Comerás flores, de Lucía Solla Sobral
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| Libros del Asteroide |
Una noche de verano familiar en Beiramar (una villa marinera), Marina conoce a un hombre que la seduce con su mirada. Tras coincidir de nuevo al día siguiente y tomar algo en un bar, él le parece aún más atractivo. Días después, accede a acompañarlo a su casa en las inmediaciones del casco antiguo de Pontevedra y, nada más ver su estilo y decoración, siente el deseo de vivir allí.
La diferencia de edad —24 y 45 años— no es un impedimento para que inicien una intensa relación de fin de semana. La joven se siente deslumbrada por Jaime, compositor de atmósferas, quien la recoge en el coche favorito de su difunto padre (un Bentley) y la lleva a los mejores restaurantes. Paralelamente, en su empresa, Marina —que hasta ese momento era considerada «sosa»— pasa a convertirse en el centro de todas las miradas.
No todo es de color de rosa: la celebración del 25.º cumpleaños de Marina es el detonante. Jaime siente unos celos inmensos que lo llevan a darle un ultimátum: o rompen, o se comprometen a tener algo serio. Poco a poco, y para evitar incomodarlo, Marina se va alejando de las salidas con sus amigos y de la convivencia con Diana. Tras la tormenta, sin embargo, suele llegar la reconciliación entre regalos, su porción de tarta favorita y una cara de «te quiero» (pág. 89).
A pesar de todo, la joven empieza a percibir ciertos hechos que la hacen dudar, como la excesiva atención de Jaime hacia una clienta, Mercedes. También le genera sospechas el relato de Jaime sobre la ruptura con su exmujer Marta, con quien tiene una hija llamada Jimena, de su misma edad. Él aduce que el motivo de la separación fue la depresión de Marta y el control exacerbado que ejercía sobre su trabajo, además de sus continuas ausencias por compromisos profesionales o familiares. Por ello, decidió que Jimena, de 12 años, viviera con él en un entorno de mayor libertad. Más tarde, Marina busca información sobre Marta en redes sociales y descubre que no tiene el aspecto de «desequilibrada» ni «gorda» con el que Jaime la había descrito.
Finalmente, se produce el encuentro tan temido por Marina: la presentación a su familia. Jaime despliega hábilmente sus encantos y halagos, especialmente con la madre de la joven, ganándose a todos gracias a sus detalles y don de gentes. Poco después llegaría la presentación oficial con su hija Jimena durante una cena en la que, sorprendentemente, ambas terminan haciéndose cómplices para gastarle bromas a Jaime.
Por otra parte, somos testigos de síntomas preocupantes en la protagonista: Marina llega a comer carne —a pesar de ser vegana— por no disgustar a Jaime, un hábito que termina traduciéndose en vómitos inducidos de forma continuada. Tras tomar la decisión de mudarse definitivamente con él, vemos cómo la joven va perdiendo su autoestima tanto en el trabajo como en su día a día. Jaime promete ayudarla a crear una página web y prestarle dinero para un proyecto, pero sin abandonar jamás su actitud egocéntrica.
La situación se vuelve realmente tensa cuando Marina le informa de que va a aceptar un trabajo y que no podrá seguir acompañándolo a Compostela. El brusco acelerón de Jaima al volante la deja sin aliento, una agresión pasiva a la que le sigue, en el garaje, el violento impacto de su propio móvil contra el suelo. Y, de nuevo, tras la tormenta, «la sorpresa»: el último modelo de iPhone …
La llegada de Jimena al hogar para quedarse supone otro varapalo para Marina, quien observa cómo Jaime colma de caprichos a su hija pija y le cocina pollo a la cerveza los domingos. Todo empeora cuando una quemadura en la mesa de la cocina dispara la ira de Jaime, paralizando a Marina una vez más. Incapaz de plantar cara a su agresividad o de proteger a su amiga Diana, la joven tampoco se atreve a confesarle a Jaime que la ropa que él le regala le queda demasiado grande.
Durante un festival en el que ambos trabajan, Marina conoce a Eduardo, quien le facilita una acreditación de prensa y, sutilmente, una nota con su número de teléfono. ¿Qué pensaría Jaime si supiera que ella quiere tener un nuevo amigo? Entretanto, se produce otro hecho imprevisto en un evento social que lleva a Jaime a acelerar el coche hasta los 240 km/h, haciendo llorar a Marina. Esta vez la respuesta es la puerta cerrada de casa y el silencio... Aunque, al día siguiente, vuelva a haber borrón y cuenta nueva.
La autora de Comerás flores plasma también la ilusión que Marina vuelve a sentir al escribir a Eduardo y saber que hay alguien con quien puede hablar de manera normal. Ambos planean un breve encuentro en el que ríen, se besan y en el que la joven logra recuperar parte de su autoestima perdida.
Llega el 27.º cumpleaños de Marina y Jaime organiza una comida familiar en la que sorprende a todos con una petición de matrimonio, acompañada de dos flamantes anillos: uno con un zafiro azul y otro con diamantes. No obstante, Marina ya no puede engañar a su compañero de trabajo, Martín, quien ha sido testigo de su malestar y de sus lágrimas. Ella misma lo manifiesta: «Me da miedo dejarlo. Me da pánico» (pág.186).
Con la ayuda de Martín, Marina comienza a buscar un piso asequible donde además admitan a su perrita, Frida. Una noche más, un simple despiste —se le cae la llave del coche en el maletero— vuelve a desatar la ira de Jaime, y Marina comprende definitivamente que debe cortar la relación. Cuando considera que ha llegado el momento propicio, le comunica que se va a casa de su madre a pensar. A la noche siguiente, Jaime intenta la reconciliación y le promete hacer todo lo necesario para que ella esté bien a su lado. Es entonces cuando Marina le echa en cara que su vida gira únicamente en torno a él, a su trabajo y a Jimena, sin dejar espacio para ella, y le confiesa cuánto le dolió que le retirara la palabra cada vez que se enfadaba (pág. 210). Ya está. Todo ha terminado.
Esa misma noche, Marina bloquea el número de Jaime, se refugia en la casa de su madre y solicita todas las vacaciones que le quedan. Apoyándose férreamente en su familia, poco a poco van llegando los muebles al nuevo hogar donde inicia una nueva etapa junto a Frida. Tiempo después, una tarde, se encuentra a Jaime clavado en el medio de la plaza, observándola como si intentara descifrar cómo es capaz de vivir sin él. Una semana más tarde, él la aborda de nuevo en la calle, pero, esta vez, sus amigos intervienen a tiempo para salvarla.
La joven, tras diez meses, ve el reflejo en su espejo y le gusta. Vende los anillos de compromiso y compra un dominio para la web de su propia agencia. Le dedica tiempo a su padre, recordándolo al clicar en Google Maps para verlo cruzar eternamente entre su calle y la de su tía Loli. En el bolsillo lleva un puñado de chistes apuntados en servilletas de bar para hacerla reír, y en la mano, las rosquillas recién compradas. Marina consagra aún más tiempo, aunque tiene que sacar a Frida. Necesita observarlo todavía con sus deportivas y con apetito, antes de que le matase un linfoma de no Hodgkin.
Es la noche de San Juan. Rememora una anterior en la que estaba con Diana y sus amigos en la playa, jugando a adivinar títulos de películas. Suena el timbre. Esta vez cenará con Diana y su bebé en casa. Está muy tranquila: ha recuperado su equilibrio.
Reflexión
Destaco el cariño inmenso que desprende la novela hacia la figura del padre de la protagonista. De hecho, la historia comienza con su duelo y recuerdos entrañables, como las palabras de su padre en la página 12:
«El amor es lo más importante que hay en la vida»
Marina recuerda además los fines de semana en que sus manos se apoyaban en la barriga de su padre para que le contase más historias (págs. 94-95) y relatos como el de su primo Constante, con el que pescaba en la ría de Vigo cuando escucharon el canto de una sirena que había perdido su cola.
Al término de Comerás flores vuelven los instantes felices de la niñez de Marina y la certeza de que su padre —con sus cuentos— y sus amigos han sabido hacerla siempre reír, sin importar la veracidad de su esencia.
Sin duda, la familia y la amistad son pilares en esta novela debut de Lucía Solla Sobral, siendo su principal refugio en la relación desigual que plantea. En la página 118, la joven manifestaba:
—Quería romper la tradición silenciosa que había en mi casa, una que decía que era mejor que todos estuviésemos cerca y aburridos que lejos unos de otros—.
Lucía Solla Sobral concluye con un balance positivo de la identidad de la protagonista y de sus fuertes vínculos, que son quienes sostienen su lugar en el mundo.
¡Ojalá que este espacio sirva para visibilizar estas relaciones tóxicas, en las que muchas jóvenes, como la protagonista, caen rendidas ante hombres que ocultan su verdadero yo tras una máscara!
Sobre la autora
| Foto de Marco Mas |
En 2023 fue seleccionada en la Residencia Literaria de la Cidade da Cultura de Santiago de Compostela, dirigida por el escritor Javier Peña. Colabora en la Vanguardia y ha escrito para revistas como Tinta Libre o Luzes.
Su primera novela, Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025), ha sido un fenómeno de ventas en España y ha recibido los premios Ojo Crítico 2025 y Cálamo del Año 2025. Está en vías de traducción a 14 lenguas.
Ha sido finalista del XXI Premio Dulce Chacón 2026 en la categoría de Narrativa Española.
En el apartado de agradecimientos de Comerás flores, Lucía Solla Sobral menciona en especial a Marta Jiménez Serrano por todos sus consejos y por ser la primera persona que dijo que estaba escribiendo una novela, mucho antes de que la propia autora considerase que lo estaba haciendo.
De hecho, Lucía inició la obra en un taller de escritura creativa y Marta logró que convirtiera dos párrafos en las 248 páginas del libro. Sin ella —asevera—no habría existido esta novela.
Nota: Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990) es la autora de Oxigeno, libro que narra una experiencia real sobre la vida y la muerte, publicado por la editorial Alfaguara.
París despertaba tarde, de Máximo Huerta
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| Editorial Planeta |
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| Pont Louis Philippe |
Kiki, por su parte, decide entregarse por completo a su entorno bohemio. Aunque su alma pertenece a la noche, sabe que su amiga Alice necesita que la acompañe en el duelo por su amor herido; y, sin duda, lo hará. Por otro lado, Alice tiene la suerte de contar con una clienta habitual, Madeleine Le Clerqc, quien será su bienhechora y le facilitará contactos y encargos tan importantes como los uniformes para la Salpêtrière (una institución médica que, en sus inicios, acogió a mujeres indigentes y enfermas) o el acceso a su exclusivo círculo de mujeres ricas.
En la segunda parte, Paris, como sede de los Juegos Olímpicos (impulsados por su fundador, Pierre de Coubertin), nos contagia su entusiasmo ante la inminente inauguración del evento en mayo. La «Ciudad de la Luz», ahora «Ciudad de los Deportistas» acogía a tres mil atletas —en su mayoría hombres jóvenes—entrenados para ganar. Durante una tarde de entrenamiento, Alice se fija en un nadador polaco, Alexander Belov. En ese instante, la llama se enciende para ambos.
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| El almuerzo de los remeros (Auguste Renoir, 1881) |
En el cuadro original se aprecia la terraza del restaurante Fournaise y a los amigos del pintor, quienes acaban de comer y beber en un ambiente de gran alegría (página 143).
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| Iglesia de Saint-Gervais-Saint-Protais |
Alice sigue aceptando proyectos de cada vez mayor envergadura, como el de la familia Maumejean. Esta dinastía se había ganado una enorme fama como decoradora de numerosas iglesias de París, una trayectoria iniciada por el padre, Jules Pierre —considerado el rey de las vidrieras—, y continuada por sus cinco hijos, todos ellos consumados artistas en la pintura sobre vidrio. Su estrecho vínculo y amor hacia España los llevó a firmar las vidrieras de las catedrales de Sevilla, Burgos, Vitoria y Pamplona, así como las de la iglesia de San Ignacio de Loyola en San Sebastián o la basílica de Lequeitio.
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| Rue Montorgueil, 51 |
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| Basílica Sacré-Coeur |
Tras la clausura de los Juegos Olímpicos, Alexander decide quedarse en París. Comienza ayudando con los repartos en la tienda de Alice, hasta que se adentra en el mundo del boxeo de la mano de Jean Ces, un joven atleta que también había competido en las Olimpiadas. Así, el nadador pasa a convertirse en boxeador de peso gallo. El tiempo transcurre y la relación de la pareja se afianza; sin embargo, una carta procedente de Polonia, con la noticia de la grave enfermedad del padre de Alexander los separa en el otoño de 1924. El compromiso se mantiene firme, sellado con la alianza de su madre que Alex le entrega a Alice antes de partir.
Por otra parte, Máximo Huerta señala que 1924 es el gran año de Coco Chanel, quien ha triunfado con su perfume N.º5, asociada con los directores de Bourjois. Sin duda, esta fragancia —creada por el célebre perfumista Ernest Beaux (1881-1961)— supuso una auténtica revolución en todos los salones de París. Curiosamente, Alice había sido aprendiz en el taller de costura de la diseñadora.
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| Café Le Dôme |
El principal punto de reunión de estos artistas, escritores e intelectuales era la brasserie Le Dôme, situada en el nº 108 del boulevard du Montparnasse e inaugurada en 1898.
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| Violon d'Ingres |
En la actualidad Le Violon d'Ingres se encuentra en el museo Metropolitano de Arte de Nueva York. La influencia de Kiki (modelo, pintora, cantante de cabaré, actriz y escritora francesa) trascendió el papel de musa, convirtiéndose en un símbolo de libertad creativa y social de Montparnasse.
La Nochevieja de 2024, Kiki y Alice la pasaron en la brasserie Le Dôme celebrando con sus amigos. Precisamente en ese lugar se produjo un altercado violento, atajado a tiempo gracias a la valiente intervención de Ërno Hessel, quien iba acompañado de su actual pareja. Kiki y Alice lo saludaron con afecto y brindaron con champán para dar la bienvenida al año 1925.
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| Tour d'Argent |
Kiki se convierte en el puente entre los pensamientos de ambos y le transmite a Alice el anhelo de Ërno de citarse con ella en la Tour d'Argent.
Alice acude a la cita. Ërno la espera en una mesa desde la que se divisa la torre. Se trata de un lugar histórico cuyo origen se remonta a 1582 cuando abrió sus puertas como hostería a orillas del río Sena. La conversación gira en torno al progreso de sus hermanos, Claire y Jules, así como sobre los vestidos regionales que Alice ha confeccionado para el altar de la basílica. Tras la cena, visitan el Louvre y contemplan el cuadro favorito de Ërno, cuya protagonista es Betsabé con la carta del rey David. Un lienzo que encarna el momento de la duda: ser fiel o dejarse llevar por la atracción....
Alexander regresa de Polonia en el mes de abril, tras el fallecimiento de su padre, y retoma junto a Alice los preparativos de su boda, a la que se suma madame LeClercq. Sin embargo, aunque la vida parece brindarle una segunda oportunidad, Alice no consigue sentirse feliz. Una tarde, Kiki le pregunta directamente si está enamorada, y Alice confiesa que se siente apagada; algo que Claire también ha notado. Ante esto, Alice decide revelarle la verdad a su hermana: la infidelidad que cometió con el artista Kisling tras retratarla desnuda luciendo el collar de esmeraldas que le había regalado Ërno. Pero al abrir el cajón de la cómoda para buscar el consuelo de sus cartas no enviadas, descubre que estas han desaparecido.
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| Teatro Odeón (1779-1782) |
No obstante, los preparativos de la boda fijada para el 14 de julio prosiguen su curso... hasta que las bombas de un atentado anarquista destrozan el Teatro del Odeón, cercano a los jardines de Luxemburgo, al igual que multitud de fachadas de la zona.
En medio de estas circunstancias desgarradoras pierde la vida Madeleine LeClercq, quien solía frecuentar la terraza de un café próximo con sus amigas. A partir de ese fatídico día, Alice asumirá de forma definitiva la custodia de la pequeña Hortense.
Poco tiempo después, Alice recibe una carta de Ërno en la que le expresa el pésame por la muerte de su amiga y benefactora. Este hecho la abruma y vuelve a avivar sus dudas con respecto al futuro con Álex. Durante un paseo de Alice por el Sena con un libro en la mano, Máximo Huerta introduce sutilmente la figura del escritor estadounidense F. Scott Fitzgerald —quien publicó ese mismo año, 1925, su obra maestra El gran Gatsby —, así como la famosa canción Mon Homme, de Mistinguett, en la página 423.
Alice decide ir a la casa de empeños acompañada por Hortense para deshacerse del collar de esmeraldas que le había regalado Ërno, el objeto que un día quebró su destino. En ese mismo lugar se encuentra con él y es, precisamente, la mezcla de inocencia y sabiduría de la niña la que propicia que se revelen los verdaderos sentimientos de la pareja. «¿Me sigues queriendo?», —pronunció Ërno.
Se besaron y las dudas de Alice desaparecieron al instante. Del bolsillo interior de su chaqueta, Ërno sacó todas las cartas manuscritas de ella. Le confesó entonces que Kiki le había entregado una durante un viaje a Nueva York, advirtiéndole de que, si estaba dispuesto a leer las demás, debía regresar a París. Se miraron y supieron que, al fin, habían encontrado la felicidad.
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| Colina Bergeyre |
Al día siguiente era 14 de julio (como me sucede a mí ahora, en esta tarde del 13 de julio de 2026 en la que me dedico a mi mayor placer: leer y escribir en mi propio camino de letras).
Alice y Álex se citan en el estadio Bergeyre, donde se habían disputado algunos partidos de los Juegos Olímpicos, con vistas al Sacré-Coeur.
En ese mismo escenario se despiden con ternura, evocando los buenos recuerdos, y sus caminos se separan definitivamente.
«Todo lo que estaba previsto se fue como hoja de calendario, al olvido», dice el autor en la página 443.
Sin embargo, aquel 14 de julio de 1925, fiesta nacional francesa, se convirtió en una Nochevieja al aire libre. Alice la disfrutó rodeada de sus amigos, entre ellos Kiki y el artista Jules Pascin —conocido como el «Príncipe de Montparnasse» (1885-1930)—, a quienes se sumó más tarde Ërno para proponer un brindis por su futura esposa, Alice Humbert. Sin duda, París despertaba tarde es una novela con final feliz que culmina con un beso, fuegos artificiales y la contemplación del cielo en la ciudad de la luz.
En el epílogo, Kiki resalta el profundo vínculo de amistad que la une a Alice. Su amiga siempre había sido su faro de luz: una mujer de aire cándido, buena, sencilla e íntegra. Durante un paseo previo al enlace, Kili le promete que cuidará de París en su ausencia. Juntas entran en la basílica del Sacré-Coeur, donde Alice le muestra con emoción las vidrieras y la magia del arte.
La boda se celebró a las seis de la tarde del primer domingo de septiembre de 1925 en la iglesia de Saint Sulpice. Después, la música sonó en el jardín de la fallecida Madeleine LeClercq, donde todos esperaban a los recién casados. Alice representaba el triunfo del amor y el rostro de todas las modelos anónimas que alguna vez posaron para los artistas. Un final feliz con notas de Cole Porter o Bill Evans.
Máximo Huerta concluye su novela con la siguiente afirmación del escritor Luis Mateo Díez (Premio Miguel de Cervantes 2023):
Escribir una novela es culminar una obsesión
Precisamente la misma obsesión que el autor confiesa tener con París y su fascinación por los años veinte, una época rebosante de color.
Reflexión
La novela de Máximo Huerta me ha transportado al viaje que hice a París en julio de 1987. Cursaba entonces estudios en la Escuela Oficial de Turismo de Madrid. El profesor de francés nos había recomendado en ese primer año (de la diplomatura de Técnico/a de Empresas y Actividades Turísticas) practicar el idioma por medio de una estancia como jeune fille au pair en Francia.
La verdad es que tuve mucha suerte porque conocí a la familia Largentaye. Recuerdo, en especial, con mucho cariño a Inés, la abuela materna de Jacques, Cécile y Arnaud. A mi llegada a París, me quedé en su magnífico dúplex del Quai Bourbon. Tras un breve paso por la Ciudad de la Luz, nos fuimos a Normandía con los abuelos paternos en julio, y después a Bretaña en agosto, lugar en el que Inés —viuda de un alto cargo del Fondo Monetario Internacional— tenía un manoir (casa señorial). Desde luego que practiqué francés y aprendí nuevas palabras. Entre ellas «chauve-souris». Nunca se me olvidará cuando la escuché pronunciar a gritos al divisar murciélagos en la parte alta abuhardillada donde teníamos los dormitorios las jeunes filles au pair...
Al término de mi compromiso con el cuidado de los niños, Inés me invitó a pasar unos días en París. No os podéis imaginar cómo disfruté paseando por los Jardines de Luxemburgo, los alrededores del Sena o la Place du Tertre en Montmartre. También en la visita a museos imprescindibles, como el Louvre y el de Orsay, caminando por los bulevares de Saint-Germain-des-Prés y Saint-Michel o degustando los croissants au beurre (de mantequilla). Inexplicable la honda sensación que experimenté al entrar en la catedral de Notre-Dame y la basílica del Sacré-Coeur.
Gracias, Máximo, por escribir con tantas perspectivas. Tu novela es una puerta abierta al mundo del arte, el deporte, la moda y la cultura en todas sus manifestaciones: cine, literatura, música o teatro. Multitud de referencias a libros como La educación sentimental de Flaubert (página 425) que han motivado una retrospectiva en mi pensamiento, ya que lo leí hace bastante tiempo.
En París despertaba tarde hay un homenaje a los grandes deportistas de todos los tiempos, como el atleta finlandés Paavo Nurmi (ganador de cinco medallas de oro) y el nadador Johnny Weissmuller (ganador de tres medallas de oro). Sirva este espacio para mencionar a otra gran deportista actual, Carolina Marín, a la que he tenido la gran suerte de conocer el pasado 10 de julio en Lanzarote, con motivo de su participación en unas jornadas sobre gestión de destinos de turismo deportivo. Carolina ha llevado el bádminton a lo más alto y es campeona olímpica.
Nota: En la Navidad del año 2009 regresé a París. Esta vez acompañada de mi marido, Thomas, y mis hijos, Marina y Eduardo Luis. Dedicamos unos días a Disneyland, coincidiendo allí la Nochevieja, que fue realmente mágica.
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| Thomas y Syra (31.12.2009) |
Sobre el autor: https://www.maximhuerta.com/
En este blog encontrarás más reflexiones sobre novelas de Máximo Huerta. Entre ellas:
Adiós, pequeño:
https://camino-syra.blogspot.com/2023/03/adios-pequeno-maximo-huerta.html
Mamá está dormida:
https://camino-syra.blogspot.com/2026/06/mama-esta-dormida-de-maximo-huerta.html
A Julieta, una madre querida
En mayo la ventana del cielo se abrió para acoger a Julieta. Ese mismo mes habíamos viajado a Madrid para ver a nuestra hija Marina y echarle una mano con el mantenimiento de la casa. Aunque ella heredó esta habilidad de su padre, necesitaba ayuda para instalar una luminaria LED en la cocina que sustituyera al fluorescente intermitente, así como reforzar los cajones del armario del dormitorio, renovar la tela de los barrotes que dan cierta intimidad a la terraza y atender otros menesteres. El tándem funcionó muy bien.
La idea era hacer coincidir la estancia con el domingo 3 de mayo, Día de la Madre, y salir a comer con Marina a algún restaurante. La semana previa comencé a pensar en un lugar para reservar con antelación y también en algunos detalles que siempre me gusta llevar. La mayoría suelen ser gastronómicos y coinciden con los favoritos de Marina, como los batatitos, el queso de cabra tierno, las papas para arrugar y las chocolatinas Tirma. Sé que de vez en cuando invita a sus amigos a tomar algo en casa, así que las papas con mojo son una apuesta segura.
Precisamente, el 8 de abril había hablado por teléfono con Rebeca. Sabíamos por Marina la gravedad del estado de Julieta. En esa llamada sentí los últimos cuidados de una hija a su madre en el lecho acogedor del hogar familiar.
Tras la conversación, me fui a caminar por el paseo marítimo. Mientras avanzaba a paso ligero, me venían a la mente los recuerdos del viaje que Rebeca hizo a Lanzarote hace unos años durante el mes de septiembre, acompañada de otro amigo de Marina, Francesco. Los tres se conocían desde la etapa del grado universitario en la escuela TAI de Madrid.
Rememoré el instante cuando los recogimos del aeropuerto y, una vez en casa, Rebeca empezó a sacar de la maleta viandas de una caja sorpresa: jamón serrano Cinco Jotas, lomo embuchado, salchichón, chorizo, queso manchego, vino de la bodega Legaris...
—De parte de mis padres —dijo.
En nuestra reciente charla, habíamos mencionado esa generosidad mutua que también los unía a nosotros, una virtud muy propia de la gente humilde.
En efecto, Rebeca señaló que Thomas y yo éramos parecidos a sus padres, de carácter desprendido. En esa llamada no le dije que todavía conservo los elegantes pendientes que me regaló en ese viaje. Tampoco le conté, que sin darme cuenta, pisé uno de ellos en el baño. Sabía que los había adquirido en la tienda Codo de la calle Arenal, de modo que un mes de agosto en Madrid, me acerqué al local para su posible reparación. La joven dependienta los mandó al taller, pero no hubo manera de soldarlos.
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| Pendiente tienda Codo |
La última noche en Lanzarote, Rebeca expresó su deseo de invitarnos a cenar como despedida. Elegimos un restaurante frente al mar ubicado en Playa Honda llamado «Casa Tere», muy popular por la calidad de su comida y buen ambiente.
Yo solía intercambiar deseos de bienestar por escrito, a través del móvil con Julieta, en fechas navideñas. La charla también giraba en torno a nuestras hijas, y coincidíamos en lo orgullosas que estábamos de ellas.
Las habíamos animado a elegir estudios por vocación. El ámbito audiovisual no es un camino fácil: largas jornadas de trabajo, climatologías adversas, proyectos en destinos lejanos y condiciones laborales inestables. Sin embargo, la valía de ambas y el coraje de sus respectivas trayectorias son incuestionables. Hay que tener mucha sensibilidad para realizar las tareas que ellas llevan a cabo, detrás de una cámara o enfocando la luz que se necesita en un instante preciso.
—¡Qué van a decir las madres! —exclamarían ellas. Pero Julieta y yo sabíamos lo que veíamos: un inmenso corazón en cada una, con una empatía extrema por los demás. Así lo constaté el sábado 2 de mayo cuando acudimos con Marina a la Puerta del Sol a ver la recreación del heroico levantamiento del pueblo de Madrid. Ese día de 1808 se produjo el estallido de la que sería la Guerra de la Independencia, que se prolongaría hasta 1814.
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| Puerta del Sol, nº6 |
Casualmente descubrimos la cafetería ZapCoffee, a la que se accede por una zapatería (Puerta del Sol, nº 6). Se trata de un local ubicado en la segunda planta con siete ventanales que lo convierten en un mirador privilegiado sobre toda la plaza.
Pedimos un café con leche e intentamos buscar un sitio aceptable mientras llegaba Marina.
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| Interior cafetería |
A los pocos minutos apareció Marina. Tras darnos un beso se movió por la estancia eligiendo un buen punto para grabar con el móvil. El espectáculo comenzó y entonces la señora rubia se levantó. Pensé que solo captaría alguna imagen y se volvería a sentar. ¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando manifestó que tenía la intención de grabar de pie!
Las personas que estaban detrás de mí protestaron, pero ella hizo caso omiso. Una señora mayor con acento francés se dirigió a ella de manera educada, instándola a que se sentara, ya que le impedía ver el acto y tenía una discapacidad. La mujer ignoró de nuevo la petición y siguió grabando como si no estuviéramos todos detrás.
Entonces, la señora francesa se acercó a ella e hizo ademán de grabar también con el móvil, hecho que indujo a la irrespetuosa rubia a alzar el suyo para no ceder ni un ápice de su espacio. Nosotros no dábamos crédito a lo que estaba sucediendo. Entretanto, escuchamos el ruido atronador de los fusiles, bayonetas y cañones del ejército napoleónico reprimiendo la revuelta.
—¡Haga el favor de sentarse! —vociferó una familia.
Y mientras los civiles caían defendiendo la plaza con navajas y piedras, la rubia violenta defendía con uñas su trozo de cristal. Y digo «uñas», porque ante nuestro asombro, se las clavó a la pobre señora francesa en la muñeca derecha, levantándole la piel.
La chispa de la indignación de Marina creció como la pólvora. Menos mal que inmortalizó este hecho surrealista entre una española y una francesa con un vídeo que comparto en este párrafo. La misma situación de enfrentamiento que la Asociación Histórico-Cultural Voluntarios de Madrid 1808-1814 replicó con toda su crudeza ante la ciudadanía y multitud de cargos políticos el 2 de mayo de 2026.
—¡Esto no puede quedar así!— pronuncié, y me fui a la barra en busca de una camarera para explicarle lo sucedido y pedir un desinfectante. La joven, con el rostro estupefacto, se marchó a por la responsable. Tardó unos minutos y regresó sin nada, ya que el botiquín estaba vacío, pero con la orden de su superior de llamar a la policía.
La camarera me acompañó al ventanal. Desgraciadamente, la señora, enloquecida por lograr una impactante historia para Instagram, había desaparecido. Volvimos a mirar la herida de la señora francesa, quien nos sosegó, restándole importancia, e informándonos de que por la tarde iba a ver una corrida de toros a la plaza de Ventas. Le preguntamos si viajaba sola.
—Sí — contestó. Mi marido, que es médico, no ha venido.
La verdad es que poco podía hacer él desde la distancia.
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| Lago Casa de Campo (03.05.2026) |
Llegamos con antelación al bello entorno natural del lago y disfrutamos de sus vistas sentados en un banco antes de pasar al interior del restaurante. Una vez allí nos indicaron la mesa, cercana a la de una familia que ya estaba pensando en la posible comanda.
La proximidad hizo que escucháramos la conversación. La voz de una señora madura resonó rotunda detrás de mí.
—Yo quiero puerros confitados, alcachofas y pulpo a la brasa.
Su marido expresó su deseo de comer sardinas. Entonces la señora de estilo generala se dirigió a la que debía ser su nuera y le dijo: «Como tú comes muy poquito, así está bien». Una voz masculina —deduje que de su hijo— afirmó que pediría un steak tartar con ensalada. La madre además puntualizó:
—El ceviche está también muy rico. Lo añadimos.
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| Villa Verbena (03.05.26) |
La nuera parecía un cero a la izquierda. Mi cara se iluminó al ver a Marina con un precioso ramo de flores dirigiéndose a nuestra mesa.
Le di un abrazo de bienvenida y le indiqué que no se sentara todavía. Entonces le pregunté al maître si podíamos cambiarnos a la terraza. Lo consultó e hizo un gesto aprobatorio.
Laura, la camarera del espacio exterior, nos dispensó un servicio muy amable, al que se sumó el bienestar del entorno. Al terminar la comida, dimos un paseo en barca de 45 minutos.
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| La Latina (03.05.2026) |
Fue camarista de Isabel la Católica y profesora de latín de la reina. Después dio nombre al barrio madrileño donde se ubicó el hospital de la Concepción gracias a su iniciativa y donaciones.
A las 17:30h regresamos a casa para rematar el mantenimiento, ya que al día siguiente, 4 de mayo, volábamos a Lanzarote. Mientras Thomas y Marina volvían a sacar las herramientas, miré la plaza de Almodóvar desde la terraza de nuestro tercer piso.
Entonces evoqué aquel día en el que Rebeca y Marina me escucharon decir desde esa misma perspectiva: «¡Cuánto echaba de menos esta vista!». Ambas enarcaron las cejas y no explotaron de risa por educación. Las dos saben que en Lanzarote diviso el mar desde el que es, sin duda, nuestro último reducto: el piso que hemos logrado tener después de muchas vicisitudes. Una primera vivienda, fruto de nuestro trabajo y perseverancia, y también de la generosidad de nuestros seres queridos, quienes nos demostraron que ...
la mejor herencia es el amor, la empatía y la máxima ayuda en vida
El piso del barrio de Carabanchel me trae muchos recuerdos, y entre ellos, están aquellos momentos felices de la niñez y la adolescencia en los que solo debía preocuparme por estudiar, leer Esther y su mundo, salir con mi amiga Pili —hija de ebanista que vivía en la calle Zaida—, sacar a Foxy (nuestro fox terrier encontrado en la calle), comprar los domingos el periódico El País con el suplemento especial de cultura y llevar las porras recién hechas de la churrería de la avenida de Nuestra Señora de Valvanera para desayunar con mi madre y mi hermana Eva.
Han pasado 35 años desde que decidí emprender el vuelo a Lanzarote, un 3 de diciembre de 1991. Sin embargo, mi mente está llena de historias de ese inmueble de gente obrera. En el tercero D sigue viviendo Angelines, quien de soltera residía en el barrio de las Letras. Se casó con un electricista y desde entonces reside en el piso contiguo al nuestro. Algunas tardes regresa a la calle Amor de Dios, la de sus padres, y se acerca a la basílica de Jesús de Medinaceli como también hacía mi madre.
El domingo 3 de mayo, al volver a casa y subir las escaleras, nos la encontramos. Creo que ya no me reconoció. Dijo que la tarde había sido un aburrimiento y que se iba a dar un paseo porque en casa cada uno iba a su bola... Debía referirse al hijo con el que vive desde que se separó de su mujer y regresó al hogar familiar. Marina me cuenta que, de vez en cuando, toca nuestro timbre y le pide que le abra algún frasco o botella.
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| Foto de Marina Bryant |
Por eso, cuando supe que habían inaugurado un mural del genial dibujante en la calle General Ricardos, 46 no tuve la menor duda de que acabaría dedicándole algún párrafo costumbrista. En efecto, el 15 de marzo de 2025, en homenaje a la fecha de nacimiento de Francisco Ibáñez, se dio a conocer la obra de los artistas NSN997 y Kerudekolorz, inspirada en el arte urbano de los 80 y 90. La iniciativa forma parte de «Distrito 11» y su objetivo es hacer del barrio de Carabanchel un referente cultural. Este mural es ya el punto de interés de la futura Ruta de Arte.
Sin embargo, ese piso es también un refugio. Una propiedad da siempre respiro y estabilidad; mi abuela Josefa lo tuvo muy claro desde el principio. Ejerció el oficio de planchadora —aprendido de su suegra María— en la calle de Jesús, 12, para complementar el sueldo de inspector de policía de mi abuelo Pepe hasta que sus rodillas no pudieron aguantar más el peso de los años y el esfuerzo.
El matrimonio, ya jubilado, se mudó al piso sin ascensor de la avenida de Valvanera. Las escaleras hasta la tercera planta para acceder a su vivienda fueron un obstáculo que incrementó el dolor, sobre todo, de los huesos de mi abuela septuagenaria. Recuerdo con agrado su cocina que desprendía aromas murcianos (testimonio de su origen y de esa huerta famosa por su variedad y frescura), y su terraza llena de plantas que cada día regaba con esmero. También recuerdo verla en verano, sentada en una silla dormitando, ante la imposibilidad de soportar el calor que emanaba de las paredes de su dormitorio; ese que después ocupamos mi hermana Eva y yo, la tercera generación. Y ahora la cuarta, representada por Marina, quien ha dado un toque extraordinario de feng shui a la casa.
En la última novela que he leído, Mamá está dormida, su autor expresaba que el mejor patrimonio de la vida es la memoria. En especial la del corazón, aquella que magnifica los buenos recuerdos y elimina los malos. Ahí coincido con Máximo Huerta en la mirada poética a la plaza frente a la atónita de Marina y Rebeca. No obstante, hay que ser realistas. La fachada de la casa necesita una reforma integral, al igual que su interior. Los desprendimientos se suceden con frecuencia. Las chapuzas de los fontaneros y pintores contratados por la comunidad de propietarios son señales de su bajo presupuesto. Según la administradora, se acometerá una mejora en el año 2027...
Sigo escribiendo los ratos que me permite mi trabajo docente. Ya es 14 de junio. Ha pasado un mes y coincide con la pérdida de Henry Mancini hace 32 años. Un gran compositor de música de cine que nos dejó temas inolvidables como Moon River en Desayuno con diamantes o el tema de amor en la película Romeo y Julieta. Es precisamente el título de esta última el que me ha inspirado para elegir el nombre ficticio de la madre de Rebeca, respetando así su privacidad.
A ella le dedico este espacio en el que convergen anécdotas, historias de familias, amistad y un amor inmenso de madre. Sí, porque Julieta y yo, entre felicitación santoral y felicitación navideña, siempre acabábamos hablando de nuestras hijas y de los lazos fuertes que las unen tanto en momentos alegres como difíciles.
Termino con un regalo visual, que envié a Julieta, el primer día del año: una puesta de sol de Lanzarote que lleva la mirada sensible de Marina en ese instante preciso que refleja una paz infinita.
Mientras la observo, escucho una composición musical del pianista Stanton Lanier que evoca un nuevo despertar, y me imagino a Julieta descansando en ese universo al que se nos ha anticipado un 14 de mayo. Ese día, durante el recorrido, unos focos iluminaron su camino y no se apagaron. Dos semanas después, Josefina Molina, pionera en el sector audiovisual, iba a necesitar su misma luz. La primera mujer en obtener el título de directora de cine en España atravesó el umbral el 30 de mayo, Día de Canarias, y Julieta la recibió con una sonrisa. Enseguida le propuso sumarse a una tertulia:
—Josefina, te voy a presentar a unos amigos. Este es Luis, el abuelo de Marina, un artista pintor-poeta. He estado hablando con él, recordando los días de verano en que invitamos a su nieta a la casa del pueblo en Ávila. Rebeca y ella se recuperaban de sus jornadas maratonianas en los rodajes, restaurando así su cuerpo y sus neuronas.
—¡Cómo pasa el tiempo, Josefina! Y es que hoy, 6 de julio, se cumplen ya ocho años del acto de graduación de Marina y Rebeca en Madrid. No te preocupes, Josefina, porque siguen tus pasos en Cinematografía y Artes Visuales. ¿Sabes? Luis vivía en Arenas de San Pedro, localidad abulense al abrigo del Valle del Tiétar. Allí se retiró en 2005, en el que sería su último paraíso, donde sembró versos, trazos y colores hasta el 29 de marzo de 2008.
—También te presento a Francisco Ibáñez. Por cierto, dice que está encantado con el mural de 13, Rue del Percebe que han inaugurado en el barrio de Carabanchel. Desde aquí comprueba lo bien que su hija Nuria gestiona todo su legado desde el 15 de julio de 2023.
—¡Observad el firmamento!— dijo emocionada Julieta.
De pronto, unos destellos captaron la atención de Josefina, Julieta, Francisco y Luis. Se fijaron en sus haces y comprobaron que …
el origen de esa luz tan potente era el amor de todas las vidas que los continúan en la Tierra
Sirva este espacio para rendir homenaje a nuestros seres queridos que han concluido su viaje terrenal D.E.P.
Un año de una visita inolvidable: El éxito de Rabab en Ámsterdam
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| Rabab Zagari, Syra y Jackie Fontjin |
Hoy se cumple un año de mi visita a Ámsterdam dentro del programa movilidad Erasmus+, donde tuve el placer de reencontrarme con una de nuestras alumnas egresadas.
Rabab Zagari Zegari realizó una estancia de Formación Dual para la empresa Aviapartner en el aeropuerto de Lanzarote durante el curso académico 2023-24.
Aviapartner es una compañía de handling que se ocupa de facilitar servicios en tierra a las aerolíneas, tales como atención al cliente, facturación, embarque y gestión de equipajes.
Gracias a una beca de movilidad Erasmus+, Rabab pudo efectuar sus prácticas de 346 horas en el aeropuerto de Ámsterdam durante el último trimestre de formación.
Al término de estas, la empresa le propuso formar parte de la plantilla de Aviapartner Ámsterdam por un periodo de un año.
Precisamente, el día del encuentro (3 de julio 2025) que mantuve con Jackie Fontjin (a la derecha en la foto), responsable del departamento de Recursos Humanos, y Lesley Zutt, coordinadora de la estancia de prácticas, me confirmaron una magnífica noticia.
¡Rabab había sido promocionada a flight controller con un contrato indefinido!
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