A Julieta, una madre querida
En mayo la ventana del cielo se abrió para acoger a Julieta. Ese mismo mes habíamos viajado a Madrid para ver a nuestra hija Marina y echarle una mano con el mantenimiento de la casa. Aunque ella heredó esta habilidad de su padre, necesitaba ayuda para instalar una luminaria LED en la cocina que sustituyera al fluorescente intermitente, así como reforzar los cajones del armario del dormitorio, renovar la tela de los barrotes que dan cierta intimidad a la terraza y atender otros menesteres. El tándem funcionó muy bien.
La idea era hacer coincidir la estancia con el domingo 3 de mayo, Día de la Madre, y salir a comer con Marina a algún restaurante. La semana previa comencé a pensar en un lugar para reservar con antelación y también en algunos detalles que siempre me gusta llevar. La mayoría suelen ser gastronómicos y coinciden con los favoritos de Marina, como los batatitos, el queso de cabra tierno, las papas para arrugar y las chocolatinas Tirma. Sé que de vez en cuando invita a sus amigos a tomar algo en casa, así que las papas con mojo son una apuesta segura.
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| Fragancia |
Precisamente, el 8 de abril había hablado por teléfono con Rebeca. Sabíamos por Marina la gravedad del estado de Julieta. En esa llamada sentí los últimos cuidados de una hija a su madre en el lecho acogedor del hogar familiar.
Tras la conversación, me fui a caminar por el paseo marítimo. Mientras avanzaba a paso ligero, me venían a la mente los recuerdos del viaje que Rebeca hizo a Lanzarote hace unos años durante el mes de septiembre, acompañada de otro amigo de Marina, Francesco. Los tres se conocían desde la etapa del grado universitario en la escuela TAI de Madrid.
Rememoré el instante cuando los recogimos del aeropuerto y, una vez en casa, Rebeca empezó a sacar de la maleta viandas de una caja sorpresa: jamón serrano Cinco Jotas, lomo embuchado, salchichón, chorizo, queso manchego, vino de la bodega Legaris...
—De parte de mis padres —dijo.
Y entonces recordé que, en nuestra reciente charla, habíamos mencionado esa generosidad mutua que también los unía a nosotros, una virtud muy propia de la gente humilde.
En efecto, Rebeca señaló que Thomas y yo éramos parecidos a sus padres, de carácter desprendido. En esa llamada no le dije que todavía conservo los elegantes pendientes que me regaló en ese viaje. Tampoco le conté, que sin darme cuenta, pisé uno de ellos en el baño. Sabía que los había adquirido en la tienda Codo de la calle Arenal, de modo que un mes de agosto en Madrid, me acerqué al local para su posible reparación. La joven dependienta los mandó al taller, pero no hubo manera de soldarlos.
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| Pendiente tienda Codo |
La última noche en Lanzarote, Rebeca expresó su deseo de invitarnos a cenar como despedida. Elegimos un restaurante frente al mar ubicado en Playa Honda llamado «Casa Tere», muy popular por la calidad de su comida y buen ambiente.
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| Narciso |
En fechas navideñas, siempre solía intercambiar deseos de bienestar por escrito, a través del móvil, con Julieta. La charla también giraba en torno a nuestras hijas, coincidiendo en lo orgullosas que estábamos de ellas.
Las habíamos animado a elegir estudios por vocación. El ámbito audiovisual no es un camino fácil: largas jornadas de trabajo, climatologías adversas, proyectos en destinos lejanos y condiciones laborales inestables. Sin embargo, la valía de ambas y el coraje de sus respectivas trayectorias son incuestionables. Hay que tener mucha sensibilidad para realizar las tareas que ellas llevan a cabo, detrás de una cámara o enfocando la luz que se necesita en un instante preciso.
—¡Qué van a decir las madres! —exclamarían ellas. Pero Julieta y yo sabíamos lo que veíamos: un inmenso corazón en cada una, con una empatía extrema por los demás. Así lo constaté el sábado 2 de mayo cuando acudimos con Marina a la Puerta del Sol a ver la recreación del heroico levantamiento del pueblo de Madrid. Ese día de 1808 se produjo el estallido de la que sería la Guerra de la Independencia, que se prolongaría hasta 1814.
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| Puerta del Sol, nº6 |
Casualmente descubrimos la cafetería ZapCoffee, a la que se accede por una zapatería (Puerta del Sol, nº 6). Se trata de un local ubicado en la segunda planta con siete ventanales que lo convierten en un mirador privilegiado sobre toda la plaza.
Pedimos un café con leche e intentamos buscar un sitio aceptable mientras llegaba Marina.
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| Interior cafetería |
A los pocos minutos apareció Marina. Tras darnos un beso se movió por la estancia eligiendo un buen punto para grabar con el móvil. El espectáculo comenzó y entonces la señora rubia se levantó. Pensé que solo captaría alguna imagen y se volvería a sentar. ¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando manifestó que tenía la intención de grabar de pie!
Las personas que estaban detrás de mí protestaron, pero ella hizo caso omiso. Una señora mayor con acento francés se dirigió a ella de manera educada, instándola a que se sentara, ya que le impedía ver el acto y tenía una discapacidad. La mujer ignoró de nuevo la petición y siguió grabando como si no estuviéramos todos detrás.
Entonces, la señora francesa se acercó a ella e hizo ademán de grabar también con el móvil, hecho que indujo a la irrespetuosa rubia a alzar el suyo para no ceder ni un ápice de su espacio. Nosotros no dábamos crédito a lo que estaba sucediendo. Entretanto, escuchamos el ruido atronador de los fusiles, bayonetas y cañones del ejército napoleónico reprimiendo la revuelta.
—¡Haga el favor de sentarse! —vociferó una familia.
Y mientras los civiles caían defendiendo la plaza con navajas y piedras, la rubia violenta defendía con uñas su trozo de cristal. Y digo «uñas», porque ante nuestro asombro, se las clavó a la pobre señora francesa en la muñeca derecha, levantándole la piel.
La chispa de la indignación de Marina creció como la pólvora. Menos mal que inmortalizó este hecho surrealista entre una española y una francesa con un vídeo que comparto en este párrafo. La misma situación de enfrentamiento que la Asociación Histórico-Cultural Voluntarios de Madrid 1808-1814 replicó con toda su crudeza ante la ciudadanía y multitud de cargos políticos el 2 de mayo de 2026.
—¡Esto no puede quedar así! pronuncié—, y me fui a la barra en busca de una camarera para explicarle lo sucedido y pedir un desinfectante. La joven, con el rostro estupefacto, se marchó a por la responsable. Tardó unos minutos y regresó sin nada, ya que el botiquín estaba vacío, pero con la orden de su superior de llamar a la policía. Me acompañó al ventanal. Desgraciadamente la señora, enloquecida por lograr una impactante story para Instagram, había desaparecido. Volvimos a mirar la herida de la señora francesa, quien nos sosegó, restándole importancia, e informándonos de que por la tarde iba a ver una corrida de toros a la plaza de Ventas. Le preguntamos si viajaba sola.
—Sí — contestó. Mi marido, que es médico, no ha venido.
La verdad es que poco podía hacer él desde la distancia.
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| Lago Casa de Campo (03.05.2026) |
Llegamos con antelación al bello entorno natural del lago y disfrutamos de sus vistas sentados en un banco antes de pasar al interior del restaurante. Una vez allí nos indicaron la mesa, cercana a la de una familia que ya estaba pensando en la posible comanda.
La proximidad hizo que escucháramos la conversación. La voz de una señora madura resonó rotunda detrás de mí.
—Yo quiero puerros confitados, alcachofas y pulpo a la brasa.
Su marido expresó su deseo de comer sardinas. Entonces la señora de estilo generala se dirigió a la que debía ser su nuera y le dijo: «Como tú comes muy poquito, así está bien». Una voz masculina —deduje que de su hijo— afirmó que pediría un steak tartar con ensalada. La madre además puntualizó:
—El ceviche está también muy rico. Lo añadimos.
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| Villa Verbena (03.05.26) |
La nuera parecía un cero a la izquierda. Mi cara se iluminó al ver a Marina con un precioso ramo de flores dirigiéndose a nuestra mesa.
Le di un abrazo de bienvenida y le indiqué que no se sentara todavía. Entonces le pregunté al maître si podíamos cambiarnos a la terraza. Lo consultó e hizo un gesto aprobatorio.
Laura, la camarera del espacio exterior, nos dispensó un servicio muy amable, al que se sumó el bienestar del entorno. Al terminar la comida, dimos un paseo en barca de 45 minutos.
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| La Latina (03.05.2026) |
Fue camarista de Isabel la Católica y profesora de latín de la reina. Después dio nombre al barrio madrileño donde se ubicó el hospital de la Concepción gracias a su iniciativa y donaciones.
A las 17:30h regresamos a casa para rematar el mantenimiento, ya que al día siguiente, 4 de mayo, volábamos a Lanzarote. Mientras Thomas y Marina volvían a sacar las herramientas, miré la plaza de Almodóvar desde la terraza de nuestro tercer piso. Entonces recordé aquel día en el que Rebeca y Marina me escucharon decir desde esa misma perspectiva: «¡Cuánto echaba de menos esta vista!». Ambas enarcaron las cejas y no explotaron de risa por educación. Las dos saben que en Lanzarote diviso el mar desde el que es, sin duda, nuestro último reducto: el piso que hemos logrado tener después de muchas vicisitudes. Una primera vivienda, fruto de nuestro trabajo y perseverancia, y también de la generosidad de nuestros seres queridos, quienes, al igual que mis abuelos maternos, nos demostraron que la mejor herencia es el amor, la empatía y la máxima ayuda en vida.
El piso del barrio de Carabanchel me trae muchos recuerdos, y entre ellos, están aquellos momentos felices de la niñez y la adolescencia en los que solo debía preocuparme por estudiar, leer Esther y su mundo, salir con mi amiga Pili —que vivía en la calle Zaida—, sacar a Foxy (nuestro fox terrier encontrado en la calle), comprar los domingos el periódico El País con el especial de cultura y llevar las porras recién hechas de la churrería de la avenida de Nuestra Señora de Valvanera para desayunar con mi madre y mi hermana Eva.
Han pasado 35 años desde que decidí emprender el vuelo a Lanzarote, un 3 de diciembre de 1991. Sin embargo, mi mente está llena de historias de ese inmueble de gente obrera. En el tercero D sigue viviendo Angelines, quien de soltera residía en el barrio de las Letras. Se casó con un electricista y desde entonces reside en el piso contiguo al nuestro. Algunas tardes regresa a la calle Amor de Dios, la de sus padres, y se acerca a la basílica de Jesús de Medinaceli como también hacía mi madre.
El domingo, al volver a casa y subir las escaleras, nos la encontramos. Creo que ya no me reconoció. Dijo que la tarde había sido un aburrimiento y que se iba a dar un paseo porque en casa cada uno iba a su bola... Debe referirse al hijo con el que vive desde que se separó y regresó al hogar familiar. Marina me cuenta que, de vez en cuando, toca nuestro timbre y le pide que le abra algún frasco o botella.
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| Foto de Marina Bryant |
Por eso, cuando supe que habían inaugurado un mural del genial dibujante en la calle General Ricardos, 46 no tuve la menor duda de que acabaría dedicándole algún párrafo costumbrista. En efecto, el 15 de marzo de 2025, en homenaje a la fecha de nacimiento de Francisco Ibáñez, se dio a conocer la obra de los artistas NSN997 y Kerudekolorz, inspirada en el arte urbano de los 80 y 90. La iniciativa forma parte de «Distrito 11» y su objetivo es hacer del barrio de Carabanchel un referente cultural. Este mural es ya el punto de interés de la futura Ruta de Arte.
Sin embargo, ese piso es también un refugio. Una propiedad da siempre respiro y estabilidad; mi abuela Josefa lo tuvo muy claro desde el principio. Ejerció el oficio de planchadora —aprendido de su suegra María— en la calle de Jesús, 12, para complementar el sueldo de inspector de policía de mi abuelo Pepe hasta que sus rodillas no pudieron aguantar más el peso de los años y el esfuerzo.
El matrimonio, ya jubilado, se mudó al piso sin ascensor de la avenida de Valvanera. Las escaleras hasta la tercera planta para acceder a su vivienda fueron un obstáculo que incrementó el dolor, sobre todo, de los huesos de mi abuela septuagenaria. Recuerdo con agrado su cocina que desprendía aromas murcianos (testimonio de su origen y de esa huerta famosa por su variedad y frescura), y su terraza llena de plantas que cada día regaba con esmero. También recuerdo verla en verano, sentada en una silla dormitando, ante la imposibilidad de soportar el calor que emanaba de las paredes de su dormitorio; ese que después ocupamos mi hermana Eva y yo, la tercera generación. Y ahora la cuarta, representada por Marina, quien ha dado un toque extraordinario de feng shui a la casa.
En la última novela que he leído, Mamá está dormida, su autor expresaba que el mejor patrimonio de la vida es la memoria. En especial la del corazón, aquella que magnifica los buenos recuerdos y elimina los malos. Ahí coincido con Máximo Huerta en la mirada poética a la plaza frente a la atónita de Marina y Rebeca. No obstante, hay que ser realistas. La fachada de la casa necesita una reforma integral, al igual que su interior. Los desprendimientos se suceden con frecuencia. Las chapuzas de los fontaneros y pintores contratados por la comunidad de propietarios son señales de su bajo presupuesto. Según la administradora, se acometerá una mejora en el año 2027...
Sigo escribiendo los ratos que me permite mi trabajo docente. Ya es 14 de junio. Ha pasado un mes y coincide con la pérdida de Henry Mancini hace 32 años. Un gran compositor de música de cine que nos dejó temas inolvidables como Moon River en Desayuno con diamantes o el tema de amor en la película Romeo y Julieta. Es precisamente el título de esta última el que me ha inspirado para elegir el nombre ficticio de la madre de Rebeca, respetando así su privacidad.
A ella le dedico este espacio en el que convergen anécdotas, historias de familias, amistad y un amor inmenso de madre. Sí, porque Julieta y yo, entre felicitación santoral y felicitación navideña, siempre acabábamos hablando de nuestras hijas y de los lazos fuertes que las unen tanto en momentos alegres como difíciles.
Termino con un regalo visual, que envié a Julieta, el primer día del año: una puesta de sol de Lanzarote que lleva la mirada sensible de Marina en ese instante preciso que refleja una paz infinita.
Mientras la observo, escucho una composición musical del pianista Stanton Lanier que evoca un nuevo despertar, y me imagino a Julieta descansando en ese universo al que se nos ha anticipado un 14 de mayo. Ese día, durante el recorrido, unos focos iluminaron su camino y no se apagaron. Dos semanas después, Josefina Molina, pionera en el sector audiovisual, iba a necesitar su misma luz. La primera mujer en obtener el título de directora de cine en España atravesó el umbral el 30 de mayo y Julieta la recibió con una sonrisa. Enseguida le propuso sumarse a una tertulia:
—Josefina, te voy a presentar a unos amigos. Este es Luis, el abuelo de Marina, un artista pintor-poeta. He estado hablando con él, recordando los días de verano en que invitamos a su nieta a la casa del pueblo en Ávila. Rebeca y ella se recuperaban de sus jornadas maratonianas en los rodajes, restaurando así su cuerpo y sus neuronas. ¿Sabes? Luis vivía en Arenas de San Pedro, al abrigo del Valle del Tiétar. Allí sembró versos, trazos y colores. También te presento a Francisco Ibáñez. Por cierto, dice que está encantado con el mural de 13, Rue del Percebe que han inaugurado en el barrio de Carabanchel. Desde aquí comprueba lo bien que su hija Nuria gestiona todo su legado desde el 15 de julio de 2023.
Unos destellos en el firmamento captaron la atención de Josefina, Julieta, Francisco y Luis. Se fijaron en sus haces y comprobaron que el origen de esa luz tan potente era el amor de todas las vidas que los continúan en la tierra. D.E.P.
Un año de una visita inolvidable: El éxito de Rabab en Ámsterdam
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| Rabab Zagari, Syra y Jackie Fontjin |
Hoy se cumple un año de mi visita a Ámsterdam dentro del programa movilidad Erasmus+, donde tuve el placer de reencontrarme con una de nuestras alumnas egresadas.
Rabab Zagari Zegari realizó una estancia de Formación Dual para la empresa Aviapartner en el aeropuerto de Lanzarote durante el curso académico 2023-24.
Aviapartner es una compañía de handling que se ocupa de facilitar servicios en tierra a las aerolíneas, tales como atención al cliente, facturación, embarque y gestión de equipajes.
Gracias a una beca de movilidad Erasmus+, Rabab pudo efectuar sus prácticas de 346 horas en el aeropuerto de Ámsterdam durante el último trimestre de formación.
Al término de estas, la empresa le propuso formar parte de la plantilla de Aviapartner Ámsterdam por un periodo de un año.
Precisamente, el día del encuentro (3 de julio 2025) que mantuve con Jackie Fontjin (a la derecha en la foto), responsable del departamento de Recursos Humanos, y Lesley Zutt, coordinadora de la estancia de prácticas, me confirmaron una magnífica noticia.
¡Rabab había sido promocionada a flight controller con un contrato indefinido!
Mamá está dormida, de Máximo Huerta
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| Máximo Huerta (10.05.2026) |
Hoy es miércoles 20 de mayo y me queda muy poco tiempo para escribir esta reflexión. Esta tarde he visto en las redes sociales que Máximo Huerta anunciaba la sexta edición de su libro y agradecía este hecho de corazón a sus lectores, así como la divulgación. Hace una semana, a través de Instagram, en el perfil de la librería Doña Leo (@lalibreriadedonaleo), le comenté que se me había olvidado decirle que también había leído Adiós, pequeño en el momento de la dedicatoria a la Biblioteca Municipal de Tías.
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| Máquina de coser Singer de mi madre, María Arias Collados |
El autor de Mamá está dormida nos recuerda en su dedicatoria:
«Esta no es una historia real, es solo la novela que ha inspirado la realidad. Porque esa sí existe. Y se llama vida. Dedicada a todos los que cuidan. Y a los que se dejan cuidar».
El inicio del relato, como nos explicó Máximo Huerta en el encuentro literario de Arrecife, surge a partir de una pregunta intrigante de su madre: « Y tu hermano, ¿dónde está?» El autor asevera que Aurora se encuentra en ese momento de la vida en el que sus días han empezado a ser un recorrido por la decadencia física y mental. En el vídeo siguiente que grabé durante su intervención podemos escuchar con nitidez sus propias palabras:
A partir de esta ficción de la memoria, Federico, el hijo de 53 años, intentará que su madre, de 85 años, le cuente la realidad. Los recuerdos del hijo nos desvelan que tuvo una pareja, Amparo, quien llenaba de alegría el hogar hasta que se cansó del carácter imprevisible de Aurora y se marchó.
El autor señala un gesto que marcó a la joven Aurora para siempre: el hecho de que, el día de su boda, su suegra le girara la cara para evitar un beso porque estaba embarazada. Desde luego no fue un buen comienzo, ni tampoco lo fue lo que vino después. Aurora nunca se sintió querida. Sin embargo, el niño Federico sí contó con el abrazo y protección maternal.
En el libro se suceden las conversaciones sinsentido provocadas por el deterioro cognitivo, pero también los diálogos cómplices y llenos de cariño entre madre e hijo. A veces, Federico le sigue la corriente a Aurora, ya sea respecto a la existencia de su hermano Félix o la de su abuela Carmela, con la que mantiene charlas tranquilas mientras teje. Otras veces atiende a sus ocurrencias, como la idea de llevar su máquina de coser Singer a un restaurante donde cenaron; allí vio que utilizaban una idéntica como elemento de decoración, tras haber sido donada por las hijas de madres fallecidas (página 38).
La dura realidad de la enfermedad neurodegenerativa de Aurora está muy presente: la incontinencia, la necesidad de pastillas relajantes como la quetiapina, las repeticiones del pasado, la rapidez del olvido y el paso de la vida como una riada, igual que la catástrofe de 1957. Asimismo, se reflejan los dolorosos pasos a seguir cuando se convive con una madre que sufre demencia.
Sin embargo, también vislumbramos dicha en la evocación de la infancia, citando a las personas, los lugares, la comida, la sombra del granado y la espera en los puestos de la feria junto a su madre, donde «mirar era soñar». Son descripciones de una extrema sensibilidad, como la que se demuestra con la ilusionante propuesta del hijo de emprender con ella un viaje al norte, o la posibilidad de conocer a su hermano y compartir con él lo que sabe.
Finalmente, el destino elegido es Vera de Bidasoa (Navarra), donde Aurora, al igual que otras jóvenes que deseaban hacer excursiones y amistades, pasó un verano en un albergue de montaña tutelada por la férrea disciplina de la Sección Femenina. Federico decide adquirir una autocaravana vieja, revisada por el mecánico del taller (quien le asegura que todavía está en buen estado para «algún trote más»), y avisa en la academia donde trabaja que tardará un tiempo en estar conectado a internet. Desconecta el móvil.
Se acerca la Navidad. Madre, hijo y mascota comienzan su aventura en un vehículo de grandes dimensiones que exige concentración para no salirse de la carretera. Recorren kilómetros sin prisa. Asimismo, somos testigos de su adaptación al nuevo espacio y de la paciencia de Federico en la convivencia con su madre. Se suceden los flashbacks, a través de los cuales descubrimos que Aurora era una mujer sencilla, con más vida interior que exterior. El tono es siempre de un profundo cariño hacia esa madre que cosía casi a oscuras, nunca se quejaba y lo despertaba siempre con una sonrisa (pág. 121).
El trayecto les brinda momentos de tranquilidad y conversación, por ejemplo, en las paradas de descanso. Aparecen títulos de películas como Las campanas de Santa María, con Ingrid Bergman, y aflora de nuevo la inmensa ternura de Federico, al recordar las manos de la abuela poniéndose crema Nivea y el esmalte nácar de las uñas, o su constante preocupación por saber si su madre ha dormido bien. Extraigo de la página 137 esta reflexión del autor que me parece fundamental:
«Las palabras se enredan en cadeneta, una tras otra, como una puntilla de ganchillo; palabras sin sentido, sin más fin que comunicarnos y desovillar la madeja».
El humor también envuelve los párrafos. Sonrío cuando Federico, queriendo complacer a su madre y en contra de todos los consejos médicos, pone tres cucharadas de azúcar sobre las rebanadas de pan recién hecho con mantequilla y mermelada de melocotón que ha preparado en el desayuno (pág. 160). Otra forma de hacerla feliz es recitarle versos de memoria mientras conduce. Así surge «Vida», de José Hierro, un contraste conmovedor con esas otras ocasiones en las que siente la necesidad de llorar a escondidas en el baño de una gasolinera, solo para poder regresar y seguir sonriendo a Aurora....
En el capítulo cuarenta y cinco, leo que Federico y su madre llegan a un pueblo llamado Libros, en la Nacional 330, y entonces sueño con la posibilidad de conocerlo. El autor señala que está en el Bajo Aragón, junto al río Turia. Es entrañable saber que las calles tienen nombres de autores que alguna vez regalaron libros a Libros o que inauguraron la placa que lleva su nombre. Y al leer el fragmento del poema «El viaje definitivo», de Juan Ramón Jiménez, en la página 220, me emociono.
La sección Femenina era como la Mariquita Pérez: «muñecas al servicio», dice Aurora en la página 237; un espejo de la clase social. Esto me recuerda a mi propia madre, quien la pedía a los Reyes Magos y nunca la llegó a tener. Me contaba que, de la rabia, destrozó la muñeca de serrín que le regalaron (mis abuelos no se podían permitir las 200 pesetas que, según asevera Máximo Huerta, costaba la original). La niña Aurora recibía un almanaque con fotos de Mariquita vestida con traje de vichy y sandalias, con lencería o con capota a juego.....
En el capítulo cincuenta y siete, Aurora le cuenta a Federico cómo se vestía para ir a las frecuentes misas de entonces. Menciona la bendición que supuso la llegada de los pantis, tras estar siempre acostumbrada a llevar medias que se le resbalaban. El autor señala que el dinero se notaba en las piernas de una mujer, pues había quien las llevaba remendadas como calcetines de hombre (pág. 259). Y vuelvo a recordar a mi madre explicándome que ella aprendió a coger puntos en el taller de la Tintorería Pepita, que regentaba mi abuela Josefa en la calle Jesús, 12, en Madrid, tras haber aprendido el oficio de mi bisabuela María. Aurora afirma que era difícil y que había que tener mucha maña. Mi madre, desde luego, la tenía.
Madre, hijo y perra llegan por fin a su destino: Vera de Bidasoa. Se alojan en un hotel para descansar de la autocaravana, aunque la tensión acumulada del viaje hace que Federico tenga una pesadilla con la inocente Ofelia, protagonista de la obra Hamlet. Al despertar, se da cuenta de que la verdadera protagonista de su vida, su madre, duerme plácidamente en su río de sábanas blancas. No obstante, durante la estancia en Vera de Bidasoa -lugar al que han ido para resolver los enigmas del pasado-, Federico no solo sufrirá pesadillas, sino también un intenso dolor en el pecho cuyo origen se remonta al padre Saturno, quien en realidad se llama Félix.
¿Por qué ese nombre? ¿Qué relación tuvo con las jóvenes del albergue? ¿Tiene derecho Federico a desvelar la verdad?
El texto resalta la gravedad de las inundaciones en Valencia descritas por Máximo Huerta. Tuvieron lugar a partir del 11 de octubre de 1957, con un caudal que superó los tres mil setecientos metros cúbicos, tres veces su capacidad. Las jóvenes del albergue tenían, en su mayoría, apenas 20 años...
«Cuánto cambia una vida cuando nos tropezamos con algo, con alguien que nos destroza, que nos desvía de la felicidad» (página 300).
En el capítulo sesenta y cinco me encuentro con otra coincidencia. Federico confiesa que hace tiempo que no escribe y que el proceso de convertirse en escritor le ayuda a vislumbrar el autor que puede llegar a ser; menciona a un escritor amigo como su referente quien le contó los entresijos del arte de escribir. Se trata de Martínez de Pisón, quien justamente fue invitado al III Festival de Literatura de Lanzarote. Este hecho me motivó a asistir a la charla celebrada el 3 de diciembre de 2025 en la Casa de la Cultura Benito Pérez Armas, en Yaiza, y decidí leer Castillos de Fuego, una novela esencial sobre la posguerra civil que ya forma parte de este blog.
Será definitivamente en la paz del hotel Churrut donde Federico experimenta ante una libreta que las palabras afloran. Y de la ilusión que le hace a su madre esa epifanía literaria, quien orgullosa afirma que ha salido a su abuela, en su faceta de escritor, aunque su verdadero oficio sea el de traductor. Aurora insiste en que el final sea feliz, sentencia que deja atrás La educación sentimental de Gustave Flaubert.
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| rosa color azafrán |
Sus gestos rezuman poesía, colocando las rosas de color naranja en un jarrón con agua para su madre, un tono azafrán similar al que yo elegí el pasado 21 de abril para regalar a mi amiga Verónica Carmona en el día de su cumpleaños.
Sobresale asimismo la honestidad. Federico no oculta su profundo dolor al constatar la demencia materna hasta incluso desear morirse o constatar al final que:
A veces, el azar nos cruza con buenas personas; otras, la fatalidad, con gente que deja cicatrices. (pág. 342)
Frases que dibujan una sonrisa en nuestro rostro como la de la página 49 al dirigirse Aurora a su hijo único hijo diciendo: Eres mi hijo favorito.
Y, por encima de todo, el amor que se demuestra en los cuidados a una madre, aplicando hasta el último párrafo el alcohol de romero que aliviará sus rodillas. Aunque, la verdad es que ambos se consuelan, como asevera Federico en la página 47: -Ahora hacemos aguas los dos-.
Finalizo con la conexión invisible (tan visible para Federico y Aurora) paseando por las calles del pueblo, recordando el pastel de manzana del día de cumpleaños y en la creencia de la madre como la casa de Dios. (página 197)
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| Dedicatoria de Máximo Huerta |
Al devolver el ejemplar Mamá está dormida le indico a Ilenia que está dedicado por su propio autor, Máximo Huerta, y que, por favor, se lo comente también a Mercedes Cerezo, bibliotecaria que trabaja en el turno de mañana.
Al despedirme me saluda Maya, una residente hindú a la que conozco hace tres décadas. Lleva en la mano un libro sobre yoga y me sonríe. Hace años me regaló el libro Bhagavad-gītā, uno de los textos más importantes y venerados de la India religiosa en un acto que organizó en el salón del Centro Cívico de Puerto del Carmen, con el fin de demostrar su gratitud a las amistades.
Regreso al coche y leo las últimas palabras de Máximo Huerta. Las he capturado en imágenes con el móvil. Se trata de un diálogo con Aurora en la entrada de un camino rural, donde se distinguen las huellas recientes de algún tractor. Allí descienden con los abrigos y la bufanda -dice el autor- que vuela desde el cuello en horizontal, como la del personaje de Saint-Exupéry.
-¿Qué es la soledad?-pregunta el Principito.
- Es un reencuentro consigo mismo y no debe ser motivo de tristeza, es un momento de reflexión.
El 4 de junio de 2026, redactando este espacio sobre Mamá está dormida, me doy cuenta de la oportuna relación final de Máximo Huerta con uno de los libros que adquirí en la caseta de la Editorial Itineraria: El principito ha vuelto, de María Jesús Alvarado.
Y me estremezco, como el viento en el título de Ico Toledo, al ser consciente de los inexplicables vínculos que se crean al leernos y encontrarnos un día como el domingo 10 de mayo donde coincidí también con Idoya Cabrera en el aforo de la presentación de Máximo Huerta. Fue ella quien me recordó, al mencionar cómo le había impactado la lectura de Adiós, pequeño que esta novela formaba parte de mi camino de letras. Busqué el enlace para refrescar, antes del inicio del acto, su contenido, en su mayoría biográfico. Cuando llegué al final y vi la fecha de su publicación: 03.03.2023, no tuve ninguna duda.
NOTA
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| Con Esther García_10.05.26 |
https://www.masscultura.com/maximo-huerta/
También somos testigos de su sueño cumplido hace cuatro años: abrir una librería en Buñol @lalibreriadedonaleo. Máximo Huerta afirma:
«En una librería ves lo diferentes y lo parecidos que somos todos, y que un libro te une»
La entera dedicación al cuidado de su madre queda, sin duda, plasmado en su última novela Mamá está dormida que considera supone un abrazo y un refugio para las personas que están viviendo la misma situación.
AGRADECIMIENTOS
- A Esther García y Dulce Nombre Rodríguez, directoras de la revista Mass Cultura, por brindarnos la entrevista de Máximo Huerta.- A Máximo Huerta:
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| Con Ico Toledo (10.05.2026) |
Gracias Syra por este ratito y por tus maravillosas palabras que me llegan al alma.
Gracias Laura por escogerme. Un abrazo 💗(Ico Toledo, Mayo26)
Observación:
El domingo 7 de junio empecé a leer otra novela de Máximo Huerta, París despertaba tarde. Cuando fui el pasado viernes a entregar a la Biblioteca Municipal de Tías Comerás flores, la novela debut de Lucía Solla Sobral, pregunté por los libros de los que disponían del escritor valenciano (Utiel, 1971). La verdad es que llevaba en la mente el título “La noche soñada (con la que ganó el Premio Primavera de Novela 2014), pero no la tenían en su fondo bibliotecario.
-De acuerdo-le dije a Ilenia-, me llevo París despertaba tarde (Editorial Planeta). Estaba segura, tras haber leído Adiós, pequeño y Mamá está dormida, de que iba a acertar. Y así ha sido. Este es otro libro que la casualidad ha puesto en mis manos. En él, Máximo Huerta narra la historia de Alice Humbert y Kiki Montparnasse en el ambiente bohemio del París de 1924: dos jóvenes de origen humilde unidas por un gran vínculo de amistad.
Sobre el autor
DEDICATORIA DE SYRA
Dedico este espacio a mi hijo Eduardo Luis y a mi abuela Caridad, recordando una de las reflexiones de Máximo Huerta:
«El patrimonio más importante de la vida es la memoria»
Cada 8 de junio suelto la hebra de ese hilo invisible que une a mi hijo (quien este año 2026 cumple 27 años) con mi querida abuela Cary, cuya marcha se produjo hace 36 años en Barcelona.
La ciudad de las luces muertas, de David Uclés
| Editorial Destino |
—Lo acaban de devolver—me dijo Mercedes.
—Me lo llevo— contesté enseguida.
Esta novela es la cuarta en la trayectoria de David Uclés, quien recibió la beca Montserrat Roig en 2022 y ha sido galardonado con el Premio Nadal de Novela 2026. La verdad es que ha sido todo un acierto leer La ciudad de las luces muertas justo después de finalizar La península de las casas vacías. He sentido que seguía dialogando con su autor, envuelta en su desbordante imaginación.
En el prólogo, «La sombra a seis mil kilómetros», Uclés recuerda al escritor Carlos Ruiz Zafón y su prematura muerte en el cruce de la Quinta con la Cincuenta y Siete. Nos sitúa sutilmente en el desencadenante de ésta, su enfermedad estomacal, y nos advierte de la oscuridad total de Barcelona, premonitoria de esa luz de Zafón que, desgraciadamente, también se apaga.
En «la invitación», una veinteañera Carmen Laforet nos acerca al libro Flores marchitas, de Josefa Massanés —la primera autora del país en animar públicamente a las mujeres a escribir—. Al caer, una nota de entre sus páginas, esta la invita a una ceremonia secreta de escritores, llamada los Juegos Florales. En el año 1941, la joven estudia en la Facultad de Filosofía y Letras y vive con sus tíos en Barcelona, por lo que decide acudir al edificio al que la han citado. Allí, en el Salón de la Reina Regente, conoce a una anciana vestida como la reina María Cristina, quien resultar ser Dolors Monserdà (poeta, novelista, dramaturga y ensayista). Esta le entrega una hoja, asegurándole que lo que escriba en ella se hará realidad tras quemarla. Y escribió:
Julio Cortázar, cámara en mano buscando a la Maga, aparece como el salvador de Carmen quien, despistada mirando la muralla, no ve el tranvía que se le abalanza. Tras despedirse, ella decide continuar el camino mirando al suelo y se encuentra con un saquito. En su interior hay azúcar y una frase de Heráclito impresa en el envase:
«Si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue».
En «el corazón mustio», el escritor argentino acude al Hospital de la Santa Creu junto a Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez —a quien, por cierto, se le olvida la cita— para visitar al paciente Mario Vargas Llosa. El escritor peruano quiere que le muevan el corazón de sitio: de la región izquierda de la cavidad torácica a la derecha. Comparte habitación con Ana María Matute, una niña de la guerra que atrae luciérnagas por la noche,
La filósofa Simone Weil salvará también a Julio Cortázar del peligro de ir ensimismado por la calle y terminar atropellado por un tranvía. Con premura, ella seguirá hacia el café de la Ópera para escribir una carta a Albert Camus, quien se encuentra en Argelia. Y entonces se hizo de noche. Simone pensó en refugiarse en la basílica de Santa María del Mar y, en el camino, se cruzó con Pablo Picasso.
A la mañana siguiente, el pintor salió del prostíbulo de la calle Avinyó y se dirigió a su casa. Al llegar, vio que esta había desaparecido. Allí le esperaba su amigo y compañero de estudio, Carlos Casagemas, también artista y escritor de extrema sensibilidad.
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| Dibujo de Jiménez-Pajarero |
Mientras tanto, el alma intelectual y artística de la ciudad se reunía en el célebre café Els Quatre Gats, en el número 3 de la calle Montsió. El fin del encuentro era dilucidar el origen de la oscuridad, mejorar la situación de la ciudad y lograr que los barceloneses pudieran orientarse en el caos. Entre los asistentes: Salvador Dalí, Isaac Albéniz, Raquel Meller, Ramón Casas, Carmen Karr, Margarita Xirgu, Woody Allen y Fermín Cacho.
Por otra parte, en el restaurante La Puñalada, otros intelectuales se habían citado con el mismo objetivo. Antoni Gaudí, Lluís Domènech i Montaner, Josep Pla, Lluïsa Vidal, Joan Miró, Josep María Sert, Rubén Darío y Rosa María Arquimbau también aportaron ideas que se convirtieron en faros en la oscuridad. Una de ellas fue la de organizar teatro al aire libre a la luz de las velas en el Turó Park, para entretener a la gente y evitar que aumentara el pánico.
En este parque de entorno burgués, Uclés recuerda a los 3 hermanos Goytisolo, a Roberto Bolaño y a Silvia Pérez Cruz, quienes actúan y cantan en el escenario improvisado. También evoca al poeta Jaime Gil de Biedma, a Freddi Mercury —a causa del VIH, entonces sin tratamiento adecuado, tuvieron ambos una muerte prematura —y a Magic Johnson, quien también plantó cara a la enfermedad en aquella misma época.
En la página 129 de La ciudad de las luces muertas, Carmen Laforet despierta con más años encima en el capítulo quince. A continuación, el autor nos presenta al escritor francés Jean Genet, quien a sus veintipocos años se dedicaba al robo y la prostitución en Barcelona, así como su encuentro con Terenci Moix y Antonio Machín, a quien parecía que estaban persiguiendo.
Volvemos a disfrutar de un fondo sonoro gracias a la soprano Montserrat Caballé, a quien se le ocurre la idea de representar La valquiria de Wagner en Barcelona, convenciendo a Núria Espert para dirigir la breve función y a Jordi Savall para poner la música con su viola de gamba. El espíritu luchador enérgico y entusiasta del escritor George Orwell también se hace presente.
La joven escritora y periodista Montserrat Roig es la elegida por el Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona para difundir un mensaje crucial de forma clandestina a los quinientos afiliados. ¿Sería el fascismo el causante de la falta de luz? Montserrat acude a la casa de la escritora más célebre de Cataluña, Mercè Rodoreda, para que la ayude a expandir el mensaje teniendo en cuenta que guardaba en su vivienda más de cien palomas mensajeras. La primera de ellas se posa en el balcón de Carmen Laforet y logra entrar en su habitación para dejar caer la nota, en la que se la cita a las dos de la madrugada en el convento de Los Capuchinos de Sarrià.
En «El bibliobús» —el autobús vacío que iba a transportar a más de una veintena de intelectuales amenazados—, Uclés nos acerca con honda sensibilidad al gramático Pompeu Fabra; al dibujante Josep Bartolí, quien pasó por siete campos de concentración franceses y uno alemán antes de encontrar la paz; y al poeta Antonio Machado, quien murió en el camino al exilio.
Hubo quienes intentaron el exilio por mar, como el escritor Gabriel García Márquez y el pianista leridano Enrique Granados, quien lamentablemente falleció junto a su esposa en el buque Sussex, torpedeado y hundido por un submarino alemán. El pianista había sido invitado por el presidente de Estados Unidos para tocar en la Casa Blanca; aquella fue su última interpretación de Goyescas, el 28 de enero de 1916. Por otro lado, en el barrio del Somorrostro —un arrabal de barracas y de familias errantes y sin recursos, la poeta montevideana Cristina Peri Rossi organizaba la nave de los locos, donde viajaría Pere Calders, y en su propia barquita, la escritora Rosa Regàs.
Las palomas cumplieron su cometido repartiendo las invitaciones. El último en recibirla fue el artista Antoni Tàpies, quien acudió al convento de los Capuchinos donde casi seiscientas personas se habían reunido en la clandestinidad. Allí estaba Maria Aurèlia Capmany, una de las activistas antifascistas más destacadas de la sociedad catalana. Se habló de la gran bombilla (que solo conocían los nacidos en el siglo XXII) que se mantenía estática en el cenit de cada megalópolis. Quizá se había roto el bulbo. Una de las profesoras propuso enviar a un infiltrado al edificio Cel, ubicado en el monte Tibidabo, para observar lo ocurrido con exactitud. En ese momento, la policía rodeó el recinto.
La periodista Montserrat Roig, aprovechando una brecha en el cerco policial, huyó en bicicleta hacia la casa de Josep Maria de Sagarra, ubicada en el paseo de la Bonanova. El escritor, tras verificar la veracidad de los hechos, se dirigió al Ministerio Celeste. En la sala correspondiente buscó la cinta con la fecha concreta del apagón, producido entre las 11:30 y las 13:30 h. Al visionarla, apareció un azul zafiro intenso y bello. Después, escribió la razón empírica de la oscuridad en la ciudad.
A continuación, el escritor se marcha al Monasterio de Pedralbes (construido por orden de la reina Elisenda de Montcada, consorte de la Corona de Aragón, y fundado en el año 1327).
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| Monasterio de Pedralbes (Barcelona) |
Debía dejar el mensaje en las manos de Elisenda vestida de reina (la estatua de su sepulcro). Montserrat Roig lo recogió y lo leyó en el convento de los Capuchinos.
Estaba claro que la solución era cambiar la bombilla del cielo; por lo tanto, necesitaban un piloto y un bulbo nuevo. Decidieron que la activista Maria Aurèlia Capmany, haciéndose pasar por monje, buscara a una piloto de carrera intachable, Mari Pepa Colomer, y el escritor Juli Vallmitjana.
La idea era que Vallmitjana, gran conocedor de los barrios gitanos, se encargara de conseguir una bombilla gigante en la central térmica de las Tres Chimeneas, por la zona de la Mina, en Sant Adrià de Besòs. Por su parte, la activista debía encontrar a un detective que la ayudara en tal misión. Finalmente dio con el hombre indicado, un sujeto con una doble personalidad: Manuel Vázquez Montalbán (de día) y Pepe Carvalho (de noche), en el casi bicentenario restaurante 7 Portes, junto al Pla de Palau.
En la página 215, Uclés nos regresa a la habitación de Carmen Laforet. Parece que nada ha cambiado, a pesar del torrente de imágenes y recuerdos que experimenta. Se centra y comprueba que la oscuridad persiste en Barcelona. Piensa que debe buscar a Dolors Monserdà, por si es ella la que ha originado tal caos. Le viene a la cabeza la agente literaria Carmen Balcells, a quien llama por teléfono y quien le facilita la última dirección de Monserdà, en la calle de la Palla. Cuando llega, la anciana le dice que debe volver a escribir la frase, pero al revés, y bajo un sol resplandeciente.
Mientras tanto, el detective parte deprisa al denostado barrio de la Mina, donde encuentra a Vallmitjana y le pide que se haga con la bombilla celeste. La piloto, por su parte, está esperando frente al castillo de Montjuic.
En «El laberinto y la oración invertida», nos trasladamos a la Casa Lleó Morera. Era el refugio de una decena de personas que escuchaban las instrucciones que, en la clandestinidad, daban Carmen Balcells y el editor Carlos Barral para proteger los libros de sus autores predilectos y sacarlos de la ciudad a través de un laberinto. También está presente el científico Marc Pau Coixí, con el que Carmen emprende el recorrido. Casi al final, en un momento en que se encuentra sola, escribe la frase al revés. Al llegar a lo alto de la colina Barcelona había desaparecido.
Carvalho y Vallmitjana consiguen hacerse con la bombilla. Se desplazan a Montjuïc y la piloto recibe con ilusión su papel en el plan. Vuela directa al cenit de Barcelona. Desgraciadamente, la misión no se cumple: los tres fallecen.
Y llegó el mediodía, y se hizo la luz. David Uclés finaliza la novela con una cita del escritor Carlos Ruiz Zafón en la página 266 donde queda clara la sensación de felicidad a su término. Busco su recomendación musical y sigo leyendo mientras los acordes al violín del artista Ezio Bosso en The mind on the (Re)Wind invaden todo mi ser.
En el epílogo, el autor menciona a otras cuerdas de Barcelona. De nuevo emergen figuras esenciales en diversas disciplinas como el escritor Pompeu Gener (el tertuliano), Carmen Amaya (La bailaora), Federico García Lorca (el anisero), José Ortega y Gasset (el pensador), Vicente Molina Foix (el cinéfilo), Antonio Gala (el apasionado), Gregorio Marañón (el médico), María de Maeztu (la pedagoga), Salvador Espriu (el egiptólogo), Ana María Moix (la traductora), Rosalía (la promesa), Santiago Rusiñol (el simbolista) y Victoria de los Ángeles (la lírica).
Mi curiosidad por saber más de cada uno de ellos me hace consultar sus biografías en internet. Por ejemplo, constato que Lorca publicó doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores en 1935, el año en que nació mi padre, un momento de profundos cambios en la sociedad española. De Antonio Gala, Uclés recuerda la obra de teatro Los verdes campos del Edén, ganadora del Premio Ciudad de Barcelona en 1964. Tecleo el título y veo que RTVE hizo una adaptación con grandes actores y actrices como Amelia de la Torre, José Bódalo, Antonio Ferrandis, María Luisa Ponte y Sancho Gracia. Encuentro un enlace en YouTube, lo visiono durante 5 minutos y lo reservo para otra ocasión.
Casualmente me fijo en la fecha de fallecimiento de Antonio Gala: 28 de mayo de 2023. Hoy también es 28 de mayo, el día que he elegido (aprovechando que tengo turno de tarde en el centro educativo) para dedicarle algo de tiempo a finalizar mi reflexión sobre La ciudad de las luces muertas. Lo hago a través de las fotos de las últimas páginas que tomé el pasado 6 de mayo, cuando entregué el libro en la Biblioteca Municipal de Tías.
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| Dedicatoria de Eva en La Pasión Turca |
Su portada también es verde como los campos del Edén que me han llevado a este autor a quien admiro, al igual que Uclés. Por cierto, Gala no estuvo de acuerdo con la adaptación cinematográfica que realizó Vicente Aranda de La pasión turca.
Y sigo fijándome con atención en las referencias de Uclés a las últimas cuerdas en esta novela, como la estancia del poeta Antonio Machado en el hotel Majestic de Barcelona con la esperanza del reencuentro con su amigo Lorca.
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| Lorca en el hotel Majestic (23.12.1935) |
En un artículo de prensa leo que el 23 de diciembre de 1935 se rindió homenaje en este mismo hotel al poeta granadino.
Tres años más tarde, Antonio Machado se alojó allí junto con parte de su familia en el hotel Majestic, antes de emprender el camino al exilio. Contrasta la alegría de Lorca y la tristeza de Machado en este refugio y punto de encuentro de literatos.
Con respecto a Santiago Rusiñol, en la página 273, mi corazón da un vuelco. Mi padre, Luis, artista pintor y poeta, me contó que lo llamaban «el segundo Rusiñol». Si consultáis en su página web el apartado de obras en Aranjuez, veréis que se inspiran en similares fuentes paisajísticas. Victoria de los Ángeles era también una de las sopranos favoritas de mi padre e imaginarla cantar El cant dels ocells del violonchelista Pau Casals, como señala Uclés, me une más a su manera de ser.
Al igual que me pasó con la novela La península de las casas vacías, leer La ciudad de las luces muertas ha sido un disfrute en historia de la literatura, arte, música, arquitectura...
En definitiva, una explosión de cultura y humanidad que, como buena Acuario, es mi alimento diario.
¡Gracias, David Uclés!
NOTA: Dedico esta reflexión en el blog a Antonio Gala hoy, 28 de mayo de 2026, en el tercer aniversario de su partida terrenal. Coincido con la definición de Uclés de llamarlo «el apasionado», al tiempo que destaco la sensibilidad, empatía, vitalismo y el gran amor por la poesía que destila la obra del escritor nacido en Brazatortas (02/10/1930, Ciudad Real). Un espíritu que conecta con la última novela de Uclés: La ciudad de las luces muertas, ganadora del Premio Nadal de Novela 2026, y publicada por Ediciones Destino.
Recomiendo asimismo la entrevista a David Uclés en el programa "Me meto en un jardín" realizada por Mercedes Milá (domingo 24.05.26) en RTVE: https://www.rtve.es/play/videos/me-meto-en-un-jardin/
Sobre el autor
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| David Uclés (Úbeda, 1990) |
También ha publicado Emilio y Octubre (2020) y El llanto del león (Premio Complutense de Literatura, 2019). Para la creación de La península de las casas vacías recibió las becas Leonardo y Montserrat Roig.
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