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Hasta que empieza a brillar, de Andrés Neuman

Editorial Alfaguara
El viernes 17 de julio fui a la biblioteca municipal de Tías a devolver París despertaba tarde, de Máximo Huerta. Tenía en mente pedir prestado otro libro cuando vi en una de sus estanterías Hasta que empieza a brillar, del escritor y poeta Andrés Neuman. Recordaba el nombre del autor porque había sido uno de los invitados en el I Festival de Literatura de Lanzarote.

Miré la sinopsis del libro sobre la vida novelada de María Moliner, publicado por la editorial Alfaguara.  No tuve la menor duda: era el elegido. 

Su estructura comprende nueve capítulos. En el primero, María recibe la visita del filólogo Dámaso Alonso, director de la Real Academia Española, cuyo motivo sabremos a lo largo de la narración. El autor da paso a las tres primeras décadas de la biografía de la protagonista (1900-1930), iniciada en Paniza (Zaragoza), con su perfume a vid en el campo de Cariñena. En este pueblo aragonés, su padre, Enrique, había sido destinado como médico rural. El verdadero punto de partida de su amor por las palabras había sido con su madre, Matilde, con quien practicaba aquellos garabatos que contenían realidades invisibles para un ojo no entrenado.

El padre es incorporado al personal médico de la Marina, que le ofrecía un mejor salario, y la familia con sus dos hijos, María y Quique, se traslada a Madrid donde nace poco después Mati. La fascinación de María por las letras se hace muy pronto visible: le ponía de mal humor que los libros se terminaran de repente, por eso se sentaba a copiar sus preferidos, palabra por palabra. Así aprendió a redactar (pág. 25).

Giner de los Ríos 
Quique y María comienzan a estudiar en la Institución Libre de Enseñanza, donde impartía clases el filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal (A Coruña, 1869 - Madrid, 1968). 

En la planta de arriba dormían los directores, el matrimonio Cossío y el pedagogo Francisco Giner de los Ríos, su fundador (Ronda, 1839 - Madrid, 1915). 

En la página 30, el autor señala que el padre acompañaba a sus hijos a la ILE y que esos diez minutos de paseo, cada vez más largos en su memoria, se convertirían en el mejor recuerdo de su infancia.

En efecto, don Enrique es contratado como médico de a bordo para cubrir un viaje transatlántico entre Cádiz y Buenos Aires. Aquel verano la comunicación se hará por carta y la familia se interesará por los efectos de la distancia sobre las palabras, que se volvían más dignas de atención. A su regreso, don Enrique se enorgullece de que María haya sido admitida en el Instituto Cardenal Cisneros para cursar Bachillerato. Poco tiempo después, el padre vuelve a embarcarse a Argentina con el objetivo de seguir mejorando sus vidas, pero esta decisión supone realmente su separación definitiva. 

Doña Matilde se queda sola con sus tres hijos. Los ahorros se agotan y es necesario afrontar la situación, que los lleva a trasladarse a otro barrio más humilde junto a la plaza de Olavide y a pedir una rebaja en la matrícula de Quique al señor Cossío. María comienza a impartir clases particulares y a estudiar por su cuenta con los apuntes de su hermano; asimismo, devora los libros de Galdós. Sin embargo, la evidencia se impuso: los gastos son insostenibles y deben volver al punto de partida, las inmediaciones de Paniza, hasta que logran alquilar un pisito en Zaragoza, gracias al préstamo de unos parientes. Quique finaliza sus estudios y consigue un puesto en una compañía siderúrgica en Sagunto. 

María reanuda sus exámenes libres y encuentra un empleo como secretaria en la Diputación Provincial, desde donde la derivan al Estudio de Filología de Aragón, convirtiéndose en la primera redactora oficial del equipo. Allí participa en el incipiente diccionario de vocablos aragoneses. María da el último empujón a su Bachillerato y asiste a clase a diario. En el patio coincide con Luis Buñuel, el joven que había sido expulsado de los jesuitas por mal comportamiento (pág. 48). 

Por fin, María inicia su etapa universitaria, pero al haberse suprimido la especialidad de Lengua y Literatura, cursa Historia, una carrera que finaliza con Premio Extraordinario al mejor expediente antes de cumplir veintidós años. Decide concursar al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios en Madrid con óptimo resultado: figura entre las diez primeras posiciones y obtiene plaza en el Archivo de Simancas (Valladolid), lugar al que su madre se traslada también para echarle una mano.

Archivo de Simancas 

Cumplida una temporada de servicio, María solicita el traslado al Archivo Histórico Nacional para ser tomada en cuenta al originarse una posible vacante. Asimismo, se informa sobre los cursos de doctorado y contacta con la directora de la Residencia de Señoritas, María de Maeztu y Whitney, de quien recibe una respuesta afirmativa. Sin embargo, su deseo no llega a materializarse. Al no lograr la vacante, opta por la Delegación de Hacienda en Murcia, lo que le abre la puerta a una ayudantía en la Facultad de Filosofía y Letras: un hito que la convierte en la primera mujer en ejercer oficialmente la docencia en la universidad murciana. Todo un acontecimiento, tan singular como el hecho de que el acta fuera firmada el 29 de febrero de 1924, año bisiesto.

El matrimonio: María Moliner y Fernando Ramón 
María conoce fortuitamente al catedrático de Física, Fernando Ramón y Ferrando en una estación de tren. La diferencia de edad (casi diez años) y de intereses (ciencias y letras) no son óbice para iniciar una relación que culmina en boda en Sagunto. 

Nacen los primeros hijos: Quique y Fer. Tras una odisea burocrática, su marido logra la cátedra de Física en Valencia. María solicita también el traslado a esta ciudad, pero no es a una biblioteca, sino al Archivo Provincial de Hacienda. Pronto se integran en el ambiente universitario valenciano e incluso participan en la idea de fundar una escuelita inspirada en la Institución Libre de Enseñanza, con pedagogía laica y grupos mixtos: la Escuela Cossío. María se ocupa de nutrir la biblioteca con obras de autores y autoras, tanto clásicos como de su generación, además de organizar talleres de lectura e impartir clases de Lengua.

La II República se proclama el 14 de abril de 1931. En el verano, despega el proyecto público del Patronato de las Misiones Pedagógicas, que proponía crear centros educativos y bibliotecas ambulantes en las zonas rurales de todo el país. Estaba presidido por el señor Cossío. María se identificó enseguida con su carácter vocacional, seducida por la denominación que Juan Ramón Jiménez inventó: «marineros del entusiasmo». Las Misiones se complementaban con la Junta de Libros, que se ocupaba de las localidades con más de mil habitantes; entre ambas atendían las necesidades bibliotecarias de los territorios en peligro de exclusión o despoblación. Un tercio del país seguía sin saber leer o escribir, una realidad que afectaba especialmente a la población rural y femenina (pág. 90). Recién ascendida a vicepresidenta de las Misiones valencianas, María diseña un centro para gestionar sus catálogos —la Biblioteca-Escuela—, donde le asignan una asistente que ejercía de auxiliar para todo y mecanógrafa, además de un equipo de varios estudiantes. Nace Carmina. 

La madre de María fallece. Poco después nace su cuarto hijo, Pedro. Por otra parte, María está muy satisfecha con el aumento de lectores en las bibliotecas: en dos años habían reclutado a medio millón, sobre todo menores de edad. Quizá en el bienio siguiente llegaran a superar las cinco mil nuevas bibliotecas. Sin embargo, tras la euforia, los presupuestos empezaron a caer. Otra de las funciones que realizó fue la de inspectora de bibliotecas rurales. Así recorrió muchos pueblos junto a Vicente, el conductor, y Angelina. María regresaba a casa con la sensación de haberse nutrido de la misma gente a la que pretendía instruir. Tampoco faltaban las familias que le preguntaban para qué iban a perder el tiempo sus hijos leyendo, cuando podían hacer cosas útiles.

¿Cómo no iba a ser útil la lectura si mejoraba la vida cotidiana, si fundaba una soledad asociativa, si ofrecía más experiencias de las que nos tocaban en suerte, si ampliaba nuestras identidades, nuestro conocimiento del prójimo y nuestro concepto mismo de realidad, si nos permitía comunicarnos con otras épocas, otros lugares, otras lógicas, e incluso hablar con los muertos? (pág. 101)

Juana Capdevielle
Una noche en Manzanera, en su casa de verano compartida con amigos, escucharon el aullido de un perro al que parecía que le hubiesen pegado un tiro, aunque faltara el disparo. María tuvo un mal presentimiento, aquel 17 de julio de 1936, que se cumplió a la mañana siguiente cuando se enteraron del levantamiento militar en Melilla y Ceuta. A partir de entonces, los rumores se convierten en realidad. El 18 de agosto fusilaron al poeta Federico García Lorca y a Juana Capdevielle

Juana Capdevielle, mujer brillante cuyo primer destino, tras aprobar la oposición, fue la Biblioteca Nacional y después la de Filosofía y Letras de la Universidad Central (hoy la UCM). Participó en actividades de lectura para los enfermos del Hospital Clínico y la Cruz Roja. 


A María le ofrecieron dirigir la Biblioteca Universitaria de Valencia una vez formado el gobierno del Frente Popular. Aquel espacio y su organización la serenaban. Logró escribir sus ideas al respecto en un documento que tituló Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas. Cuando los bombardeos empezaron a rondar la ciudad, María desplazó los fondos de mayor valor al rincón que llamó «Refugio de Papeles», como si los libros fueran personas. Lo eran. (pág. 112)

El ministerio fue transformado por decreto y la coordinación bibliotecaria quedó en manos del filólogo Tomás Navarro Tomás (La Roda, 1884 - EEUU., 1979), autor del Manual de pronunciación española y discípulo predilecto de Menéndez Pidal, quien dirigió la Biblioteca Nacional durante la Guerra Civil y ocupaba el sillón «b» en la RAE. En esta coordinación contó asimismo con la colaboración de Teresa Andrés Zamora (Valladolid, 1907 - París, 1946), número uno en las oposiciones del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en 1931. Ambos propusieron a María encargarse de la sección escolar y, después, de la dirección de la sede valenciana de la Oficina de Adquisición de Libros. Que los libros llegaran al frente adquirió una relevancia que María no había imaginado: en las trincheras, la lectura parecía agudizar sus funciones; era lucha y descanso, defensa y consuelo, análisis y evasión, discurso colectivo y refugio íntimo. (pág. 115)

Valencia se erige en eje provisional de la República. El autor nos dice que muchas mujeres afrontan solas la crianza y el trabajo. Estaban angustiadas, extenuadas y, por una vez, al mando. Se suceden las evacuaciones del personal de Madrid y María conoce a gente desplazada, como al catedrático Dámaso Alonso (Madrid, 1898-1990), quien fue también alumno de Menéndez Pidal, y a Carmen Conde, joven fundadora de la Universidad Popular de Cartagena. El círculo de amistades se amplía con el matrimonio de lingüistas formado por Pilar Lago y Rafael Lapesa. Finalmente, María es cesada tras haber visto mermadas sus atribuciones al sustituir la Administración a Navarro Tomás y a Teresa por líderes afines a la CNT.

La caída de Barcelona, el 26 de enero, y la de Valencia, el 29 de marzo de 1939, marcan un nuevo léxico. María explica a sus hijos que los fascistas son ahora nacionales y que muchas de las personas queridas pasan a llamarse rojos. Fernando es destituido de su cargo en el decanato y María es acusada de todas sus responsabilidades durante la República mediante un pliego de cargos que recibe en otoño. La ley que regulaba la purga de funcionarios decidió también el destino de su memoria afectiva. El Boletín del Estado publicó las sanciones: María era postergada a su puesto original en el Archivo de Hacienda, retrocediendo una década y media en su carrera profesional. En el caso de Fernando, se optó por el castigo de quedar suspendido hasta que se regularizara su situación.

A pesar de cuestionarse el exilio en Francia, México o Argentina, María tenía miedo a la otra orilla, ya que sospechaba que solo se cruzaba una vez. La familia resiste al silencio, los apagones y la austeridad. María tiene la sensación de vivir en un estado de ficción lingüística y considera que se quema el léxico en palabras como héroe, patria o Dios. A la vez, intentaba absorber los ritmos de la casa, dado que Fernando había caído en la apatía. Extrañaba su oficio bibliotecario. La cosecha había ardido en la plaza de Cataluña en Barcelona y en la Universidad Central en Madrid. Habían elegido el Día del Libro para ejecutar el ritual: una pedagogía perfecta. A María le rondaba la idea de ponerse a escribir cuando pudiera. Pero qué, cómo, para qué. Y se daba por vencida de antemano. (pág. 144)

La sanción a Fernando le permite un traslado a Murcia con el veto de cargos de responsabilidad y la pérdida temporal de su cátedra. El resto de la familia permanece en Valencia. Después de varios años, Fernando ocupa una cátedra vacante en Salamanca. Los estudios universitarios de los hijos mayores motivan la mudanza definitiva a un Madrid gris, a excepción de Enrique, quien cursa Medicina y vivirá con su padre. A María le asignan una biblioteca técnica en la Escuela de Ingenieros Industriales, donde se encuentra un ambiente de exquisita hostilidad. Pronto manifiesta su interés por habilitar pequeñas secciones de Historia, Lengua y Literatura, sin conformarse solo con la bibliografía específica, hecho que le permite adquirir ejemplares de jóvenes narradoras como Dolores Medio, Carmen Laforet, Ana María Matute y Carmen Martín Gaite.

María cumple cincuenta años. No le preocupa tanto la edad como la melancolía de las energías desaprovechadas. Creía que estaba viviendo en círculos. Necesitaba un proyecto lo bastante excesivo como para despertarla: su tesis inconclusa, escribir un ensayo o una novela. La consulta de un vocablo en el diccionario de la Real Academia y su inconformidad con la definición, tras corregirla, la hacen reflexionar. De nuevo, la escribe y le parece que empieza a brillar, mientras nota la emoción de su mano temblorosa. (pág. 155)

Los cuatro hijos se reúnen para hablar de la decisión insólita de su madre, a quien conocen muy bien y saben que querrá llevarla a término: hacer otro diccionario, ya que el de la RAE no está bien. Las cajas de fichas de palabras ya empiezan a ocupar estancias de la casa como el baño. Andrés Neuman desarrolla algunos vocablos que María amplía y explica con ejemplos; tal es el caso de amor: «Los padres corrigen con amor ( y no castigan...)». Estaba claro que ella quería cocinar su diccionario a su manera y atendiendo a neologismos juveniles. Calculó un año o dos de trabajo. 

María Moliner (Fuente Telesur tv)
La lámpara de vidrio y hierro se encendía en su hogar, en la calle Don Quijote 1, en la quietud de la noche. María, con sus lentes gruesos, hacía crecer el alfabeto. Para ella la lengua era esplendente: reflejaba la luz, la lucidez de quien la hablaba. (pág. 175)

Pasaron los dos años en los que su hogar se transformó en una selva de vocablos, y renunció a la vida social para entregarse a su diccionario. Aprovechaba el tiempo porque ya no le sobraba.

Asimismo, en la Escuela de Ingenieros pudo dedicarse a sus fichas tras resolver las gestiones urgentes del trabajo. Al cumplirse los cinco años de su dedicación, despertó la curiosidad de los miembros de la RAE como Dámaso Alonso y Lopesa. Seguidamente lo desvelarían al consejo editorial de Gredos, el cual, tras una ardua deliberación le ofreció un contrato y un anticipo estimable. Aquel compromiso formal la obligaba a terminar algo que se le estaba volviendo interminable. En la casa de la calle Don Quijote las puertas no se movían. El autor menciona aquella soledad temida y deseada: ¿tendría algo que ver con la felicidad? (pág. 195)

El autor señala que el  matrimonio adquiere una pequeña finca en La Pobla (provincia de Valencia): un refugio cerca del mar que se convierte en el mejor reclamo para atraer a la familia, cada vez más dispersa. Para María, vacaciones significaba trabajo voluntario. Se levantaba más ansiosa que la luz, rodeaba la silueta adormecida de Fernando, salía al jardín y comprobaba que las palabras estaban bien despiertas. Aseguraba con piedras los papelitos. Se ponía a mecanografiar entre pájaros, que piaban sílabas como locos, hasta la hora del almuerzo. Esbozaba una siesta, pasaba su mente a limpio y volvía a sentarse hasta el atardecer. María volvía de sus vacaciones extenuada y satisfecha. «Plusvalía de agosto», la llamaba. (pág. 199)

Los años transcurren y llega la jubilación para Fernando. Ya era libre. Él había imaginado una vejez viajera, social, repleta de actividades. Sin embargo, María se recluía en su obsesión sin fondo. Se había cumplido una década de fatigas. Los últimos esfuerzos frente a su hormiguero verbal le estaban resultando particularmente desesperantes. Ya conocía esa sensación de que, al acelerar, su meta se alejaba y los agujeros se expandían. Su perfeccionismo no dependía de los resultados, sino de una mirada agónica sobre el propio camino. 

María comienza a pensar en la dedicatoria y el preámbulo, donde quería precisar el criterio de su organización y mencionar a sus referentes. Entre ellos, el filólogo y lingüista Samuel Gili Gaya (Lérida, 1892-Madrid, 1976), académico de la RAE, quien en su discurso de ingreso (21.05.1961) había reivindicado la escucha atenta de la infancia y se había atrevido a confirmar: «Todos sabemos que las niñas, por lo general, aprenden a hablar antes y mejor». Siguiendo con el preámbulo, María se preguntaba si alguien se fijaría en la coincidencia de la fecha al pie del texto: Madrid, abril de 1966, trigésimo quinto aniversario de la proclamación de la República....

Editorial Gredos
A punto de incumplir un nuevo plazo, se presionó a María para que aceptase la colaboración de un par de especialistas: una discípula de Navarro Tomás y una reputada bibliotecaria. María acudía con asiduidad a la editorial Gredos, donde conoció a toda su gran familia: dos de sus cuatro fundadores en 1945: Julio Calonge (lingüista, traductor y catedrático de griego) e Hipólito Escolar (bibliotecario y escritor que llegaría a ser director de la BNE); el corrector don Segundo; el flaco Agustín; Alberto, el linotipista, y Pablo, el jefe de cajistas. 

Tras entregar el manuscrito completo de su Diccionario del uso del español, María se concedió unas «vacaciones-vacaciones». Así las llamaron, regodeándose en la redundancia. El matrimonio viajó a los destinos de sus hijos para verlos, como Ginebra y Canadá. A su regreso, en la editorial le dijeron que faltaba el prólogo de alguna figura indiscutible como el célebre filólogo Eugenio Coseriu (Rumanía, 1921-Alemania, 2002), aunque éste se negó por falta de tiempo.

Llegó el anhelado momento: María pudo acariciar con las yemas de los dedos el lomo con las letras plateadas que formaban su nombre y apellido, y detenerse en el título, en las letras de los vocablos que contenía cada tomo y en el logotipo de la editorial, una cabrita icónica balando al cielo. María estimaba que su diccionario entero albergaría unas ochenta mil entradas. Poco a poco sus temores se fueron disipando, ya que tuvo una gran repercusión en librerías, medios y universidades. El Moliner, como se empezó a llamar, llegó a cuatro grupos fundamentales: 1) estudiantes de diversos niveles, 2) docentes, periodistas y gente de letras, 3) familias trabajadoras y 4) mujeres.

Se suceden los encuentros para celebrar su éxito, y poco después, surge también la posibilidad de realizar correcciones. María se jubila, aunque no se retira. Se dedica tanto al diccionario como al cuidado de su marido quien, operado de glaucoma, apenas veía con ninguno de los dos ojos. Gracias al rendimiento del Moliner se mudan a una zona más verde: el número 3 de la calle Moguer. En el nuevo domicilio recibe la noticia de la la Real Academia Española de ocupar un sillón. Su amigo Dámaso Alonso, como director, debía mantenerse neutral. María recuerda a escritoras que se habían postulado antes como la gran autora del siglo XIX, Emilia Pardo Bazán, a cuyo favor únicamente Galdós y Menéndez Pidal se habían pronunciado en público. Finalmente, a María Moliner tampoco se le otorga el asiento en la RAE, al quedar tercera en la votación, por detrás de Alarcos y de García Nieto. (pág. 266)

En la última parte de la novela, Andrés Neuman nos lleva a los años en los que afloran los síntomas de deterioro del matrimonio, entre 1972 y 1975. El marido de María fallece y ella, poco a poco, va perdiendo la energía. Sus rutinas se convierten en círculos, evitando paseos y vida social. Se le diagnostica depresión, arterioesclerosis, falta de riego...  María olvida palabras. La familia la cuida y se reúne para tomar decisiones al respecto. Desde su diagnóstico, Pedro, el hijo pequeño, se ocupa de los asuntos editoriales. Su amiga Carmen Conde Abellán la visita: quiere confiarle un secreto. El 28 de enero de 1979, Carmen ingresa en la Real Academia Española con el sillón K, convirtiéndose en la primera mujer en los doscientos sesenta y cinco años de la institución. María Moliner fallece el 22 de enero de 1981.

Andrés Neuman finaliza Hasta que empieza a brillar con gran sensibilidad hacia María Moliner. Toda ella se desprende en este libro, que es una obra de ficción basada en hechos reales. El autor agradece a su término a todos los que han trabajado para iluminar el legado de esta figura generosa y múltiple, como la lengua que amó. (Escrito en Granada, 2017-2024; impreso en Madrid en abril de 2025). 

Reflexión

Confieso que la lectura de esta novela me ha impactado gratamente. Desde que la cogí en préstamo de la biblioteca municipal de Tías, precisamente el 17 de julio —fecha coincidente con el levantamiento militar en 1936— he estado totalmente inmersa en la vida y obra de María Moliner. 

Era consciente de la importancia de su legado con respecto al Diccionario del uso del español que lleva su nombre; sin embargo, no podía imaginar cómo su trayectoria personal y académica iba a repercutir en mi pensamiento y en mi propio camino de letras.

Andrés Neuman me ha llevado a una etapa de la historia a la que he prestado especial atención este año 2026, coincidiendo además con el análisis de otro libro sobre la Guerra Civil: La península de las casas vacías, de David Uclés.

Del autor de Hasta que empieza a brillar, destaco su estilo cercano en describirnos el carácter de María Moliner, impregnado de notas de:

* Humor e ironía: nos hacen frecuentemente sonreír los diálogos que mantiene con su marido, un hombre paciente ante la descomunal labor creativa de su mujer. Por ejemplo: —«¿Todavía despierta, querida? —No, mi vida, soy sonámbula» (pág. 176); o bien mientras María reflexiona sobre el preámbulo del diccionario: «¿Y esa cara, querida? Te veo despistada. —Pensaba en ti, mi vida. ¿Más pollo?» (pág. 210).

* Optimismo: Por ejemplo: «Se puso manos a la obra con una energía atolondrada, dejando que la angustia inflamara su entusiasmo» (ante la propuesta de dirigir la Biblioteca Universitaria de Valencia)

* Perfeccionismo: destaca la gran responsabilidad que siente ante la omisión involuntaria de algunos vocablos en su obra como oxímoron (combinación de términos de significado opuesto: «silencio atronador»). 

El alma de poeta de Andrés Neuman se vislumbra en la manera de mostrarnos el profundo dolor por la destrucción de la cultura. Por ejemplo, leemos en la página 114: «En Madrid, mientras tanto, los combates habían alcanzado la Ciudad Universitaria. Las barricadas se formaban con los volúmenes más gruesos: según las estimaciones de sus colegas bibliotecarios, las balas perforaban aproximadamente hasta la página 350...».

Las palabras de Andrés Neuman nos llegan al corazón. Su amor por ellas, al igual que el de María Moliner, nos traslada a situaciones terribles pero rodeadas de humanidad. Por ejemplo, en la página 116:  «Al contrario de lo previsto por la cúpula militar, a medida que los pronósticos bélicos empeoraban, más se aferraban los hombres a los programas de alfabetización. Querían ser capaces de escribir sus nombres antes de desaparecer... ».

Coincido con el autor en que los términos abuelez o abuelidad (página 212) suenan de maravilla. ¿Por qué no los habrá incluido aún la RAE?

Por otra parte, Hasta que empieza a brillar me ha dado aún más fuerza para proseguir con ideas y proyectos que revolotean como mariposas en mi cabeza hace tiempo. Al ver la foto de María Moliner, en la quietud de la noche, escribiendo a la luz de su hogar, en la calle Quijote 1, me he dado cuenta de que tenemos una lámpara de vidrio y hierro similar...

Sobre el autor

Imagen Registro de escritores
Andrés Neuman (Buenos Aires, 28 de enero 1977) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde ejerció como profesor de literatura hispanoamericana. 

A los 22 años publicó su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999), con la que quedó finalista del Premio Herralde. Sus siguientes novelas fueron La vida en las ventanas (Espasa, 2002, Finalista del Premio Primavera) y Una vez Argentina (Anagrama, 2003).

Su cuarta novela, El viajero del siglo (Alfaguara, 2009), obtuvo el Premio Alfaguara y el Premio de la Crítica Literaria (otorgado por la AECL), considerado uno de los galardones literarios más prestigiosos de España. 

Es autor de los libros de cuentos El que espera (Anagrama, 2000),  El último minuto (Espasa, 2001) y Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006). 

Andrés Neuman aborda la paternidad en las novelas Umbilical (2022) y Pequeño hablante (2024), y regresa a la prosa histórica y biográfica en Hasta que empieza a brillar (2025). Su blog, Microrréplicas, está considerado como uno de los mejores en lengua española.

Fuentes consultadas

https://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/neuman_andres.htm

https://registrodeescritores.com.ar/project/andres-neuman/


Crónica Viajera de Valencia, del 15 al 22 de febrero 2026

Este año 2026, coincidiendo con la semana de Carnaval en Lanzarote, tuvimos la oportunidad de viajar a Valencia. Decidimos volar con la compañía Binter Canarias (vía Las Palmas) por su amabilidad y excelente servicio; las fechas elegidas fueron el 15 de febrero para la ida y el 22 para el regreso.

A nuestra llegada al aeropuerto de Valencia-Manises, adquirimos la Valencia Tourist Card (tarjeta turística) de 72 horas, que incluye el uso del transporte público y una reducción de aproximadamente un 10%, también en las entradas de varios museos. Desde allí, nos dirigimos directamente a nuestro alojamiento en el distrito de Camins el Grau, muy cerca de la estación de metro Ayora. Esa primera noche cenamos en el bar El Castillo de las Tapas (calle Doctor García Donato, 8), situado cerca del apartamento, donde aprovechamos para hacer los planes para el día siguiente.

El lunes comenzamos visitando el acuario, el Oceanogràficdonde pasamos la mayor parte del tiempo disfrutando de la visión que nos ofrecían los animales en sus múltiples ecosistemas marinos: el Mediterráneo, el aviario, las tortugas, focas, leones marinos, flamencos, delfines, tiburones, cocodrilos y pingüinos.
Por cierto, nos llamaron la atención las belugas, apodadas «los canarios del mar». Se trata de un cetáceo con dientes que se caracteriza por su coloración blanca en la etapa adulta y su amplio repertorio de vocalizaciones; de ahí su nombre.
 


La Fundación Oceanogràfic nace con el compromiso de proteger el medio marino, aportar conocimiento, mejorar el bienestar animal e informar y sensibilizar a la sociedad. La verdad es que presenciamos varias veces la relación de los animales con sus cuidadores, en la que quedó claro su compromiso y cariño.

Ciudad Artes y Ciencias 16.02.2026

A las 18h nos acercamos al Hemisfèric para ver una proyección (Postales de otros mundos). 

Al salir, nos encontramos con un regalo visual en el cielo: una puesta de sol en tonos rosados y lilas que envolvió el complejo arquitectónico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias con una magia especial. 

¿Sabéis cuántos pasos dimos el primer día? 21.510 pasos.


El martes 17 de febrero hicimos el recorrido Valencia esencial con Sonia Lázaro, guía de turismo de la empresa Civitatis. El punto de encuentro fue en la Plaza de la Virgen, a las 10:15 h. La duración estimada era de dos horas y media; sin embargo, el detalle de las explicaciones de Sonia lo alargó generosamente hasta las tres horas.  

Entre los recursos museísticos emblemáticos señalados destaca la catedral (La Seu), erigida sobre un antiguo templo romano y una mezquita musulmana tras la conquista cristiana de Jaime I de Aragón en 1238. Su construcción, que data de los siglos XIII al XVIII, relata por sí misma la historia de la ciudad de Valencia.

Puerta de los Apóstoles

Su arquitectura es una fusión de estilos:
* Gótico (Puerta de los Apóstoles)
* Románico (Puerta del Palau)
* Barroco (fachada principal)
* Neoclásico (algunas capillas laterales y el área del presbiterio). 




Fachada barroca (La Seu, 17.02.2026)

En su interior se custodia el Santo Cáliz de la Cena del Señor desde 1437, año en que fue entregado por el rey Alfonso el Magnánimo. 

La autenticidad de esta pieza se considera verosímil según los estudios arqueológicos, los documentos escritos y el testimonio de la Tradición. A esto se suman los últimos descubrimientos sobre la inscripción de su base, su diseño y la comparativa con otras copas similares en el mundo y demás referencias.


Catedral de Valencia

La sagrada reliquia es, propiamente, la parte superior: una copa en forma de cuenco, finamente tallada y pulida, que presenta vetas de tonos cálidos al reflejar la luz. Se trata de una variante de ágata sardónice, procedente de la región comprendida entre Alejandría y Siria. 

Sin ninguna duda, es una pieza palestina realizada en el siglo I a. C. Se identifica como una «Copa de Bendición» judía para la cena ritual de Pascua en la tradición hebrea, la pieza más importante del ajuar de una familia hebrea.



Nos detuvimos con Sonia frente a la puerta de los Apóstoles, de estilo gótico francés (1354). Allí nos indicó que el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia se reúne todos los jueves a las 12:00 h. Esta institución medieval, creada por el rey Jaime I, tiene como objetivo mediar y resolver los conflictos de riego de forma oral y pública. Fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009, consolidándose como el tribunal de justicia más antiguo de Europa.

Finalmente, en la Basílica de la Virgen de los Desamparados, —recinto que alberga la imagen de la patrona de la Comunidad Valenciana—, Sonia nos habló del sacerdote Joan Gilabert Jofré (Valencia, 1350, Valencia -Monasterio de Santa M.ª del Puig, 1417), precursor del primer sanatorio psiquiátrico del mundo a raíz del suceso que narro a continuación:

Joaquín Sorolla (1887)
El 24 de febrero de 1409, mientras se dirigía a la catedral de Valencia para predicar en Cuaresma, el padre Joan Gilabert Jofré defendió a unos enfermos mentales que estaban siendo apedreados en la calle por un grupo de niños. Este acto y su sermón posterior inspiraron el modesto origen del hospital dedicado a lo que hoy llamamos Salud Mental. El Hospital de los Inocentes, Folls e Orats, fundado gracias a la financiación de comerciantes locales y  limosnas. 

La cofradía vinculada al hospital motivó la advocación de la Virgen de los Desamparados, protectora de quienes carecen de amparo, ya sean pobres o enfermos.

Este hito histórico quedó inmortalizado por Joaquín Sorolla en su obra El padre Jofré defendiendo a un loco (1887). El pintor valenciano lo realizó con apenas 24 años, gracias a una beca de la Diputación de Valencia que le permitió formarse en Italia; hoy, la pieza puede admirarse en el Museo Sorolla de Madrid.

17.02.2026


Dejando atrás la historia del hospital, uno de los puntos de encuentro más emblemáticos de la ciudad es el Campanario de El Miguelete, situado en la animada Plaza de la Reina. Su entorno peatonal, repleto de comercios y opciones de restauración, hace que esta plaza sea muy atractiva para el visitante.

La torre, de base octogonal, alcanza una altura de 51 metros. Si se suben sus 207 escalones, se puede disfrutar de una vista panorámica de de 360º de toda Valencia.

Muy cerca, desde la calle La Paz, se aprecia la espléndida perspectiva de la iglesia de Santa Catalina, emplazada sobre una antigua mezquita y reconocida como parroquia desde 1245. Su estilo inicial es gótico, de nave única con capillas laterales, y destaca por ser el único templo parroquial de la ciudad que, al igual que la catedral, posee una girola en la cabecera. 


Torre Santa Catalina


De su arquitectura destaca su torre campanario, una joya del barroco valenciano, obra de Juan Bautista Viñes, quien la construyó entre 1688 y 1705. 

Con una altura de 37 metros, su planta es hexagonal y su alzado se divide en cuatro pisos separados por molduras, coronados por el cuerpo de campanas y remate superior.

Proseguimos la ruta por el centro histórico siguiendo las recomendaciones de Sonia para futuras visitas. Todas nos parecieron muy acertadas.

Horchatería Chocolatería

Además de La Lonja y la iglesia de San Nicolás, nos sugirió:

* Tomar una horchata por la tarde en alguno de los locales tradicionales.

* Visitar el Mercado Central, de bella factura modernista 

* Disfrutar de la noche en la Plaza de la Fuente del Negret, en el barrio del Carmen.


Al terminar el recorrido "Valencia esencial", Sonia nos facilitó información detallada  con sugerencias de restaurantes, cafeterías, locales de copas, tiendas de artesanía y planes alternativos para la semana. Nos despedimos de ella con la sensación de haber iniciado una sincera amistad y con la promesa de intercambiar autores y lecturas.

Pusimos en práctica sus consejos de inmediato comenzando por el restaurante El Forcat (C/Roteros, 12, junto a las Torres de Serranos), donde probamos el esgarraet de pimiento y una de sus especialidades en arroces: el del Senyoret. Tampoco olvidé el enlace de este camino de letras con Syra, donde Sonia descubrió las reseñas sobre El Ángel perdido y El Maestro del Prado, del escritor turolense Javier Sierra.

La Llotja de Mercaders

Por la tarde visitamos la Lonja de los Mercaderes (o Lonja de la Seda), el edificio más representativo del gótico civil valenciano y símbolo del poder comercial de la ciudad en el Mediterráneo durante el S. XV. 

Su construcción comenzó en 1483 por iniciativa del Consell General de la Ciutat, siendo sus principales artífices Pere Compte y Joan Ibarra. 

El conjunto consta de 3 cuerpos:

1º.- la Sala de Contratación: dedicada a las transacciones mercantiles, destaca por sus impresionantes columnas helicoidales que se abren como palmeras (imagen). En ella se instaló la Taula de Canvis, el banco municipal creado en 1407.

En la Lonja (17.02.2026)
2º.- El Torreón: cuenta con tres plantas comunicadas por una elegante escalera de caracol.

3º.- El Pabellón del Consulado del Mar: ya de estilo renacentista, alberga una techumbre del siglo XV procedente de la antigua Casa de la Ciudad que cubre el salón de la planta superior.

El conjunto se finalizó en 1548. 

El 7 de diciembre de 1996, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Los horarios son: 

* de lunes a sábado: de 10:00 a 19:00 h. 
* domingos y festivos: de 10:00 a 14:00 h (gratis)



Capilla Sixtina Valenciana
Nos dirigimos después a la iglesia de San Nicolás de Bari y San Pedro Mártir, que sorprende sobremanera por la belleza de su bóveda interior; de ahí que se la conozca como la Capilla Sixtina Valenciana. Su interior está cubierto por frescos barrocos, obra del artista Antonio Palomino, y destaca por su armoniosa mezcla de arquitectura gótica y decoración barroca. 

Tras su restauración en 2016, la iglesia ofrece actualmente un espectáculo visual de iluminación cada hora en punto. Es una maravilla que nos dejó impresionados, especialmente por el creativo juego de luces que resalta cada detalle.


Mesa del Café Negrito

Al caer la noche, y siguiendo la recomendación de nuestra guía, Sonia Lázaro, fuimos a la plaza de la Fuente del Negret (antiguamente de Calatrava). 

Esta fuente, inaugurada en 1850, fue la primera fuente pública de agua potable de Valencia. Representa a un niño sosteniendo una concha de la que brota el agua y está fabricada en hierro fundido oscuro, origen de  su nombre popular.  

En el Café Negrito, cuyas mesas en forma de paleta de pintor nos acogieron en un ambiente bohemio, probamos el cóctel Agua de Valencia. Esta bebida fue creada por el artista Constante Gil en la década de los 50 con una mezcla de zumo de naranja, champán o cava, ginebra y vodka. Sin duda, fue una idea excelente de este pintor que, desde 1956, regentó la Cervecería Madrid: un espacio cultural y punto de encuentro para escritores y artistas valencianos.

Junto a la Fuente del Turia
Finalizamos este día, lleno de aprendizaje y emociones, en la fuente del Turia (plaza de la Virgen). Por la mañana, Sonia nos había explicado que el hombre reclinado con el cuerno de la abundancia es la personificación del río Turia.

Las 8 figuras que lo rodean representan las acequias de riego de la huerta valenciana, simbolizando su fertilidad. 

Sus nombres, que datan de la época islámica (al igual que el cultivo de la chufa), son: 

  • Quart 
  • Benàger i Faitanar,
  • Mislata
  • Favara
  • Rovella
  • Tormos
  • Mestalla
  • Rascanya. 

Balance del día: El martes 17 de febrero caminamos 12.542 pasos.

Mercado Central 
El miércoles por la mañana nos acercamos al Mercado Central. Allí admiramos con tranquilidad la fachada de este emblemático edificio modernista, inaugurado en 1928, cuya cúpula se eleva hasta los 30 metros de altura. 

Siguiendo la sugerencia que nuestra guía, Sonia Lázaro, nos había hecho el día anterior, buscamos el local 153 para tomar un vermut de aperitivo. Fue una idea fantástica; Virginia Gallego nos atendió de maravilla. 

Además de los puestos de productos frescos, nos detuvimos en uno de artesanía local. Tenían postales, láminas e imanes con un diseño innovador; el recuerdo perfecto —pensé— para mi hija Marina. Me llamó la atención uno que retrataba la Lonja de la Seda, con la silueta de una joven sentada en el alféizar interior de una de sus bellas ventanas. 

www.atypicalvalencia.com

En ese momento, la artesana estaba hablando por teléfono. Cuando terminó su conversación, le comenté cuánto me gustaba la perspectiva de la ventana elegida para el imán. Le confesé que, durante nuestra visita a la Lonja, yo también me había imaginado allí sentada, disfrutando de un libro bajo esa luz natural.  

Fue entonces cuando me contó una historia preciosa: ella solía refugiarse en ese espacio inspirador a leer cuando sus hijos eran pequeños. Me reveló que la figura del diseño era, de hecho, su propia hija Marina, con quien precisamente estaba hablando por teléfono cuando entré en la tienda. ¡

—¡Qué casualidad!— exclamé. ¡Mi hija también se llama Marina! 

Sin duda, era el lugar y el objeto idóneos. Antes de irme, escogí otro imán con el paisaje de la Albufera y le pedí una tarjeta para seguir su trabajo. La artista, Virginia Lorente, me la entregó con una sonrisa. Al entrar en su web más tarde, no pude evitar sonreír de nuevo al leer su acertado lema: The atypical shop for atypical people. 

A continuación, nos dirigimos al Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, aprovechando la proximidad de nuestra hora de visita con la entrada combinada (O+M+H) que habíamos adquirido el lunes. Siguiendo el consejo del personal, iniciamos el recorrido por la tercera planta: un espacio dedicado a la astronomía, la exploración espacial y la tecnología del futuro. 

En la segunda planta pasamos una gran parte del tiempo. Además de las secciones de biología, genética y medio ambiente, disfrutamos de una interesante retrospectiva titulada "El legado de la Ciencia", centrada en las figuras de Santiago Ramón y Cajal, Severo Ochoa y Jean Dausset. A través de paneles informativos y audiovisuales, profundizamos en las biografías y los hitos de estos tres grandes investigadores, destacando que los dos primeros fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina en 1906 y 1959, respectivamente.

Sala Ramón y Cajal
Descubrimos, por ejemplo, detalles reveladores sobre la juventud de Santiago Ramón y Cajal. Desde su nacimiento en 1852 hasta su traslado a Zaragoza en 1869 para estudiar medicina, su vida transcurrió íntegramente en diversas localidades del Alto Aragón. Fue una etapa marcada por las condiciones de extrema pobreza y dominada por la enérgica personalidad de su padre, quien se opuso a sus aficiones artísticas y literarias. 
El 5 de diciembre de 1883, Cajal fue nombrado catedrático de Anatomía de la Facultad de Medicina de Valencia, puesto que ocupó hasta el 2 de noviembre de 1887. En esa fecha se trasladó a la cátedra de histología de Barcelona, ya que la plaza equivalente en Valencia aún no había sido dotada.

Los cuatro años que Cajal vivió en Valencia coincidieron con la llamada "Edad de Plata" de la medicina valenciana. En ese ambiente, adquirió una sólida formación como investigador histológico (la disciplina que estudia los tejidos orgánicos), gracias en gran medida a su relación con Luis Simarro, su segundo maestro quien le impulsó a consagrarse al estudio de la estructura del sistema nervioso. 

El punto de partida de su brillante obra científica fue el medio centenar de trabajos que publicó durante su estancia en la ciudad o en los años inmediatamente posteriores. Entre ellos destacan dos ediciones de su Manual de Histología y sus primeros escritos sobre los revolucionarios hallazgos neurohistiológicos que cambiarían la ciencia para siempre. A pesar de su partida, permaneció ligado a Valencia y a su comunidad científica durante el resto de su vida.

Casa de la familia Ochoa en Luarca
Severo Ochoa nació en Luarca, Asturias, el 24 de septiembre de 1905. Cuando tenía siete años falleció su padre, quien era licenciado en Derecho, industrial y miembro de la alta burguesía asturiana. Debido a los problemas de salud de su madre, Carmen de Albornoz, a partir de 1912 pasó los inviernos en Málaga, ciudad donde cursó el bachillerato. 

Su inclinación por las ciencias naturales se debió, en buena medida, a la influencia de su profesor de química, Eduardo García Rodeja. Por aquel entonces, despertó su afición por la lectura, la fotografía y los automóviles; además, coleccionaba sellos y practicaba ciclismo y equitación. En 1923, comenzó sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Madrid, el mismo año en que se jubiló Santiago Ramón y Cajal. Previamente, se había dedicado durante un año a estudiar ingeniería, carrera que abandonó por su aversión a las matemáticas. Escogió medicina con la mirada puesta en la investigación biológica y no en el ejercicio clínico. 

Ochoa encontró en Estados Unidos el caldo de cultivo idóneo para su trabajo. Allí realizó sus principales investigaciones y pasó 45 años de su vida. Perfectamente adaptados al estilo de vida estadounidense y agradecidos por la acogida, en 1955, tanto él como su mujer adquirieron la nacionalidad norteamericana, la cual conservarían el resto de sus vidas. 

En Nueva York —centro cultural del mundo en aquella época—, visitaban exposiciones, acudían a conciertos y cenaban fuera de casa todas las noches. Gracias a la mediación de la cantante de origen valenciano Lucrecia Bori, estuvieron abonados durante 30 años al Metropolitan Opera House y aseguraban no haberse perdido ni un solo concierto de música de cámara. Eran también grandes aficionados a los viajes. La actividad profesional de Ochoa les permitió conocer los países más diversos.

Santiago Grisolía (1923-2022)
La última vida y obra que vimos con detalle fue la del médico y  bioquímico valenciano Santiago Grisolía, una figura clave para la existencia del Museo de las Ciencias y la definición de su contenido. Fue el presidente del Consejo Científico que se creó en los años 90, mientras el arquitecto Santiago Calatrava  proyectaba el edificio.

Grisolía estudió Medicina en Madrid y Valencia, donde se licenció en 1944 con premio extraordinario. Consiguió una beca para realizar su tesis doctoral en EE. UU., investigando primero en Nueva York como discípulo de Severo Ochoa, y luego en las universidades de Chicago y Wisconsin. 

Volvió a Madrid en 1949 para defender su tesis, recibiendo la calificación de summa cum laude. Ese mismo año regresó a EE. UU., y se casó con una colega del laboratorio de Madison, Frances Thompson.

En 1954, fue nombrado profesor asociado de Bioquímica y director del Laboratorio Mcllvain, en la Universidad de Kansas. En 1977, regresó a España para dirigir el recién creado Instituto de Investigaciones Citológicas de Valencia, —más tarde llamado Fundación Valenciana de Investigaciones Biomédicas—y, un año después, creó la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados.

Sus trabajos relacionados, no solo con el ciclo de la urea sino también con la elastoplasticidad de las proteínas y la degradación de las pirimidinas, le convirtieron en un científico de renombre mundial. En 1990, Santiago Grisolía recibió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica.

A continuación, entramos en la exposición de Leonardo da Vinci,con multitud de máquinas construidas a partir de sus dibujos y estudios de anatomía, ingeniería, aviación, geología y astronomía. Cuando estábamos totalmente inmersos en sus geniales invenciones, una joven vigilante se acercó para anunciarnos que … ¡el museo ya había cerrado! ¿Cuántas horas pasamos en su interior? Más de cuatro.

Con esta bella imagen de la puesta de sol que nos regaló el cielo al salir, rindo homenaje a todos los científicos que han logrado que este museo sea una realidad, tanto por su legado como por su implicación en su filosofía. ¿Sabéis su lema? «Prohibido no tocar». 

Museo de las Ciencias_Puesta de sol (18 febrero 2026)

Aquella noche decidimos cenar en el restaurante Amor Amargo, en el animado barrio de Ruzafa. Íbamos sin reserva, ya que lo encontramos de manera espontánea mientras buscábamos referencias gastronómicas. Tuvimos suerte y conseguimos una mesa libre; la sepia y las costillas a baja temperatura estaban riquísimas. 

Balance del día: El miércoles 18 de febrero caminamos 19.136 pasos.

La Albufera
El jueves nos desplazamos en transporte público hasta la Albufera con la línea 24 (parada El Palmar). Es un pequeño pueblo de raíces marineras y tradición arrocera desde donde parten recorridos guiados en barca de unos 40 minutos. Hicimos la reserva en El Bessó, donde nos atendió Elena, y salimos a las 13:00 h en «albuferenca», la embarcación típica construida de forma tradicional. 

José Antonio nos explicó los detalles de este entorno natural protegido mientras navegábamos por el lago. Fue muy interesante conocer la interpretación del cultivo del arroz y la pesca tradicional. Es una experiencia que no olvidaremos y que nos gustaría repetir por la tarde para disfrutar de la maravillosa puesta de sol que regala la naturaleza.

Contacto: Teléfono 678 336181 / Instagram: @paseosenbarcaelbesso

Paella valenciana
A continuación, comimos en el restaurante Bon Aire. Destaco tanto su calidad como el excelente servicio de Jordi. Pedimos el menú compuesto por tres entrantes para compartir: calamares a la romana, espencat (pimiento rojo y berenjena asados con bacalao en salazón y ajo) y titaina (pimiento rojo y verde, tomate y atún en salazón). 

El plato principal fue una paella valenciana y, para finalizar, una degustación de postres con tarta de queso y flan de café. Todo estaba exquisito y la decoración, con fotos del Parque Natural de la Albufera, muy acogedora.

De camino a la parada del autobús, vimos el escaparate de una repostería donde compramos una porción de bizcocho de horchata de chufa y dos botellas de la cerveza artesanal Tartana para probarlas en Lanzarote. Es una cerveza rubia, suave (4,5%), sin gluten y elaborada con arroz tipo Sénia (grano medio) en el propio Parque Natural.
Cerveza Tartana

Por la tarde visitamos la Casa-Museo Benlliure, hogar del pintor José Benlliure Gil (1855-1937), uno de los artistas valencianos más importantes del siglo XIX.  El museo alberga una gran colección de su obra y la de su hijo, José Benlliure Ortiz, «Peppino» (1884-1916), además de cuadros y esculturas de otros importantes artistas del momento como Joaquín Sorolla, Mariano Benlliure o Muñoz Degrain.

Casa-Museo Benlliure

La casa conserva distintas estancias con mobiliario de la época, un amplio jardín interior de traza mediterránea decorado con paneles cerámicos y un sorprendente pabellón-estudio.

Horarios:

*martes a sábado (10-14 h/15-19 h)
*domingos y festivos (10 a 14 h, entrada gratuita). Lunes cerrado.



Álex y Alba

La noche del jueves cenamos con nuestros sobrinos, Álex y Alba. La verdad es que poder verlos influyó en nuestra decisión de elegir Valencia como destino. El tiempo con ellos pasó volando; hablamos de las actividades laborales de Alba de cariz social, de mis clases en Lanzarote y de la nueva autocaravana que Álex ha personalizado tras haber perdido la anterior en la DANA del 29 octubre de 2024, donde lo más importante, afortunadamente, fue salvar su vida.

La conversación fue tan amena que olvidamos hacernos una foto en el restaurante Tori Fuego, pero les tomé una en el Carrer de Sueca antes de que regresaran a su casa, en una población cercana a Valencia. cercana. Alba y yo intercambiamos nuestros perfiles de Instagram.

Balance del día: El jueves 19 de febrero dimos 12.926 pasos.

El viernes lo dedicamos de nuevo a la ciudad de Valencia con una visita al Museo de Bellas Artes.  Su colección es inmensa y abarca desde el arte medieval y gótico hasta el siglo XX, pasando por el Renacimiento, el Barroco, la pintura valenciana y una sala dedicada a Goya.

Alonso Cano
Contemplar las obras de maestros españoles e internacionales es un regalo para los sentidos. Destacan piezas barrocas como las de Murillo (San Agustín lavando los pies a Cristo), José de Ribera (Santa Teresa de Jesús), Alonso Cano (Predicación de San Vicente Ferrer, en la imagen de la izquierda) o Rubens y su taller (Virgen con el Niño). También impresiona la sala de Goya, con los retratos de Francisco Bayeu (su cuñado) y de Joaquina Candado (su ama de llaves).

Un apunte histórico: El lienzo de Alonso Cano (1601-1667) es un testimonio fundamental de la estancia del pintor granadino en Valencia. Tras la muerte de su esposa, Cano buscó refugio en la cartuja de Porta Coeli, donde dejó huella.

Precisamente, sobre la figura de Vicente Ferrer, cabe señalar que nació en Valencia en 1350. Este dominico dedicó su vida al «Ministerio de la Palabra» y su predicación por Europa conmovía a multitudes. Falleció en Vannes (Bretaña francesa) el 5 de abril de 1419. Parte de sus reliquias descansan hoy en la capilla tras la girola de la Catedral de Valencia. Es, además, el patrón de la Comunidad Valenciana.

La primavera (Sorolla)
La sección de pintores valencianos es deslumbrante. Pudimos ver obras de Vicente López Portaña (retrato del general Ramón Narváez), Juan Antonio Benlliure Gil (Por la patria) o Antonio Fillol Granel (La siega del arroz en la Albufera de Valencia). Por supuesto, Joaquín Sorolla Bastida brilla con luz propia con lienzos como el Boceto de cartel para el diario El Pueblo, Figuras de casacas jugando en un jardín, La Virgen María o La primavera (también conocida como Labradora valenciana, en la imagen de la derecha).

Mención aparte merece la impresionante obra Yo soy el pan de la vida, realizada por Sorolla en 1897. El realismo es tal que parece sobresalir del lienzo. Fue un encargo de Rafael Errázuriz, diplomático y empresario vitivinícola chileno, a quien Sorolla conoció en Madrid en 1895. De aquel encuentro surgieron no solo retratos familiares, sino también esta imponente pintura religiosa de Jesús predicando en la barca y cuatro obras vinculadas al mundo del vino para decorar su palacio en Valparaíso. 

Yo soy el pan de la vida (Sorolla, 1897)
La pintura está presidida por una barca de pescadores en la que destaca la vela blanca, que ocupa una parte importante de la composición. De pie y de espaldas a un grupo de pescadores se encuentra Cristo, vestido con un amplio manto rojo; con los brazos alzados, se dirige a una multitud de gente que le escucha desde la orilla. 

Detalle muchacho, Sorolla

Entre el gentío llama la atención un muchacho en primer término que, apoyado en una nasa de pescador, contempla la acción desde una especie de pórtico que encuadra la imagen produciendo un efecto de trampantojo. 

Asimismo, atraen la mirada los lirios que, también en primer plano, recorren el cuadro. La combinación de elementos cotidianos, como la humilde barca de pescadores valencianos en la que se sitúa Jesús, con la temática cristiana y una iluminación mística, da como resultado una obra simbolista única dentro de la producción de Sorolla.

1938, Manuel Benedito
En las salas dedicadas al siglo XX, pudimos contemplar obras del artista valenciano Manuel Benedito (1875-1963). El retrato fue su actividad central, llegando a pintar varios cientos a lo largo de su carrera. Entre ellos sobresale el de Concha Piquer (1906-1990), cantante y actriz que, siendo muy joven, marchó a Nueva York, donde residió cinco años. A su regreso, protagonizó varias películas y creó, junto a los músicos Quintero, León y Quiroga, una serie de espectáculos que la consagraron como una de las figuras más importantes del mundo de la copla. El retrato está fechado en 1926. 

Otro lienzo relevante es el de los hermanos Álvarez Quintero, Serafín (1871-1938) y Joaquín (1873-1944), en la imagen de la izquierda. Sin duda, conocidos dramaturgos y autores de un gran número de comedias y sainetes.

El título del cuadro, 1938, hace referencia al año del fallecimiento de Serafín, cuyo retrato inacabado sirve de fondo al de su hermano Joaquín. Benedito siempre otorgó una gran importancia a la formación técnica y al profundo conocimiento de los materiales pictóricos. Esta es una lección que se aplicó a sí mismo desde su juventud; incluso cuando ya formaba parte del estudio madrileño de Sorolla, asistía por las noches a las clases de dibujo del natural y acuarela en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. 

Molino holandés, óleo 1909

Finalmente, destaca un grupo de pinturas realizadas en Holanda en 1909. Aquel verano, el artista se trasladó al pueblo de pescadores de Volendam, donde permaneció hasta final de año. 

Su interés radicaba en captar una luz, un entorno y unas gentes totalmente distintos, siguiendo la estela de la gran pintura holandesa del siglo XVII.

Estas obras fueron consideradas por la crítica como parte de lo mejor de su producción y resultaron premiadas en diversos concursos y exposiciones. 


Pío Baroja (Lahuerta, 1955)

Me fijé en el nombre de Genaro Lahuerta (Valencia, 1905-1985) y en su retrato del escritor Pío Baroja (San Sebastián, 1872 - Madrid, 1956), figura clave de la Generación del 98 y autor de obras tan emblemáticas como El árbol de la ciencia (1911).

El cuadro fue realizado en 1955, fruto de la amistad que surgió entre ambos cuando Baroja residió en Valencia. 

En la obra se aprecia la etapa figurativa madura del artista, también reconocido por sus paisajes mediterráneos.


C/ Vallanca 3


El Museo de Bellas Artes nos alimentó el alma, pero pronto necesitamos alimentar el cuerpo, así que nos encaminamos a la Plaza Redonda

Comimos finalmente en la terraza de la Tasca Hogan "La Coveta"; a pesar de ser una zona de paso, disfrutamos de un ambiente tranquilo, ya que eran las 16:00 h.

Volvimos a degustar el esgarraet la exquisita ensalada de pimientos asados con bacalao desalado, ajo y aceite de oliva—, además de unos boquerones fritos. Todo estaba riquísimo.


Torres de Serranos

Por la tarde, paseamos por las Torres de Serranos, la antigua puerta monumental de la muralla medieval. Fueron construidas entre 1392 y 1398 por el arquitecto Pere Balaguer en estilo gótico valenciano. 

Formaban parte de las doce puertas que protegían la ciudad y eran uno de los accesos principales desde el norte. La estructura consta de dos grandes torres poligonales unidas por un cuerpo central con un arco de medio punto. En su parte interior se sitúan las tribunas desde donde la nobleza observaba las celebraciones y entradas reales. Tras el derribo de la muralla en el siglo XIX, las torres se conservaron como símbolo histórico de la ciudad y hoy son el escenario de eventos como La Crida, el pregón que invita a la gente a disfrutar de las Fallas. De regreso al centro histórico, admiramos 

Abanicos Vibenca
De regreso al centro histórico, admiramos de nuevo el escaparate de Abanicos Vibenca, una tienda especializada en artesanía desde 1993, donde incluso vimos cómo pintaban un abanico a mano en ese momento. 

Para cerrar el día, cenamos en la Plaza del Mercado, en la terraza de Tapas Boatella, acompañando la cena con una cerveza tostada Turia. 

Balance del día: El viernes 20 de febrero dimos 20.521 pasos.


Cariátide

El sábado 21, al mediodía, fuimos a visitar la Casa-Museo de Blasco Ibáñez, situada frente a la playa de la Malvarrosa. 

El edificio, inaugurado como museo municipal en 1997, está rodeado de un amplio jardín y conserva el aspecto exterior de la casa original. Destaca la terraza con cariátides y la soberbia mesa de mármol de Carrara que la preside, de la que todavía se conserva una de sus patas originales.

Sala de exposición 
En su interior, cuenta con dos salas de exposiciones y una biblioteca-centro de investigación. 

La Casa-Museo del escritor valenciano alberga mobiliario diverso, recuerdos y objetos personales, así como abundantes fondos bibliográficos y documentales que dan testimonio de la vida y obra del polifacético autor.


Blasco Ibáñez en la terraza
Blasco Ibáñez (1867-1928) confesaba tener "la manía de la construcción", como muchos novelistas dotados de gran fuerza productiva. Por ello, levantó este chalet en la Malvarrosa, para retirarse a escribir y a descansar con su familia, a pocos metros de una playa que por aquel entonces era solitaria. Probablemente, la vivienda empezó a ser habitada hacia 1902.

Las dificultades económicas y el estallido de la Primera Guerra Mundial estimularon el espíritu emprendedor del escritor valenciano. Desde París, ejerció como director literario de la editorial Prometeo (1914). Blasco Ibáñez llegó a Hollywood en 1919 y se adentró en el mundo del cinematógrafo. Tres años antes había publicado Los cuatro jinetes del Apocalipsis, un alegato contra la guerra que, inicialmente había pasado desapercibido. En los años siguientes, el libro se convirtió en un fenómeno de ventas en Estados Unidos donde se adquirieron los derechos de la novela para llevarla al cine. La película se estrenó en 1921, dirigida por Rex Ingram y protagonizada por Rodolfo Valentino (en el papel de Julio Desnoyers), el primer sex symbol de la historia del cine. Existe otra versión del año 1962, con Glenn Ford). Asimismo, en EE. UU. se le encargó a Blasco Ibáñez el guion de Sangre y arena (1916). 

Blasco Ibáñez se significó como "soldado de la pluma" al servicio de la causa aliada, visitando incluso el frente de batalla para convertirse en un cronista excepcional del conflicto.

A su regreso de la vuelta al mundo, Blasco Ibáñez reafirmó sus credenciales políticas para combatir la dictadura de Primo de Rivera y condenar el apoyo de Alfonso XIII al Directorio militar. En compañía de intelectuales exiliados en París, como Miguel de Unamuno y Eduardo Ortega y Gasset, lideró la publicación del semanario España con Honra (1924-25) y publicó el manifiesto Una nación secuestrada (1924).

En la terraza Casa Museo B. Ibáñez
El escritor mantuvo siempre una estrecha relación personal con artistas valencianos de la talla de Antonio Fillol, Joaquín Sorolla, los hermanos Benlliure y José Segrelles. 

A raíz de la Guerra Civil, el chalet fue incautado y, tras servir para distintos usos, quedó en un estado tan deplorable que se aconsejó su derribo y posterior reconstrucción, siguiendo los planes originales.

Desde el 18 de junio de 1997, forma parte de la red de museos municipales de la ciudad.

A continuación, nos fuimos a comer al Paseo Marítimo, a un restaurante con terraza que habíamos visto a la ida, llamado El Chiringuito. Pedimos para picar una ración de escombro (puntillita o chipirones fritos pequeños) y, como plato principal, un arroz meloso. Todo estaba riquísimo, aunque como ya se había puesto el sol, empezaba a refrescar en la terraza. Por ello, decidimos ir a tomar el café a La Fábrica de Hielo, en el barrio del Cabanyal: una antigua nave industrial reconvertida en un espacio cultural con ambiente alternativo y música en directo.

Puesta de sol 21.02.2026


Permanecimos por la zona para contemplar la maravillosa puesta de sol que el cielo nos regaló.

Alrededor de las 19:00 h, regresamos al centro histórico para disfrutar de un último paseo por las calles de Valencia. También aprovechamos para probar el afamado chocolate con buñuelos  la Horchatería El Collado.


Chocobollo

Al ver cómo elaboraban artesanalmente los chocolates redondos (de 50g) en el local Xoco&Vero (detrás de la Lonja, en la calle Derechos, 38), se nos ocurrió llevar algunos como detalle a nuestros amigos en Lanzarote. 

Los artesanos de Xoco&Vero son descendientes directos de una familia de chocolateros de Torrent con tradición desde 1823. Su producto estrella, el "Chocobollo", está considerado la primera barrita de chocolate comestible de la historia. 

Existen referencias escritas de este dulce en el manuscrito "Choice Remarks" del viajero inglés Ellis Veryard, donde narra su viaje por España (Londres, 1701). Sus ingredientes son puramente naturales: azúcar de caña (panela), pasta de cacao, harina de arroz y vainilla. Es un producto inclusivo (sin lácteos, sin gluten y sin frutos secos) y totalmente vegano. Al ser un chocolate hecho a mano sin moldes, siguiendo procesos anteriores a la Revolución industrial, no está refinado, por lo que se perciben al paladar los cristales de azúcar en una agradable textura granulosa. Se puede consumir "crudo" o tierno (calentándolo 30 segundos al microondas... o simplemente al sol de Valencia).

Balance del día: El sábado 21 de febrero alcanzamos un nuevo récord: 24.022 pasos.

El último día, domingo 22 de febrero, teníamos un vuelo tardío a Lanzarote. Este hecho nos permitió, tras dejar las maletas en Valencia Lockers (taquillas automáticas 24 horas), cerca de la Estación Joaquín Sorolla (AVE), acudir a la plaza del Ayuntamiento, donde se celebraba la primera mascletà.

¿Recordáis que al inicio de esta crónica viajera os hablé de Sonia Lázaro, la guía de turismo? Fue ella quien nos informó de este acto, lo que nos permitió planificarlo con antelación. Llegamos alrededor de las 12:00 h, como marcaba el reloj de la torre. La mañana soleada invitaba a disfrutar del espectáculo pirotécnico, aunque tuvimos que acostumbrar nuestros oídos —e incluso protegerlos— del sorprendente estruendode los petardos.



Al término del «disparo», vimos a las falleras saludando desde el balcón del Ayuntamiento; entre ellas destacaban la fallera mayor de las Fallas de Valencia 2026, Carmen Prades, y la infantil, Marta Mercader. 

En la plaza, el público se unía para cantar con emoción letras tradicionales. Al finalizar, tocó el grupo Xaranga LHdH (Los Hombres de Hueso), que también está disponible para otros eventos (su Instagram es @xaranga_lhdh y su teléfono 664435485).

Balcón Ayuntamiento (22.02.2026)


Mercado Central (22.02.2026)
Después, nos dirigimos a la zona del Mercado Central para tomar la última horchata. Allí, contemplando este edificio de estilo modernista, —diseñado por Alexandre Soler March y Francesc Guàrdia i Vial, discípulos de Lluís Domènech i Montaner—, le escribí un wasap a Sonia para agradecerle su atención durante toda nuestra estancia. 
Me respondió enseguida y quedamos en mantener la amistad y compartir sugerencias de lectura. 

Finalmente, regresamos a Valencia Lockers por nuestro equipaje y cogimos el transporte público hacia el aeropuerto para emprender la vuelta a Lanzarote con Binter Canarias. No sabíamos entonces que el vuelo a Las Palmas sufriría un retraso por inclemencias climáticas y que nuestra conexión con Lanzarote sería «de película». Nos esperaron y, además, una empleada de la compañía nos recogió a pie de avión con un vehículo para llevarnos directamente al siguiente vuelo. Fuimos los primeros en embarcar y el resto del pasaje lo hizo después. Realmente increíble; hice bien en elegirlos frente a la aerolínea irlandesa de vuelo directo, con la que ya he tenido incidentes y el factor humano no parece relevante, solo el económico.



Ya en casa, unos días después, decidimos ver en RTVE Play dos series basadas en las novelas sociales de Vicente Blasco Ibáñez: La barraca (1898) y Cañas y barro (1902). Publicadas en la editorial F. Sempere y Compañía.

Cuando se rodaron, en 1978 y 1979, yo era apenas una niña. Ahora, tras nuestra estancia en Valencia, he revivido paisajes y momentos de aquella época a través de grandes interpretaciones.

En La Barraca destacan: Álvaro de Luna, Marisa de Leza, Victoria Abril y Lola Herrera, a quien tuve el privilegio de presentar en Lanzarote su libro Me quedo con lo mejor. En Cañas y barro: José Bódalo, Victoria Vera, Manuel Tejada y Luis Suárez.

Sonia cumplió su promesa. El 20 de marzo, preocupada por la inestabilidad climática y los destrozos en Lanzarote por un temporal, me escribió. Justo ese día la Consejería de Educación, Formación Profesional, Actividad Física y Deportes del Gobierno de Canarias, había suspendido la actividad lectiva en los centros educativos, pasándola a modalidad telemática. En el wasap me envió dos fotos donde se apreciaban las ofrendas florales.

Foto de Sonia Lázaro
Tras agradecerle el gesto, le comenté a Sonia que la noche anterior, jueves 19 de marzo, habíamos visto en La 2 de TVE, la Cremà, acordándonos de nuestro reciente viaje a Valencia. 

—¿Da emoción, verdad? Ver el fuego...—me respondió y continuó —: La gente que llevo en el grupo me pregunta: «¿pero cómo quemáis algo tan bonito?».  Yo les digo que es como un ciclo.

Sonia terminó deseando que la tormenta parara pronto. El 18 de abril se volvió a poner en contacto conmigo para informarme de que había finalizado la lectura de los dos libros que le había recomendado: La dama azul, de Javier Sierra, —autor del que mencionó -siempre aporta datos interesantísimos e incita a tirar del hilo y seguir investigando—, y Memorial del convento, de José Saramago. 

—Pura filosofía hecha poesía. Este libro encierra una sabiduría especial —concluyó Sonia. Asimismo, me pidió algún análisis o reflexión sobre el libro de Saramago. Me acordé de que tenía uno en el blog y se lo facilité. También le anticipé que estaba escribiendo la crónica viajera sobre Valencia y que esperaba finalizarla en breve. 

—Deseando leerla— manifestó Sonia, cariñosa.

Hoy, 10 de mayo, concluyo esta crónica viajera, haciéndola coincidir con:

1º.- El aniversario de Benito Pérez Galdós 

  • Se cumplen años del nacimiento del gran Benito Pérez Galdós (Las Palmas, 10/05/1843- Madrid, 04/01/1920). Máximo exponente de la novela realista del siglo XIX, nos dejó un legado inmenso: 31 novelas (como Doña Perfecta o Fortunata y Jacinta), 46 Episodios Nacionales, 23 obras de teatro y el equivalente a 20 volúmenes de relatos y artículos periodísticos.

2º.- La IV Fiera del Libro en Lanzarote

Este evento (que ha tenido lugar del 7 al 10 de mayo en el Parque José Ramírez Cerdá) me ha brindado la posibilidad de conocer, reencontrarme con personas de gran valor humano y adquirir publicaciones. Entre ellas:

  • Sonia Moreno: autora de Marruecos, el vecino incómodo (La esfera de los libros).
  • Tere Perera: autora de La magia de un faro. (Ed: Horizontes Atlánticos).
  • Máximo Huerta: autor de Mamá está dormida. (Editorial: Planeta).
La anécdota
Mientras Máximo Huerta dedicaba un ejemplar de Mamá está dormida para la Biblioteca Municipal de Tías, cuyo libro tenía en préstamo, le comenté que en febrero visité la Casa del escritor Blasco Ibáñez. Precisamente, durante su presentación, el autor valenciano (Utiel, 1971) señaló la importancia de escribir en un lugar que motive. Desde luego, las vistas a la Playa de la Malvarrosa, lo son. Doy fe de ello.
  • Ico Toledo: autora de Dame alas. (Ediciones Ibhuku).

Esta mañana de domingo estuve en el estand de la Librería El Puente, donde Ico Toledo se encontraba firmando libros . Le llevé el que me había regalado Laura Mayo (alumna del Máster de Profesorado) al terminar su estancia de aprendizaje en diciembre. 

La autora tuvo la buena idea de reflejar nuestro vínculo con Dame alas en la dedicatoria y, para cerrar el momento, nos hicimos una foto de recuerdo.



  • Alba Cantón y Sergio Erro: editores de Itineraria. 
NOTA:

Les comenté a Alba y Sergio que, la pasada Navidad, el libro de relatos Tierra del mar, escrito por Sergio se convirtió en mi opción favorita para regalar. Incluso les conté que el Local 6, de la calle Fajardo, donde Silvia los vendía, se quedó sin existencias el 19 de diciembre tras mi paso por allí, ¡ya que me llevé los tres últimos ejemplares! 

Editorial Itineraria
También confesé a ambos mi fascinación por sus portadas. De hecho, en la pequeña biblioteca de mi pasillo, tengo expuestos todos sus libros para poder disfrutar de su diseño a diario.  

En esta ocasión, volví a llevarme Eliza, de la periodista Myriam Ybot (un regalo para mi amiga Verónica Carmona), y El principito ha vuelto, de mi también amiga polifacética, María Jesús Alvarado, autora de Suerte Mulana y Sorimba, que ya forman parte de este «Camino de Letras con Syra». Ella propició que eligiera la isla de El Hierro  como destino en julio de 2023. 

Sergio me obsequió con un detalle precioso, un punto de lectura con el motivo de una rosa, de su autoría. 

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“Para mi la escritura es un camino espiritual” — Rosa Montero “Viviendo rodeados de señales, nosotros mismos somos un sistema de señales” — José Saramago “Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos” — Ortega y Gasset “Concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar…” — Epicteto “La ingratitud es el precio al favor inmerecido” — Ignacio Manuel Altamirano “Se viaja para contemplar con los propios ojos la ciudad apetecida…” — Marcel Proust “Pero cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo…” — Marcel Proust

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