Tu rostro mañana, de Javier Marías
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Entonces no sabía que se trataba del primer volumen, Fiebre y Lanza, publicado en 2002, por la editorial Alfaguara que formaba parte de una gran novela compuesta también por Baile y sueño (2004); y Veneno y sombra y adiós (2007).
El narrador en primera persona es Jacobo Deza, profesor que ha vivido y trabajado en Oxford y después en Londres, tras separarse de su esposa, Luisa.
Es un gran observador y portador de un don que le permite intuir y ver más allá de la simple apariencia en las personas. Resalto de la primera página la descripción que hace sobre el término contar:
-Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento, también es un vínculo y otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando y hay que tirar de navaja o filo para cortarlo-.
Asimismo, reflexiona sobre qué significa la vulneración de la confianza: no solo ser indiscreto y ocasionar daño o perdición por ello, sino también sacar ventaja del conocimiento obtenido por debilidad o descuido o generosidad del otro; y la desconfianza.
Su amigo, el profesor Peter Wheeler, hispanista y lusitanista retirado de la Universidad de Oxford, es quien descubre a Jacobo Deza su don, hecho que motivará que trabaje para Bertram Tupra, interpretando vidas y redactando informes al respecto, dejando así su puesto en BBC Radio en Londres.
En Tu rostro mañana se ahonda en la idea de que el pasado nunca desaparece. Así queda de manifiesto en las conversaciones entre Deza y Wheeler, cuyos diálogos nos llevan al recuerdo de la participación de Wheeler en la Guerra de España con tan solo 23 años y al deseo de Jacobo de leer Homenaje a Cataluña de Orwell. También a otros temas de cariz filosófico, que nos acercan a la vejez, la historia, la memoria y la naturaleza humana.
Dice Javier Marías en la página 142:
-Los libros hablan en mitad de la noche como habla el río, con sosiego o desgana; o la desgana la pone uno con su propia fatiga y su propio sonambulismo y sus sueños, aunque esté o se crea muy despierto. Uno colabora poco, o eso cree; tiene la sensación de irse enterando sin apenas esfuerzo y sin hacer mucho caso. Las palabras se van deslizando suave o desmayadamente, sin el obstáculo de la alerta lectora, de la vehemencia; se absorben pasivamente como un regalo, y parecen algo que no computa ni cuesta ni trae provecho. También su rumor es tranquilo o paciente o lánguido; también son un hilo de continuidad entre vivos y muertos, cuando el autor leído es ya un difunto o bien no, pero interpreta o relata hechos pasados que no palpitan y, sin embargo, pueden modificarse o negarse, entenderse como vilezas o hazañas; y esa es su manera de seguir viviendo y de seguir turbando, sin darnos jamás descanso-.
El autor relaciona la película Desde Rusia con amor con el espionaje de James Bond. donde prima la aventura y la existencia de innumerables traidores. Cuestiona la extraña proclividad que el ser humano suele tener hacia la confianza. O quizá, hacia no querer ver ni enterarnos, hacia el optimismo o el consentido engaño (pág. 191). Subyace la idea de que no toda verdad debe ser revelada. Marías plantea que -ignorar o el derecho a no saber- puede ser una forma de protección.
La identidad es fundamental en Tu rostro mañana. Marías resalta que es cambiante; es decir, que las personas actúan de formas distintas según el contexto. Cada individuo es también su futuro potencial, no solo su pasado. En el registro Who's Who se puede consultar biografías de personas destacadas.
El don de Jacobo Deza se describe en la pág. 313 en la que se menciona que:
-Tiene la capacidad de ver en las personas lo que ni siquiera ellas son capaces de ver en sí mismas, o no suelen. O, si lo ven o lo vislumbran, acto seguido rehúsan verlo; se dejan tuertas por el fogonazo y luego se miran ya sólo con el ojo ciego. Ese es un don hoy rarísimo, cada vez más infrecuente: el de ver a la gente a través de ella misma y directamente, sin mediaciones ni escrúpulos, sin buena voluntad ni tampoco mala; sin esforzarse, cómo decir, sin predisposiciones y sin hacer dengues-.
Incluso, se explica que él mismo encontró un informe en el que se hablaba de este talento. considerado un enigma.
Paseando con Wheeler, le recuerda a Jacobo que ese don fue muy útil durante la Guerra. Se comprobó que había pocas personas que lo tuvieran, y aún menos quizá por entonces, ya que la guerra deforma la visión hasta extremos inconcebibles, la mitad de la gente ve fantasmas y brujas por todas partes y en la otra mitad se agudiza la habitual tendencia a no ver nada, y también a procurar no verlo (pág. 387).
El narrador manifiesta su preocupación por el efecto irreversible que pueden ocasionar las charlas despreocupadas, negligentes o descuidadas (careless talk). Asimismo, introduce en la conversación entre Jacobo y Wheeler, los recuerdos del viejo profesor sobre las sucesivas épocas bélicas. Durante ese tiempo, a los ciudadanos no sólo se les puso en guardia contra los posibles espías, sino que se les recomendó el silencio como norma general: se les encomendó que no hablaran, se les ordenó y se les imploró callar.
De pronto a la gente le fue presentada su propia lengua como enemiga invisible, incontrolable, inesperada e imprevisible: como la peor, la más asesina y la más temible, como un arma espantosa que uno mismo, cualquiera, podía activar y poner en funcionamiento sin que fuera posible saber nunca cuándo de ella partía una bala o no ... (pág. 409). Destaco la honda reflexión de Wheeler comparando el silencio impuesto a los ciudadanos con el de los muertos.
Sin duda, al profesor le complace hablar con Jacobo. Por su parte, Jacobo reconoce que la conversación le enseñaba, le instruía y le deslizaba ideas o se las renovaba, por no decir que le cautivaba. Por ejemplo, Wheeler asevera que:
- Nada se entrega tanto ni tan cabalmente como las palabras. Uno las pronuncia y al instante se desprende de ellas y las deja en posesión, o mejor dicho en usufructo, de quien se las ha escuchado. Ese puede suscribirlas, para empezar, lo cual ya no es grato porque en cierto sentido se las adueña; o rebatirlas, que no lo es tampoco; pero sobre todo puede transmitirlas a su vez ilimitadamente, citando la fuente o haciéndolas suyas según le convenga, según su decencia o según quiera perdernos y delatarnos, depende de las circunstancias; y no sólo eso, también puede adornarlas, mejorarlas o empeorarlas, tergiversarlas, sesgarlas, sacarlas de contexto, cambiarlas de tono, desplazarles el énfasis y así darles un sentido distinto y hasta fácilmente contrario del que tuvieron en nuestros labios, o cuando las concebimos. Y por supuesto repetirlas con absoluta exactitud, verbatim. (pág. 439-40).
Asimismo, Wheeler afirma que existe una permanente y universal disputa por hacerse con la palabra: en cualquier lugar concurrido, privado o público, hay decenas si no centenares de voces incontenibles pugnando por prevalecer o por abrirse paso, y el desideratum de cada una de ellas sería elevarse por encima de las demás y acallarlas: ya lo intentan, en la medida de lo tolerable. Volviendo al contexto de la guerra, el profesor recuerda el mérito de aquellos que fueron interrogados brutalmente y sin embargo nada dijeron, no soltaron prenda. Aunque la vida les fuera en ello, y la perdieran. (pág. 457).
El respeto y el cariño de Jacobo a su profesor se aprecia constantemente en las descripciones que realiza sobre sus gestos y forma digresiva de expresarse. Por ejemplo en el siguiente párrafo:
Se destapó el rostro con gesto lento y se lo vi fresco de nuevo, era admirable cómo se recobraba y recomponía tras sus momentos bajos o de cansancio o de obstrucción del habla, solía ser el interés -su maquinadora cabeza, o el afán de decir u oír algo, todavía algo-lo que lo reavivaba. O el humor también, una ironía, un donaire, una gracia- (pág. 459).
La confianza y el sosiego -señala Wheeler- son estados de ánimo que ha echado en falta. Rememorando su etapa de agente de inteligencia con Jacobo, habla del planteamiento que tuvo su grupo, el M16, el Servicio Secreto británico, en averiguar de qué serían capaces los individuos con independencia de sus circunstancias y conocer hoy sus rostros mañana.
Aunque este libro comienza con la frase -No debería uno contar nunca nada", Javier Marías ha demostrado cómo la reflexión reiterada para entender la esencia desde múltiples perspectivas es indispensable. Así me ha pasado a mi, que he debido ampliar el plazo de préstamo de Tu rostro mañana para releer y señalar diversas ideas que exigían profundizar más en ellas a la hora de redactar este análisis literario.
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