Castillos de fuego, Ignacio Martínez de Pisón

El pasado 3 de diciembre asistí a la última charla del III Festival de Literatura de Lanzarote, FDLL25, dedicada al escritor Ignacio Martínez de Pisón, en la Casa de la Cultura Benito Pérez Armas, en Yaiza. 

Seix Barral

Un encuentro en el que se habló de la vida y obra del autor, y que despertó mi interés por leer alguno de sus libros. Al día siguiente me dirigí a la Biblioteca Insular de Arrecife, donde ví Castillos de fuego (2023), obra a la que precisamente Martínez de Pisón se había referido durante la charla. Su temática está relacionada con la posguerra civil y es una de sus novelas más extensas. 

Su lectura me ha acompañado todo el mes de diciembre. Tuve que renovar su préstamo porque necesitaba más tiempo para reflexionar y escribir en el blog. Castillos de fuego es una novela de 698 páginas, dividida en 5 apartados que corresponden a distintos periodos: de noviembre de 1939 a junio de 1940 (primero), de julio a diciembre de 1941 (segundo), de abril a octubre de 1942 (tercero), de septiembre de 1943 a marzo de 1944 (cuarto) y de febrero a septiembre de 1945 (quinto).

En el primer periodo, el autor nos presenta a personajes claves como el falangista Matías que trafica con objetos requisados; Valentín, delator de la policía que persigue la obtención de un estanco para su madre y la expiación de su anterior militancia; el profesor de universidad, Basilio, sometido a un proceso de depuración; su hija Gloria, estudiante de inglés en una academia en la que coincide con Eloy, de quien se enamora y que se convierte en uno de los pilares de la novela; y Alicia, amiga de Gloria y taquillera de un cine en Bravo Murillo.

Martínez de Pisón describe las devastadoras secuelas de la guerra en edificios como el Hospital Clínico o las ruinas del Asilo de Santa Catalina, así como el contraste con otros barrios donde los bombardeos no habían hecho mella. Y, sin duda, también la realidad de las vidas elegidas para mostrar tanto sus difíciles situaciones como las de quienes, sin escrúpulos, ostentan el poder. 

Por ejemplo, Eloy sueña con sacar a su hermano Bernabé de la cárcel. Hará lo imposible, incluso robar la recaudación en el cine donde trabaja Alicia, reuniendo 10.000 pesetas para pagar a un abogado que ha logrado un caso de libertad. 

Somos testigos, a lo largo de la narración, de la tristeza, el dolor y las frustraciones que invaden hogares como el del propio Eloy, cuya madre no se levanta de la cama, tras la muerte de Mateo, su hijo pequeño, en un bombardeo; el del profesor Basilio, quien espera infructuosamente su regreso a las aulas de la universidad, mientras realiza funciones administrativas en la oficina de Félix Benítez, antiguo alumno agradecido por haberle hecho amar el Derecho; y también de la lucha clandestina de Amancio, Quintín, García, Eloy, Paniagua, Quiñones y demás camaradas. El autor destaca la valentía y resiliencia de todos ellos en su afán por derribar el régimen. Desgraciadamente, la mayor parte serán detenidos, vejados, y por sus ideas republicanas, ejecutados. 

Martínez de Pisón
Martínez de Pisón crea personajes femeninos vitales como Cristina, hermana de Eloy y Bernabé, quien los apoya constantemente, y Gloria, siempre atenta al bienestar de Basilio, su padre: ejemplos de amor incondicional. 

Por otra parte, vemos la extrema dureza y superioridad en personajes como el comisario, los policías y Valentín durante los interrogatorios, lo que contrasta con quienes se esconden en el monte, movidos por una esperanza inagotable y una fe ciega en la victoria del Gobierno de la República de España con la ayuda de los aliados.

En el último periodo, en 1945, el escritor nos recuerda el sexto Desfile de la Victoria, celebrado el 1 de abril, como uno de los más deslumbrantes, ya que se pretendía enviar a los representantes extranjeros un mensaje de seguridad y fortaleza en un momento en el que el desenlace de la guerra en Europa estaba cercano. Además, relata la traición al profesor Trilla a manos de Eloy, así como el ensañamiento de Valentín, motivado por el rencor que siente hacia quienes han osado acercarse al estanco de su madre, encarnado primero en Lucio y, finalmente, en su objetivo más codiciado: Eloy.

Castillos de fuego es la primera obra que leo del escritor Ignacio Martínez de Pisón. Su estilo certero y profundamente riguroso me ha cautivado, así como algunos de los personajes del libro. Tal es el caso del profesor de universidad Basilio, quien representa un alma bondadosa. Destaco una de sus reflexiones, recogida en la página 235, donde recuerda las palabras de una carta de su amigo Demófilo dirigida a su nieto:

Destierra de tu alma el orgullo, la soberbia y la vanidad. Sé sencillo, afectuoso y benévolo, sobre todo con los del estado inferior al tuyo. Ampara a los débiles...

Otro ejemplo corresponde a la detención de Dionisio Ridruejo, momento en el que se hace alusión al libro "Poesía en armas" (pág. 436).  Trascribo la frase:

Tal vez, si todo el mundo leyera algo de poesía de vez en cuando...

Agradezco a Ignacio Martínez de Pisón que haya elegido la posguerra como eje conductor de la novela. Uno de mis asuntos pendientes es ahondar en la vida de mi abuelo, Luis Jiménez-Pajarero Miranda, militar de Infantería que no apoyó la rebelión de Franco. Por este motivo estuvo preso, primero en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer, en Francia, y después en Barcelona, en el castillo de Montjuïc. Durante la transición democrática fue indultado, pero su sufrimiento ha supuesto una herida abierta para toda nuestra familia. En el siguiente enlace puede leerse la elegía IX que mi padre le dedicó, y que forma parte de su poemario Versos entre tinieblas.

Sobre el autor

Nace en Zaragoza en 1960 y reside en Barcelona desde 1982. Es autor de más de 15 libros, entre los que destacan las novelas La ternura del dragón (1984), Carreteras secundarias (1969), El tiempo de las mujeres (2003), Dientes de leche (2008), galardonada con el Premio San Clemente y el Premio Giuseppe Acerbi, El día de mañana (2011), por el que recibió el Premio de la Crítica, el Premio Ciutat de Barcelona y el Premio de las Letras Aragonesas, La buena reputación (2014), Premio Nacional de Narrativa y Premio Cálamo al Libro del Año, Derecho Natural (2017), Fin de temporada (2020) y Castillos de fuego (2023).

También ha publicado los ensayos Enterrar a los muertos (2005). que obtuvo los Premios Rodolfo Walsh y Dulce Chacón y fue unánimemente elogiado por la crítica en varios países europeos, y Filek. El estafador que engañó a Franco (2018), y el libro de relatos Aeropuerto de Funchal (2009).

Su obra está traducida a una veintena de idiomas



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