, de tiempo, trabajo y la luz propia y contenida de cada estrella, es decir, de cada escritor que ha recibido el Premio.
Felicidades Andréa del Fuego por haber escrito “Os Malaquias”, esa historia tan real que araña el espíritu y a veces se confunde con experiencias del propio recuerdo. No: no todos hemos tenido unos bisabuelos muertos por un rayo porque el corazón, cuando el rayo entró, hacía sístole. No todos hemos tenido unos antepasados tan singulares, supervivientes al fenómeno porque el corazón hacía diástole y el rayo paso por ellos, eso sí, dejándoles una luz que hoy llega a Lisboa y ha llegado a miles de lectores en Brasil aunque aparentemente no consiguiera iluminar los baños públicos de la estación donde Julia se iba dejando quedar, o el internado de Antonio, el niño que no consiguió crecer, tal vez porque tenía más calor entre las faldas de las freiras, o mirándolas, que es otra forma de calentarse, o de Nico, un patriarca con una misión que va arrastrando por la vida, desde niño, mientras la vida se encarga de cercenarle todos los sueños y todos los espacios. A cambio de una central eléctrica, es decir, una luz que no nace de ellos y que puede corromperlo todo.
No voy a contar el libro, Nélida Piñón, nuestra Nélida, hablará de él. O mejor, léanlo, que merece la pena, se van a encontrar un estilo conciso, frases que son golpes, la belleza sin artificios del origen del mundo. Cuando comiencen a leer y tengan que interrumpir la lectura, les aseguro que buscarán encontrarse de nuevo con “Los Malaquias”, querrán saber de ellos, dónde están, qué partida les jugará el destino, si podrán vencerla. Qué cerca del corazón nos los ha instalado Andréa.
De la que quiero decir algo: “Del Fuego” no es nombre portugués: es un seudónimo adoptado de Luz del Fuego, una bailarina, naturalista y feminista brasileña que revolución costumbres por su pensamiento y su forma de estar en el mundo. Y de no vestirse… Andréa eligió llamarse “del Fuego” porque aceptó el reto de responder en la radio a preguntas… sexuales. Y para eso llamarse “De los Santos”, casi mejor que no… Luego mantuvo el pseudónimo por su sonoridad. Y empezó a escribir. Dice que le tenía ojeriza a la realidad, por eso la transforma, la mitifica, le otorga otra categoría. Dice también que escribir es una fuga, y ella se fugó, sin saber que todo tiene retorno. Lo comprendió enseguida, cuando sus lectores se multiplicaron y la eligieron. Sabe que escribir es arte difícil y complicado, que exige soledad y mucho silencio. Y a veces Andréa, autora de libros para adolescentes y para mayores, se pregunta si merece la pena. Como es inteligente, se responde de manera inmediata: Sí, hay que seguir deslizándose por las palabras, encontrar el modo de “escribir de pronto”, como si no hubiera artificios, como si cada palabra fuera el todo. “La vida es importante”, contó Andréa “cuando una escribe”. Luego, prudente, se pregunta dónde va a parar lo escrito en el silencio, y ahí no se contesta, deja que seamos otros los que hablemos. Pues bien, Andréa, lo que has escrito hoy está en Lisboa, mereciendo el Premio José Saramago.
Sí, deslizarse sobre las palabras es bueno. Llegas a otros, has llegado a nosotros, que te incorporamos orgullosos a nuestra experiencia lectora. En el viaje interior que es escribir haces una parada en esta ciudad, en Portugal, que es a la vez impulso, deleite, alegría. Y ya sabes: entras en la constelación de la que antes hablaba, la bendita constelación de los Premios José Saramago.

Obrigada e parabéns, Andréa del Fuego.

Encontraréis más información de este acto en el siguiente enlace:

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"Viviendo rodeados de señales, nosotros mismos somos un sistema de señales"
Saramago

"Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande,
sólo es posible avanzar cuando se mira lejos"
Ortega y G.

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