La Biblioteca de la Medianoche, de Matt Haig
jueves, septiembre 03, 2026
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En la velada literaria celebrada en el CIFP Zonzamas el pasado 10 de abril, Verónica Arrebola Fernández, una compañera docente del departamento de Sanidad, eligió La Biblioteca de la Medianoche (AdN, 2021) como lectura. Desde ese momento, se despertó en mí el interés por esta obra de Matt Haig.
El miércoles 5 de agosto me acerqué a la Biblioteca Insular de Arrecife y la pedí prestada. Confieso que me alegro de haber seguido mi intuición y de convertirla en otra de mis reflexiones esenciales en este camino de letras; sin duda, el trasfondo de esta novela lo merece. Es un ejemplo vital de la importancia de tomar decisiones bien enfocadas en nuestra vida.
Matt Haig nos sitúa al inicio de la historia en la biblioteca de un instituto de secundaria donde la protagonista, Nora Seed, estudia; allí pasa los recreos de la tarde jugando al ajedrez con la bibliotecaria, la señora Elm. El autor nos traslada luego a la Nora de 35 años, inmersa en una existencia insatisfecha: es graduada en Filosofía, vive sola, su gato Voltaire ha sido atropellado y acaba de perder su puesto de trabajo en la tienda de música de Bedford, su ciudad natal. La gente que la rodea, como su jefe, cree que estaba destinada a lograr cosas mejores. A los catorce años tenía un brillante futuro como nadadora, pero lo rechazó, causando una gran frustración a su padre. Por otra parte, la vida de su hermano Joe es mediocre, igual que la de su amigo Ravi; ninguno de los dos vio cumplido el sueño de que su grupo de rock, Los Laberintos, triunfara, pues los ataques de pánico escénico de Nora la llevaron a abandonar la banda.
La desesperanza la envuelve. Nora necesita hablar, pero su amiga Izzy no responde; se olvida de la clase de piano de su alumno y llega tarde; su vecino de 84 años le indica que ya no precisa su ayuda... Siente que es un ser superfluo en el universo. Quiere morir.
El reloj señala la medianoche y Nora se ve transportada a un lugar infinito, repleto de libros con lomos de tonos verdes. Allí se reencuentra con la señora Elm, quien le informa de su estado actual entre la vida y la muerte. También le revela la fuente de todos sus problemas y, al mismo tiempo, su solución: El libro de los arrepentimientos. Nora lo abre y comprueba que en él está registrada cada una de las decisiones no tomadas que se transformaron en profundos arrepentimientos y dolor. A partir de entonces, la señora Elm le propone probar otras vidas; solo necesita tener la voluntad de seguir adelante para encontrar la adecuada y evitar que su «vida raíz» llegue a su fin.
Nora escoge un primer libro y, tras un torbellino de sensaciones, se desplaza a una existencia en la que está casada con Dan y ha hecho realidad el sueño de regentar un pub. Sin embargo, pronto se da cuenta de que esa vida tampoco es como la había imaginado: experimenta una decepción absoluta, se desvanece y regresa a la Biblioteca de la Medianoche. Más tarde, el volumen de color verde abeto titulado Mi vida la lleva a Australia, donde descubre que comparte apartamento con una mujer llamada Evie, trabaja en la terminal de transbordadores y su amiga Izzy ha fallecido en un accidente de tráfico. De nuevo, se desvanece ...
En el libro de portada color lima se encuentra la vida de éxito que Nora creyó desear: en ella participó en los Juegos Olímpicos y ganó una medalla de oro en 800 metros estilo libre y una de plata en 400 metros, retirándose de la competición con 28 años. En la actualidad, es comentarista deportiva y ofrece conferencias sobre cómo la resilencia es el factor fundamental para mantenerse concentrado y evitar las distracciones. No obstante, en esa existencia se dedicó a la natación únicamente por hacer feliz a su padre, sacrificando sus relaciones personales y su amor por la música. Además, su hermano Joe, trabaja como su representante, su padre se casó con la mujer con la que le fue infiel a su madre (hecho que motivó la separación y la adicción al alcohol de esta última, quien falleció antes de tiempo) y la propia Nora debe tomar antidepresivos. Sin duda, no era el éxito que esperaba, por lo que esa vida también se desvanece.
En su nuevo despertar, Nora se halla en el pequeño camarote de un barco en Svalbard, donde trabaja como investigadora del Ártico. Le corresponde avistar osos polares sobre una gran roca cubierta de nieve cuando, sorpresivamente, aparece uno. En ese preciso instante de peligro, se da cuenta de que en realidad no quiere morir: logra ahuyentar al animal y aprende a valorar más su propia existencia. En esa vida conoce a Hugo Lefèvre, quien se identifica como un «saltador» de vidas igual que ella, y ambos conversan abiertamente sobre los multiversos. Aun así, tampoco resulta ser la vida anhelada.
Nora cree que la música la puede hacer feliz y le pide a la señora Elm el libro donde le sea posible dejar volar los sueños. Lo primero que nota al llegar es que está sudando: en este viaje se encuentra sobre el escenario en un concierto de un pabellón repleto en São Paulo, acompañada de su amigo Ravi a las baquetas. El grupo Los Laberintos es famoso y debe finalizar el concierto con su tema más conocido Aullido; pero Nora, como le sucede en otros saltos de existencia, no recuerda la letra. En su lugar, sugiere interpretar Puente sobre aguas turbulentas de Simon & Garfunkel, que resulta ser un éxito rotundo.
Al terminar el espectáculo, a través de una llamada telefónica, descubre que ha sido pareja de Ryan Bailey —una estrella de cine con quien aún mantiene la amistad— y comprende que ser famoso implica recibir besos y bofetadas a la vez. Sin embargo, lo más doloroso llega al saber que en esta vida su hermano Joe ha muerto por una sobredosis, lo que la hace regresar de inmediato a la Biblioteca de la Medianoche.
Allí, la señora Elm le explica a Nora que ella misma es la fuente de energía de la biblioteca y que, si hay una interrupción en el suministro, su permanencia correrá un gran peligro. Le asevera que todavía tiene mucho que ofrecer, con un sinfín de oportunidades por delante y de versiones de sí misma guardadas en los libros. Ambas retoman la partida de ajedrez y la señora Elm le afirma que el peón es la pieza más mágica de todas: solo hay que avanzar, casilla a casilla, hasta llegar al otro lado, donde se desencadena un poder inigualable. «Lo más ordinario a nuestros ojos puede terminar siendo lo que nos lleve a la victoria» (pág. 242). Además, recuerdan un episodio de la «vida raíz» de Nora en el que cruzó un río para impresionar a la gente y, sobre todo, a su hermano Joe, a quien sus padres siempre consideraron mejor en todo.
Nora manifiesta entonces su deseo de experimentar una vida tranquila trabajando con animales. De pronto, se encuentra de nuevo en Bedford como responsable de un refugio de perros. Allí mantiene una relación con Dylan, un joven tímido, de mirada amable y triste, que vive en la casa heredada de su abuela rodeado de canes. Aunque es una buena persona, tampoco es su ideal. Quizá su vida soñada sea más bien como la etiqueta de esa botella de vino donde una pareja cumple el sueño de tener su propio viñedo en Estados Unidos.
Así pues, en su siguiente salto, Nora aparece casada con Eduardo, un mexicano-estadounidense, con quien posee un viñedo en California especializado en la uva syrah. Gran parte de sus ganancias provienen de los turistas que realizan la ruta del vino. Una noche se sientan bajo las estrellas a degustar una copa del vino que ellos mismos han elaborado, y Nora constata la paz de no necesitar hablar: el estar juntos, el «ser juntos». No obstante, pronto crece en su interior el anhelo de experimentar otras cosas y esa vida también desaparece.
Nora reflexiona sobre la idea de quedarse con una vida para siempre si no eres capaz de imaginarte otra mejor, consciente de que «cuantas más vidas probaba, más fácil era imaginar una vida mejor, pues la imaginación se ensanchaba con cada salto» (pág. 268). El autor enumera entonces una multitud de existencias que la llevan a ser profesora de inglés, de yoga o de filosofía, novelista de prestigio, concertista de piano, bloguera de viajes, redactora gráfica de National Geographic, arquitecta, camarera, política, abogada y mil cosas más. Cada libro era una fuga potencial. Sin embargo, la señora Elm le recuerda que, al convertirse en tantas personas, corre el riesgo de no convertirse en nadie, olvidando su «vida raíz». Asimismo, señala que la bondad y el cariño son fuerzas poderosas.
En el próximo salto se encuentra casada con el cirujano Ash (el hombre que en su vida raíz llamó a su puerta para decirle que su gato Voltaire había muerto atropellado por un coche). Vive en Cambridge y tiene una hija, Molly. A través de un juego de preguntas y respuestas con la niña, Nora constata que su vida es feliz y acomodada. En ella, su hermano Joe también lo es junto a Ewan; además, tienen un perro labrador, Platón, que parece confirmarle que lleva una buena vida. De hecho, no hay rastro de antidepresivos como en las anteriores. Nora no había olvidado la biblioteca y comenzó a sentir que empezaba a suceder algo realmente notable, parecido a experimentar un déjà vu. Tuvo la profunda convicción de que todo ello tocaría a su fin.
Esta sensación se acentúa al saber que la señora Elm había fallecido recientemente en la residencia de la tercera edad a la que Nora acude para pasar un rato con ella y jugar al ajedrez. Al salir, notó la tensión en su piel y el aire cargado de electricidad. Camina por delante de su viejo apartamento y del jardín descuidado del señor Banerjee, siendo consciente de lo que representa vivir en otra línea temporal. Su vecino nunca hubiera vivido en la residencia de la tercera edad donde lo acaba de ver; o el caso de Leo (el chico al que daba clases de piano), convertido en la vida actual en un delincuente sin haber podido descubrir su talento musical. No podía evitarlo...
En este último regreso a la biblioteca, comprueba que la señora Elm está allí, sentada al ordenador. Las bombillas se balanceaban de un lado a otro y titilaban con un parpadeo arrítmico (página 330). Una Nora confundida y enfadada le pide a la bibliotecaria que le explique el porqué de haber abandonado una vida llena de amor. La señora Elm la mira con ojos tristes y le dice que siempre existía la posibilidad de que su anterior vida terminase. La situación se complica: el techo comienza a caerse a trozos y una chispa inicia un fuego en los estantes, cuyos libros comienzan a arder.
Es medianoche y la señora Elm le dice a Nora que tiene solo un minuto para coger el único libro que no se quemará. La joven ha decidido vivir y la biblioteca le está dando la opción de volver a su vida raíz. Le entrega una pluma estilográfica de color naranja, como la que Nora había tenido en el colegio, afirmando que la va a necesitar, dado que ese libro no está escrito aún. Finalmente, tras adentrarse en la nube de polvo y humo, Nora lo ve. Tenía que querer la vida que siempre pensó que no quería. Solo necesitaba potencial. Al tenerlo entre sus manos, descubre que está en blanco: ese futuro no estaba escrito. Le quedan 7 segundos. Nora piensa en la primera frase: Nora quería vivir, Nora decidió vivir, Nora tenía ganas de vivir... El caos no termina hasta que escribe «Estoy viva», dos palabras sencillas que contenían todo el poder y el potencial de un multiverso.
Nora despierta en su vida raíz y, casi exhausta, logra pedir ayuda a su vecino, el señor Banerjee, quien llama a una ambulancia para que la ingresen en el hospital. Poco tiempo después la visita su hermano Joe, quien le confiesa que ella representa todo lo que tiene, lamentando no haberla valorado lo suficiente. También lee un mensaje de su amiga Izzy en el móvil, diciéndole que la echa de menos y que está pensando en volver al Reino Unido.
Nora se da cuenta de que la vida te da una perspectiva radicalmente nueva de las cosas si esperas el tiempo necesario
A Nora le dan el alta y, en el taxi de vuelta a casa, mantiene una conversación con su hermano sobre el futuro de éste, motivándole a que se presente como ingeniero de sonido en un estudio de grabación. Está segura de que le conviene.
Sin duda, Nora ve la vida con otros ojos, los cuales le permiten fijarse en detalles en los que nunca se había fijado antes, como las flores de su vecino. Todo era distinto. Nora ya no sentía que debiese servir a los sueños de otras personas. Había elegido vivir. Jamás volvería a avergonzarse de su naturaleza. Aquel doloroso Libro de los arrepentimientos se había quemado con éxito y ya no era más que polvo. Nora llegó a la conclusión de que ella no era un agujero negro, sino un volcán. Nora retoma las clases de piano como profesora. También se ocupa de visitar a la señora Elm en la residencia de la tercera edad y jugar con ella al ajedrez. La bibliotecaria asevera que se trata de un juego de gran belleza y que nunca se sabe cómo va a terminar la partida...
Reflexión
Esta novela es un canto a la vida como se constata en las aseveraciones que he resaltado de Matt Haig. En general, el autor refleja ideas sobre el hecho de ser consciente de que:
* La única manera de aprender es vivir
* La falta de amor nos hace vulnerables
* La carencia de estímulos provoca depresión
* No debemos nunca infravalorar la gran importancia de las cosas pequeñas
* Podemos lograr mucho más de lo que a veces creemos (ahí está nuestro potencial)
* El equilibrio en la existencia es factible, a pesar de la losa de infelicidades y arrepentimientos.
Agradezco sinceramente a mi compañera Verónica Arrebola Fernández la sugerencia lectora de La Biblioteca de la Medianoche, un libro que está dedicado a todos los trabajadores y trabajadoras de la salud. Y a todas las personas que trabajan cuidando a otras personas.
Finalizo recordando un hecho que me ocurrió el pasado 10 de agosto durante el vuelo NT5446 de Binter con destino a Zaragoza. Sufrí un desvanecimiento en mi asiento (el 12C), lo que dio un gran susto tanto a la pasajera de al lado —una profesora de Filosofía del IES Alonso Quesada— como a mi marido e hijo, sentados en gran la fila de la izquierda. Al despertarme, vi a una señora que me estaba tomando el pulso (resultó ser médica y la misma persona con la que me había sentado en el vuelo anterior, de Lanzarote a Las Palmas) y a una azafata que me ponía hielo en la nuca. Me fui recuperando poco a poco, con un leve dolor de cabeza.
Dos días después, recibí la llamada de una empleada de Binter para interesarse por mi estado de salud. Le dije que me encontraba bien, le pregunté su nombre y me contestó con una voz juvenil: «Me llamo Marina». «¡Qué casualidad!», le contesté «igual que mi hija», mientras miraba a esta última sonriendo. En ese momento nos encontrábamos de vacaciones en Aínsa, un pueblo medieval de Huesca en el entorno natural del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, lugar al que mi padre (artista pintor-poeta) siempre me había instado a conocer por su belleza.
Todavía no sé el motivo de ese desmayo, origen de mi desconexión momentánea con la realidad. No obstante, tras leer La Biblioteca de Medianoche, he llegado a considerar, —aparte del posible estrés mencionado por algún médico— que tal vez estuviera saltando a otra vida para elegir el libro en blanco de la estantería y escribir la historia que tengo en mente. Mi pluma estilográfica Parker, aunque no es de color naranja, espera hace tiempo en el segundo cajón de mi escritorio...
Sobre el autor
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| Imagen El Mundo |
Ha publicado exitosas obras para adultos como Los humanos y El libro de la esperanza, y novelas infantiles, entre las que se encuentra El chico que salvó la Navidad, que tiene adaptación cinematográfica con un reparto estelar. También disponible de Matt Haig en AdN: Los Radley.
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