La Biblioteca de la Medianoche, de Matt Haig

Portada

En la velada literaria celebrada en el CIFP Zonzamas el pasado 10 de abril, Verónica Arrebola Fernández, una compañera docente del departamento de Sanidad, eligió La Biblioteca de la Medianoche (AdN, 2021) como lectura. Desde ese momento, se despertó en mí el interés por esta obra de Matt Haig

El miércoles 5 de agosto me acerqué a la Biblioteca Insular de Arrecife y la pedí prestada. Confieso que me alegro de haber seguido mi intuición y de convertirla en otra de mis reflexiones esenciales en este camino de letras; sin duda, el trasfondo de esta novela lo merece. Es un ejemplo vital de la importancia de tomar decisiones bien enfocadas en nuestra vida

Matt Haig nos sitúa al inicio de la historia en la biblioteca de un instituto de secundaria donde la protagonista, Nora Seed, estudia; allí pasa los recreos de la tarde jugando al ajedrez con la bibliotecaria, la señora Elm. El autor nos traslada luego a la Nora de 35 años, inmersa en una existencia insatisfecha: es graduada en Filosofía, vive sola, su gato Voltaire ha sido atropellado y acaba de perder su puesto de trabajo en la tienda de música de Bedford, su ciudad natal. La gente que la rodea, como su jefe, cree que estaba destinada a lograr cosas mejores. A los catorce años tenía un brillante futuro como nadadora, pero lo rechazó, causando una gran frustración a su padre. Por otra parte, la vida de su hermano Joe es mediocre, igual que la de su amigo Ravi; ninguno de los dos vio cumplido el sueño de que su grupo de rock, Los Laberintos, triunfara, pues los ataques de pánico escénico de Nora la llevaron a abandonar la banda. 

La desesperanza la envuelve. Nora necesita hablar, pero su amiga Izzy no responde; se olvida de la clase de piano de su alumno y llega tarde; su vecino de 84 años le indica que ya no precisa su ayuda... Siente que es un ser superfluo en el universo. Quiere morir. 

El reloj señala la medianoche y Nora se ve transportada a un lugar infinito, repleto de libros con lomos de tonos verdes. Allí se reencuentra con la señora Elm, quien le informa de su estado actual entre la vida y la muerte. También le revela la fuente de todos sus problemas y, al mismo tiempo, su solución: El libro de los arrepentimientos. Nora lo abre y comprueba que en él está registrada cada una de las decisiones no tomadas que se transformaron en profundos arrepentimientos y dolor. A partir de entonces, la señora Elm le propone probar otras vidas; solo necesita tener la voluntad de seguir adelante para encontrar la adecuada y evitar que su «vida raíz» llegue a su fin

Nora escoge un primer libro y, tras un torbellino de sensaciones, se desplaza a una existencia en la que está casada con Dan y ha hecho realidad el sueño de regentar un pub. Sin embargo, pronto se da cuenta de que esa vida tampoco es como la había imaginado: experimenta una decepción absoluta, se desvanece y regresa a la Biblioteca de la Medianoche. Más tarde, el volumen de color verde abeto titulado Mi vida la lleva a Australia, donde descubre que comparte apartamento con una mujer llamada Evie, trabaja en la terminal de transbordadores y su amiga Izzy ha fallecido en un accidente de tráfico. De nuevo, se desvanece ...

En el libro de portada color lima se encuentra la vida de éxito que Nora creyó desear: en ella  participó en los Juegos Olímpicos y ganó una medalla de oro en 800 metros estilo libre y una de plata en 400 metros, retirándose de la competición con 28 años. En la actualidad, es comentarista deportiva y ofrece conferencias sobre cómo la resilencia es el factor fundamental para mantenerse concentrado y evitar las distracciones. No obstante, en esa existencia se dedicó a la natación únicamente por hacer feliz a su padre, sacrificando sus relaciones personales y su amor por la música. Además, su hermano Joe, trabaja como su representante, su padre se casó con la mujer con la que le fue infiel a su madre (hecho que motivó la separación y la adicción al alcohol de esta última, quien falleció antes de tiempo) y la propia Nora debe tomar antidepresivos. Sin duda, no era el éxito que esperaba, por lo que esa vida también se desvanece.

En su nuevo despertar, Nora se halla en el pequeño camarote de un barco en Svalbard, donde trabaja como investigadora del Ártico. Le corresponde avistar osos polares sobre una gran roca cubierta de nieve cuando, sorpresivamente, aparece uno. En ese preciso instante de peligro, se da cuenta de que en realidad no quiere morir: logra ahuyentar al animal y aprende a valorar más su propia existencia. En esa vida conoce a Hugo Lefèvre, quien se identifica como un «saltador» de vidas igual que ella, y ambos conversan abiertamente sobre los multiversos. Aun así, tampoco resulta ser la vida anhelada.

Nora cree que la música la puede hacer feliz y le pide a la señora Elm el libro donde le sea posible dejar volar los sueños. Lo primero que nota al llegar es que está sudando: en este viaje se encuentra sobre el escenario en un concierto de un pabellón repleto en São Paulo, acompañada de su amigo Ravi a las baquetas. El grupo Los Laberintos es famoso y debe finalizar el concierto con su tema más conocido Aullido; pero Nora, como le sucede en otros saltos de existencia, no recuerda la letra. En su lugar, sugiere interpretar Puente sobre aguas turbulentas de Simon & Garfunkel, que resulta ser un éxito rotundo. 

Al terminar el espectáculo, a través de una llamada telefónica, descubre que ha sido pareja de Ryan Bailey —una estrella de cine con quien aún mantiene la amistad— y comprende que ser famoso implica recibir besos y bofetadas a la vez. Sin embargo, lo más doloroso llega al saber que en esta vida su hermano Joe ha muerto por una sobredosis, lo que la hace regresar de inmediato a la Biblioteca de la Medianoche.

Allí, la señora Elm le explica a Nora que ella misma es la fuente de energía de la biblioteca y que, si hay una interrupción en el suministro, su permanencia correrá un gran peligro. Le asevera que todavía tiene mucho que ofrecer, con un sinfín de oportunidades por delante y de versiones de sí misma guardadas en los libros. Ambas retoman la partida de ajedrez y la señora Elm le afirma que el peón es la pieza más mágica de todas: solo hay que avanzar, casilla a casilla, hasta llegar al otro lado, donde se desencadena un poder inigualable. «Lo más ordinario a nuestros ojos puede terminar siendo lo que nos lleve a la victoria» (pág. 242). Además, recuerdan un episodio de la «vida raíz» de Nora en el que cruzó un río para impresionar a la gente y, sobre todo, a su hermano Joe, a quien sus padres siempre consideraron mejor en todo.

Nora manifiesta entonces su deseo de experimentar una vida tranquila trabajando con animales. De pronto, se encuentra de nuevo en Bedford como responsable de un refugio de perros. Allí mantiene una relación con Dylan, un joven tímido, de mirada amable y triste, que vive en la casa heredada de su abuela rodeado de canes. Aunque es una buena persona, tampoco es su ideal. Quizá su vida soñada sea más bien como la etiqueta de esa botella de vino donde una pareja cumple el sueño de tener su propio viñedo en Estados Unidos.

Así pues, en su siguiente salto, Nora aparece casada con Eduardo, un mexicano-estadounidense, con  quien posee un viñedo en California especializado en la uva syrah. Gran parte de sus ganancias provienen de los turistas que realizan la ruta del vino. Una noche se sientan bajo las estrellas a degustar una copa del vino que ellos mismos han elaborado, y Nora constata la paz de no necesitar hablar: el estar juntos, el «ser juntos». No obstante, pronto crece en su interior el anhelo de experimentar otras cosas y esa vida también desaparece.

Nora reflexiona sobre la idea de quedarse con una vida para siempre si no eres capaz de imaginarte otra mejor, consciente de que «cuantas más vidas probaba, más fácil era imaginar una vida mejor, pues la imaginación se ensanchaba con cada salto» (pág. 268). El autor enumera entonces una multitud de existencias que la llevan a ser profesora de inglés, de yoga o de filosofía, novelista de prestigio, concertista de piano, bloguera de viajes, redactora gráfica de National Geographic, arquitecta, camarera, política, abogada y mil cosas más. Cada libro era una fuga potencial. Sin embargo, la señora Elm le recuerda que, al convertirse en tantas personas, corre el riesgo de no convertirse en nadie,  olvidando su «vida raíz». Asimismo, señala que la bondad y el cariño son fuerzas poderosas.

En el próximo salto se encuentra casada con el cirujano Ash (el hombre que en su vida raíz llamó a su puerta para decirle que su gato Voltaire había muerto atropellado por un coche). Vive en Cambridge y tiene una hija, Molly. A través de un juego de preguntas y respuestas con la niña, Nora constata que su vida es feliz y acomodada. En ella, su hermano Joe también lo es junto a Ewan; además, tienen un perro labrador, Platón, que parece confirmarle que lleva una buena vida. De hecho, no hay rastro de antidepresivos como en las anteriores. Nora no había olvidado la biblioteca y comenzó a sentir que empezaba a suceder algo realmente notable, parecido a experimentar un déjà vu. Tuvo la profunda convicción de que todo ello tocaría a su fin. 

Esta sensación se acentúa al saber que la señora Elm había fallecido recientemente en la residencia de la tercera edad a la que Nora acude para pasar un rato con ella y jugar al ajedrez. Al salir, notó la tensión en su piel y el aire cargado de electricidad. Camina por delante de su viejo apartamento y del jardín descuidado del señor Banerjee, siendo consciente de lo que representa vivir en otra línea temporal. Su vecino nunca hubiera vivido en la residencia de la tercera edad donde lo acaba de ver; o el caso de Leo (el chico al que daba clases de piano), convertido en la vida actual en un delincuente sin haber podido descubrir su talento musical. No podía evitarlo...

En este último regreso a la biblioteca, comprueba que la señora Elm está allí, sentada al ordenador. Las bombillas se balanceaban de un lado a otro y titilaban con un parpadeo arrítmico (página 330). Una Nora confundida y enfadada le pide a la bibliotecaria que le explique el porqué de haber abandonado una vida llena de amor. La señora Elm la mira con ojos tristes y le dice que siempre existía la posibilidad de que su anterior vida terminase. La situación se complica: el techo comienza a caerse a trozos y una chispa inicia un fuego en los estantes, cuyos libros comienzan a arder. 

Es medianoche y la señora Elm le dice a Nora que tiene solo un minuto para coger el único libro que no se quemará. La joven ha decidido vivir y la biblioteca le está dando la opción de volver a su vida raíz. Le entrega una pluma estilográfica de color naranja, como la que Nora había tenido en el colegio, afirmando que la va a necesitar, dado que ese libro no está escrito aún. Finalmente, tras adentrarse en la nube de polvo y humo, Nora lo ve. Tenía que querer la vida que siempre pensó que no quería. Solo necesitaba potencial. Al tenerlo entre sus manos, descubre que está en blanco: ese futuro no estaba escrito. Le quedan 7 segundos. Nora piensa en la primera frase: Nora quería vivir, Nora decidió vivir, Nora tenía ganas de vivir... El caos no termina hasta que escribe «Estoy viva», dos palabras sencillas que contenían todo el poder y el potencial de un multiverso. 

Nora despierta en su vida raíz y, casi exhausta, logra pedir ayuda a su vecino, el señor Banerjee, quien llama a una ambulancia para que la ingresen en el hospital. Poco tiempo después la visita su hermano Joe, quien le confiesa que ella representa todo lo que tiene, lamentando no haberla valorado lo suficiente. También lee un mensaje de su amiga Izzy en el móvil, diciéndole que la echa de menos y que está pensando en volver al Reino Unido. 
Nora se da cuenta de que la vida te da una perspectiva radicalmente nueva de las cosas si esperas el tiempo necesario
A Nora le dan el alta y, en el taxi de vuelta a casa, mantiene una conversación con su hermano sobre el futuro de éste, motivándole a que se presente como ingeniero de sonido en un estudio de grabación. Está segura de que le conviene. 

Sin duda, Nora ve la vida con otros ojos, los cuales le permiten fijarse en detalles en los que nunca se había fijado antes, como las flores de su vecino. Todo era distinto. Nora ya no sentía que debiese servir a los sueños de otras personas. Había elegido vivir. Jamás volvería a avergonzarse de su naturaleza. Aquel doloroso Libro de los arrepentimientos se había quemado con éxito y ya no era más que polvo. Nora llegó a la conclusión de que ella no era un agujero negro, sino un volcán. Nora retoma las clases de piano como profesora. También se ocupa de visitar a la señora Elm en la residencia de la tercera edad y jugar con ella al ajedrez. La bibliotecaria asevera que se trata de un juego de gran belleza y que nunca se sabe cómo va a terminar la partida... 

Reflexión
Esta novela es un canto a la vida como se constata en las aseveraciones que he resaltado de Matt Haig. En general, el autor refleja ideas sobre el hecho de ser consciente de que:

* La única manera de aprender es vivir
* La falta de amor nos hace vulnerables
* La carencia de estímulos provoca depresión 
* No debemos nunca infravalorar la gran importancia de las cosas pequeñas 
* Podemos lograr mucho más de lo que a veces creemos (ahí está nuestro potencial)
* El equilibrio en la existencia es factible, a pesar de la losa de infelicidades y arrepentimientos.

Agradezco sinceramente a mi compañera Verónica Arrebola Fernández la sugerencia lectora de La Biblioteca de la Medianoche, un libro que está dedicado a todos los trabajadores y trabajadoras de la salud. Y a todas las personas que trabajan cuidando a otras personas

Finalizo recordando un hecho que me ocurrió el pasado 10 de agosto durante el vuelo NT5446 de Binter con destino a Zaragoza. Sufrí un desvanecimiento en mi asiento (el 12C), lo que dio un gran susto tanto a la pasajera de al lado —una profesora de Filosofía del IES Alonso Quesada— como a mi  marido e hijo, sentados en gran la fila de la izquierda. Al despertarme, vi a una señora que me estaba tomando el pulso (resultó ser médica y la misma persona con la que me había sentado en el vuelo anterior, de Lanzarote a Las Palmas) y a una azafata que me ponía hielo en la nuca. Me fui recuperando poco a poco, con un leve dolor de cabeza.

Dos días después, recibí la llamada de una empleada de Binter para interesarse por mi estado de salud. Le dije que me encontraba bien, le pregunté su nombre y me contestó con una voz juvenil: «Me llamo Marina». «¡Qué casualidad!», le contesté «igual que mi hija», mientras miraba a esta última sonriendo. En ese momento nos encontrábamos de vacaciones en Aínsa, un pueblo medieval de Huesca en el  entorno natural del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, lugar al que mi padre (artista pintor-poeta) siempre me había instado a conocer por su belleza.

Todavía no sé el motivo de ese desmayo, origen de mi desconexión momentánea con la realidad. No obstante, tras leer La Biblioteca de Medianoche, he llegado a considerar, —aparte del posible estrés mencionado por algún médico— que tal vez estuviera saltando a otra vida para elegir el libro en blanco de la estantería y escribir la historia que tengo en mente. Mi pluma estilográfica Parker, aunque no es de color naranja, espera hace tiempo en el segundo cajón de mi escritorio... 

Sobre el autor

Imagen El Mundo
Matt Haig (Reino Unido, 1975) es autor de superventas mundiales como la Biblioteca de la Medianoche, Premio Goodreads 2020, con más de siete millones de ejemplares vendidos hasta la fecha y que será llevado a la gran pantalla por Studio Canl y BluePrintPictures, como Matt Haig como productor ejecutivo.

Ha publicado exitosas obras para adultos como Los humanos y El libro de la esperanza, y novelas infantiles, entre las que se encuentra El chico que salvó la Navidad, que tiene adaptación cinematográfica con un reparto estelar. También disponible de Matt Haig en AdN: Los Radley.



TURISMO 5.0: FORMACIÓN Red Estatal de Centros de Excelencia

Este curso académico 2025-2026 tuve la oportunidad de asistir a un curso de formación sobre Turismo 5.0, organizado por el CIFP Juníper Serra —cuyo director es Manel Aragonés—, que se celebró en Palma del 9 al 13 de febrero.

Desde que finalizó, quería dedicarle una reflexión en este blog. Sin embargo, la labor docente siempre requiere la atención más inmediata, de modo que opté por escribirla en verano. Heme aquí ahora, en mi hogar de Lanzarote, rememorando la estancia en el hotel INNSiDE Palma Center y la magnífica formación de 30 horas recibida.

Es imposible mencionar todas las ponencias de esta semana, centradas en la formación turística en la era digital. Sin embargo, me gustaría destacar algunas de las dinámicas y talleres que se llevaron a cabo: 

  • Sostenibilidad y empresa turística: Laura Garrido (Directora Ético)
  • Situación actual de la IA y Chat GPT + creación de asistentes personalizados: Hospitalidad Emprendedora.
  • Gestión de recursos turísticos («Palma con otra mirada»): Cristòfol Sastre y el alumnado del CFGS de Guía, Información y Asistencias Turísticas.
  • Redes sociales y turismo + aplicación práctica: Patricia Bárcena
  • Herramientas innovadoras en el CIFP Juníper Serra: Irene Peña, Raquel Palmer, Biel Pujol y el alumnado del CE de Eventos.
  • Innovación pedagógica en los estudios de agencias de viajes y taller «Límite Zero Tours by Actiu»: Adela Estornell Mena
También resalto la espléndida acogida del CIFP Juníper Serra, no solo en el desarrollo del programa formativo, sino en todas las comunicaciones y gestiones administrativas desde el inicio. Había recibido la información de este curso a través de un correo de Secretaría y me pareció muy interesante, por lo que registré mi solicitud el viernes 19 de diciembre 2025, tras acabar el primer trimestre extenuada.

En enero recibí una llamada de Antonio Crespo Pizarro, coordinador de este Centro de Excelencia. Aunque no reconocí el número móvil, respondí. ¡Menos mal! Ya había salido el listado definitivo de admitidos —éramos 30 docentes— y era necesaria su confirmación. Con la vorágine del segundo trimestre, no me había dado cuenta. Le pregunté por la autorización. 
«No te preocupes —me dijo—. Lo importante ahora es saber si estás disponible en esas fechas». 
«Sí, por supuesto», confirmé mi asistencia con voz alegre. Lo demás siguió su cauce burocrático. 

El viernes 30 de enero, Antonio nos envió el programa. Esta vez no me pasó desapercibido su correo; al contrario, cuando leí la detallada relación de actividades y ponentes sentí un gran estímulo, acentuado por la notificación del permiso por parte de la Dirección Territorial de Las Palmas a las 13:43 h del 5 de febrero. Tres días antes, el coordinador nos había mandado indicaciones sobre las tarjetas de embarque para que las siguiéramos de manera escrupulosa, quedando a nuestra completa disposición vía email o teléfono del centro. En mi caso, al realizar el desplazamiento con la compañía aérea Vueling, se ocupó de facilitármelas también. Un verdadero ángel. 

La semana previa a la estancia en Palma fue muy intensa. Mi horario de mañana y tarde, tanto en el  CFGS en Gestión de Alojamientos Turísticos como en el de Guía, Información y Asistencia Turísticas, se vio incrementado con la atención al profesorado en movilidad Erasmus+ procedente de Milán, al que acompañé a visitar la Fundación César Manrique y otros enclaves patrimoniales esenciales. Asimismo, debía planificar las actividades del alumnado en mi ausencia y avisar al equipo educativo para que los cambios no afectaran a su día a día. 

Palma con otra mirada (10 febrero 2026)
El lunes 9 de febrero, las tensiones comenzaron a desvanecerse al ritmo de las nubes que divisaba desde el avión con destino a Barcelona, punto de conexión con Palma. 

Llegué a las 15 h. Conocía el aeropuerto, ya que desde el año 2000 había pasado vacaciones con la familia en la bahía de Pollensa. Un lugar que me traía muy buenos recuerdos, a los que se sumarían todos los de este curso «Turismo 5.0: Formación turística en la era digital». 



Palma con otra mirada (10 febrero 2026)
Aquí veis algunos de ellos en imágenes que corresponden a la tarde del martes. Un itinerario diseñado por el profesor Cristòfol Sastre y el alumnado del Ciclo Formativo de Guías del CIFP Juníper Serra.
Me complació mucho verlos interpretar con entusiasmo y rigor los recursos patrimoniales de «Palma con otra mirada», una visita donde el modernismo estuvo muy presente. 
Sentí una afinidad especial, ya que también imparto el módulo de Procesos de Guía y Asistencia Turística (PGU) en el CIFP Zonzamas. Reitero mi enhorabuena.

El miércoles continuamos la formación en el CIFP Juníper Serra, donde Patricia Bárcena nos habló de redes sociales y turismo. Fue una jornada muy activa de la que procuré nutrirme al máximo, dado que soy la responsable de las redes sociales de mi centro educativo y son un canal divulgativo fundamental. 

Redes Sociales y Turismo (11 febrero 2026)

Ese día almorzamos en el restaurante ES TAST Pedagògic del CIFP Juníper Serra, donde alumnado y profesorado de Hostelería demostraron su gran experiencia culinaria y de servicio. 

ES TAST Pedagògic (11.02.26)

Nos agasajaron con:

* roulada de ratatouille y gamba
* frito de zanahoria morada
* crema de coliflor y espuma de hinojo
* corvina sobre parmentier y vinagreta cítrica
* lomo con col y cremoso de boniato. 

De postre, panna cotta de coco. 

¡Qué rico estaba todo! 



Después tuvimos la oportunidad de conocer las herramientas innovadoras de este centro balear, como un aula dotada de tecnología que nos permitió contemplar monumentos y casi adentrarnos en museos a  través de una gincana inmersiva. Salimos gratamente impresionados. 


Aula CIFP Juniper Serra (11 febrero 2026)

La mañana del jueves la dedicamos a visitar las sedes de Logitravel y la Agencia de la Estrategia Turística de las Illes Balears (AETIB). Confieso que tomé muchas notas, ya que se aportaron datos de gran relevancia.
Por ejemplo, Carlos Campa, responsable de Traveltool, definió a Logitravel como una agencia de viajes online 100 % vacacional con foco en productos de alto valor, siendo líder en España y Portugal. Asimismo, comentó que Viajes El Corte Inglés es sinónimo de confianza, avalada además por sus 50 años de trayectoria y 6000 empleados.

Con Carlos Campa ( Sede Logitravel, 12.02.2026)


El director de la AETIB, Pere Joan Planas Mulet, explicó las medidas de contención turística que se han puesto en práctica de forma eficaz ante la llegada de 19 millones de visitantes a este destino consolidado. Se refirió a aspectos relacionados con la calidad de la oferta turística, la formación del talento, la investigación y el desarrollo, la tasa turística (que facilita la recuperación del patrimonio y la ejecución de proyectos), el bienestar social y el turismo responsable frente a la oferta ilegal.

Con Pedro J. Planas (Director AETIB, 12.02.2026)

Por su parte, Jaume Monserrat, presidente de Turistec (clúster de empresas de tecnología aplicada al turismo), nos habló de la idónea colaboración entre entidades público y privadas. Monserrat señaló la importancia del trabajo en red (networking), la creación de empresas emergentes (startups), la internacionalización e incluso de nuevas tendencias en el sector turístico y hotelero. Tal es el caso, dentro del turismo de pareja, del reciente Sleep Divorce («Divorcio del sueño»), una práctica para garantizar un descanso óptimo decidiendo dormir en camas o habitaciones separadas. 

Por la tarde, en la sala de reuniones del hotel, Jordi Canals Ventura nos mostró un amplio abanico de herramientas de inteligencia artificial. Inició su ponencia abordando los modelos de lenguaje, diseñados para mantener conversaciones y redactar correos a través de un transformador preentrenado generativo (GPT, por sus siglas en inglés). 

Con Jordi Canals Ventura (12 febrero 2026)

Jordi explicó otras herramientas de IA casi con superpoderes. Entre ellas, Gemini, NotebookLM y Canvas, con sus múltiples opciones de razonamiento, creación de imágenes y resúmenes. También nos propuso retos como el diseño de una infografía y subrayó la importancia de la estructura del prompt para lograr el resultado más certero. Gracias, Jordi, por habernos acompañado a atravesar el umbral de esta puerta digital infinita con paciencia y pedagogía.

Adela Estornell Mena (13 febrero 2026)
La jornada formativa del viernes contó con la participación de Adela Estornell Mena, profesora del CIFP Mistela (Valencia), quien nos habló de la innovación pedagógica en los estudios de agencias de viajes. 

Con su carácter entusiasta, Adela nos transmitió su enriquecedora experiencia en este ámbito educativo y empresarial, aseverando que la FP necesita herramientas prácticas. El curso concluyó con el taller «Límite Zero Tours by Actiu», dinamizado por Adela, en el que motivó al grupo a pensar, diseñar y presentar un prototipo a partir de cinco retos distintos.

Antes de la última actividad práctica, varios docentes tuvimos que despedirnos. Y digo «tuvimos» ya que nos hubiera encantado compartir el almuerzo en la Casa Gallega con el resto del grupo; sin embargo, el horario de nuestros vuelos así lo requería. De este modo, el profesorado procedente del archipiélago canario —Mónica Montserrat de León (Fuerteventura), Santiago Benito (Gran Canaria) y yo (Lanzarote)— pronunciamos en voz alta unas palabras de gratitud por toda la atención recibida durante nuestra estancia, como hicieron otros compañeros y compañeras en la misma situación.

Sirva esta crónica como reconocimiento al equipo del CIFP Juníper Serra que lo ha hecho posible. Al principio nombré a Antonio Crespo Pizarro por su labor meticulosa al informarnos sobre todos los aspectos de este curso (listado de admitidos, programa, tarjetas de embarque, alojamiento, manutención y justificación de gastos). Es de justicia poética mencionar a las personas que han contribuido no solo al resultado óptimo del curso Turismo 5.0.: Formación Turística en la era digital,  sino también a nuestro bienestar. 

Por ejemplo, a Joana Cerdá (jefa del Departamento de Turismo). Aparte de su implicación constante en el desarrollo de este curso, se desveló por llegar a todos y todas en cada instante preciso. Antes de que cantara el gallo, Joana ya nos había enviado un correo con información oportuna o facilitado, vía Drive, la carpeta con las interesantes ponencias y fotos de nuestra estancia.  

Sin duda, la semana del 9 al 13 de febrero nos ha proporcionado una gran cantidad de recursos educativos y una formación clave para la etapa de transformación digital que vivimos. Ahora que he consultado de nuevo, este mes de julio, el material y he visionado multitud de imágenes,  así lo reitero. No obstante, deseo que sobresalga además la parte humana. 

Hotel INNSIDE Palma Center
La convivencia ha propiciado también amenas conversaciones en desayunos, almuerzos y cenas, tanto en el hotel como en otros espacios. 
Incluso meriendas. 

¿Meriendas? Sí, en efecto. No podía pasar por alto la espléndida con la que nos agasajaron al término de la magnífica visita guiada por Palma.

El CIFP Juníper Serra guardaba otra sorpresa en su chistera: Ca'n Joan de s'Aigoun local de gran tradición donde probamos su universo dulce en forma de chocolate, ensaimadas y demás exquisiteces que llevan elaborando desde su apertura, ¡en el año 1700!

Joana nos compartió en el grupo de WhatsApp, días después, una entrevista, gracias a la cual extraigo ahora la siguiente reflexión de la copropietaria, Leonor Vich:
«Quizás el secreto para estar abiertos 325 años es ser un lugar de ilusiones».


Igualmente, durante la estancia hemos descubierto afinidades en el grupo. Tras evocar aquel sabor —cual magdalena de Proust— del que fuimos testigos la tarde de martes, mi pasión literaria me llevó después, por casualidad, a entrar en la librería La Biblioteca de Babel (en el Carrer de l'Arabí, 3), donde me encontré con Ana García-Miña (IES Murillo, Sevilla) y Raquel D. Ocampo (IES Drago, Cádiz). Mientras me fijaba en un libro de la autora Delphine Horvilleur (Nancy, 1974), la compañera Ana Belén del IES San Fernando (Badajoz), me comentó que lo había leído. «Es tan extraordinario —afirmó — como señala en su portada el escritor Sergio delMolino». En ese momento, no imaginaba lo importante que iba a ser en marzo para dar consuelo a una de mis mejores amigas, Alicia.


Concluyo este —ya casi— relato hablando de los estrechos vínculos que hemos creado en este grupo. Todavía recuerdo las adversidades climáticas del viernes 13 de febrero, que convirtieron en odisea el regreso de algunas compañeras de Alicante, Albacete, Asturias, Pamplona, Tenerife... 

La comunicación vía WhatsApp sirvió para dar apoyo emocional ante los numerosos mensajes sobre vuelos retrasados, fallos técnicos, transportes alternativos y largas esperas, tales como:

- «Por aquí sigo en el aeropuerto. El avión va con dos horas de retraso de momento» (Mónica, la canaria)
«El de Tenerife también lo han retrasado» (Soy Olga)
«Sevilla también retrasado» (Soy Ana), igual que Raquel de Cádiz.
«Alicante y Albacete también» (M. Ángeles Bleda).
«La asturiana llegará 6 horas después de lo previsto a casa» (tras perder la conexión). No imaginaba Paula que serían más (a las 23:08 h regresaba a Madrid)
«Hola. He llegado a Pamplona y no hemos podido aterrizar. Estoy de vuelta en Madrid». (Al final, Marisol, llegó en autobús).

También hubo alguno tranquilizador como el de Cristina afirmando «Las gallegas ya con el Apóstol». 

El sábado 14 de febrero expresamos en el grupo que lo importante era que todos y todas estábamos bien. Habíamos llegado felizmente a los puertos de nuestras Ítacas, cargados de experiencias y recuerdos tras las aventuras vividas. A partir de entonces, nos hemos comunicado de vez en cuando por diversos temas: opiniones sobre programas de gestión hotelera, contactos de movilidad Erasmus+, etc.

La última anécdota que voy a contar demuestra los lazos de amistad que nos unen. Una compañera de mi departamento, Verónica Carmona, se presentó a las oposiciones de Hostelería y Turismo en Andalucía el pasado mes de junio. En un momento de la prueba escrita en Almería, solicitó ir al baño. La acompañó un docente del tribunal, cuya empatía motivó que le diera conversación para bajar el nivel de ansiedad. 
—¿De dónde vienes? —preguntó.
Verónica explicó que era de Granada, pero que este curso académico trabajaba en un centro de Lanzarote. 
—¿De verdad? —contestó el docente—. Yo conozco a una chica con la que coincidí en un curso en Mallorca. Tiene un nombre peculiar.
Entonces, Verónica vocalizó mi nombre. 
—¿Syra? 
 —Sí, en efecto —afirmó Jorge. 

Aquel 20 de junio comprobé cómo el destino nos define. Así quedó de manifiesto el día en que el escritor José Saramago  y su mujer, Pilar del Río, volaban con la compañía regular portuguesa TAP. Al aproximarse a Lanzarote, el piloto expresó públicamente el vínculo del literato con este paisaje lleno de contrastes, luz y belleza desde 1993.
Lanzarote no es mi tierra, pero ya es tierra mía

Mientras hilvano los principales recuerdos de este curso, en la última semana de julio, el grupo de WhatsApp Estancia Palma Mallorca Juniper ha vuelto a activarse. El viernes 31, Nuria (CIFP Villamarín, Ourense) pregunta si alguien tiene las presentaciones del libro Destinos Turísticos, de la editorial Paraninfo. Minutos después, Santiago Benito, desde Gran Canaria le dice que no y le desea suerte. Poco a poco los mensajes reaparecen, uniendo Almería, Lanzarote, Sevilla, Segovia, Valencia, Zaragoza y Galicia. 

El 2 de agosto, las palabras de Jorge, como aquellas en Almería a mi querida amiga, son bálsamo para Nuria. Esta vez llegan a Ourense con la certeza de que él tiene las presentaciones y se las hará llegar en breve.

Al igual que Adela, quien desde  EE.UU. también promete enviar material didáctico en septiembre.

Deseo finalizar este espacio, dedicado al grupo organizador y participante del curso Turismo 5.0: Formación Turística en la era digital, con palabras evocadoras de un recuerdo dulce: sustituyendo las magdalenas de Proust en En búsqueda del tiempo perdido, por la riquísima ensaimada que recogí en el Forn La Mallorquina (avda. Joan March, 12) el último día de mi estancia en Palma. En mi caso, ha sido un placer encontrar el tiempo que anhelaba para perderme voluntariamente y plasmar en este camino de letras tantos momentos gratos compartidos.

La espiral de la ensaimada me lleva al desenlace. «Parece que estás dando vueltas, como si no llegaras nunca, pero siempre se llega al corazón» (como dice el escritor valenciano Máximo Huerta en la página 228 de su novela La noche soñada)


Solo resta mencionar de nuevo nuestro agradecimiento al CIFP Juníper Serra, uno de los tres Centros de Excelencia de Formación Profesional en España, portador del nombre de una figura que lo identifica con el espíritu de exploración, trabajo y compromiso comunitario: Fray Junípero Serra (1713-1784), fundador de misiones en Alta California (EE.UU.).
 
Nota: En la segunda quincena de julio he leído el libro Hasta que empieza a brillar, del escritor y poeta Andrés Neuman; una historia novelada sobre la vida de María Moliner (1900-1981) que reafirma la admiración que siento por la lexicógrafa que logró el hito de escribir el Diccionario del uso del español con 80 000 vocablos en 15 años. 

Coincido con el autor en el amor por las palabras, hecho que me lleva a sugeriros que dejéis algunas en los comentarios de esta entrada para que permanezcan siempre ligadas a este grupo.

Os envío un gran abrazo desde Lanzarote, hoy 7 de agosto de 2026 (Día Internacional de los Faros)


Hasta que empieza a brillar, de Andrés Neuman

Editorial Alfaguara
El viernes 17 de julio fui a la biblioteca municipal de Tías a devolver París despertaba tarde, de Máximo Huerta. Tenía en mente pedir prestado otro libro cuando vi en una de sus estanterías Hasta que empieza a brillar, del escritor y poeta Andrés Neuman. Recordaba el nombre del autor porque había sido uno de los invitados en el I Festival de Literatura de Lanzarote.

Miré la sinopsis del libro sobre la vida novelada de María Moliner, publicado por la editorial Alfaguara.  No tuve la menor duda: era el elegido. 

Su estructura comprende nueve capítulos. En el primero, María recibe la visita del filólogo Dámaso Alonso, director de la Real Academia Española, cuyo motivo sabremos a lo largo de la narración. El autor da paso a las tres primeras décadas de la biografía de la protagonista (1900-1930), iniciada en Paniza (Zaragoza), con su perfume a vid en el campo de Cariñena. En este pueblo aragonés, su padre, Enrique, había sido destinado como médico rural. El verdadero punto de partida de su amor por las palabras había sido con su madre, Matilde, con quien practicaba aquellos garabatos que contenían realidades invisibles para un ojo no entrenado.

El padre es incorporado al personal médico de la Marina, que le ofrecía un mejor salario, y la familia con sus dos hijos, María y Quique, se traslada a Madrid donde nace poco después Mati. La fascinación de María por las letras se hace muy pronto visible: le ponía de mal humor que los libros se terminaran de repente, por eso se sentaba a copiar sus preferidos, palabra por palabra. Así aprendió a redactar (pág. 25).

Giner de los Ríos 
Quique y María comienzan a estudiar en la Institución Libre de Enseñanza, donde impartía clases el filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal (A Coruña, 1869 - Madrid, 1968). 

En la planta de arriba dormían los directores, el matrimonio Cossío y el pedagogo Francisco Giner de los Ríos, su fundador (Ronda, 1839 - Madrid, 1915). 

En la página 30, el autor señala que el padre acompañaba a sus hijos a la ILE y que esos diez minutos de paseo, cada vez más largos en su memoria, se convertirían en el mejor recuerdo de su infancia.

En efecto, don Enrique es contratado como médico de a bordo para cubrir un viaje transatlántico entre Cádiz y Buenos Aires. Aquel verano la comunicación se hará por carta y la familia se interesará por los efectos de la distancia sobre las palabras, que se volvían más dignas de atención. A su regreso, don Enrique se enorgullece de que María haya sido admitida en el Instituto Cardenal Cisneros para cursar Bachillerato. Poco tiempo después, el padre vuelve a embarcarse a Argentina con el objetivo de seguir mejorando sus vidas, pero esta decisión supone realmente su separación definitiva. 

Doña Matilde se queda sola con sus tres hijos. Los ahorros se agotan y es necesario afrontar la situación, que los lleva a trasladarse a otro barrio más humilde junto a la plaza de Olavide y a pedir una rebaja en la matrícula de Quique al señor Cossío. María comienza a impartir clases particulares y a estudiar por su cuenta con los apuntes de su hermano; asimismo, devora los libros de Galdós. Sin embargo, la evidencia se impuso: los gastos son insostenibles y deben volver al punto de partida, las inmediaciones de Paniza, hasta que logran alquilar un pisito en Zaragoza, gracias al préstamo de unos parientes. Quique finaliza sus estudios y consigue un puesto en una compañía siderúrgica en Sagunto. 

María reanuda sus exámenes libres y encuentra un empleo como secretaria en la Diputación Provincial, desde donde la derivan al Estudio de Filología de Aragón, convirtiéndose en la primera redactora oficial del equipo. Allí participa en el incipiente diccionario de vocablos aragoneses. María da el último empujón a su Bachillerato y asiste a clase a diario. En el patio coincide con Luis Buñuel, el joven que había sido expulsado de los jesuitas por mal comportamiento (pág. 48). 

Por fin, María inicia su etapa universitaria, pero al haberse suprimido la especialidad de Lengua y Literatura, cursa Historia, una carrera que finaliza con Premio Extraordinario al mejor expediente antes de cumplir veintidós años. Decide concursar al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios en Madrid con óptimo resultado: figura entre las diez primeras posiciones y obtiene plaza en el Archivo de Simancas (Valladolid), lugar al que su madre se traslada también para echarle una mano.

Archivo de Simancas 

Cumplida una temporada de servicio, María solicita el traslado al Archivo Histórico Nacional para ser tomada en cuenta al originarse una posible vacante. Asimismo, se informa sobre los cursos de doctorado y contacta con la directora de la Residencia de Señoritas, María de Maeztu y Whitney, de quien recibe una respuesta afirmativa. Sin embargo, su deseo no llega a materializarse. Al no lograr la vacante, opta por la Delegación de Hacienda en Murcia, lo que le abre la puerta a una ayudantía en la Facultad de Filosofía y Letras: un hito que la convierte en la primera mujer en ejercer oficialmente la docencia en la universidad murciana. Todo un acontecimiento, tan singular como el hecho de que el acta fuera firmada el 29 de febrero de 1924, año bisiesto.

El matrimonio: María Moliner y Fernando Ramón 
María conoce fortuitamente al catedrático de Física, Fernando Ramón y Ferrando en una estación de tren. La diferencia de edad (casi diez años) y de intereses (ciencias y letras) no son óbice para iniciar una relación que culmina en boda en Sagunto. 

Nacen los primeros hijos: Quique y Fer. Tras una odisea burocrática, su marido logra la cátedra de Física en Valencia. María solicita también el traslado a esta ciudad, pero no es a una biblioteca, sino al Archivo Provincial de Hacienda. Pronto se integran en el ambiente universitario valenciano e incluso participan en la idea de fundar una escuelita inspirada en la Institución Libre de Enseñanza, con pedagogía laica y grupos mixtos: la Escuela Cossío. María se ocupa de nutrir la biblioteca con obras de autores y autoras, tanto clásicos como de su generación, además de organizar talleres de lectura e impartir clases de Lengua.

La II República se proclama el 14 de abril de 1931. En el verano, despega el proyecto público del Patronato de las Misiones Pedagógicas, que proponía crear centros educativos y bibliotecas ambulantes en las zonas rurales de todo el país. Estaba presidido por el señor Cossío. María se identificó enseguida con su carácter vocacional, seducida por la denominación que Juan Ramón Jiménez inventó: «marineros del entusiasmo». Las Misiones se complementaban con la Junta de Libros, que se ocupaba de las localidades con más de mil habitantes; entre ambas atendían las necesidades bibliotecarias de los territorios en peligro de exclusión o despoblación. Un tercio del país seguía sin saber leer o escribir, una realidad que afectaba especialmente a la población rural y femenina (pág. 90). Recién ascendida a vicepresidenta de las Misiones valencianas, María diseña un centro para gestionar sus catálogos —la Biblioteca-Escuela—, donde le asignan una asistente que ejercía de auxiliar para todo y mecanógrafa, además de un equipo de varios estudiantes. Nace Carmina. 

La madre de María fallece. Poco después nace su cuarto hijo, Pedro. Por otra parte, María está muy satisfecha con el aumento de lectores en las bibliotecas: en dos años habían reclutado a medio millón, sobre todo menores de edad. Quizá en el bienio siguiente llegaran a superar las cinco mil nuevas bibliotecas. Sin embargo, tras la euforia, los presupuestos empezaron a caer. Otra de las funciones que realizó fue la de inspectora de bibliotecas rurales. Así recorrió muchos pueblos junto a Vicente, el conductor, y Angelina. María regresaba a casa con la sensación de haberse nutrido de la misma gente a la que pretendía instruir. Tampoco faltaban las familias que le preguntaban para qué iban a perder el tiempo sus hijos leyendo, cuando podían hacer cosas útiles.

¿Cómo no iba a ser útil la lectura si mejoraba la vida cotidiana, si fundaba una soledad asociativa, si ofrecía más experiencias de las que nos tocaban en suerte, si ampliaba nuestras identidades, nuestro conocimiento del prójimo y nuestro concepto mismo de realidad, si nos permitía comunicarnos con otras épocas, otros lugares, otras lógicas, e incluso hablar con los muertos? (pág. 101)

Juana Capdevielle
Una noche en Manzanera, en su casa de verano compartida con amigos, escucharon el aullido de un perro al que parecía que le hubiesen pegado un tiro, aunque faltara el disparo. María tuvo un mal presentimiento, aquel 17 de julio de 1936, que se cumplió a la mañana siguiente cuando se enteraron del levantamiento militar en Melilla y Ceuta. A partir de entonces, los rumores se convierten en realidad. El 18 de agosto fusilaron al poeta Federico García Lorca y a Juana Capdevielle

Juana Capdevielle, mujer brillante cuyo primer destino, tras aprobar la oposición, fue la Biblioteca Nacional y después la de Filosofía y Letras de la Universidad Central (hoy la UCM). Participó en actividades de lectura para los enfermos del Hospital Clínico y la Cruz Roja. 


A María le ofrecieron dirigir la Biblioteca Universitaria de Valencia una vez formado el gobierno del Frente Popular. Aquel espacio y su organización la serenaban. Logró escribir sus ideas al respecto en un documento que tituló Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas. Cuando los bombardeos empezaron a rondar la ciudad, María desplazó los fondos de mayor valor al rincón que llamó «Refugio de Papeles», como si los libros fueran personas. Lo eran. (pág. 112)

El ministerio fue transformado por decreto y la coordinación bibliotecaria quedó en manos del filólogo Tomás Navarro Tomás (La Roda, 1884 - EEUU., 1979), autor del Manual de pronunciación española y discípulo predilecto de Menéndez Pidal, quien dirigió la Biblioteca Nacional durante la Guerra Civil y ocupaba el sillón «b» en la RAE. En esta coordinación contó asimismo con la colaboración de Teresa Andrés Zamora (Valladolid, 1907 - París, 1946), número uno en las oposiciones del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en 1931. Ambos propusieron a María encargarse de la sección escolar y, después, de la dirección de la sede valenciana de la Oficina de Adquisición de Libros. Que los libros llegaran al frente adquirió una relevancia que María no había imaginado: en las trincheras, la lectura parecía agudizar sus funciones; era lucha y descanso, defensa y consuelo, análisis y evasión, discurso colectivo y refugio íntimo. (pág. 115)

Valencia se erige en eje provisional de la República. El autor nos dice que muchas mujeres afrontan solas la crianza y el trabajo. Estaban angustiadas, extenuadas y, por una vez, al mando. Se suceden las evacuaciones del personal de Madrid y María conoce a gente desplazada, como al catedrático Dámaso Alonso (Madrid, 1898-1990), quien fue también alumno de Menéndez Pidal, y a Carmen Conde, joven fundadora de la Universidad Popular de Cartagena. El círculo de amistades se amplía con el matrimonio de lingüistas formado por Pilar Lago y Rafael Lapesa. Finalmente, María es cesada tras haber visto mermadas sus atribuciones al sustituir la Administración a Navarro Tomás y a Teresa por líderes afines a la CNT.

La caída de Barcelona, el 26 de enero, y la de Valencia, el 29 de marzo de 1939, marcan un nuevo léxico. María explica a sus hijos que los fascistas son ahora nacionales y que muchas de las personas queridas pasan a llamarse rojos. Fernando es destituido de su cargo en el decanato y María es acusada de todas sus responsabilidades durante la República mediante un pliego de cargos que recibe en otoño. La ley que regulaba la purga de funcionarios decidió también el destino de su memoria afectiva. El Boletín del Estado publicó las sanciones: María era postergada a su puesto original en el Archivo de Hacienda, retrocediendo una década y media en su carrera profesional. En el caso de Fernando, se optó por el castigo de quedar suspendido hasta que se regularizara su situación.

A pesar de cuestionarse el exilio en Francia, México o Argentina, María tenía miedo a la otra orilla, ya que sospechaba que solo se cruzaba una vez. La familia resiste al silencio, los apagones y la austeridad. María tiene la sensación de vivir en un estado de ficción lingüística y considera que se quema el léxico en palabras como héroe, patria o Dios. A la vez, intentaba absorber los ritmos de la casa, dado que Fernando había caído en la apatía. Extrañaba su oficio bibliotecario. La cosecha había ardido en la plaza de Cataluña en Barcelona y en la Universidad Central en Madrid. Habían elegido el Día del Libro para ejecutar el ritual: una pedagogía perfecta. A María le rondaba la idea de ponerse a escribir cuando pudiera. Pero qué, cómo, para qué. Y se daba por vencida de antemano. (pág. 144)

La sanción a Fernando le permite un traslado a Murcia con el veto de cargos de responsabilidad y la pérdida temporal de su cátedra. El resto de la familia permanece en Valencia. Después de varios años, Fernando ocupa una cátedra vacante en Salamanca. Los estudios universitarios de los hijos mayores motivan la mudanza definitiva a un Madrid gris, a excepción de Enrique, quien cursa Medicina y vivirá con su padre. A María le asignan una biblioteca técnica en la Escuela de Ingenieros Industriales, donde se encuentra un ambiente de exquisita hostilidad. Pronto manifiesta su interés por habilitar pequeñas secciones de Historia, Lengua y Literatura, sin conformarse solo con la bibliografía específica, hecho que le permite adquirir ejemplares de jóvenes narradoras como Dolores Medio, Carmen Laforet, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite.

María cumple cincuenta años. No le preocupa tanto la edad como la melancolía de las energías desaprovechadas. Creía que estaba viviendo en círculos. Necesitaba un proyecto lo bastante excesivo como para despertarla: su tesis inconclusa, escribir un ensayo o una novela. La consulta de un vocablo en el diccionario de la Real Academia y su inconformidad con la definición, tras corregirla, la hacen reflexionar. De nuevo, la escribe y le parece que empieza a brillar, mientras nota la emoción de su mano temblorosa. (pág. 155)

Los cuatro hijos se reúnen para hablar de la decisión insólita de su madre, a quien conocen muy bien y saben que querrá llevarla a término: hacer otro diccionario, ya que el de la RAE no está bien. Las cajas de fichas de palabras ya empiezan a ocupar estancias de la casa como el baño. Andrés Neuman desarrolla algunos vocablos que María amplía y explica con ejemplos; tal es el caso de amor: «Los padres corrigen con amor ( y no castigan...)». Estaba claro que ella quería cocinar su diccionario a su manera y atendiendo a neologismos juveniles. Calculó un año o dos de trabajo. 

María Moliner (Fuente Telesur tv)
La lámpara de vidrio y hierro se encendía en su hogar, en la calle Don Quijote 1, en la quietud de la noche. María, con sus lentes gruesos, hacía crecer el alfabeto. Para ella la lengua era esplendente: reflejaba la luz, la lucidez de quien la hablaba. (pág. 175)

Pasaron los dos años en los que su hogar se transformó en una selva de vocablos, y renunció a la vida social para entregarse a su diccionario. Aprovechaba el tiempo porque ya no le sobraba.

Asimismo, en la Escuela de Ingenieros pudo dedicarse a sus fichas tras resolver las gestiones urgentes del trabajo. Al cumplirse los cinco años de su dedicación, despertó la curiosidad de los miembros de la RAE como Dámaso Alonso y Lopesa. Seguidamente lo desvelarían al consejo editorial de Gredos, el cual, tras una ardua deliberación le ofreció un contrato y un anticipo estimable. Aquel compromiso formal la obligaba a terminar algo que se le estaba volviendo interminable. En la casa de la calle Don Quijote las puertas no se movían. El autor menciona aquella soledad temida y deseada: ¿tendría algo que ver con la felicidad? (pág. 195)

El autor señala que el  matrimonio adquiere una pequeña finca en La Pobla (provincia de Valencia): un refugio cerca del mar que se convierte en el mejor reclamo para atraer a la familia, cada vez más dispersa. Para María, vacaciones significaba trabajo voluntario. Se levantaba más ansiosa que la luz, rodeaba la silueta adormecida de Fernando, salía al jardín y comprobaba que las palabras estaban bien despiertas. Aseguraba con piedras los papelitos. Se ponía a mecanografiar entre pájaros, que piaban sílabas como locos, hasta la hora del almuerzo. Esbozaba una siesta, pasaba su mente a limpio y volvía a sentarse hasta el atardecer. María volvía de sus vacaciones extenuada y satisfecha. «Plusvalía de agosto», la llamaba. (pág. 199)

Los años transcurren y llega la jubilación para Fernando. Ya era libre. Él había imaginado una vejez viajera, social, repleta de actividades. Sin embargo, María se recluía en su obsesión sin fondo. Se había cumplido una década de fatigas. Los últimos esfuerzos frente a su hormiguero verbal le estaban resultando particularmente desesperantes. Ya conocía esa sensación de que, al acelerar, su meta se alejaba y los agujeros se expandían. Su perfeccionismo no dependía de los resultados, sino de una mirada agónica sobre el propio camino. 

María comienza a pensar en la dedicatoria y el preámbulo, donde quería precisar el criterio de su organización y mencionar a sus referentes. Entre ellos, el filólogo y lingüista Samuel Gili Gaya (Lérida, 1892-Madrid, 1976), académico de la RAE, quien en su discurso de ingreso (21.05.1961) había reivindicado la escucha atenta de la infancia y se había atrevido a confirmar: «Todos sabemos que las niñas, por lo general, aprenden a hablar antes y mejor». Siguiendo con el preámbulo, María se preguntaba si alguien se fijaría en la coincidencia de la fecha al pie del texto: Madrid, abril de 1966, trigésimo quinto aniversario de la proclamación de la República....

Editorial Gredos
A punto de incumplir un nuevo plazo, se presionó a María para que aceptase la colaboración de un par de especialistas: una discípula de Navarro Tomás y una reputada bibliotecaria. María acudía con asiduidad a la editorial Gredos, donde conoció a toda su gran familia: dos de sus cuatro fundadores en 1945: Julio Calonge (lingüista, traductor y catedrático de griego) e Hipólito Escolar (bibliotecario y escritor que llegaría a ser director de la BNE); el corrector don Segundo; el flaco Agustín; Alberto, el linotipista, y Pablo, el jefe de cajistas. 

Tras entregar el manuscrito completo de su Diccionario del uso del español, María se concedió unas «vacaciones-vacaciones». Así las llamaron, regodeándose en la redundancia. El matrimonio viajó a los destinos de sus hijos para verlos, como Ginebra y Canadá. A su regreso, en la editorial le dijeron que faltaba el prólogo de alguna figura indiscutible como el célebre filólogo Eugenio Coseriu (Rumanía, 1921-Alemania, 2002), aunque éste se negó por falta de tiempo.

Llegó el anhelado momento: María pudo acariciar con las yemas de los dedos el lomo con las letras plateadas que formaban su nombre y apellido, y detenerse en el título, en las letras de los vocablos que contenía cada tomo y en el logotipo de la editorial, una cabrita icónica balando al cielo. María estimaba que su diccionario entero albergaría unas ochenta mil entradas. Poco a poco sus temores se fueron disipando, ya que tuvo una gran repercusión en librerías, medios y universidades. El Moliner, como se empezó a llamar, llegó a cuatro grupos fundamentales: 1) estudiantes de diversos niveles, 2) docentes, periodistas y gente de letras, 3) familias trabajadoras y 4) mujeres.

Se suceden los encuentros para celebrar su éxito, y poco después, surge también la posibilidad de realizar correcciones. María se jubila, aunque no se retira. Se dedica tanto al diccionario como al cuidado de su marido quien, operado de glaucoma, apenas veía con ninguno de los dos ojos. Gracias al rendimiento del Moliner se mudan a una zona más verde: el número 3 de la calle Moguer. En el nuevo domicilio recibe la noticia de la la Real Academia Española de ocupar un sillón. Su amigo Dámaso Alonso, como director, debía mantenerse neutral. María recuerda a escritoras que se habían postulado antes como la gran autora del siglo XIX, Emilia Pardo Bazán, a cuyo favor únicamente Galdós y Menéndez Pidal se habían pronunciado en público. Finalmente, a María Moliner tampoco se le otorga el asiento en la RAE, al quedar tercera en la votación, por detrás de Alarcos y de García Nieto. (pág. 266)

En la última parte de la novela, Andrés Neuman nos lleva a los años en los que afloran los síntomas de deterioro del matrimonio, entre 1972 y 1975. El marido de María fallece y ella, poco a poco, va perdiendo la energía. Sus rutinas se convierten en círculos, evitando paseos y vida social. Se le diagnostica depresión, arterioesclerosis, falta de riego...  María olvida palabras. La familia la cuida y se reúne para tomar decisiones al respecto. Desde su diagnóstico, Pedro, el hijo pequeño, se ocupa de los asuntos editoriales. Su amiga Carmen Conde Abellán la visita: quiere confiarle un secreto. El 28 de enero de 1979, Carmen ingresa en la Real Academia Española con el sillón K, convirtiéndose en la primera mujer en los doscientos sesenta y cinco años de la institución. María Moliner fallece el 22 de enero de 1981.

Andrés Neuman finaliza Hasta que empieza a brillar con gran sensibilidad hacia María Moliner. Toda ella se desprende en este libro, que es una obra de ficción basada en hechos reales. El autor agradece a su término a todos los que han trabajado para iluminar el legado de esta figura generosa y múltiple, como la lengua que amó. (Escrito en Granada, 2017-2024; impreso en Madrid en abril de 2025). 

Reflexión

Confieso que la lectura de esta novela me ha impactado gratamente. Desde que la cogí en préstamo de la biblioteca municipal de Tías, precisamente el 17 de julio —fecha coincidente con el levantamiento militar en 1936— he estado totalmente inmersa en la vida y obra de María Moliner. 

Era consciente de la importancia de su legado con respecto al Diccionario del uso del español que lleva su nombre; sin embargo, no podía imaginar cómo su trayectoria personal y académica iba a repercutir en mi pensamiento y en mi propio camino de letras.

Andrés Neuman me ha llevado a una etapa de la historia a la que he prestado especial atención este año 2026, coincidiendo además con el análisis de otro libro sobre la Guerra Civil: La península de las casas vacías, de David Uclés.

Del autor de Hasta que empieza a brillar, destaco su estilo cercano en describirnos el carácter de María Moliner, impregnado de notas de:

* Humor e ironía: nos hacen frecuentemente sonreír los diálogos que mantiene con su marido, un hombre paciente ante la descomunal labor creativa de su mujer. Por ejemplo: —«¿Todavía despierta, querida? —No, mi vida, soy sonámbula» (pág. 176); o bien mientras María reflexiona sobre el preámbulo del diccionario: «¿Y esa cara, querida? Te veo despistada. —Pensaba en ti, mi vida. ¿Más pollo?» (pág. 210).

* Optimismo: Por ejemplo: «Se puso manos a la obra con una energía atolondrada, dejando que la angustia inflamara su entusiasmo» (ante la propuesta de dirigir la Biblioteca Universitaria de Valencia)

* Perfeccionismo: destaca la gran responsabilidad que siente ante la omisión involuntaria de algunos vocablos en su obra como oxímoron (combinación de términos de significado opuesto: «silencio atronador»). 

El alma de poeta de Andrés Neuman se vislumbra en la manera de mostrarnos el profundo dolor por la destrucción de la cultura. Por ejemplo, leemos en la página 114: «En Madrid, mientras tanto, los combates habían alcanzado la Ciudad Universitaria. Las barricadas se formaban con los volúmenes más gruesos: según las estimaciones de sus colegas bibliotecarios, las balas perforaban aproximadamente hasta la página 350...».

Las palabras de Andrés Neuman nos llegan al corazón. Su amor por ellas, al igual que el de María Moliner, nos traslada a situaciones terribles pero rodeadas de humanidad. Por ejemplo, en la página 116:  «Al contrario de lo previsto por la cúpula militar, a medida que los pronósticos bélicos empeoraban, más se aferraban los hombres a los programas de alfabetización. Querían ser capaces de escribir sus nombres antes de desaparecer... ».

Coincido con el autor en que los términos abuelez o abuelidad (página 212) suenan de maravilla. ¿Por qué no los habrá incluido aún la RAE?

Por otra parte, Hasta que empieza a brillar me ha dado aún más fuerza para proseguir con ideas y proyectos que revolotean como mariposas en mi cabeza hace tiempo. Al ver la foto de María Moliner, en la quietud de la noche, escribiendo a la luz de su hogar, en la calle Quijote 1, me he dado cuenta de que tenemos una lámpara de vidrio y hierro similar...

Sobre el autor

Imagen Registro de escritores
Andrés Neuman (Buenos Aires, 28 de enero 1977) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde ejerció como profesor de literatura hispanoamericana. 

A los 22 años publicó su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999), con la que quedó finalista del Premio Herralde. Sus siguientes novelas fueron La vida en las ventanas (Espasa, 2002, Finalista del Premio Primavera) y Una vez Argentina (Anagrama, 2003).

Su cuarta novela, El viajero del siglo (Alfaguara, 2009), obtuvo el Premio Alfaguara y el Premio de la Crítica Literaria (otorgado por la AECL), considerado uno de los galardones literarios más prestigiosos de España. 

Es autor de los libros de cuentos El que espera (Anagrama, 2000),  El último minuto (Espasa, 2001) y Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006). 

Andrés Neuman aborda la paternidad en las novelas Umbilical (2022) y Pequeño hablante (2024), y regresa a la prosa histórica y biográfica en Hasta que empieza a brillar (2025). Su blog, Microrréplicas, está considerado como uno de los mejores en lengua española.

Fuentes consultadas

https://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/neuman_andres.htm

https://registrodeescritores.com.ar/project/andres-neuman/


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