Los alemanes, de Sergio del Molino
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| Ed. Alfaguara |
El autor menciona tres citas al inicio de su obra, de Denis Diderot, Franz Schubert y Hannah Arendt. Transcribo la última, tomada del libro Eichmann en Jerusalén, escrito por la filósofa y periodista:
Únicamente en sentido metafórico uno puede decir que se siente culpable no por lo que uno ha hecho, sino por lo que ha hecho el padre o el pueblo de uno. (Moralmente hablando, casi tan malo es sentirse culpable sin haber hecho nada concreto como sentirse libre de toda culpa cuando se es realmente culpable de algo).
Sergio del Molino explica, en la página 319, que el germen de esta historia nació hace unos cuantos años, cuando adquirió unos documentos antiguos en una librería anticuaria. Entre ellos se encontraban algunos panfletos con discursos de Goebbels y de otros jefes nazis, publicados en España a comienzos de los años cuarenta con el sello del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, que los editaba, aunque estaban datados en Zaragoza. Un amigo historiador le comentó que se trataba probablemente de propaganda destinada a los alemanes del Camerún, lo que acabó convirtiéndose en una fuente de inspiración literaria y de reflexión, ya que conecta con uno de los temas recurrentes de su obra: el desarraigo y la identidad.
El historiador amigo que le puso tras la pista se llama Severiano Delgado, bibliotecario de la Universidad de Salamanca. Por otra parte, el autor menciona a Pablo Bieger, un abogado madrileño que le cedió su interesante archivo, que incluía colecciones de fotos y objetos de su abuelo, traídos en su regreso de Camerún. Aunque al nieto le hubiera gustado escribir la historia de su abuelo y su familia de origen alemán, finalmente ha sido Sergio del Molino quien ha creado esta ficción basada en los hechos siguientes. En la página 11, leemos:
El 2 de mayo de 1916, los vapores Cataluña e Isla de Panay atracaron en el puerto de Cádiz. Transportaban a seiscientos veintisiete alemanes procedentes de la colonia de Camerún, conquistada por los aliados en febrero de ese mismo año, en uno de los episodios menos conocidos y menos comentados de la Gran Guerra. En lugar de rendirse a sus enemigos, los alemanes se entregaron a las autoridades españolas en Guinea. España, como potencia neutral, los acogió como internados. Ya no abandonaron el país y se instalaron, sobre todo y en otras ciudades, en Alcalá de Henares, Pamplona y Zaragoza. Pronto se harían famosos y serían conocidos como los alemanes del Camerún.
Sergio del Molino sitúa la narración en Zaragoza y nos presenta a una familia constituida por 3 hermanos: Eva, Fede y Gabi, músico renombrado que acaba de fallecer, motivo por el cual se reúnen con ocasión de su entierro. El autor nos descubre los verdaderos sentimientos de cada uno de ellos mediante el uso de la primera persona. De este modo, en el primer capítulo sabemos, a través de los recuerdos de infancia de Fede, que la familia solía ir al cementerio los sábados para limpiar las lápidas. Allí aparece Berta Klein, la mejor amiga de Gabi en el colegio, profesora de Física y residente en Hannover, con quien también coincidían al cumplir la tradición semanal.
Eva es abogada, con un futuro prometedor, y se encuentra en un momento de despegue político; Fede es profesor de filosofía en la Universidad de Ratisbona. El bienestar económico de la familia procede de su bisabuelo, Hans Schuster, quien se dedicó en Hamburgo al gremio de la charcutería, oficio que heredó su hijo, Juan Schuster, padre de Eva, Fede y Gabi.
El autor de Los alemanes desvela, a través de los diálogos interiores de los protagonistas, confesiones como el escaso apego de los hijos hacia el padre, la sensación de una madre ausente, el amor que Berta sintió por Gabi y el orgullo por su abuelo Oskar, emprendedor y generoso con su comunidad, marcado por los avatares bélicos y superviviente tras regresar a Barcelona en abril de 1954 con los últimos voluntarios de la División Azul.
En pleno duelo ocurre un hecho que sume en el desconcierto a Eva y Fede: una organización israelí los amenaza con sacar a la luz el pasado familiar, de corazón y carnet nazis. Tanto el ascenso laboral de Eva como la cátedra de Fede se tambalean. A ambos se les enseña una foto del bisabuelo, Hans Schuster, en un equipo de fútbol en Camerún. Eva consulta entonces un libro que tiene en casa sobre la historia de la colonia alemana en Camerún, desde la ocupación de Victoria por Von Bismarck en 1884 hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Justo 30 años. Sin embargo, no se mencionaba la salida de su familia en 1916 ni se narraba el desmoronamiento del sueño africano de aquellos alemanes, que constituía el libro del Génesis de su familia.
Los datos que manejaban los chantajistas incluían la generosa ayuda de los Schuster a compatriotas arios, financiando la huida de criminales o invitándolos a quedarse con la intención de mantener el Tercer Reich.
Eva tira del hilo del carrete y asocia la ruina de la fábrica familiar de salchichas con las silenciosas gestiones de su padre en Alemania. Afortunadamente, decidió liquidar la empresa antes de que los inspectores de Hacienda se lanzaran sobre ellos. Ahora intuye el destino del cuantioso desvío de fondos: sus amigos nazis.
Por otra parte, los recuerdos siguen revelando las carencias afectivas y las frecuentes discusiones políticas entre Gabi y su padre. Cuando Juan Schuster se marchaba a Hamburgo, donde afirmaba tener algún negocio, se respiraba paz en el hogar. La madre, a la que Gabi llamaba "joven decadente", cultivaba entonces su afición: interpretar y escuchar la música de Edvard Grieg, en especial las suites de Peer Gynt. Nadie echaba de menos al padre.
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| El triunfo de la muerte (Anónimo, 1440-46, Palermo). Fresco |
Asimismo, le habla de su enfermedad oncológica y cómo su abuelo consideraba al suyo, Juan Schuster, un hombre ingenuo que fue manipulado por los nazis, algo que también Gabi sospechaba.
Finalmente, la noticia sale en la prensa, hecho que supone mencionar a otros miembros de la familia, como a Gabi y su declive musical, a causa del alcohol. Los secretos de los Schuster afloran y Eva toma una decisión. Al fin y al cabo son sus muertos.
Fede también se convierte en punto de mira con palabras de desprecio en Internet. La Universidad lo relega en el último semestre a impartir sólo dos cursos quitándole los de mayor importancia, como los del doctorado. Es consciente de que es una víctima y que le han castigado por nacer en una familia y, sobre todo, por tener una hermana a la que no se ha podido corromper. Ella ha perdido mucho más que él, su futuro. Él, en cambio, el pasado, y un presente que no le gustaba. Una verdadera heroína.
La novela finaliza en el cementerio alemán, lugar que vuelve a reunir a familiares y allegados. En esta ocasión, de Berta. Han pasado dos meses de la ausencia de Gabi y todos recuerdan que a ambos los unía la música como el gusto por Schubert, el compositor de las cosas inacabadas, como inacabada quedó la vida de los dos amigos. Transcribo la siguiente cita de Schubert en su diario:
Nadie comprende el dolor del otro, y nadie comprende la alegría del otro. Siempre pensamos ir hacia el otro, pero lo único que hacemos es pasar unos al lado de otros. Qué padecimiento para quien se da cuenta de esto (página 316)
Sobre el autor
Nihil obstat: Nada se opone.... (y cada vez menos a manifestar lo que siento y me sucede)
Lo raro es vivir, de Carmen Martín Gaite
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| Anagrama |
hay veces en que lo normal pasa a extraordinario así por las buenas y lo notamos sin saber cómo
Águeda está unida a un arquitecto, Tomás, con un carácter equilibrado que le proporciona la calma que necesita, sobre todo, en este momento en el que la visita al abuelo había dejado a la intemperie una serie de cables de distintas procedencias que estaban a punto de provocar cortocircuito. Las llamadas de Tomás, desde Jaén, donde estaba trabajando, le proporcionaban sosiego.
Un día que Águeda coge el metro, hecho que metafóricamente lo cita como bajar al bosque, coincide con un amigo, Félix, al que hace tiempo no veía. Toman un café y rememoran la época en la que frecuentaban locales de música rock. Félix se sorprende mucho que haya estudiado una oposición y sea archivera. Una de las ventajas de serlo es que Águeda conoce a gente muy interesante, tal es el caso de un profesor de La Sorbona, Ambroise Dupont, que se ocupaba del estado del clero español a finales del siglo XVIII. Fue él quien le habló de Vidal y Villalba, motivo que propició su mayor dedicación a la historia.
Por otra parte, a Águeda le quedan asuntos pendientes. Uno de ellos es hablar con su padre, Ismael, sobre la causa de la muerte de su madre. Finalmente se ven y su padre le confirma que el desencadenante fue un aneurisma. Otro asunto que siempre ha pospuesto era llamar a Rosario Tena. Entonces se acuerda de cómo entró a formar parte de su vida. En esa época, ella era estudiante y Rosario fue nombrada sustituta del catedrático titular de Historia del Arte en el Instituto. Le entusiasmaba la pintura del trecento italiano y transmitió al alumnado su pasión por esta asignatura. Les mostró obras de artistas como Giotto con temática de La divina comedia: ascensión y caída, levitación y abismo, miedo y coraje, y siempre la amenaza de la muerte rondando como un cortejo invisible a la vida. Al término de la clase, Águeda escribió Lo raro es vivir, posible título para una canción.
Asimismo, en la narración es evidente que Águeda y su madre tenían sus diferencias. Se menciona la separación de sus padres y la compra de un dúplex por la zona del Bernabeu donde apenas vivió 5 meses con su madre, ya que se mudó a un ático en Antón Martín en el que disfrutó de su libertad con Roque. El encuentro casual con Rosario en una sala del museo Reina Sofía supuso un cambio radical. La profesora pasaba por una mala racha. No tenía trabajo y se había quedado sin alojamiento. Águeda le pide a su madre que la dejara residir temporalmente en su parte del dúplex. Lo que no podía suponer es que el sueño de Rosario de ser artista, aunque era mediocre, se iba a hacer realidad gracias a su propia madre, Águeda Luengo, una pintora reconocida, y que ambas vivirían juntas hasta el fatal desenlace.
Pura telepatía, piensa Águeda, cuando decide llamar a la residencia para visitar a su abuelo y Ramiro Núñez se le adelanta al otro lado del hilo telefónico. Previamente fijan la cita en el jardín. El médico le informa que su abuelo leyó la carta que le envió. Tras un período de mutismo y negación, incluso con una embolia pasajera y afasia, había manifestado su deseo de verla. De modo que Águeda se dirige, disfrazada de su madre, a la habitación de su abuelo. Entra. Le parece que estaba hablando solo. Siente nervios y como siempre en esa situación no supo qué hacer con sus manos, lo cual dijo en voz alta, convirtiéndose de pronto en esa niña que ha descorrido una cortina roja, se ha asomado al despacho de su abuelo, y quiere que él lo sepa y la haga caso, interrumpirle en sus meditaciones.
-No le des vueltas a las cosas, padrito-dijo Águeda. El secreto de la felicidad está en no insistir. Entonces, el abuelo asiente. -Eso decías al volver del viaje de novios. Y luego mira, pasó lo que pasó. Obviamente, el abuelo se refería a su padre, Ismael, de quien afirma nunca la entendió. Claro, no se le podían pedir peras al olmo. La conversación la dirige el abuelo hacia la relación despegada con su hija, hecho que hace que la nieta manifieste que es lo que más quiere en este mundo. Pues díselo- interrumpió él. Sin embargo, el recuerdo de un incidente en un tren confirma a Águeda que el abuelo sabía que estaba hablando con su nieta. En el fondo se trataba de laberintos familiares. Entonces don Basilio sufre un ataque y el equipo médico se lo lleva de la habitación.
Águeda se marcha a casa. Durante el trayecto de regreso al hogar, su abuelo muere. Tomás había vuelto, de modo que le dan a él la noticia primero. Afortunadamente, Tomás era su consuelo. Águeda pone fin a la herencia de historias ajenas. Esa noche será el germen de una hija, Cecilia, y de un futuro en el que se centrará en su propia vida. Águeda retoma el estudio sobre Vidal y Villalba.
NOTA:
Me he sentido muy afín a Águeda Soler en expresiones que subrayan la imposibilidad de concentrarse en una solo tema. En la página 145, dice Carmen Martín Gaite:
- otros investigadores se concentran en su tema, van al grano y punto, son capaces de separarlo de lo demás. Pero yo no puedo. Para mí todo es grano-.
Cuando lo leí me vi totalmente reflejada, ya que suele ocurrirme lo mismo. Para mí todo es grano.....
Carmen Martín Gaite es una escritora que nos acerca a la complejidad del ser humano de una forma transparente y certera. ¡GRACIAS!
Sobre la autora (Salamanca, 1925-Madrid, 2000)
Autora de una amplia obra narrativa, de extraordinaria calidad, iniciada en 1954 con El balneario (premio Café Gijón de relatos) y continuada con las novelas Entre visillos, Ritmo lento, Retahílas, Fragmentos de interior y El cuarto de atrás.
En la editorial Anagrama publica Nubosidad variable, La Reina de las Nieves y Lo raro es vivir, así como Cuentos completos y un monólogo y los libros de ensayo e investigación histórica Usos amorosos se la postguerra española (Premio Anagrama de Ensayo), Usos amorosos del dieciocho en España, El proceso de Macanaz, El cuento de nunca acabar y Agua pasada.
Ha obtenido, entre otros premios, el Nadal, el Nacional de Literatura, el Anagrama de Ensayo, el Príncipe de Asturias de las Letras y el Castilla y León de las Letras.
Hamnet, de Maggie O'Farrell
En la antesala a la interesante charla con el escritor Sergio del Molino, que tuvo lugar el pasado 6 de noviembre (El Fondeadero, Puerto del Carmen) en el marco de la III Edición del Festival de Literatura, coincidí con una amante de los libros que no veía hace bastante tiempo. Nos miramos y ella inquirió: ¿No me reconoces? Sí, contesté yo, recordando nuestras tertulias literarias en Tías. En efecto -pensé- es Lourdes Hernández Alemán.
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| Libros del Asteroide |
Myriam pasó por mi izquierda buscando la salida. A pesar de la luz de un foco que nos cegaba, la saludé y presenté a Lourdes, alabando la trayectoria de "Eliza", ya que el 21 de noviembre viajaba a Tenerife a otra presentación. Nos despedimos y seguimos la conversación. Esta vez, Lourdes me recomendó la lectura de "Hamnet", de Libros del Asteroide (2021). Su autora es Maggie O'Farrell -me dijo- y escribe con trasfondo poético. Lo tendré en cuenta -respondí.
Al día siguiente, tras mi jornada laboral en el CIFP Zonzamas, me dirigí a la Biblioteca Insular de Arrecife. Me indicaron dónde estaba y aquella misma tarde de viernes inicié su lectura. Agradezco a Lourdes su oportuna sugerencia, ya que también opino que Maggie O'Farrell desprende lirismo en su narrativa.
La referencia histórica nos sitúa en la década de 1580, en la que una pareja residente en Hemley Street (Stratford) tuvo tres hijos: Susana, Hamnet y Judith, gemelos. Hamnet, el niño, murió en 1596 a los once años. Cuatro años más tarde su padre escribió una obra de teatro titulada Hamlet.
La autora nos describe a Hamnet como un niño despierto y soñador que pierde el hilo de la realidad por el de la imaginación. Sin embargo, en ese momento tiene una misión: encontrar a un adulto y pedir ayuda para su hermana Judith que se siente enferma. Recorre las estancias de su casa y del taller de guantes del abuelo. No hay nadie. La desesperación va en aumento. Acude a la vivienda del médico. Regresa. Solo silencio en el hogar.
Mientras tanto, Agnes, su madre, se encuentra a unos dos kilómetros, en la propiedad en la que nació. Allí se ocupa de una extensión donde cría abejas y siembra hierbas, flores y plantas que le sirven como remedios curativos. La abuela y Susana han salido a la calle. Su padre trabaja en Londres.
La historia nos lleva quince años antes. El bosque representa un imán para Agnes quien ha heredado de su madre no solo la bondad sino esa capacidad que demuestra para predecir y sanar. La relación entre Agnes y su hermano Bartholomew, desde que murió la madre en el tercer parto, es un pilar sólido. Se produce entonces el romance entre Agnes y el preceptor de latín, hijo del guantero, quien da clases en la finca de Hewlands a los hermanos pequeños, nacidos del segundo matrimonio del padre de Agnes, granjero, y Joan.
Por otra parte, la autora nos muestra la tensa relación entre el guantero y su hijo, ya que quiere que continúe con su oficio, deseo que no comparte el preceptor de latín quien tiene otros anhelos. Así lo expresa a su hermana, Eliza. ¡Qué curioso, pensé, cuando leí su nombre! El mismo que eligió Myriam Ybot para el título de su primera novela .....
Al saberse la noticia del embarazo de Agnes, se decide celebrar la boda. Detrás hay un interés: el guantero sabe que la joven cuenta con una herencia a futuro. De modo que facilita el enlace y la vivienda de la pareja al lado del hogar familiar. Agnes se adapta a las diferentes rutinas en la villa y a la convivencia con sus suegros, comprendiendo también el paisaje de cavernas y oquedades que percibiera al conocer a su marido. En realidad, está dividido en dos. Solo con ella muestra su verdadera sensibilidad y el hombre que lleva dentro. Será Agnes quien le impulse a irse a Londres para expandir el negocio de guantes de su padre y alejarse de la tiranía paternal que le sume en la melancolía.
Tras unos años felices en los que Susana, Hamnet y Judith crecen con amor y cuidados, la desgracia les acecha. Precisamente, en la humilde casita en la que Agnes había aliviado tantos males de forma generosa, entra la cruel peste con un claro objetivo. El mal que aqueja a Judith no tiene cura ni su madre cuenta con remedio para evitarlo. Eliza escribe una carta para avisar a su hermano de la situación. Finalmente, le llega a la pequeña villa de los alrededores de Kent donde se encontraba en compañía de actores con quienes realiza obras de teatro en corrales de comedias. Tras leerla, coge un caballo y emprende camino a Stratford. ¿Conseguirá ver a Judith con vida?
La historia da un giro inesperado. Nos desvela que el destino ha tendido una trampa a Agnes que ha estado todo el tiempo protegiendo a Judith y concentrando su atención sólo en ella. La despiadada enfermedad ha elegido a Hamnet, el hijo más sano y robusto. Agnes, sin comprender este imprevisible golpe, amortaja delicadamente a su hijo. La autora detalla cada uno de los gestos de forma sublime. Nos emocionamos ante la renuncia de una madre a un cuerpo que debe entregar a la tierra para no volver a verlo nunca más. Agnes afirma que todo su ser es añoranza (pág. 254). Por otra parte, es conmovedor el momento de la llegada del padre. Ese instante en el que retira el sudario y toca la mejilla fría de Hamnet.
A partir de entonces, el vacío. El padre de Hamnet está de nuevo atrapado en una red de ausencias. No obstante, es consciente de que si no regresa a Londres, la compañía sucumbirá al caos. Debe volver, aunque Agnes y las niñas lo necesiten. No hay vuelta atrás, a pesar de que Agnes sueñe con deshacer la madeja de la muerte de su hijo. La atormentada madre protegerá con todo su afán a Susana y Judith mientras su vida va a la deriva. Su hija mayor se da cuenta y toma las riendas del hogar poco a poco.
Transcurren casi 12 meses y el padre regresa. La aflicción por Hamnet - confiesa a Agnes- le sigue enloqueciendo. Lo busca sin descanso, en todas las calles, entre la multitud, entre el público, siempre. Además le expresa su idea de comprar una casa en Stratford y de que vivan en un sitio nuevo. Con la ayuda de Bartholomew se hace realidad. La propiedad es muy grande. En el huerto Agnes recobra su paz, sembrando y facilitando remedios, lugar en el que Judith siempre la presta ayuda, mientras Susana se ocupa del gobierno de la casa.
El padre suele ir dos veces al año a ver a la familia. Sin embargo, desde la última vez ha pasado más tiempo del acostumbrado. Agnes se entera por Joan, su madrastra, que va a estrenar en Londres una nueva obra y no es una comedia, sino una tragedia. Es cierto, en el cartel está escrita esa palabra y el nombre de Hamnet. Decide entonces ir a Londres a caballo con su hermano y comprobar la realidad. Cuando llegan, el marido de Agnes se encuentra en el corral de comedias. Allí se dirige solo ella, dejándose llevar por la corriente del público.
Empieza la función. Todo el mundo está pendiente de los actores y de lo que dicen. Al principio, Agnes no entiende su argumento hasta que comprueba que en el escenario se habla de la posible aparición de un espectro. Escucha pronunciar a un actor el nombre de Hamlet. Agnes ve a un joven con la edad que tendría ahora Hamnet si viviera. Habla y se mueve como su propio hijo. El Hamlet del escenario son dos personas, el joven, vivo, y el padre muerto. Está vivo y muerto al mismo tiempo. Su marido lo ha devuelto a la vida de la única forma que podía. Mientras el fantasma habla, interpreta que, al escribir esta obra, su marido se ha cambiado el sitio con su hijo. Ha hecho lo que habría deseado hacer cualquier padre, sufrir él para que no sufriera su hijo, ponerse en su lugar, ofrecerse a sí mismo para que el niño pudiera vivir.
Sin duda, la percepción de Agnes la última vez, al tocar a su marido y sentir que el interior desprendía sólo corazón, era cierta.
NOTA: Esta novela me ha acompañado desde el día 7 de noviembre (fecha de nacimiento de mi madre) hasta la presente semana, coincidente también con la fecha de nacimiento de mi padre, el 28 de noviembre. Ambos hubieran cumplido 85 y 90 años de haber vivido.
La última palabra que pronuncia el padre de Hamnet, en el papel del fantasma, es Recuérdame. Lo hace mirando a su mujer, quien se siente realmente emocionada, tras descubrir la obra inmensa de amor que su marido ha escrito dedicada a Hamnet.
Sin duda, recordar es lo que llevo haciendo desde que ambos emprendieron su camino eterno. En otras ocasiones, he manifestado que este blog nació con la muerte de mi padre en 2008, tras escribirle una elegía en Tías la madrugada del 29 de marzo y leerla en el cementerio de Arenas de San Pedro (Ávila), donde descansa. Desde entonces, mi afición por la literatura y escritura ha ido en aumento. Se ha convertido en mi paz y equilibrio, complementando a mi faceta profesional, la docencia.
Finalizo agradeciendo de nuevo a Lourdes Hernández su acertada sugerencia. Mencionar que tuvimos un segundo encuentro casual el sábado 15 de noviembre. Tras la visita del conjunto arqueológico "La Peña de Las Cucharas-Fiquinineo", mi marido y yo fuimos a comer al teleclub de Tahiche. En el momento de abandonar el local, reconocí a Lourdes en una mesa, en compañía de su marido y una amiga. Nos saludamos con efusividad y le dije que estaba inmersa en la lectura de Hamnet.
También a la tercera edición del Festival de Literatura de Lanzarote (FDLL) que propició este reencuentro en la charla de Sergio del Molino. Por cierto, ya estoy inmersa en la lectura de Los alemanes, publicada por la editorial Alfaguara.
Y, por supuesto, a su autora, Maggie O'Farrell quien expresa al final que Hamnet se trata de una obra de ficción inspirada en la breve vida de un niño que murió en Stratford, Warwickshire, el verano de 1596. Este hecho la llevó a relacionarlo con la muerte de Hamnet Shakespeare cuyo entierro está registrado, pero no la causa de la muerte. Es decir, no se menciona que fuera la peste negra. Esta ausencia de información es el origen de la intriga cuya búsqueda y especulaciones da cuerpo a esta novela.
y que vuelos de ángeles te acompañen cantando
a tu final descanso
(WILLIAM SHAKESPEARE)
Esta novela cuenta con una adaptación cinematográfica, dirigida por Cloé Zhao. El estreno está previsto en enero de 2026.
Sobre la autora
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| Maggie O'Farrell |
After You'd Gone (2000), My Lover's Lover (2002), The Distance Between Us (2004, ganadora del premio Somerset Maugham), La extraña desaparición de Esme Lennox (2007), La primera mano que sostuvo la mía (2010; Libros del Asteroide, 2018; ganadora del premio Costa de novela). Instrucciones para una ola de calor (2013) y Tiene que ser aquí (2016; Libros del Asteroide, 2017), y un libro de memorias, Sigo aquí (2017; Libros del Asteroide, 2019).
Su última obra Hamnet (2010; Libros del Asteroide, 2021), por la que ha recibido el prestigioso Women's Prize for Fiction, ha sido considerada por la crítica y los lectores como una de las grandes novelas del año y uno de los diez mejores libros de 2020 según The New York Times y The Washington Post.
Soria Moria, de Espido Freire
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| Editorial Algaida |
El relato nos lleva al comienzo del verano de 1936 con la visita de Isabella a Dolores en la que se nos desvela que Scott murió. ¿Se podía haber evitado?
La autora nos sitúa de nuevo en el origen de la narración, el verano de 1914 en Santa Cruz de Tenerife, y nos recuerda que las islas Canarias eran elegidas por algunos inversores en vez de continuar viaje a colonias británicas u holandesas. La familia protagonista la constituye el matrimonio del mayor Hamilton-Cecily, y sus hijas: Candela, Linda y Dolores. Asimismo, se destaca su posición adinerada. Poseían 3 fincas, una en Santa Cruz, otra en la Orotava y la última, en Fuerteventura.
Espido Freire habla de la pérdida de Cuba y de la frustración que supuso, en tierra canaria, la llegada de los barcos con los soldados que habían luchado sin lograr nada. Un ejemplo es el del vapor Pío IX, que el 17 de febrero de 1899 arribó a las Palmas con 114 supervivientes. Le seguirían otros barcos que pasarían casi desapercibidos.
En este contexto militar destaca Alfred Nolan, quien elige Tenerife para vivir tras su paso por la India. Será él quien se case con Candela, la primogénita de la familia Hamilton. A Cecily, de carácter resiliente y estricto, le parece el mejor partido posible, a pesar de ser mucho mayor que su hija. Después, será Linda quien lo haga en Gibraltar.
Mientras tanto, el matrimonio decide ir a la finca de Fuerteventura con Dolores; sus amigas, Isabella y Lucía; Scott (el primo de Lucía); y Thomas, su amigo americano. Allí, el ritmo es distinto al de la Orotava. Hay libertad y tiempo para escuchar las historias del mayor Hamilton. Sin embargo, también lo hay para descubrir el verdadero interior de Dolores e Isabella, desencadenantes de un suceso en el mar que siempre ocultarán: la muerte de Lucía, cuando Thomas empezaba a mostrar interés por salir con ella.
Tras el regreso a Tenerife, los encuentros entre Isabella, Dolores, Scott y Thomas se consolidan, dejándose llevar por rutinas placenteras en las casas de ambas hasta el inicio de la universidad, que aguardaba a los jóvenes. Allí disfrutaban de las aventuras de Soria Moria, donde cada uno interpretaba su personaje, convirtiéndose en ladies y duques.
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| Gran Hotel Taoro (la Orotava) |
Sin duda, el destino de Dolores ya estaba definido. Cecily no contempla que continúe sus estudios y rechaza la sugerencia de la madre de Isabella para que lo hiciera en Suiza.
Su intención, a partir de ahora, será conseguir que Thomas se declare antes de que llegue el verano, sin tener en cuenta los verdaderos sentimientos de su hija pequeña hacia Scott. La vida social sigue su curso, asistiendo a fiestas como la del Gran Hotel Taoro. Dolores, hija obediente, ya no dedica tiempo a Scott sino a Thomas. Su madre sabe que el joven pertenece a la familia de Yeoman Bros y que, así, podría asegurarse un futuro con holgura.
El 28 de junio de 1914 sucedía un hecho insólito: el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del Imperio Austrohúngaro, y de su esposa Sofía en Sarajevo. Alemania declara la guerra a Rusia. Los cuatro amigos tenían la esperanza de que Inglaterra se mantuviera neutral. Finalmente, el deseo de Cecily se cumple: Dolores y Thomas formalizan su compromiso. Es el momento de aconsejar a su hija con prudencia hasta el día del enlace.
Desgraciadamente, el destino de Scott y Thomas se ve malogrado: ambos mueren en la Primera Guerra Mundial. El reencuentro de Dolores e Isabella, a la edad de 35 años, reaviva el pasado de Soria Moria. aquel en el que se sentían invencibles hasta que estalló la guerra. No obstante, la reflexión final de Dolores es convincente: se siente afortunada por haberse casado con un hombre bueno, Eduardo Berriel, por haber tenido 6 hijos sanos y, sobre todo,por haber contado con la ayuda incondicional de su madre, Cecily.
Sobre la autora
Espido Freire (Bilbao, 1974) publicó su primera novela Irlanda en 1998. Donde siempre es octubre aparece en 1999, y medio año más tarde con Melocotones helados consiguió el Premio Planeta de Novela, convirtiéndose a los 25 años en la ganadora más joven en obtenerlo. Su ensayo Primer amor surgió en 2000, y su primer libro de poemas, Aland la blanca, en 2001, al igual que su novela juvenil La última batalla. Ese mismo año también publica la novela Diabulus in musica y obtiene el Premio NH de Relatos con su libro El tiempo huye.
En 2002 aparece el ensayo Cuando comer es un infierno, y en 2003 el libro Cuentos malvados y la novela Nos espera la noche. En 2004 publicó el ensayo Querida Jane, querida Charlotte -sobre la vida obra de Jane Austen y las hermanas Brontë -, el libro de cuentos Juegos míos y su última novela, escrita a cuatro manos con Raúl del Pozo, La diosa del pubis azul. Asimismo, ha publicado Mileuristas.
Sus cuentos forman parte de antologías colectivas como Vidas de mujer (Alianza Editorial, 1999), Lo del Amor es un cuento (2000), Ser mujer (2000), Fobias (2002), Ni Ariadnas ni Penélopes (2002), Orosia (2002), o Sobre raíles (2003), entre otras.
Ha sido traducida al francés, alemán, portugués, griego, polaco, holandés y turco. Su novela Irlanda recibió en 1999 el premio francés Millepage, que los libreros galos conceden a la novela revelación extranjera. En mayo del 2000 también recibió el premio Qué leer a la mejor novela española del año.
La crítica la ha saludado como a una de las voces más interesantes de la narrativa española, y las alabanzas que surgieron con su primera obra han acompañado sus siguientes novelas, como es el caso de la que nos ocupa en este espacio, Soria Moria (Algaida, XXXIX Premio de Novela Ateneo de Sevilla 2006), Llamadme Alejandra (Planeta, Premio Azorín 2017) y De la melancolía (Planeta, 2019).
El ángel perdido, de Javier Sierra
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| Editorial Planeta |
La última novela que leí del mismo autor fue "El plan maestro" y constato el fuerte vínculo que las une. En este caso, la protagonista es Julia Álvarez, una joven restauradora de arte con un don especial. La historia comienza la primera noche de noviembre en el interior de la catedral de Santiago de Compostela donde es abordada por un intruso con aspecto de monje que portaba una bolsa.
Julia es sorprendida en su turno de noche por una ráfaga de impactos y la visión de una sustancia etérea, traslúcida como un velo, flotando a unos 20 mts de altura que desprende haces de luz eléctricos de tono anaranjado. A partir de ese momento, su vida se convierte en un desasosiego constante, apareciendo en escena personas como Nicholas Allen, coronel americano con la misión de protegerla, quien le desvela que su marido, el científico Martin Faber, ha sido secuestrado.
En la conversación que mantienen, Julia relata la obsesión de su marido y familia por el ocultismo y la devoción a John Dee, el mago y astrólogo personal de la reina Isabel de Inglaterra, quien desarrolló un sistema para comunicarse con los ángeles que sigue siendo un misterio; de él heredan sus libros y sortilegios. El hilo conductor de esta novela con trasfondo policial es la existencia de dos talismanes con poderes extraordinarios que sirven como puente con el mundo angélico.
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| Santa Mª de Noia |
Ese día también conoció a uno de los amigos de Martin, Artemi Dujok, procedente de Armenia. El mismo que 5 años después la conduciría en helicóptero, tras un bombardeo de ondas delta, a la población de Noia, el lugar en el que Julia vivía cuando Martin llegó como peregrino haciendo el Camino de Santiago. Allí, en la iglesia de su primer encuentro, en el interior de un sarcófago, supuso Dujok que estaba escondida su adamanta o piedra del paraíso, indispensable para activar y obtener las coordenadas de Martin en el monte Ararat.
Sin embargo, hay otros lugares como en la Casa Blanca de EEUU donde también se busca una vía de comunicación con Dios. La actividad de los primeros servicios secretos, conocidos con el nombre de Operación Elías, sigue vigente. Se decide enviar a Galicia a una agente, Ellen Watson, en representación de la Oficina Ejecutiva del Presidente de EEUU, con el fin de hacerse con la adamanta de Julia, ya que han perdido el contacto con el coronel Nick Allen.
Tras la activación de la adamanta en Noia, Artemi Dujok es capaz de visionar las coordenadas de Martin. Asimismo, desvela a Julia su verdadera personalidad: un sheikh, en árabe significa maestro, tutor o sabio, y que acaba de abrir una escalera al cielo. Además le enseña una reliquia de la época de John Dee, una mesa de invocación, a la que llaman Amrat, por medio de la cual los ángeles advierten de hechos muy serios. La misma, según la leyenda, que Jeremías utilizó para atender la Palabra de Dios y escribir el libro de profecías que incorporó a la Biblia. Su objetivo es ahora llegar al norte de Turquía, rescatar a Martin Faber y proteger las adamantas. Para ello, los yezidís aceptan la colaboración de Ellen Watson, la asesora del presidente.
De esta forma, llegan al lugar de las coordenadas donde Daniel Knight, amigo de Martin, explica a Julia que, en efecto, son personas dotadas de una psique más despierta y de otra sensibilidad. Su don les permitirá reconectar de nuevo con sus orígenes y salir de este mundo, hecho que intentó John Dee pero se truncó con su muerte en 1608.
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| Monte Ararat |
Un lugar sagrado en el que nació una de las primeras civilizaciones del mundo. El pico, el más alto de Turquía, mide 5.137 mts.
El autor habla de la etimología de los topónimos de la zona que confirman la relación con este episodio. En la cara norte hay un poblado que se llama Masher, "Día del Juicio Final", y en el lado armenio, la capital es Ereván, expresión que dicen fue pronunciada por Noé al descender del arca y fijarse en esas tierras.
A este lugar sagrado es dirigida Julia por Artemi Dujok en el que se produce el reencuentro con su marido y sus suegros. El anciano Faber le muestra unas letras en el Arca que pronunciadas correctamente podrían abrirles la llave al sitio que les corresponde y Martin le asegura que una masa de plasma solar se acerca. Se trata del día grande y terrible del que la Biblia habla. Necesitan por tanto que las ondas cerebrales de Julia alcancen la frecuencia delta situándose entre uno y cuatro hercios, franja en la que surgen los trances mediúmnicos, a través de la mesa de invocación a la que es conectada.
Recuerda lo que eres capaz de hacer con tu don
Esa frase lleva a Julia a su niñez, a una noche de Difuntos en la que su abuela y su tía le descubren el don que porta, el de la visión, que le permitirá acceder a umbrales de la percepción ajenos a la mayoría de los humanos. No obstante, implica responsabilidad, Deberá utilizarlo para socorrer a la comunidad.
El coronel Allen aparece en el momento idóneo para salvar a su compañera Ellen Watson y a Julia. Los ángeles caídos desaparecen envueltos en arañas eléctricas. La escala de Jacob se había desplegado por primera vez en cuatro mil años para recoger a Martin y los suyos. Las mediciones informan de un sismo de 6,3 grados de magnitud en el pico mayor de la cordillera.
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| Pórtico de la Gloria (1188) |
Tras el regreso a España, el padre Benigno Fornés se interesa por Julia y la cita en la catedral de Santiago porque quiere contarle un secreto.
Sobre el pórtico de la Gloria, el deán afirma que siempre fue una valiente defendiendo con convicción el deterioro de las imágenes del Pórtico. Recuerda al maestro Mateo y el anterior pórtico que hubo antes de 1188, el que mostraba una portada con la trasmutación y ascensión del Señor a los cielos desde la cima del monte Tabor. Desgraciadamente fue despiezado y sus piedras se dispersaron por toda Galicia.
Don Benigno le enseña a Julia la escultura debajo de la que marcaba el centro del Pórtico. Representa a Gilgamesh, el héroe que dominó a las bestias camino del Edén y que fracasó en su empeño de vencer a la muerte. Sin embargo, milenios más tarde, otro hombre mitad divino mitad humano lo consiguió. Es decir, Jesús de Nazaret quien trasmutó su cuerpo físico en otro hecho de luz, el símbolo perfecto de todos los misterios que nos rodean.
Al final de la novela, Javier Sierra nos dice que desde hace años trata de ambientar sus obras sobre escenarios y trasfondos históricos reales, cimentándolos en hechos comprobables. Es el caso de este libro que motivó su ascenso el 10/10/10 al monte Ararat. Además de visitar la montaña sagrada, el autor hace referencia a otros lugares mencionados anteriormente en el análisis de "El ángel perdido" como la vieja iglesia de las lápidas de Noia. Por último, manifiesta su creencia en la existencia de los ángeles y en sobrevivir más allá de la muerte.
Sobre el autor
Nota: Le dedico esta reflexión a mi madre, María Arias Collados, hoy 7 de noviembre, fecha de su nacimiento, y que de vivir hubiera cumplido 85 años. Estoy segura que es un ángel de la guarda para la familia desde el firmamento en el que descansa y nos observa.
El plan maestro, Javier Sierra
No podía imaginar la estrecha relación que tendría con el contenido de "El maestro del Prado", libro que precisamente había recordado en redes sociales el 2 de agosto 2025, al cumplirse 12 años de su análisis y recomendación en este blog.
La dedicatoria supone una profunda reflexión, en recuerdo y gratitud hacia tres de sus maestros, y ha pasado a formar parte de mi ideario. Reza así:
El buen maestro no es quien te da el conocimiento,sino quien te enseña a encontrarlo
En la primera línea del relato, Javier Sierra afirma que la memoria es una "maldita trampa" y que tiene la obsesión de mantenerla a salvo. Recuerda a Luis Fovel, el guardián del arte que lo guío por obras con especial significado e inspiró la escritura de "El maestro del Prado", tras cuya publicación recibió muchas cartas de lectores que relataban encuentros similares con un extraño que se acercaba a un joven o a un niño en un lugar público, ganándose su confianza sobre conversaciones de arte e historia. Después desaparecía.
Así pues, el escritor ha sentido la necesidad de reabrir el caso, incidiendo en obras maestras de la pintura que han sido utilizadas como puertas, empujando a nuestra conciencia a aceptar que coexistimos con mundos sutiles. La frase de Pitágoras, -"El comienzo de la sabiduría es el silencio"-, que pronunciara Luis Fovel, quizá constituía una lección....
Tras este preámbulo, Javier Sierra narra el verano familiar de 2013, durante el cual visitó las cuevas rupestres del norte de España. El escritor tenía un plan secreto: había leído que los niños de hasta 8 o 9 años poseían un instinto innato para reconocer arte en una pared prehistórica. Era el momento ideal. Su hijo Martín tenía 8 años y Sofía, casi siete. Con su mujer, Eva, cómplice de la operación "Vultus" (mirada, en latín), puso en práctica su intuición en la primera cueva: Hornos de la Peña, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008. En efecto, los niños distinguieron enseguida la silueta de un caballo, una figura gris casi imperceptible, cuando la guía, Sandra, les invitó a descubrir alguna forma en la pared de roca. Parecía magia...
Por otra parte, el autor nos presenta al sacerdote Luc Durand. En ese momento, se encuentra en el Museo del Louvre, adonde suele acudir porque el arte es religión. En una sala, frente a la vitrina que contiene un amuleto asirio de bronce con la efigie de una extraña criatura alada, se produce un encuentro no tan casual con un anciano llamado Belfegor, quien insiste en que se fije en la llamada placa del infierno o muleto de la conspiración (ca. 1700 a. C.). En ella, dos hombres cubiertos por "un traje de pez" representan a dos de los 7 sabios que, según la mitología mesopotámica, fueron enviados al mundo por el dios Enki para entregar la cultura a los humanos. De pronto, Belfegor se convirtió en pez. A Luc Durand le temblaron las piernas. ¿Había sido un sueño?
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| El carro de heno (ca. 1516) |
La sala 56A fue el punto de encuentro. Allí contemplaron el tríptico del Jardín de las delicias, aludiendo a hechos inexplicables como la aparición de un drago canario cuando el artista nunca había visto uno: un árbol del paraíso con un mensaje espiritual. Sin embargo, el icono que realmente interesaba a Luc Durand se hallaba en El carro de heno.
Se trataba de una suerte de pez con extremidades humanas y una cuerda alrededor del lomo, en posición de tirar del carro del mundo. El sacerdote estaba finalizando un estudio sobre "los maestros instructores" de la Antigüedad y quería saber si en Flandes también se había oído hablar de ellos.
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| El pez lector |
Después comprobaron que el ojo de Dios estaba presente en algunas obras como en la Mesa de los pecados capitales de El Bosco (1500-1510). Sorprendemente, en la tabla del Paraíso sobresalía la figura de un pez con pico de ave que leía un libro, el único objeto creado por el hombre.
Hay que destacar que Javier Sierra decide revelar en el Plan Maestro un hecho que le ocurrió una tarde de agosto, a las afueras de Teruel, cuando tenía 10 años. Se encontraba con sus amigos, con quienes había tenido la idea de redactar la crónica de sus aventuras durante aquellas vacaciones asilvestradas. Era una pequeña gacetilla escrita en una hoja de cuaderno donde anotaban, día tras día, noticias diversas - deporte, pasatiempos, leyendas...-, y cuya coordinación recaía en él.
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| Año de estreno, 1951 |
Mientras discutían sobre qué noticia colocar en portada, la voz de uno de ellos, Pedro, los sobresaltó: había visto una figura a lo lejos. Todos miraron hacia aquel gigante que parecía un extraterrestre, al estilo del mítico Klaatu en la película "Ultimátum a la Tierra". Al comentarlo en sus hogares, nadie les hizo el menor caso, y el suceso fue difuminándose con el paso del tiempo.
Sin embargo, una conversación con el escritor Juan Eslava Galán, años después, volvió a despertar el interés de Javier Sierra. Al ganador del Premio Planeta de 1987 le había ocurrido algo parecido en 1954, cuando tenía 6 años, en Arjona, su pueblo natal. Y también al reconocido escritor, J.J. Benítez, autor de la saga Caballo de Troya, quien, a la misma edad, vivió una experiencia similar en el entorno de Urdax, Navarra.
Ángela Qiao también ocultaba un secreto. El profesor Einar se dio cuenta y la instó a contarlo tras la partida del sacerdote. La responsable del museo del Prado necesitaba compartir el torbellino que circulaba por su cabeza, así que habló del día siguiente a la muerte de su madre, acaecida 5 meses antes a causa de un cáncer de pulmón. Había sido restauradora en la pinacoteca antes que ella.
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| Alegoría de la Agricultura (1804-6) |
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| Tobías y el ángel (1787-8) |
La interpretación del cuadro Tobías y el ángel, obra atípica dentro de la producción de Francisco de Goya, nos acerca nuevamente a la importancia del pez como símbolo de la sabiduría.
Es Julián de Prada (Señor X) quien explica al profesor Einar que deben detener la misión de los maestros de instruir en conocimientos a los elegidos. Por tanto, resulta indispensable que viaje a México, lugar en el que se manifiesta uno de los émulos de Luis Fovel.
Por otra parte, somos testigos de la obsesión de Javier Sierra por visitar las pinturas de la cueva de Lascaux, en Francia (Patrimonio de la Humanidad 1979) desde que la guía de Cantabria relatara su existencia. Allí buscará a Antonio Lerroux, astrólogo experto que lo sorprende con la siguiente afirmación: los pintores del arte rupestre eran capaces de detectar al tacto el animal que se apoyaba sobre las membranas de piedra de las paredes de sus cavernas. Entonces marcaban su perfil con pigmentos para hacerlo visible e invocar su poder.
Mientras tanto, su hija Sofía realiza un descubrimiento en la cueva de Monte Castillo. Ante la atónita mirada de la guía, su madre y su hermano, distingue la figura de una criatura teratológica oculta (misteriosa que mezcla lo humano con lo animal), relacionándola con las redes vistas también en la cueva.
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| La Primavera (Galería Uffizi, 1481) |
Los hallazgos se suceden, además, en el museo del Prado, donde el sacerdote Luc Durand ha interpretado en las Meninas de Velázquez que la posición de las estrellas de la Corona Boreal en el cielo coincide con la de la infanta Margarita y sus asistentas. Lo mismo ocurre en la Galería de los Uffizi, en Florencia.
Allí se exhibe la tabla La primavera (1481), de Botticelli, artista introducido en los arcanos. La Venus que ocupa el corazón del cuadro, en medio de dos pulmones velados, era la guardiana de un umbral.
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| Rafael Sanzio (1513-14) |
Frente a la obra La perla, de Rafael Sanzio, se producirá un nuevo encuentro en el museo del Prado entre el sacerdote Luc Durand y Belfegor, que los llevará a admirar e interpretar la Sagrada Familia con Rafael, Tobías y San Jerónimo, también conocida como la Virgen del pez.
Una obra con un secreto excepcional: la conversación entre personajes de los Evangelios. San Jerónimo sostiene la Biblia, mientras el arcángel Rafael protege al joven Tobías, quien porta un pez que guarda un gran parecido con Pico della Mirandola, intelectual precoz del Renacimiento.
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| La fragua de Vulcano (1630) |
Asimismo, se detienen en la sala número 11 para observar la obra La fragua de Vulcano, de Diego Velázquez (1630). Belfegor indica al sacerdote que en el taller del herrero se produce una aparición divina: la de Apolo, que acude para revelarle que, Venus, su esposa, lo engaña con Marte. Son planetas, astros alineados, susceptibles de una interpretación astrológica.
Sin embargo, la caída de un rayo en la primera planta del edificio Villanueva y la desaparición de Belfegor marcaron el fin del encuentro.
Javier Sierra recuerda otro incidente acaecido en Coyoacán, a las afueras de Ciudad de México, en 2013, precisamente en la Casa Azul, hogar de los artistas Diego Rivera y Frida Kahlo.
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| Retrato de una niña (1929) |
Durante la visita de un grupo de escolares, acompañadas por dos religiosas, conocemos a Marielita, a quien le afectaba sobremanera mirar el cuadro El venado herido pintado por Frida Kahlo en 1946.
Una de sus compañeras, Diana, señalará su parecido con el retrato de una niña fechado en 1929. A su lado, una mujer vestida con una larga saya en tonos azules y violetas, le susurró también que era ella. Le reveló que el cuadro la había elegido para cumplir su función más sagrada:
enseñar al mundo a ver el arte desde el alma
La misteriosa mujer le dijo a Marielita que recordara siempre al observar el lienzo que el arte es la lengua del espíritu. Desde ese momento era una guardiana del arte.
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| La Quebrada, Diego Rivera (1956) |
En efecto, en la Casa Azul se percibían presencias. Su directora, María Valdés, solicitó ayuda y fue el profesor Jon Einar quien se encargó de resolver el misterio.
Entre las obras más significativas que le mostraron a su llegada se encontraba La quebrada, de Diego Rivera, realizada en un momento que Frida agonizaba. Era una representación de rocas en la que destacaba la figura de un bisonte colosal.
Picasso y Rivera habían hablado sobre Altamira, convencidos de que aquellos animales eran una especie de espíritus con vida latente, portadores de mensajes destinados al futuro.
En la madrugada en que Jon Einar se quedó a solas en la Casa Azul, sintió la presencia de una niña. Era Marielita, que estaba siendo aleccionada por Xochiquétzal (en la mitología mexica, la primera esposa del dios acuático Tláloc). Fue ella quien afirmo que el primer maestro, el gran pez, estaba a punto de manifestarse, pues las estrellas ocupaban la alineación precisa. Y entonces, desapareció...
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| Apoteosis de la Monarquía Española |
En el Casón del Buen Retiro, junto a la cúpula Apoteosis de la monarquía española, Ángela Qiao mantuvo una inesperada cita con Julián de Prada.
Se trata de una pintura al fresco de Luca Giordano (1697), cuyas imágenes fueron concebidas para ensalzar la monarquía española desde sus orígenes míticos.
En la base de la bóveda y en su parte central, Hércules entrega el vellocino de oro a Felipe el Bueno, duque de Borgoña y fundador de la orden del Toisón de Oro, para que lo coloque en el collar de la orden.
Su eje longitudinal atraviesa la bóveda celeste y el Parnaso, hasta alcanzar la monarquía española, representada por una matrona situada sobre el globo del mundo.
En este apoteósico contexto, Julián de Prada señala a Ángela que la Apoteosis de la monarquía española es un talismán gigantesco, que parece reflejar una configuración celeste muy concreta. En ella se ve a la diosa Cibeles sosteniendo una llave orientada a alguien. Es como si quisiera traspasar la frontera entre los mundos. De ahí la importancia -añade- de entregarla a la persona correcta.... Sin duda, la responsable de la pinacoteca sintió entonces la necesidad de hablar con Javier Sierra.
El siguiente encuentro tuvo lugar en la rotonda del hotel Palace. Luc Durand deseaba conocer personalmente a Javier Sierra, y Ángela propició la cita. El sacerdote les reveló cómo Belfegor le había ido señalando los cuadros marcados, como en el caso de la letra F en la Perla (por Fovel). Recordó asimismo el informe que estaba elaborando para el Vaticano sobre los maestros instructores y las diversas apariencias con las que se manifestaban: criaturas mitad humanas, mitad animales, forasteros misteriosos...
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| Diosa Cibeles (Luca Giordano, 1697) |
Entonces, Ángela los condujo nuevamente al Casón del Buen Retiro y comenzó a interpretar la Apoteosis de la monarquía española, destacando los elementos del acertijo contenidos en la pintura de la bóveda: las representaciones de mundos, la metáfora zodiacal con los 12 trabajos de Hércules, la mítica nave Argos, la diosa Cibeles (alegoría de la agricultura), la entrega del vellocino al rey Felipe III de Borgoña, el Bueno, y la presencia de la musa Urania...
Era necesario consultar a un experto. Javier Sierra llamó a Antoine Lerroux, quien confirmó que la pintura marcaba el recordatorio de una circunstancia planetaria propicia: la llegada de Isabel al trono de Castilla que supuso el nacimiento de España, tras la muerte de su hermano Enrique IV el Impotente, el 11 de diciembre de 1474.
Y ahora -confirmó Lerroux-, los planetas ocupan las mismas posiciones que entonces. Era la señal de una nueva aparición del maestro, aunque se requerían los ojos de un niño que lo mirara todo como si fuera nuevo. Y Javier Sierra -indicó, mirando a Ángela y Luc Durand- tiene dos.
El 21 de agosto, la fecha marcada por el horóscopo del Casón, el escritor había previsto volver con su hijo Martín. Sin embargo, Sofía, aquella mañana le reveló que su amigo Pali le había dicho que si quería ver al hombre del museo tenía que ir al museo y no al Casón. Además, añadió, sin el sacerdote. Javier se quedó desconcertado. En ningún momento se había referido a Luc Durand ni a Ángela. En ese estado de perplejidad, su mujer, Eva, le sugirió que fuera él con Sofía al museo del Prado y ella, con Martín al Casón.
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| Museo del Prado |
Así lo hicieron. Sofía fue guiando a su padre por las salas del museo con el objetivo de encontrar a un señor con una llave hasta que se detuvo en el retrato de Luis Veldrof, aposentador real y conserje del Real Palacio, obra de Vicente López Portaña (ca. 1823).
Al principio, Javier Sierra no hizo caso a la elección de su hija, hasta que Sofía insistió en que se trataba del señor que le había regalado a Pali. Entonces, el escritor se fijó en el apellido Veldrof descubriendo su anagrama, Fovel, y el gran parecido con su maestro. El retratado sostenía una llave, en actitud de abrir algo. Y precisamente lo habían visto el día cuya configuración astrológica estaba dibujada en el Casón del Buen Retiro.
El escritor, siguiendo la intuición de Sofía cuya actitud suponía un puente entre dos mundos, regresó por la tarde al museo del Prado para volver a contemplar el retrato y fijarse en los detalles. En el momento de máximo trance apareció Luis Fovel. Era el reflejo exacto del aposentador aunque habían pasado 23 años. Javier Sierra le pregunta si es un ángel y el maestro del Prado responde que sí, en cierto sentido, ya que ángel significa mensajero.
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| Q, dios anfibio creador |
En cuanto a la siguiente duda sobre su inmortalidad, Luis Fovel asevera que tiene el don de moverse en el tiempo. Su propósito es sembrar en el presente una conciencia del arte que trascienda lo estético manteniendo activas las puertas del arcanon de modo imperceptible.
Entonces le habla al escritor de la segunda visión y le pide que se concentre en lo sutil recordando cómo era el primer hombre-pez, es decir Q, el dios anfibio, el mensajero de la sabiduría, símbolo del agua y el orden cósmico. Finalmente, Javier Sierra lo percibe, en los pliegues de las cortinas, detrás de la figura de Luis Veldrof.
Ha llegado de nuevo el momento de la partida; sin embargo, esta vez, Fovel le asegura que su nombre, como el de tantos otros, está escrito en el plan maestro: aquel que salvará a nuestra especie del olvido del arte.
Javier Sierra concluye, en la nota final del autor, que parte de las afirmaciones de esta historia no son ficción y que, como lectora, ya formo parte de ese plan. La verdad es que me congratula porque, a medida que he leído y compartido en este espacio su contenido, me he dado cuenta -como me ocurrió con el Maestro del Prado- del profundo vínculo con el arte que nos une, dándome aliento para seguir con mi deseo de escribir.
Asimismo, con respecto al informe de Luc Durand para el Instituto Pontificio de Arqueología Cristiana, el sacerdote menciona la expresión Nolite timere ("no temas") como la más utilizada por San Juan Pablo II durante su pontificado, la misma con la que el arcángel San Gabriel se presenta ante la Virgen María para anunciarle el nacimiento de Jesús.
Partiendo de esta premisa, Luc Durand pide a los destinatarios de estas evidencias que se acerquen a la comprensión de la realidad expuesta: dos tipologías de ángeles o infiltrados. Destaca, además, la aparición del ser radiante Kukulcán quien instruyó a los mayas para medir el tiempo y les enseñó el movimiento de las estrellas -como las Pléyades- y de planetas como Venus. También menciona a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, quien indicó el lugar donde debían levantarse las pirámides de Teotihuacán.
En general, el informe asevera que la conexión con los maestros instructores es propia de las mentes jóvenes, siendo una de sus señas de identidad su desaparición en un refulgente haz de luz. Por otro lado, expone la existencia de otros personajes cuyo rasgo común es su dificultad motriz, pero que son capaces de permanecer siempre cerca de donde surgen los maestros.
Por último, Javier Sierra refiere palabras de agradecimiento, entre ellas a su familia y al primer lector, Juan Eslava Galán, y puntualiza que El plan maestro y El maestro del Prado, a pesar de ser consideradas novelas y colocadas en estanterías de ficción, lo cierto es que beben del mundo real y considera son un híbrido entre ficción y hechos. En el mundo anglosajón cuentan con la palabra faction que une la narrativa con los hechos probados.
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| Ilustración N.C. Wyeth |
Se trata de la última novela del escritor americano (cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens) en la que trabajó desde 1897 a 1908.
Fue publicada de manera póstuma en 1916 por Albert B. Paine, biógrafo y albacea literario de Twain.
Almas anónimas con gestos pequeños que realmente son cósmicos....
Gracias Javier, de nuevo, por un libro tan apasionante.
En Arrecife de Lanzarote, a 13 de octubre 2025, festividad de San Eduardo y Día de las Escritoras.
Sobre el autor
https://www.javiersierra.com/biografia/
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